LOS ÁNGELES -- "Egos", dijo, mirándose de perfil al espejo, José Luis Higuera (alias: El Pelagatos 2.0 de Vergara, según Ricardo Peláez), para justificar la vocación menesterosa del fiambre Chivas en este torneo.
"Soberbia", debió flagelarse Miguel Herrera en un "mea culpa" de cínica sinceridad y autenticidad, luego de que los desechos del futbol mexicano vestidos de Necaxa, le sometieron en el mismísimo Nido: 1-0.
"No somos grandes", dijo el liliputense Paco Jémez mientras chillaban sus alpargatas empapadas con el zumo del almizcle del miedo, en tanto le arriman los cerillos para incendiar el pastel con las 20 velas --o cirios--, en otro aniversario de la anemia de títulos de Cruz Azul.
Queda claro: cada tragedia tiene su Nerón.
Mientras el aún soberano Chivas se arma chiquiadores y fomentos, con las regalías caducas de esos recortes del confeti mediático de su gloria más efímera que breve --que se entienda--, para cobijarse y sanarse en la pocilga del sótano de la Liga MX, Higuera ve la paja en el ojo ajeno, mientras aplica rimmel jactancioso en la viga clavada en el suyo.
"Egos", dice Higuera (alias: El Pelagatos 2.0 de Vergara, según Ricardo Peláez), y marca con una letra escarlata a los que, evidentemente, señala como prostitutas en pantaloncillos cortos... y uno que otro con corbata también.
Afanoso en escurrirse de la quema con leña verde, el milusos de Chivas (vende pociones y jugadores en paquete; compra bultos, cajas y uno que otro Caixinha a precios exorbitantes) elige el canto de las sirenas abandonadas: conjuga el verbo ser en la delicia fugitiva del subjuntivo del pretérito pluscuamperfecto: "hubiéramos sido".
Pero Chivas ya no es. Y sus jugadores confesaron públicamente en 65 minutos ante el América que cambiaron el sudor legítimo del torneo anterior, por los aceites del placer, tal vez, con La Chofis como el Dante por ese paraíso hedonista.
Bien dice el proverbio: "Los hombres grandes sobreviven a una gran derrota; los hombres pequeños no sobreviven a una gran victoria".
¿Cuál de ellos es Chivas? El Clausura 2018 develará el misterio, pero, mientras tanto...
Y, en otra página discordante del futbol mexicano, a esa moralla futbolística del futbol mexicano, Nacho Ambriz la convierte en un billete completo, cierto de un banco de pocos fondos e ilusiones, como el Necaxa.
"Soberbia", debió ser el latigazo que debió asestarse en el lomo Miguel Herrera en la conferencia de prensa tras la derrota ante estos rojiblancos en extinción, por un América petulante, que se quedó en el diván tras vencer a otros rojiblancos, que se se extinguen como monarcas, Chivas.
Soberbia absoluta: del mismo Herrera por prescindir de Oribe Peralta y Darwin Quintero, mandando el mensaje del mínimo esfuerzo a sus oligarcas, para enfrentar a un Necaxa cuyo pasado glorioso cabe momificado en un USB de llavero.
Y si el técnico vio un interescuadras en puerta, para después enfrentar a Cruz Azul por la Copa Mx, sus dirigidos hicieron lo mismo.
Sorprende Luis Pérez, quien sale del barrio con un remate alegórico de palomita: 1-0. América no lo cree, y Necaxa, apenas se lo cree. Herrera cita a sus musas: Oribe y Darwin. ¡Carajo, que el barco de la soberbia hace agua!
Pero esta vez, enfrente, esta Barovero... y no Cota. De manos serias, sin afanes de malabarista, el arquero hidrocálido ataja todo, mientras Marchesín también bufa, porque Necaxa quiere poner un moño de 2-0 a su noche de hombría.
Nacho Ambriz pasa a cobrar factura. Los maltratos en El Nido, le dieron un abono moral. América rumia ante Necaxa, después de bramar ante Chivas. Las rotaciones están malditas, Miguel Herrera.
Y en este Circo de tres pistas, uno de los grandes es transfigurado en enano, por decisión propia. Chopin y su marcha fúnebre han sido anfitriones de los sepelios de las promesas de Cruz Azul por 20 años.
Generoso, comprometido, disciplinado, Lobos BUAP se harta y escupe los huesitos con osteoporosis del Cruz Azul. 3-0 y debieron ser más. Rafa Puente ha hecho de perros de trineo, una jauría insaciable.
Paco Jémez baja a Cruz Azul del pedestal: "No es un equipo grande". El mausoleo espiritual y celeste de Don Guillermo Álvarez Macías debió cimbrarse, porque él, lo hizo un coloso.
Pero el alopécico y bilioso técnico español tiene razón: con él, Cruz Azul sigue dejando de ser grande. Un problema de lingüística. Sin él, y de nuevo en el subjuntivo del pretérito pluscuamperfecto, "hubiera sido" mejor.
Sin duda Jémez ya tiene empacado el vinillo y el jamón serrano, para regresar a España. Aunque hay algunos que todavía, con ese complejo de conquistados y esclavizados, llaman a España, la Madre Patria, lo cierto es que el técnico está urgido de irse a "un sitio, oscurito" en su terruño.
Problemático el estigma de Jémez cuando el equipo ve tambalearse su clasificación. ¿Cuántos jugadores en verdad respetan a Cruz Azul y cuántos ven sólo su mejor ubre mercenaria? Forajidos, pues.
¿Habrá alguien al interior de Cruz Azul capaz de alzar la voz contra el propio técnico? ¿Corona? ¿Chaco? Oh, cierto, en La Máquina no hay un hijo legítimo de la matriz cruzazulina. Es un plantel de bastardos en un orfanato para Kardashians.
