LOS ÁNGELES -- América se ciñe una corona con joyas adicionales. Convulsionado, como su propia historia, este título de las Águilas se alhaja, sin embargo, de manera extraordinaria.
Victoria absoluta sobre Tigres en el Estadio Azteca, entrega a El Nido motivos de festejo y a su afición el derecho a una jerarquía incuestionable, más allá de los errores atribuibles al Tuca Ferretti y a la indisciplina e indignas reacciones de sus jugadores.
Repasemos las joyas agregadas a esta corona cincelada con desenfreno y alboroto, insisto, como se deleita desde sus entrañas, el mismo americanismo.
1. Histórico. América consigue su título número 12 y disfruta la supremacía de máximo campeón en México, especialmente al rebasar a su antagonista por excelencia, un Guadalajara comodino y aburguesado, que vive problemas de descenso.
Cierto, el torneo Prode 85 fue un título de trámite corto, brevísimo, pero ya explicó Rafael del Castillo, entonces presidente de la FMF y padre de los funestos cachirules, la FIFA le impuso el código de barras de autenticidad y legitimidad.
2. Escándalo. Las Águilas rinden homenaje a su cuna: la incubadora de telenovelas, y monta la suya propia en un par de semanas. Paul Aguilar es expulsado por el Turco Mohamed y un marasmo de contradicciones y rencorosas reacciones generan sismo y cisma en el seno del equipo, que sobrevive a sus propias fracturas.
3. Divorcio. Mohamed se había ido de El Nido hace semanas. Gustavo Matosas firmado, repulsión entre algunos jugadores y directivos, pero el Turco encontró una revancha inmejorable: donar el campeonato, con derecho apenas a acariciar el trofeo.
4. Antihéroe. El América consuma su encumbramiento en ese universo que le fascina. El Ódiame Más que pululó con histeria en las redes sociales, y con los aficionados a otros equipos reptando en advenedizos coros en apoyo a Tigres para que impidir que el arrogante tuviera el derecho a ser más arrogante.
Sí: América se corona con el botín completo, insisto, rebasándose a sí mismo. Seguramente para los dirigentes quedará como espina incómoda el tener que marcar en su propia historia que el técnico despedido semanas antes significó el que los llevó a cruzar el umbral de la superioridad en el futbol mexicano.
Porque la mayor humillación a Chivas, en la contabilidad de campeonatos sumados, tendrá que mantener como referente al Turco.
Que el torneo ha sido uno de los más mediocres de los más recientes años y que en la fase regular el arbitraje le entregó al menos nueve puntos son situaciones que al final pasan a segundo término. Ha habido ya otros monarcas con asteriscos similares en su coronación.
Al final, lo relevante es la coronación misma, porque a los jugadores, a su honestidad competitiva, sólo debe levantarse el monumento merecido del vencedor, más allá de la guerra sucia y amarga que se desató entre el cuerpo técnico y los dirigentes.
Y a futuro también hay consideraciones determinantes.
1. Lo interesante es que ido ya Mohamed, el desafío es inmenso para Gustavo Matosas, obligado a refrendar el campeonato americanista, más el agregado de dotarle de esa espectacularidad semana a semana, un ingrediente que el Turco nunca quiso ni pudo darle.
Matosas lo sabe, no puede darle al americanismo menos de lo que ha recibido este domingo.
2. ¿Y los otros supuestamente grandes que de populares pasan a populacheros? Públicamente son humilladas unas Chivas rebasadas sin contemplaciones, además de un Cruz Azul que llega a 17 años sin ganar un título de Liga, y unos Pumas que siguen viviendo en su valle de lágrimas.
¿Estos tres se consolarán con quedarse como escoltas de un proyecto americanista ambicioso?
Sí, este campeonato del América ha entregado un botín repleto para enriquecer esa etiqueta controversial del Ódiame Más.
