
Hasta prácticamente la mitad del torneo, el Monterrey marca un paso impetuoso mientras que un puñado de equipos -América, Toluca, Cruz Azul, Tijuana y Tigres- tratan de sostener un ritmo regular. El campeón defensor Chivas luce rezagado y agobiado mientras sigue buscando, casi con desesperación, su memoria futbolística. No queda mucho tiempo por delante. Un par de meses -octubre y noviembre- antes de la liguilla. Aquellos equipos que logren alcanzar su rutina con mayor rapidez y al mismo tiempo naturalidad, y se acoplen a las exigentes demandas físicas, encontrarán las mejores condiciones para luchar por los sitios de privilegio del campeonato. El Apertura 2017 podría no ser recordado como el del gran Rayados, o el del renacimiento de Cruz Azul o tampoco como la vuelta gloriosa del "Piojo" a Coapa. No, será recordado como el campeonato que renació en medio de una terrible tragedia.
El futbol es un entretenimiento, un tema trivial, lúdico, pequeño, diminuto, inexistente ante la gran tragedia que abordó al país, pero puede colaborar, de algún modo, en la reestructuración mental que tanto requieren miles de personas. El futbol tiene una responsabilidad social. No puede apartarse de ella. Le corresponde y la tiene que asumir.
Los ejemplos de solidaridad han cundido desde cada esquina. Los mexicanos hemos tomado nuestras calles y hemos abordado la desgracia con un gran sentido humano. Hemos demostrado que entre la violencia, la desigualdad social, la discriminación y la corrupción se asoma una nación diferente, pujante, fraternal, solidaria y preocupada por el prójimo. Hemos descubierto y redescubierto la mejor parte del mexicano.
"UNIDOS POR LOS NUESTROS"
La tragedia nos ha mostrado que ninguna barrera es infranqueable. Este martes y miércoles, las principales cadenas de televisión en Estados Unidos se unirán para apoyar los esfuerzos de la Cruz Roja y sus labores de ayuda en México, la Florida, Texas, Puerto Rico y el resto del caribe. Azteca América, ESPN, Fox y Univisión Deportes se unen para transmitir de manera simultánea en español y en inglés con comentaristas y periodistas de las cuatro cadenas la jornada de media semana que marca el reinicio del futbol mexicano. Otra muestra fehaciente de que ninguna barrera económica o comercial prevalece cuando se trata de ayudar en medio del desastre que afecta a millones de personas.
El futbol no es ni más ni menos importante hoy, pero sí un vinculo para volver a nuestra sagrada y soñada rutina. Busquemos el camino de regreso, por más que este lleno de escombros, de soledad, de angustia, de recuerdos y de penuria.
El camino de vuelta a la rutina no será nada sencillo. Lo entiendo, de forma personal, mientras camino entre los escombros y las paredes agrietadas de la que fue mi habitación de infancia y adolescencia. Entiendo, también, lo afortunado que soy. Mi familia está bien y yo estoy bien, cosa que otras cientos y quizá miles de personas no pueden contar. La rutiná esta tan cerca y tan lejos al mismo tiempo. La rutina que se descompuso justo a las una de la tarde con 14 minutos y 40 segundos de hace una semana. La rutina que siempre despreciamos y que hoy añoramos.
"El futbol es lo más importante entre las cosas menos importantes", dice Jorge Valdano, pero si el futbol significa el inicio de la vuelta a nuestra rutina, bienvenido sea.
Algunos años más tarde, he tenido que forzar "la retirada". "La retirada" desde una trinchera donde no me cansaba de ser y presumirme como su detractor número uno. Para mi, el 'Canelo' no era más que un invento de la publicidad, de la televisión, de la necesidad de la industria y del negocio. Hoy me doy cuenta de mi error. Lo acepto, tal y como es, sin rodeos, como lo hace el propio 'Canelo' cuando embiste al rival y cuando me confronta en una entrevista: Me equivoqué. Me tapó la boca un boxeador que ha mejorado noche con noche, que nos han enseñado valentía sobre el ring y disciplina y trabajo fuera de él y que este sábado tiene una gran oportunidades de dar el salto hacia una privilegiada y sagrada zona del boxeo mexicano. El 'Canelo' me tapó la boca.

El 'Canelo' es un tipo serio. A veces, parece antipático, arrogante, soberbio -'mamón', como diríamos aquellos que crecimos en las calles de la Ciudad de México-, pero también es un hombre serio, que a pesar de la gran fortuna y de la fama que ha acumulado a su joven edad, sigue conservando el hambre del trabajo, del gimnasio, de la disciplina por su profesión y el respeto por sus manejadores y mentores, el 'Chepo' y Eddie Reynoso, sin duda, los dos hombres que lo han conducido magistralmente en el difícil mundo del boxeo. La realidad es la realidad: ha mejorado mucho boxísticamente mientras ha madurado en el ring. Hoy, no es más ese boxeador parado que basado en su gran fortaleza tiraba golpes al son por son descuidando su defensa. El 'Canelo' es ahora un boxeador más equilibrado. Temible al contragolpe, con un "uppercaut" que asusta a cualquiera y con condiciones que le permiten caminar sobre el ring, quitarse golpes y mantenerse a salvo en los momentos más delicados de la pelea. El 'Canelo' ha avanzado, se ha hecho mejor boxeador desde aquellos días donde José Miguel Cotto, el hermano del seis veces campeón mundial Miguel Cotto, estuvo a nada de llevarlo a la lona en el primer round de una pelea que ganó más tarde por nocaut, desde que abusaba de la veteranía de Carlos Baldomir o de la inocencia de Mathhew Hatton o tal vez desde aquella etapa donde parecía sólo dispuesto a pelear ante boxeadores más chicos que él, ventaja que hacia evidente sobre el ring.
Yo le digo 'Canelo' y él me habla de usted. Es un chico de pocas palabras, pero al igual que como es sobre el ring, le gusta ir de frente. Dice lo que tiene que decir en frases breves, puntuales y nada más. Todos podemos cometer un error al momento en que juzgamos, en que damos un punto de vista, en que tomamos riegos. Yo lo hice con el 'Canelo'. Le di la espalda porque pensaba que su carrera se fincaba sobre bases endebles, poco sólidas. Algunos años más tarde, la verdad es que me equivoqué. Él no es ni será, tal vez, un Julio Cesar Chávez. Tampoco se acercará a las condiciones de Rubén Olivares y quizá no tenga los dones técnicos de Ricardo López, del 'Mantequilla' Nápoles o de Erik Morales. Pero dentro de sus aptitudes -que las tiene de sobra- es un gran boxeador, un boxeador que me tapó la boca.
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El boxeo es un deporte caprichoso, extraño, lleno de circunstancias, accidentes, decisiones, momentos, detalles. En apariencia, todo ello está por debajo de las condiciones técnicas, físicas y mentales de los dos protagonistas del combate en la T-Mobile Arena, pero uno nunca sabe. Lo que parece claro es que tanto el mexicano como el kazajo tendrán una responsabilidad mucho más marcada que su propia gloria particular en la cita de este sábado: la de darle credibilidad a todo un deporte que ha conocido una de sus peores crisis en los últimos tiempos. 'Canelo' y Golovkin tienen todo para hacerlo, pero...

Tenemos dos grandes boxeadores, auténticos merecedores de la expectativa que ha generado la pelea. Dos personajes que pueden respirar o aproximarse a figuras legendarias en el filo de las 160 libras: Sugar Ray Robinson, Sugar Ray Leonard, Tommy Hearns, Marvin Hagler, Carlos Monzón, Archie Moore, Marcel Cerdán o Roberto 'Manos de Piedra' Duran. El boxeo presiente y cree que tiene en sus manos una noche en la que nada puede fallar para vivir una memorable jornada de emociones, de buen pugilismo, de equilibrio, de argumentos técnicos y físicos. El mismo boxeo que en el pasado reciente ha vivido de la incertidumbre, de las carencias, de momentos que resultaron traicionados por los propios protagonistas de la industria, de cuestiones más apegadas a la necesidad de un espectáculo y de un circo que a la seriedad e historia que establece este deporte. 'Canelo' y Golovkin pueden y deben darle la certeza que tanto ha buscado el boxeo en los últimos tiempos. Las condiciones de ambos, las estadísticas, los hechos fehacientes indican que nada puede fallar, pero el boxeo es un deporte donde siempre hay espacio para incidentes, circunstancias y accidentes. Cualquier detalle puede terminar lastimando lo que parece una combinación perfecta. No falta mucho para que suene la campana. Veremos qué sucede.
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El viernes por la noche en el Estadio Jalisco volvieron a aparecer los síntomas más temibles y lamentablemente comunes del futbol mexicano: los de la corrupción. Una pantalla mal colocada y una decisión rápida, tomada bajo la mesa, sin consulta y obviamente sin apego a los reglamentos. El juego se reprograma. Así de fácil y de sencillo se resuelven las cosas en una Liga presumida como de "primer mundo" y resguardada siempre en prácticas que solo sirven para cuidar los intereses más poderosos de la industria. Lo del Atlas y la pantalla no fue solo un ridículo, también una escena más de la vulnerabilidad de las leyes en el futbol mexicano...

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México logra el boleto para Rusia 2018 y lo hace como no lo había hecho en los últimos dos procesos mundialistas: con tranquilidad y coherencia en la tabla clasificatoria. El problema surge cuando buscamos otro tipo de elementos en la cancha que nos permitan establecer que cuando afronte el nivel competitivo del Mundial y se aproxime a un juego de octavos de final ante Alemania, Brasil, Francia, Argentina o España, las posibilidades de éxito sean mayores que en el pasado. No hay garantías de nada y sí, por el contrario, descubro cierto conformismo y hasta apatía por dejar una "zona de confort" y exigirle a este futbol de acuerdo al potencial que tiene en el campo de juego y no en los productivos negocios que siempre involucra. Ir al Mundial cumple con un cometido en lo económico. Competir en el Mundial es otra cosa, una asignatura que el futbol mexicano ha dejado pendiente y que de acuerdo con lo que ha mostrado en los últimos tiempos, no ofrece ninguna clase de garantía.

CIUDAD DE MEXICO.- Me pregunto: ¿De qué sirve "caminar" en la Concacaf para luego "gatear" en el Mundial...?
Mexico se ha clasificado a Rusia 2018. Hay algunos que lo celebran y lo ponderan. Habemos otros mucho más cautos que suponemos que el boleto mundialista, logrado bajo las condiciones en las que lo ha hecho la Selección Mexicana --primero, sin un estilo de juego definido y de buen futbol y segundo, en una de las zonas del peor nivel futbolístico del mundo-- no debe ser motivo de ninguna exaltación. México, hasta ahora, ha cumplido. Ha cumplido con "el negocio" de clasificarse a una Copa del Mundo (la numero 16 de su historia) y nada más. Sus expectativas parecen estar más allá de un grisáceo triunfo sobre Panamá y del dominio de un área que históricamente le ha favorecido. De nada le sirve a México clasificarse "caminando" en la Concacaf si una vez en el Mundial su futbol va a "gatear" como lo ha hecho en esta misma era cuando ha tratado de probarse en un nivel superior del juego (la Copa América del Centenario y la Copa Confederaciones).
No podemos cruzarnos de brazos y conformarnos con que esta es nuestra realidad y que la distancia con respecto a las grandes potencias del futbol es y será siempre la misma. Las pruebas, aunque escasas, existen. México ha mostrado una imagen más avanzada de su futbol en los últimos mundiales, donde se ha asomado, de forma competitiva hasta la instancia de los octavos de final. Llegar al Mundial es un requisito. Mostrar una forma, una manera con la cual se pueda establecer un avance con respecto al pasado es una necesidad y casi una obligación de este futbol.
La mejor noticia del viernes por la noche, cuando se consumó oficialmente la clasificación mexicana para Rusia 2018, ha sido la continuidad del entrenador Juan Carlos Osorio. El colombiano, como casi todos sus antecesores, no ha escapado de la polémica. Y aunque es verdad que su "sistema" --más que de juego, de trabajo, el de las ya famosas "rotaciones"-- no ha terminado por establecerse favorablemente, él no parece el único responsable de que el juego mexicano no haya alcanzado su potencial y un convencimiento pleno.
Los futbolistas, los que corren, meten la pierna y también los goles. La materia prima y fundamental de este deporte. Los que ganan y pierden en la cancha. Yo creo que es el momento de exigirle a los futbolistas mexicanos que sean responsables de sus actos y que cumplan, finalmente, con todas las expectativas que han generado. Hubo, incluso, quien llamó a esta generación como "la mejor de la historia" y la ponderó, también, como la más solida basado en el sitio en dónde actúan sus futbolistas, la mayor parte de ellos en ligas europeas de una alta competitividad. La realidad es que no han alcanzado los niveles para los que se les concibió. Sin especificar en algún nombre en particular, todos ellos, vestidos de verde, han quedado a deber.
Como sucedió hace cuatro años y como ha ocurrido en la mayor parte de la historia, la Selección Mexicana no ofrece una garantía de productividad y de competitividad para el próximo verano. Hay quien ve esto con buenos ojos: "Cuando llega el evento grande, la selección se sublima y termina jugando mejor de lo que esperábamos". Sí ,estoy de acuerdo, pero no puede ser la historia eterna de nuestro futbol. México tendría que mostrar avances juego a juego, presentación a presentación , sin importar el torneo o el tamaño del partido para que cuando vuelva a presentarse la ocasión de un juego en octavos de final del Mundial, ante Holanda, Argentina, Alemania, Brasil o España se eleven las posibilidades de sortearlo con éxito.
Entiendo que alrededor de la Selección Mexicana exista todo un "aparato" de comercialización, de ventas y de la explotación de la imagen y que para ese negocio sea imperativo ir al Mundial, pero para efectos exclusivos del futbol, lo importante no es tan sólo ir al Mundial, hay que buscar la trascendencia que este futbol ha amagado y que jamás ha alcanzado, teniendo, insisto, el potencial de sobra para hacerlo.
Queda poco menos de un año por delante. Esta selección debe mejorar. Debe mejorar el entrenador y debe mejorar cada uno de sus futbolistas, porque con el nivel de juego que han mostrado hasta ahora, Rusia 2018 no ofrece ninguna garantía genuina. Por lo demás y atestiguando la reacción de alguna parte del medio y de la afición ante la clasificación mundialista, me queda claro que hay algo peor que la realidad y la mediocridad. La desesperanza y el conformismo de pensar que esa es nuestra realidad y que de ninguna forma salimos de ella. Los niveles existen en el futbol como existen en otros muchos aspectos de la vida. Reconocer tus avances y tu potencial es tan importante como vivir y aceptar tu realidad. Lo que nunca deben faltar son motivos para seguir creyendo y soñando que puedes ser mejor de lo que has sido.
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