Nairo Quintana: una historia de humildad y sacrificio

Humildad y talento. Una mezcla difícil de encontrar en las grandes figuras, se unieron en el caso de Nairo Quintana. Una historia como tantas, de las que se multiplican por el mundo: un origen humilde, unos padres que se sacrifican día a día para darles a sus hijos lo mejor, una infancia feliz que mezcla lo lúdico con el trabajo.

Nairo nació en Tunja, Boyacá, hijo de Luis Quintana y Eloísa Rojas. Una familia de campesinos que vivía de lo que cosechaba, y que vendía sus productos en el mercado del pueblo.

Una familia que debió hacerse más fuerte que nunca cuando a Don Luis, un accidente automovilístico lo dejó con una discapacidad. Nairo ayudaba desde chico, pero desde ese día debió hacerlo mucho más. Siempre recuerda su empeño y dedicación en recolectar las mejores frutas y verduras del campo, para que sus padres pudieran venderlas. Con voluntad, con sacrificio, con ganas, virtudes que luego llevaría encima de su bicicleta, en las grandes competencias.

Dignidad, por sobre todas las cosas, fue el lema de los Quintana. El propio Nairo se niega a que lo tilden de “niño pobre”. Es cierto, reconoce que no había lujos en la mesa de su casa, pero que tampoco faltaba nada. El tiempo pasó y Nairo creció.

A los 15, recibió un regalo que iba a cambiar su vida: una bicicleta. Tan común (y tan pesada) como la de cualquiera, que servía para que se trasladara desde su casa hasta la escuela, a unos 20 kilómetros de distancia. Pero no era un recorrido sencillo: había curvas, subidas, bajadas... No era fácil sostener el ritmo. Sin embargo, Nairo mostraba un talento especial para desplazarse.

Sus hermanos Dayer y Esperanza lo acompañaban en el recorrido, cada vez más sorprendidos porque Nairo pedaleaba con un ritmo intenso, sostendido, a la par de otros ciclistas de la zona que usaban el camino para entrenarse.

Así, Nairo comenzó a dar los primeros pasos rumbo a una carrera consagratoria. Al poco tiempo su padre le compró una bicicleta mejor. Comenzó a entrenarse y una mañana partió arriba de un micro rumbo a Venezuela: de equipaje llevaba su bicicleta.

No pasaría mucho tiempo hasta que fuera temntado para formar parte de un equipo de ciclismo. El éxito estaba a punto de comenzar. Con el tiempo, llegarán los grandes títulos: campeón y sub campeón en el Giro de Italia, tercero en el Tour de Francia, ganador del Tour de Romandía, de la Tirreno Adriático, de la Vuelta al País Vasco...

El talento lo mantiene intacto a los 27 años. Y la humildad también: pese a codearse con el lujo de ciudades como Montecarlo, por ejemplo, siempre vuelve a su tierra, a estar con los suyos. Nunca olvidó su origen. Y tal vez en eso radique una buena parte de su éxito.