APEn el Preolímpico de Mar del Plata te vas a tomar jugo de coco: ni mate, ni alfajoresIntentaré seguir por esa senda con este capítulo 2 sobre los Vendepatrias. La vez pasada hablé de algunos jugadores (claramente mi intención no era nombrarlos a todos, Misión Imposible) que se mudaron al club enemigo. Esta vez me focalizaré en los entrenadores.
Hay algunos casos interesantes de cambio al eterno rival, como el del argentino César Luis Menotti de River a Boca o el brasileño Leonardo de Milan a Inter, pero eso no llama tanto mi atención. Lo que no entiendo, lo que me incomoda y hasta a veces llega a molestarme es cuando un técnico dirige a dos países distintos. Lo puedo llegar a comprender de los europeos, pero de los latinos, no. Me parece intolerable.
Tomaré tres casos del fútbol latinoamericano y luego saltaré de deporte para hablar del más doloroso.
Arranquemos con Daniel Alberto Passarella. Argentino. Campeón del mundo como jugador en 1978. Capitán de ese equipo. Entrenador de la selección argentina desde 1994 hasta julio de 1998 (se fue después del Mundial de Francia). En abril de 1999 cruzó el charco para dirigir a la selección de Uruguay. Y le fue mal. En febrero de 2001 renunció al cargo en el medio de las eliminatorias para Corea-Japón. ¿Cómo puede ser que un ícono del fútbol argentino se vaya a dirigir a otro país? Es que no me entra en la cabeza. Y no me digan que es por plata porque se podía ir a entrenar a la quinta división de Dubai y seguramente iba a ganar lo mismo.
Sigamos con otro argentino, que también se llama Alberto de segundo nombre y también se desempeñó como jugador en la selección: Marcelo Bielsa. Sucesor de Passarella en 1998, recibió el palazo en la cabeza en 2002 cuando Argentina quedó eliminada del Mundial en primera ronda. Por su integridad como profesional y su admirable disciplina para el trabajo continuó en el cargo. Luego de obtener la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, alcanzar la final en la Copa América y superar a la selección de Perú por las eliminatorias para el Mundial 2006, decide renunciar sorpresivamente. En agosto de 2007 asume como entrenador de la selección chilena. Y le fue muy bien.
Quedó segundo en las eliminatorias sudamericanas detrás de Brasil y consiguió que Chile ganara un partido mundialista después de 48 años. Además, alcanzó los octavos de final. A pesar de que la dirigencia chilena quería que siguiera en el cargo, el director técnico argentino renunció en febrero de 2011. Sé que te pegamos mucho acá Marcelo y entiendo que te hayas ido a probar suerte a Chile. Y me alegro que te haya ido tan bien. Pero igual me dolió. Y sé que en algún punto a vos también. Eso es lo que me deja tranquila.
Tercer técnico vendepatria, un tri-patria: Hernán Bolillo Gómez. Ex-jugador colombiano, su periplo como entrenador es increíble: fue asistente de Francisco Maturana en la selección de Colombia en los Mundiales de 1990 y 1994. Luego asumió como director técnico. En 1999 se fue a dirigir a Ecuador y logró por primera vez la clasificación al Mundial. En 2006 fue designado como entrenador de Guatemala, pero terminó su relación con la Federación de Fútbol de ese país en 2008 tras el 0-5 ante el Sub-23 de Argentina. En 2010 volvió a asumir como DT colombiano. Insólito. ¿Hay por ahí algún colombiano/ecuatoriano/guatemalteco que quiera contarme qué se siente?
Ahora sí, el último de los casos. El del vendepatria que más me duele. Nos mudamos al básquetbol y tenemos que hablar de Rubén Magnano. Entrenador de la selección argentina desde 2000 hasta 2004. Subcampeón en el Mundial de Indianápolis 2002, donde Argentina logró ganarle al Dream Team de Estados Unidos por primera vez en la historia. Medalla de oro en Atenas 2004. Fue él quien acompañó a esa generación de talentosos basquetbolistas que se transformó en dorada.
Era él el que daba vueltas como un loco llorando alrededor de la cancha en la final de Atenas. Vi bien, ¿no? ¿O estoy loca? Porque es él el que ahora dirige a la selección de Brasil. Y esto sí que me resulta incomprensible. ¿Cómo es posible? ¿Cómo? Después de haber logrado tanto, pero tanto con la selección de tu país, ¿cómo hacés para irte a otra? ¡Este tipo tiene zumo de tomate en las venas! De corazón espero que le vaya mal. Muy mal.
Getty ImagesEl portugués Luis Figo pasó del Barcelona al Real Madrid y se ganó el apodo de JudasTraigo otro ejemplo con una anécdota personal: en 2002 viajé de intercambio a Alemania. Después de estudiar durante once años una lengua, uno cree que sabe todo, pero cuando empieza a vivir en ese otro país, se da cuenta que en realidad no sabe nada. O al menos, no sabe esas palabras cotidianas tan necesarias para comunicarse diariamente. En mi primer día en la casa de mi nueva familia, me di cuenta de que necesitaba acetona. Obviamente no tenía ni la más remota idea de cómo se decía quita-esmalte en alemán, así que traté de comunicarme por el idioma universal de las señas hasta que mi hermana adoptiva se iluminó y me entendió: Nagellackentferner. Nunca me voy a olvidar de esa palabra, fue la primera que aprendí en suelo germano.
Pero volvamos al sustantivo compuesto que nos ocupa en este posteo. Vendepatrias. Todos tienen algo en común: han migrado al club enemigo, pero hay distintos casos. Veamos...
Luis Figo pertenece al grupo de los que logran triunfar en ambos bandos, pero se ganan el odio eterno de los aficionados de su ex equipo. El portugués había jugado cinco años en Barcelona, ganando dos Ligas, dos Copas del Rey, Supercopa de España y de Europa. Incluso había llegado a ser capitán del equipo. En 2000, pasó a Real Madrid por 60 millones de euros, convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia hasta ese momento. Brillaría también con el equipo merengue y obtendría la Liga y la Supercopa de España en dos ocasiones, la Liga de Campeones, la Intercontinental y la Supercopa europea. Sin embargo, todos estos títulos no borrarían los de "traidor" y "pesetero" que se ganó con la hinchada azulgrana.
También están los jugadores que pasan sin pena ni gloria por su primer club y cuando se mudan al clásico rival, la rompen. Por ejemplo, el argentino Gabriel Omar Batistuta. Jugó en 1989 para River, pero no era muy tenido en cuenta por el técnico, así que al año siguiente pasó a Boca. En 1991 salió campeón y fue máximo goleador del torneo, campaña que le valió la convocatoria a la Selección Nacional, dirigida en ese entonces por Alfio Basile. Su desempeño con la camiseta argentina hizo que se ganara el corazón de los hinchas independientemente de su club de turno.
Por último, aparecen los casos como el del brasileño Romário. Ídolo de Flamengo, tuvo allí temporadas memorables (como en 1995, cuando anotó 59 goles en 59 partidos), ganó dos Ligas Cariocas y la Copa Mercosur y luego partió hacia el Fluminense, donde terminó siendo despedido del club por diferencias con el entrenador. De todas formas, como en el caso de Batistuta, su exitosa carrera con la selección de Brasil le valió el amor de todos los torcedores.
Me despido con un grupo de vendepatrias muy particular: aquellos que han cruzado de vereda y se han ganado el cariño de los fanáticos de ambos clubes. Carlos Tevez es un ejemplo de ello. Todo Manchester lo adora. Biliv it or not.
Me quedé con ganas de hablar de los técnicos vendepatrias. Tenemos unos cuantos, pero los voy a dejar para la próxima. ¡Saludos!

BUENOS AIRES -- Sabía que quería escribir algo relacionado con el Día Internacional de la Mujer, que se conmemora este martes, 8 de marzo. Esta fecha "festiva" me produce una contradicción interior, como tantas otras. Por un lado, me gusta y me parece bastante justo que haya un día dedicado a todas las mujeres del mundo. Madres, padres, niños, animales, doctores, secretarias tienen su día especial, por qué discriminar a las mujeres. Pero por el otro lado, me molesta esa discriminación. Creo que es una prueba más de que seguimos viviendo en un mundo profundamente machista.
Machismo alimentado por ellos, pero sobre todo por nosotras. Me gusta que me saluden y que me regalen flores y chocolates, pero no deberían ser gestos reservados para un solo día del año. Nos merecemos más que eso, ¿no les parece?
Me puse a buscar efemérides al respecto y encontré una que me gustó. Resulta que un 8 de marzo de 1916 nacía Jeanette Morven Campbell, primera medallista olímpica argentina. Vio la luz en Saint-Jean-de-Luz, una ciudad situada en la costa suroeste de Francia. Sus padres tuvieron que escapar de la guerra y emigraron hacia Argentina, donde ella comenzó a practicar natación en las piletas del Belgrano Athletic Club. Allí tomaba también clases de hockey, pero finalmente se inclinó por el agua. Lo bien que hizo.
Se coronó campeona argentina con tan sólo 16 años y cosechó tres medallas doradas en el Sudamericano de Rio de Janeiro de 1935. Con todos estos laureles se ganó un lugar en la delegación argentina que partió el 9 de junio de 1936 hacia los Juegos Olímpicos de Berlín. Eran 55 deportistas: 54 hombres y Jeanette. Pese a las fantasías que uno pueda tener, la nadadora contó en varias entrevistas que esos 21 días de viaje en barco fueron los más aburridos de su vida.
El 8 de agosto comenzó la competencia para Campbell (sí, sí, leyeron bien, dos meses después de embarcarse, casi como ahora, que se toman un avión y compiten al otro día). Ganó la serie eliminatoria y la semifinal sin problemas. En la final tuvo una mala salida, pero se repuso y terminó segunda, transformándose en la primera mujer argentina en ganar una medalla olímpica. Como yapa, la prensa acreditada la eligió como Miss Olimpic Berlin 1936.
Cuando volvió, Jeanette continuó compitiendo, pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial la dejaría sin revancha olímpica. Tendríamos que esperar hasta Atenas 2004 para volver a tener a una nadadora argentina (Georgina Bardach) arriba de un podio olímpico.
Jeanette Campbell no lo pudo ver, pero definitivamente tuvo mucho que ver con eso.
Getty ImagesUna, dos, tres, cuatro, cinco vueltas da el nigeriano Obafemi Martins para celebrar un golBUENOS AIRES -- Cuando jugábamos al voleibol o al handball en el colegio, festejábamos siempre de la misma manera: nos poníamos en ronda, levantábamos las manos y gritábamos "¡Pesta!" (diminutivo del nombre de mi escuela) dando un paso hacia adelante. Era nuestro grito de guerra. Ahora contarlo me da vergüenza, pero en ese momento seguramente sentía que era William Wallace arengando a mis tropas.
Siempre quise proponer un festejo alternativo, pero nunca me animé. Admiro profundamente a aquellos que tratan de divertirse y nos regalan un BIS luego del gol. Por esta vez, me voy a centrar en el fútbol compartiendo con ustedes algunos de los festejos que me robaron una sonrisa.
Si hablamos de piruetas, entonces hablamos del nigeriano Obafemi Martins. Este muchacho bien podría haberse dedicado a la gimnasia artística. Es realmente impresionante la cantidad de vueltas seguidas que da. Y lo hace después de haber jugado una hora al fútbol; la mayoría de nosotros tomaríamos desesperadamente un vaso de agua, pero el tipo hace una triple mortal.
Hay otros festejos que me enternecen, me emocionan. Actualmente están muy de moda las dedicatorias en versión camiseta, pero sigo prefiriendo lo gestual. Cómo olvidar el arrorró de Bebeto. Marcó época. Ahora, sin embargo, se usa más el chupete. Al respecto, hay algo que no entiendo: ¿alguien sabe cuántos hijos tiene Totti? Porque sigue chupándose el dedo después de cada gol. Yo le conozco dos rubios divinos, pero ya hace rato que deberían haber dejado el chupete. Capaz tiene más& misterio sin resolver.

Pero sigamos adelante. La voluntad de los goleadores por innovar hizo que aparecieran las máscaras. Y entre ellas, me quedo con la del ecuatoriano Iván Kaviedes. Resulta ser que había una historia detrás del Hombre Araña. El 15 de junio de 2006, Ecuador derrotaba 2 a 0 a Costa Rica en el Mundial de Alemania y clasificaba para octavos de final. Kaviedes anotó el tercer gol para el equipo sudamericano y para festejarlo se colocó la máscara del Hombre Araña en homenaje a su ex compañero Otilino Tenorio, que había fallecido unos meses antes en un accidente de tráfico. Tenorio era conocido como "el enmascarado" por celebrar sus goles con careta.
Luego de este momento emotivo, pasemos al baile. Aquí hay para todos los gustos: samba, rock, cumbia, reggeaton, ¡hasta break dance!, lo que quieras. Desde Roger Milla en Italia '90, pasando por Nigeria en 1994, la macumba de Senegal en el 2002, los bailecitos de Ronaldinho y tantos otros.
Dejamos lo mejor para el final. Párrafo aparte para las performances teatrales de los chicos de Islandia. Semejante despliegue requiere horas de ensayo. Seguramente ya las conocen, pero no podía dejar de nombrarlas. Igual vale la pena volver a verlas:
la pesca;
la granada;
el nadador y el remero ;
Rambo, la marcha y el baile .
¿Con qué nos sorprenderán la próxima vez?
Me despido dejándoles otro video para que se diviertan un rato, tiene un poco de todos estos festejos que revivimos juntos. Seguro que me olvidé de muchos otros inolvidables, así que si quieren pueden ayudarme a recordar...
¡Hasta la próxima!

En segundo lugar, me gustaría aclarar (aunque creo que estaba bastante claro) que admiro a Ronaldo como jugador, considero que fue un crack y no estaba en mi intención ofenderlo. Ni a él ni a todos los gordos de alma de este mundo (en cuyo grupo me encuentro). El post no pretendía ser un perfil del futbolista, sino un medio para expresar mi particular punto de vista. Eso es a fin de cuentas un blog mis queridos lectores. Les recuerdo nuevamente que si buscan objetividad y rigurosidad periodística no la van a encontrar en este espacio.
Por último, los invito a ser más cautelosos en sus comentarios y más felices en sus vidas. No se hagan mala sangre por pequeñeces: si no les gusta el blog, pues no lo lean, nadie los obliga, pero por favor no me falten el respeto con insultos. Muchas gracias.
Concluidas estas evitables aclaraciones, paso al tema de este post: los gordos con
aguante. El deporte no nos ha dado tantos, pero algunos hay. Escogeré caprichosamente a tres de ellos por lo que han representado y representan para mí.
Empecemos con el gordo Sir Charles Barkley. Lo conocí, como tantas cosas en mi vida, por mi hermano, que era fan de los Suns. Me acuerdo que iba a escondidas y le robaba la musculosa con el número 34 y la gorra. Me llegué a comprar una remera a rayas violeta y naranja para que me hiciera juego con la visera (como podrán apreciar, nunca relegué mi lado femenino). Veía todos los partidos. 115 kilos de puro aguante. El ex alero de los 76ers, Suns y Rockets ya tiene un lugar en el Hall de la Fama, está considerado uno de los cincuenta mejores jugadores de la historia de la NBA y ganó el oro olímpico en dos oportunidades, pero se quedó sin anillo. Actualmente es un exitoso comentarista en televisión e hincha furioso de Manu Ginobili.
El segundo lugar de los gordos deportistas que me caen en gracia lo ocupa Alberto El Beto Márcico. Lo descubrí de grande, cuando ya estaba en Boca. Lo miraba por la tele y no entendía cómo jugaba parado en el medio de la cancha. Le decía a mi hermano: "¿No está muy gordo para jugar al fútbol?" Y él me respondía: "Yo al Beto lo

El tercer gordo es un gordo intermitente, pero se merece estar. Sí, estoy hablando del Rey David. Yo entiendo lo de las lesiones, pero a este muchacho le gusta la buena vida. Nalbandian es un privilegiado. Porque su gran mano le permite estar parado y tirar winners a lo loco. Cualquier otro jugador con esa tremenda panza sería apabullado. Y él se ha dado el lujo de cargarse a los entonces Nº1 (Federer), Nº2 (Nadal) y Nº3 (Djokovic) del mundo en un mismo torneo (el Masters de Madrid en 2007). En 2008, pico de su gordura en mi opinión, llevó al equipo argentino a la final de la Copa Davis (David le dio una lección de tenis a Ferrer en el primer punto, pero luego perderíamos esa serie que ya dábamos por ganada antes de jugar; y allí los españoles nos dieron una lección de humildad). Esperemos que algún día pueda ganar un Grand Slam o levantar la ensaladera; talento le sobra.

Si estás aumentando de peso tenés dos opciones, bastante claras: o dejás de comer o seguís comiendo. Todas las opciones alternativas son detalles. Si hacés actividad física, adelgazarás más rápido. Si tomás pastillas, te ponés cremas con baba de caracol y recurrís a tratamientos con modernas y estrambóticas máquinas, que Dios te ayude. Pero la primera medida básica es dejar de engullir alimentos permanentemente.
Cuando Ronaldo dijo en la conferencia de prensa en la que anunció su retiro que la causa de su gordura era el hipotiroidismo (gracias por la amable corrección del usuario rebocero) me defraudó. Creí que era de esos personajes que no ponían excusas e iban de frente, pero resulta que argumenta con la misma vieja estrategia que usa mi querida madre: "Yo te juro que me cuido, pero tengo este problema con las tiroides". Dejáte de joder mamá (y Ronaldo), el problema son los postres, las pastas, el vino& todo lo que te devorás diariamente.
Hace años que escuchamos más sobre la vida privada del Fenómeno que sobre su rendimiento futbolístico. Repasando sus primeros años de carrera, los números asustan: 44 goles en 44 partidos con Cruzeiro; 55 tantos en 57 encuentros con el PSV Eindhoven; 47 en 49 juegos con el Barcelona, un monstruo. Fue Balón de oro en 1997 y 2002; ganó dos Copas del Mundo con Brasil (en 1994 y 2002) y es el máximo goleador de la historia de los Mundiales, con 15 gritos. Personalmente, creo que debería hacerse retirado en 2007, luego de su alejamiento de Real Madrid. Pero se dio el gusto de volver a Italia a jugar con el Milan y de esta manera transformarse en el único jugador en vestir la camiseta del Barcelona, del Real Madrid, del Inter y del Milan.
"Es mi primera muerte", decía Ronaldo entre lágrimas. Puede ser. Dicen por ahí que partir es morir un poco. Pero yo prefiero pensar que partir es enfrentarte con un destino distinto. Le diste mucho al fútbol, crack. Te despedís con 420 goles, decenas de trofeos, 4 hijos, varios pares de escándalos amorosos y una gran certeza: vas a poder seguir comiendo, ahora sin culpa. Un tipo que logró imponer un peinado taaan pero taaan feo tiene que ser capaz de eso.

Hace un tiempo les conté cuáles habían sido los hitos deportivos que lograron aflorar mis lágrimas . Hoy se me dio por recordar junto a ustedes aquellos en los que los protagonistas no pudieron (o quisieron) controlar sus emociones.
Comencemos por el gran Pistol Pete (por quién si no). Abierto de Australia. 1995. Cuartos de final. Rival: Jim Courier. Sampras había perdido los dos primeros sets en tie-break. Estaba muy afectado por la enfermedad de su entrenador y amigo, Tim Gullikson, que había tenido que volver a Estados Unidos ese mismo día tras sufrir un desmayo. Le encontraron cuatro tumores en el cerebro y le diagnosticaron cáncer.
Pete ganó los dos sets siguientes y empató el tanteador. Pero en el quinto set, con el saque 1-1 y 30-0, un espectador le grita desde la tribuna: "Win it for your coach, Pete!" (¡Gana por tu entrenador, Pete!)
Sampras rompió a llorar. Courier, comprendiendo por lo que pasaba su rival, le dijo: "Are you all right, Pete? We can do this tomorrow, you know." (¿Estás bien Pete? Podemos hacer esto mañana, sabes).
Es increíble ver cómo Sampras llora desconsoladamente mientras saca. Y hace aces. De hecho, el entonces Nº1 del mundo se recompuso y terminó ganando el partido.
Sigamos en Melbourne. Pero avancemos catorce años en el calendario, hasta el 1º de febrero de 2009. Cómo olvidar las lágrimas de Roger Federer, tras haber perdido la final ante Rafael Nadal. Un llanto que trajo muchas secuelas. Para sus fans, fue una muestra de su sensibilidad, de que tras esa fachada de perfección suiza hay un ser humano como cualquier otro. Para sus detractores, fue un signo de debilidad, de impotencia. Nadal era su criptonita. Si quieren recordar ese momento, pueden hacerlo aquí.
La próxima imagen la tengo grabada en la memoria porque es la más reciente y además forma parte de mis postales mundialistas predilectas. Es el llanto de Iker Casillas cuando España vence en la final a Holanda y se corona campeón del mundo. Lloró luego del gol de Iniesta y volvió a llorar cuando se acabó el partido y todos se fundieron en un abrazo. Conmovedor.
Desde que los escuché a ellos cantar el himno argentino mientras se abrazaban lo siento diferente. Me hacen poner la piel de gallina. Mundial de Rugby 2007. Partido por la medalla de bronce contra Francia en Francia. Esos Pumas enormes, con cuerpos de acero, también lloran.
Dejo a su majestad MJ para el final. Porque queda claro que si él llora, ya nadie puede venir a cuestionar que el llanto no es cosa de hombres. ¡Mi papá llora che! Y mucho.
Al entrar al salón de la fama, Jordan no pudo contener las lágrimas y dejó un par de frases para anotar; me quedo con una, para no aburrirlos: "Espero que le haya dado a millones de personas la motivación para seguir sus sueños. Nunca digan nunca, porque los límites, como los miedos, son con frecuencia sólo una ilusión".
Espero que les haya gustado el post. Si quieren, pueden agregar algunos otros llantos memorables de deportistas, seguro me faltan muchos.
¡Hasta la próxima!

Kim Clijsters nació en la pequeña ciudad de Bilzen, al suroeste de Bélgica, el 8 de junio de 1983. Hija de Lei Clijsters, ex jugador de fútbol, y Els Vandecaetsbeek, ex campeona de gimnasia, Kim llevaba el amor al deporte en los genes.
Agarró una raqueta por primera vez a los seis años, cuando yo recibía mi primera Barbie. En 1996 se inscribió en la escuela de tenis de Wilrijk. Allí conoció a Carl Maes, quien sería su coach por varios años.
Luego de un exitoso paso por juveniles, hizo su debut en el circuito WTA en 1999 en Amberes, donde perdió en cuartos de final con Sarah Pitkowski. Dice Kim en su web que Amberes es una de sus ciudades favoritas para ir de shopping (anoten chicas).
En 2001 llegó a la final de Roland Garros, en 2002 ganó el Masters y en 2003 alcanzó la cima del ranking mundial. Ese mismo año volvió a jugar la definición en París, pero se quedó nuevamente a las puertas de la gloria. Sin embargo, lo que no pudo en singles lo consiguió en dobles. Kim se coronó campeona en Roland Garros y en Wimbledon con la japonesa Ai Sugiyama en 2003.
La belga ya era reconocida en todo el mundo, pero le faltaba ganar un Grand Slam. Y lo hizo. En 2005 se llevó el US Open paseando en la final a Mary Pierce por 6-3 y 6-1.
Dos años más tarde, tras sufrir repetidas lesiones, decidió alejarse del tenis. En 2008 se dedicó a formar una familia: se casó con el basquetbolista Brian Lynch y nació Jada, una muñeca rubia de ojos azules igualita a la madre. Pero su vida alejada del tenis le duró poco. El 10 de agosto de 2009 regresó en Cincinnati y llegó a cuartos de final, donde cayó ante la rusa Dinara Safina. Después jugó el US Open gracias a una wildcard y dio el batacazo. Se cargó a las hermanas Williams y venció en la final a la danesa Caroline Wozniacki, actual número uno del mundo. Ya no había dudas: Killing Kim was back.
En 2010, la fan de Pink y Beyonce repitió el título en Flushing Meadows, confirmando lo bien que le sienta el suelo estadounidense. Su tercer Grand Slam la colocó nuevamente en el top ten del circuito femenino.
Arrancó el 2011 de la mejor manera posible: fulminante doble 6-0 ante Safina en Melbourne. Su paso hasta la final fue bastante tranquilo, no cedió un solo set. En la definición se topó con la sorpresa del torneo, la china Na Li, y comenzó perdiendo el primer parcial. Pero luego la Princesa Fiona se recuperó, ganó los otros dos con un doble 6-3 y levantó el trofeo en el Abierto de Australia. Ahora es Nº2 del mundo. Ya tiene su propia versión de Barbie junto a su hija. Y va por más. Así sí mami, vale la pena volver.
BUENOS AIRES -- Se dice de mí...
se dice que soy fea,
que camino a lo malevo,
que soy chueca y que me muevo
con un aire compadrón.
Que parezco un dinosaurio,
mi nariz es puntiaguda,
la figura no me ayuda
y mi boca es un buzón.
A pedido de ustedes, he estado buscando a las mujeres del deporte que, de acuerdo a mi subjetiva percepción, no fueron tocadas por la varita de la belleza. Y bueno chicas, son talentosas y exitosas ¡todo en esta vida no se puede!

Francesca Schiavone
(no aplica a la famosa frase: "las italianas son todas lindas")
Se destaca en: tenis
Nacionalidad: italiana
Fecha de nacimiento:: 23 de junio de 1980
El dato: ganó Roland Garros el año pasado (2010)
Podría conquistar a un hombre si... le tapa los ojos y le susurra al oído dulces palabras en italiano.
Erika Villaécija
Se destaca en: natación
Nacionalidad: española
Fecha de nacimiento: 2 de junio de 1984
El dato: estudió psicología
Podría conquistar a un hombre si... se pone una minifalda (tiene unas hermosas piernas).
Yargelis Savigne
Se destacó en: salto en largo y salto triple
Nacionalidad: cubana
Fecha de nacimiento: 13 de noviembre de 1984
El dato: fue seleccionada como la mejor deportista cubana en 2010
Podría conquistar a un hombre si... le baila (como toda cubana debe llevar el ritmo en la sangre).

Ana Pascal
(si te pone una mano encima te mata)
Se destaca en: boxeo
Nacionalidad: panameña
Apodo: Dinamita.
El dato: estuvo presa en 2008 por tenencia ilegal de armas
Podría conquistar a un hombre si... este apartado no le interesa en lo más mínimo porque es lesbiana
Zhang Xi
Se destaca en: voleibol de playa
Nacionalidad: china
Fecha de nacimiento: 19 de abril de 1985
El dato: medalla de bronce en Beijing 2008
Podría conquistar a un hombre si... ¿le cocina chop suey?
A mis tíos...
BUENOS AIRES -- Cuando pierdo a un ser querido, siempre me pongo a pensar en todas las cosas que me habría gustado hacer con él; las cosas que no supe decirle; las cosas que no llegó a contarme; los momentos que no pudimos compartir. Y entonces me agarra un profundo deseo de meterme en una máquina del tiempo, al menos por cinco minutos, y teletransportarme.

Hoy me levanté con ese sentimiento y con ganas de compartirlo con ustedes. Y me puse a pensar en aquellos personajes del deporte que me habría gustado conocer o ver en vivo y en directo. A continuación, algunos de ellos...
- A Guillermo Vilas, en la final del US Open de 1977 ante Jimmy Connors, que comenzó perdiendo el primer set y luego lo liquidó 6-0 en el cuarto. Ese maravilloso año en el que cosechó 53 victorias consecutivas. Un monstruo.
- A Muhammed Ali me habría encantado hacerle una entrevista. O estar en su cabeza cinco minutos antes de la gran pelea ante Foreman en Zaire.
- Definitivamente ver jugar a Michael Jordan es y será uno de los grandes pendientes de mi vida. Mi hermano tuvo la suerte de verlo.
- Lo que daría por haber estado en Wembley en los Juegos Olímpicos de 1948 para ver cómo Delfo Cabrera superaba ya dentro del tramo final en el estadio al belga Gailly y ganaba la maratón. Mi papá me contó esta historia más de 20 veces y no me canso de escucharla.
- Aunque sea una obviedad, no está de más reconocer que me habría gustado ver jugar a Maradona. También a Pelé y a Di Stéfano y a Cruyff.
- Aprovecho el post para confesar mi devoción (sólo como espectadora claro está) por la gimnasia artística. Se imaginarán que me habría encantado disfrutar de una rutina de Nadia Comaneci, por ejemplo.
¿Y ustedes? Si por un momento pudieran meterse en mi máquina del tiempo, ¿adónde irían?, ¿a ver a quién?

Tenía seis años cuando agarré una pelota de Handball por primera vez. Estaba en la clase de educción física, en primer grado. Fue amor a primera vista. Por mi altura y mi contextura física, me sugirieron que fuese arquera, pero yo no quería. Me negaba a recibir pelotazos tan de cerca. Creo que el arquero de Handball debe ser una de las profesiones más sacrificadas dentro del deporte. ¡Reciben tiros letales a un metro de distancia! Hay que tener una firme vocación para soportar eso y yo definitivamente no la tenía.
Así que con los años me fui acomodando en la posición de círculo (o pivote), que combinaba perfectamente bien con mi anatomía física en ese momento (sí, era una pequeña bola con rizos rubios y grandes cachetones). A los 13 pegué el estirón y pude encontrarle otras aristas a esa posición. Hasta que terminé encariñándome con ella y no la cambio por nada. El círculo tiene vocación de servicio, construye espacios para sus compañeros, está en permanente contacto físico, todas cosas que también iban conmigo en ese otro momento de mi vida tan particular como fue la adolescencia.
En la secundaria empezaron los torneos en serio. Jugábamos todos los sábados. No me importaba levantarme a las 6 de la mañana en agosto con 2 grados bajo cero. En esos momentos es cuando me daba cuenta lo feliz que me hacía jugar al Handball. Y encima viajábamos. Íbamos a un torneo intercolegial en Mar del Plata y nos enfrentábamos con equipos de Uruguay, Chile, Brasil. Los chicos también iban. Y llevaban los bombos para alentarnos. Era maravilloso. Nunca ganamos una medalla, pero no nos importaba en lo más mínimo. Nos divertíamos.
Ahora ya no juego al Handball. A decir verdad, hace ocho años que no agarro una pelota. Estuve viendo algunos de los partidos preparatorios de la selección argentina para la Copa del Mundo que empieza en Suecia este viernes y sentí nostalgia. ¡Qué lindo deporte! Siempre me pregunté por qué no se le da tanta bola en este país. Ojalá que en algún momento explote, como el rugby o como el hockey. El balonmano se lo merece.