Paola Pliego... usted disculpe

Aquellos días sucedieron cosas extrañas. Y vaya que fueron bastantes. Paola Pliego, desde hace varios años la mejor sablista de México, compitió en el Campeonato Panamericano de Esgrima de Panamá, último evento de fogueo rumbo a los Juegos Olímpicos. Faltaban pocos días para cumplir su meta deportiva. Era 22 de junio y Pliego fue citada dos veces al análisis antidopaje. Había cumplido con varios en su vida, pero no sabía que éste sería determinante para la interrupción de su sueño.

La búsqueda de los Olímpicos llevaba mucho tiempo. Paola, hija de dos esgrimistas, se decidió por el deporte de las espadas cuando tenía 10 años y comenzó a darle mayor importancia conforme los colores de las medallas brillaban más en la vitrina. Después de ser varias veces campeona nacional, decidió hacer crecer las alas de su sueño. Emigró a Portland para unirse al equipo de Ed Korfanti, uno de los más reconocidos entrenadores del mundo. La estancia de cinco años en Estados Unidos representó un serio rasguño en el bolsillo de la familia. Paola invirtió los 24 mil pesos que le daba mensualmente la Conade para pagar los 2 mil dólares de la renta y los servicios, y su familia cubría los otros mil 500 dólares que costaban los honorarios de su entrenador cada mes.

Los sacrificios empezaban a valer. En 2014 fue nombrada como la mejor sablista juvenil del mundo y ganó los Juegos Centroamericanos. Al año siguiente consiguió el anhelado boleto a los Olímpicos y respiró con la satisfacción de quien ve la meta al final del camino. La primera parte estaba cumplida. Las baterías ahora se enfocaban en buscar la mejor preparación rumbo a Río.

Aquí es donde comienzan los hechos extraños. Panamá aparece en el mapa, pero antes, México. Paola voló desde Roma para cumplir un examen antidopaje que se practicó a todos los deportistas olímpicos mexicanos y después tomó el avión rumbo a Centroamérica. La mayoría de los atletas viajan a las competencias internacionales acompañados por un doctor. Para el Panamericano, la Conade ofreció el servicio, pero la Federación Mexicana de Esgrima nunca dio los detalles suficientes para agendar el viaje de alguien que pudiera verificar la entrega de las muestras de orina de Paola, quien fue la única deportista que fue requerida dos veces (prueba individual y por equipos) para cumplir con el examen antidopaje. Hay más. La esgrimista fue notificada que había sido seleccionada para un nuevo análisis, cuando ya se encontraba en su cuarto de hotel y la responsable la dejó sola para que dejara la muestra (violaciones claras a la cadena de custodia y al procedimiento antidopaje). Finalmente, a falta de un representante mexicano, la madre de Paola, en su calidad de Presidenta de la Asociación de Querétaro, firmó la hoja de procedimiento para que los análisis pudieran salir hacia el laboratorio antidopaje de México.

Más de un mes después, el 28 de julio, está marcado con lágrimas en el libro de esta historia. Con una llamada, Paola fue notificada de que uno de sus análisis del Panamericano había resultado con un dopaje positivo por Modafinil, una sustancia auxiliar en el tratamiento de la narcolepsia. Como la mayoría de los atletas que enfrentan esa situación, lo negó e inmediatamente pidió que se abriera la muestra B, a sabiendas de que el tiempo estaba en su contra. Al final, el reloj fue determinante.

El 4 de agosto, un día previo a la inauguración de Río 2016 y cuatro antes de que le tocara saltar a la pista, la baja de Paola fue oficializada por Carlos Padilla, presidente del Comité Olímpico Mexicano: “Hoy se abre la prueba B y con eso ya inicia el proceso de Paola; sin embargo, no podíamos esperar más, porque hoy fue el sorteo del equipo de esgrima y tenía que estar integrado el conjunto de sable”. Ahí mismo se informó que la suplente de Paola sería Julieta Toledo. El sueño se había quebrado.

Paola no quiso ver los Olímpicos desde su sillón. La tristeza y las preguntas no dejaban de atormentarla en la almohada. Ante la prensa acusó que su Federación no daba el apoyo suficiente y que las autoridades deportivas mexicanas no hicieron nada por retardar el sorteo hasta esperar el resultado de su muestra B. Las dudas estaban en todos lados. Personas cercanas a la Federación insinuaban que alguien pudo haber inyectado la sustancia prohibida al vaso de Paola durante una fiesta. Reinaba la confusión.

Ante la inmovilidad del organismo del país, la Federación Internacional de Esgrima mandó el expediente de la deportista al prestigiado laboratorio de Colonia, Alemania, donde días después se dio a conocer que la sustancia que se había detectado en México no se encontraba en la muestra de la esgrimista.

El 12 de septiembre, 22 días después de que terminaron los Juegos, Pliego recibió un correo electrónico con copia para Jorge Castro, el presidente de la Federación, para la Agencia Mundial Antidopaje y para el Laboratorio de la Ciudad de México, donde se notificaba de lo que, hasta ese momento, era una presunta inocencia de la esgrimista.

El pasado 12 de octubre Paola fue perdonada por la federación internacional de su deporte y hace dos días recibió la noticia de que la Agencia Mundial Antidopaje la exoneró definitivamente del uso de sustancias prohibidas. Hoy se encuentran en duda la Federación Mexicana de Esgrima, la credibilidad de las autoridades deportivas mexicanas y la fiabilidad del Laboratorio Antidopaje de la Conade.

Castro, el presidente de la Federación, sabe de la confidencialidad que se maneja en estos casos, pero da unas escuetas declaraciones para ESPN digital: “Me da muchísimo gusto que Paola haya probado su inocencia, en la que siempre creímos y por lo que siempre estuvimos apoyándola. Es una deportista ejemplar dentro y fuera de las pistas y nos hace falta en el equipo nacional”.

Mientras, la esgrimista planea con sus abogados las acciones a seguir. La parte clara de la luna es que no será sancionada cuatro años (como considera el reglamento por el uso de esa sustancia). Del otro lado, los Juegos Olímpicos ya se fueron; el dinero que se invirtió para la preparación de ese sueño también quedó atrás. Paola no pierde las ilusiones. Continúa sus entrenamientos en Roma para en cuatro años volver a buscar su sueño.

En el aire sólo queda un: Usted disculpe.