Presidente Joe Biden busca reparar la relación entre la Casa Blanca y el deporte

Como 46to presidente de Estados Unidos, la visión romántica de Joe Biden de los deportes y su promesa de evitar las divisiones políticas deben aportar a mejorar la relación entre la Casa Blanca y la mayoría del mundo del deporte. Mitchell Layton/Getty Images

DURANTE TRAGEDIAS PERSONALES, una carrera de 36 años en el Senado y dos periodos como vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden ha considerado a los atletas y las competencias deportivas como fuentes de virtud, elevación y la consecución de un terreno común entre polos opuestos. Biden ha dado crédito al mundo deportivo por haberle conferido la confianza suficiente para superar su trastorno de tartamudez y, en ocasiones, darle a su familia un refugio para ayudarles a sanar y superar sus dificultades.

Como presidente número 46 de Estados Unidos, la visión sentimental que tiene Biden sobre los atletas, junto con sus promesas de conducir a la nación para superar las divisiones políticas le debería colocar en una posición adecuada para reparar la tensa relación entre la Casa Blanca y la mayoría de los miembros del ámbito deportivo.

“Ciertamente, [Biden] buscará al deporte y las figuras deportivas para ayudarnos a volver a alinearnos como estadounidenses”, expresó a ESPN Francis Biden, hermano menor del presidente electo. Joe Biden considera al deporte como “uno de los elementos centrales que nos ayudan a estrechar lazos como ciudadanos estadounidenses”, prosiguió Francis.

Sin embargo, las profundas divisiones que marcan a Estados Unidos, y que han existido incluso antes que el presidente Donald Trump pasara su periodo de cuatro años utilizando el deporte para antagonizar a su base política, pondrán a prueba las aspiraciones de Biden.

Trump trajo a la presidencia una realidad divergente en torno al mundo deportivo: el apasionado jugador de golf era frecuentemente acompañado en la cancha por atletas, asistió regularmente a eventos deportivos y otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad a 14 atletas, incluyendo este mes a los golfistas Annika Sörenstam y Gary Player. Sin embargo, durante la presidencia de Trump, las visitas protocolares de los campeones a la Casa Blanca se transformaron, pasando de ser un honor nacional a una prueba de afiliación política. Los equipos siguieron asistiendo al 1600 de la Avenida Pennsylvania; sin embargo, algunos atletas como el base de los Golden State Warriors Stephen Curry y la estrella del fútbol Megan Rapinoe declararon públicamente su negativa a acudir. Luego del ataque al Capitolio estadounidense, ocurrido el pasado 6 de enero, el entrenador de los New England Patriots Bill Belichick, amigo de Trump por largo tiempo, declinó recibir la Medalla Presidencial de la Libertad.

Trump, a veces utilizando términos que rayan en lo vulgar, apelaba a los dueños de equipos deportivos para que castigaran a los atletas que se apegaban al llamado del ex mariscal de campo de los San Francisco 49ers Colin Kaepernick para protestar en contra de la injusticia social, arrodillándose durante el himno nacional. Trump se enfrentó en Twitter con varios atletas y acusó falsamente a Bubba Wallace, el único piloto de NASCAR a tiempo completo de origen afroamericano, de perpetrar un engaño tras el hallazgo de una soga en su garaje del autódromo Talladega Superspeedway.

Diversos oficiales del comité de transición de Biden no respondieron a las peticiones de ESPN para que emitieran comentarios con respecto al presente artículo. Sin embargo, el menor de los hermanos Biden comentó a ESPN que el presidente tiene una percepción de las protestas hechas por atletas en redes sociales, radicalmente distinta a la de su antecesor. “No hay nada que él admire más”, expresó Francis Biden sobre su hermano. “Se trata de darlo todo. Arriesgar la piel en el partido. Poner en riesgo tu carrera. Estos chicos son héroes”.

Los puntos de vista de Trump desencadenaron una feroz respuesta en contrario. Las figuras del deporte aprovecharon su inmensa popularidad para darle tribuna a distintos movimientos en pos de la justicia social y política, utilizando sus cuentas en redes sociales para emitir fuertes críticas en contra del inquilino del cargo más alto del gobierno de la nación estadounidense. LeBron James, figura del equipo Los Angeles Lakers, quien quizás sea el deportista más prominente de la nación, catalogó al presidente Trump de “vago” en su cuenta oficial de Twitter.

Simultáneamente, los deportistas que expresaron su apoyo a Trump fueron vilipendiados por los críticos del ahora expresidente. Entre los objetos de los dardos de los opositores a Trump se encuentra el receptor de los Washington Nationals Kurt Suzuki, quien vistió una gorra roja con la leyenda “Make America Great Again” (“Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo”, lema de la campaña Trump) durante su visita a la Casa Blanca en 2019; al igual que el boxeador Deontay Wilder, quien acudió a la Casa Blanca de Trump para presenciar el indulto póstumo de Jack Johsnon, primer campeón del peso completo de origen Negro. Diversos galardonados con la Medalla Presidencial de la Libertad, entre los cuales se incluyen la leyenda de los Minnesota Vikings Alan Page, el histórico lanzador panameño de los Yankees de Nueva York Mariano Rivera y el golfista Tiger Woods, fueron repudiados en algunos círculos por aceptar el honor de manos de Trump.

A lo largo de los años, Trump ha sido un ferviente seguidor del deporte. Practicó béisbol en secundaria, formó parte del equipo New Jersey Generals de la extinta United States Football League (USFL) y sirvió como anfitrión de veladas boxísticas en los casinos de su propiedad en Atlantic City. Como presidente de Estados Unidos, Trump presenció varios encuentros de fútbol americano universitario, al menos una pelea de la UFC y sirvió como gran mariscal de la edición 2020 de las 500 Millas de Daytona, donde recibió una cálida bienvenida. Sin embargo, cuando Trump fue visto en el Nationals Stadium de Washington durante el quinto juego de la Serie Mundial de 2019, múltiples secciones de las tribunas alzaron su voz con el cántico de “Enciérrenlo” (en respuesta a los cánticos de los seguidores de Trump que pedían el arresto de la candidata demócrata Hillary Clinton en 2016).

Hoy en día, incluso antes de la toma de posesión de Biden, se perciben varias señales de descongelamiento en la relación entre la presidencia y el mundo del deporte; al menos entre los críticos de Trump.

El alero de los Golden State Warriors Draymond Green y James celebraron en sus respectivas cuentas de Twitter tras la victoria de Biden. “@KingJames ¡todos pueden ir a la Casa Blanca y celebrar su título, amigo!”, fue el tuit de Green dirigido a James. LeBron respondió: “¡¡¡HOMBRE yo te apoyo en esa, amigo!!! ¡También me llevaré mi tequila y mi vino!”

Curry, las estrellas de la WNBA Sue Bird y Elena Delle Done, y el símbolo de los Lakers Magic Johnson, compartieron publicaciones en redes sociales en señal de celebración. Asimismo, los Nationals invitaron a Biden a lanzar el primer pitcheo protocolar de su temporada 2021. Trump fue el primer presidente que no hizo el primer lanzamiento protocolar en una campaña de Grandes Ligas desde que William Howard Taft iniciara la tradición durante un partido de los Washington Senators en 1910.

“Siempre se han producido momentos en los cuales atletas y entrenadores en particular han rechazado invitaciones a la Casa Blanca; sin embargo, pienso que, en líneas generales, siempre y cuando Biden no aproveche su presidencia para comunicar mensajes divisivos, se restaurará esa tradición”, expresó Joseph N. Cooper, profesor en liderazgo deportivo de la Universidad de Massachusetts en Boston y autor de un libro próximo a ser publicado, que traza la larga historia del activismo Negro en el mundo deportivo.

MIENTRAS CRECÍA, BIDEN veía al deporte como refugio, un espacio donde podía divertirse, madurar, sobresalir y ganarse el respeto de sus compañeros. El joven Joe era diminuto para su edad, antes de hacer el estirón y llegar a los 6 pies a finales de la secundaria; sin embargo, éste compensaba su estatura con velocidad y arrojo. En las canchas de fútbol americano, Biden era conocido por sus carreras cortas y largas capturas para anotación.

“Contaba con buena velocidad y era una suerte de atleta versátil”, recuerda Michael Fay, compañero de fútbol americano de Biden en la Academia Archmere, escuela católica ubicada a las afueras de Wilmington, Delaware.

Sus compañeros de estudios en Archmere le apodaron “Dash” (“Chorro”); aunque no era en referencia a su vertiginosidad en la cancha; sino debido a su tartamudez.

“Me llamaban ‘Dash’ debido a las cosas que no podía hacer en el aula”, redactó Biden en “Promises to Keep” (“Promesas que Cumplir”), sus memorias publicadas en 2007. “Hablaba en código Morse. Punto-punto-punto-raya-raya-raya. “Us-us-us-te-te-te-des, ¡ca-ca-ca-cállense, chi-chi-chi-chicos!”

La disfemia de Biden había sido motivo de vergüenza desde que tenía uso de razón. Sin embargo, si éste se avergonzaba por su hablar vacilante durante la niñez y primeros años de adolescencia, éste siempre podía depender en sus habilidades atléticas para elevar su autoestima.

“El deporte era tan natural para mí, como hablar era antinatural”, redactó Biden en sus memorias. “Y el deporte terminó siendo mi boleto hacia la aceptación… y mucho más. No me sentía intimidado con facilidad en un partido; por ende, incluso al tartamudear, siempre era el chico que decía: ‘¡Denme el balón!”

Durante el último año de Biden en secundaria, específicamente en 1960, el equipo de fútbol americano venía de sumar récord 1-6, en otro año de una cadena de temporadas con saldo negativo. A inicios del año, solo 19 jugadores se inscribieron para formar parte del equipo; por ello, el nuevo entrenador buscó nuevos reclutas en la fila de la cafetería para llenar su roster. “Sólo buscaba chicos con suficiente estatura como para sobrevivir la práctica del fútbol americano”, indica Fay.

A pesar de contar con un roster armado a los retazos y bajas expectativas, la Academia Archmere tuvo una temporada digna de un cuento de hadas y Biden jugó un rol preponderante. El equipo sumó marca 8-0 y ganó el título de su conferencia. Biden sumó 10 anotaciones, en su mayoría producto de largas recepciones.

“Durante nuestra carrera en secundaria, le lancé a Joe 20 pases para anotación”, recuerda Bill Peterman, mariscal de campo de Biden en la secundaria y que terminó jugando con la Academia de Guardacostas. Agregó, entre risas: “Joe atrapó 19 de esos pases”.

Biden ha dicho que esa cultura en pos del triunfo se quedó impresa dentro de él. Como vicepresidente, sirvió como orador en la exaltación al Museo Deportivo y Salón de la Fama de Delaware de su ex entrenador E. John Walsh en 2012. “Nos exhortaba a jugar los partidos de la misma forma en la que vivíamos nuestras vidas, con pasión e integridad”, indicó Biden. “Sin importar lo bueno que fueras, el Entrenador siempre nos insistía que éramos compañeros de equipo, primero que todo”.

Tras concluir la secundaria, Biden cursó estudios en la Universidad de Delaware, donde aspiraba jugar fútbol americano y probablemente hacerse profesional. Sin embargo, dicho sueño sólo duró un semestre, mientras formaba parte del equipo de novatos; al verse obligado a abandonar la práctica del deporte para concentrarse en mejorar sus pobres calificaciones.

“Cuando salieron mis calificaciones del primer semestre, mi mamá y papá me dijeron que no jugaría fútbol americano primaveral”, redactó Biden en su libro. En un discurso hecho en 2018, durante el servicio fúnebre del legendario entrenador de la Universidad de Delaware Tubby Raymond, quien condujo a los Blue Hens tras la graduación de Biden, el futuro presidente reflexionó sobre las lecciones aprendidas por él gracias a la práctica del fútbol americano.

“Recuerdo la primera vez que salí del terreno de prácticas como novato y era un chico de 18 años”, afirmó. “Y no requerí de mucho tiempo para darme cuenta de que se esperaba mucho más de mí y de todos aquellos que llegaron ese día al campo de prácticas, algo que iba mucho más allá de nuestras habilidades atléticas”.

“Se esperaba que nos comportáramos como caballeros. Se esperaba que supiéramos comportarnos de la misma manera, tanto dentro como fuera de la cancha”.

Durante un viaje de campaña electoral, Biden hizo parada en Pittsburgh y se encontró con Franco Harris, héroe de los Steelers, justo antes de las elecciones. En esa oportunidad, Biden recordó que los deportes también contaban con el poder de dar alegrías a sus dos jóvenes hijos, incluso en medio de la desolación personal. En 1972, Art Rooney, dueño de los Steelers, le pidió a Harris y a su colega corredor Rocky Bleier que visitaran a los dos hijos de Biden Beau y Hunter, quienes estaban en edad preescolar. Los infantes se encontraban hospitalizados luego del horroroso accidente automovilístico que cobró la vida de Neilia, la primera esposa de Biden, y su joven hija Amy.

Luego de la visita, “[los niños] tenían sonrisas en sus rostros. Cada uno de ellos sostenía un balón de fútbol americano firmado por toda la ‘Cortina de Hierro’”, recordó Biden, refiriéndose a la famosa línea defensiva de los Steelers que ayudó al equipo a consolidar su dinastía durante la década de 1970.

Durante su paso por el senado de los Estados Unidos, Biden auspició la promulgación de legislación federal para ilegalizar el consumo de sustancias prohibidas para la mejora del desempeño deportivo, catalogándolas como una especie de engaño que socavaba los ideales atléticos.

“Si los niños creen que todos los mejores atletas están ‘dopados’, ¿qué les enseña eso?”, expresó Biden en un comunicado de prensa emitido en 2004, luego de la expansión de las leyes federales que prohíben el consumo de esteroides. “Creo que les enseña que deberían usar esteroides o precursores esteroideos para conseguir ventajas y ganar partido; que hacer trampa está bien. Esto me ofende hasta las entrañas. Los Estados Unidos representan la meritocracia definitiva y es absolutamente antiestadounidense el ingerir una sustancia que mejora el desempeño deportivo para conseguir una ventaja competitiva injusta”.

A lo largo de los años, Biden ha sido ferviente seguidor de los equipos deportivos profesionales de la ciudad de Filadelfia y estuvo en el estadio en Minneapolis para apoyar a los Eagles en la celebración de su victoria en el Super Bowl LII. Asimismo, Biden ha sido hincha de los equipos de su alma mater, a la que acude regularmente para asistir a los partidos.

Durante su ciclo como vicepresidente, Biden estuvo presente en las tribunas para alentar al equipo de baloncesto femenino de la Universidad de Delaware, cuando se impuso a North Carolina durante la edición 2013 del torneo de la NCAA. Posteriormente, invitó al equipo de baloncesto masculino de la Universidad de Delaware a visitar la Casa Blanca y cenar en la residencia del vicepresidente, luego de haber obtenido el título del torneo de la Colonial Athletic Association en 2014. Durante sus últimas semanas en el cargo de vicepresidente, Biden convocó al equipo de hockey sobre césped de Delaware a Washington para celebrar su campeonato nacional en 2016.

“Se sentía tan emocionado cuando ganamos el campeonato nacional de hockey sobre césped”, expresó Chrissi Rawak, directora atlética de la Universidad de Delaware. “Se comunicó de inmediato y dijo que le gustaría hablar con nuestro entrenador. Luego, los invitó a su residencia en Washington, D.C. para celebrar nuestro logro”. Biden organizó una video llamada con Rolf van de Kerkhof, entrenador del equipo de hockey sobre césped. “Fue maravilloso ver que se tomó su tiempo para concederme cinco, siete minutos”, afirmó el entrenador. “Habló sobre nosotros y sus nietos que practican deportes. Es un fanático del deporte, con toda seguridad. Le atribuye al deporte su crecimiento como persona”.

UNA VEZ ASUMIDA LA PRESIDENCIA, Biden ha prometido derogar normativas del Departamento de Educación promulgadas durante la administración Trump, que dieron mayores derechos a estudiantes acusados de agresiones sexuales en los campus. Dichas normas restringen la forma en la cual las universidades pueden juzgar dichas acusaciones. Algunos defensores de causas en contra del acoso sexual aplaudieron los recientes cambios hechos a las regulaciones dentro del Titulo IX, afirmando que permiten a los hombres acusados de agresión sexual defenderse de cargos engañosos. Sin embargo, múltiples grupos a favor de los derechos de la mujer y otros organismos afirman que las acusaciones hacen que las sobrevivientes sientan mayor resistencia a la hora de denunciar hechos de agresión. Este tema reviste particular importancia en las grandes casas de estudio, en las cuales ESPN ha hallado que los atletas tienen tres veces mayores probabilidades de ser acusados de conducta sexual inapropiada, en comparación con el resto de los estudiantes.

“Cualquier retroceso con respecto al Titulo IX es inaceptable”, indica el programa de gobierno de Biden.

A nivel personal Biden, de 78 años, ha expresado que su participación deportiva en la actualidad se limita a la practica regular del ejercicio físico, para mantener su buena salud, y ser seguidor constante de los eventos atléticos. Gusta de jugar al golf, ocasionalmente monta en bicicleta y su hermano afirma que sigue siendo capaz de alzar su propio peso en el press de banco. Se le puede encontrar casi todas las mañanas, según afirma, entrenando en su bicicleta estática Peloton, o en la caminadora, para luego alzar pesas antes de iniciar sus labores diarias.

Incluso a pesar de su conexión de vieja data con los beneficios y virtudes de la práctica atlética, algunos analistas han advertido que Biden no tendrá una tarea fácil a la hora de intentar conseguir que el mundo del deporte vuelva a un terreno políticamente neutro. Dichos analistas han mostrado su preocupación, indicando que el país se encuentra demasiado polarizado como para que los atletas vuelvan a hacer mutis sobre dichos temas.

“El mundo deportivo ha sido capaz de ocupar, durante la mayor parte de la historia de este país, este terreno medio manteniéndose supuestamente apolítico, aunque conservan su apoyo al presidente, mientras poseen un poder sanador”, expresa Frank Andre Guridy, profesor de la Universidad de Columbia que estudia historia del deporte y los movimientos sociales.

“Creo que muchas de esas creencias están siendo puestas a prueba en sus aspectos más fundamentales. No me imagino una forma en la cual Biden pueda recobrar eso, sin que represente un cambio importante dentro de la cultura política".