NFL: ¿Cómo lidian los jugadores con el riesgo de padecer CTE?

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La proactividad de la NFL busca resolver el problema del CTE (2:13)

Preguntamos a más de 30 jugadores de la NFL sobre sus preocupaciones respecto a la CTE, y sus respuestas oscilaron entre el miedo y la resignación.


EN UN CALUROSO DÍA DE VERANO, con el sudor goteándole de la nariz y el cuerpo protegido de pies a cabeza con el equipamiento de fútbol americano, Will Fries supervisa minuciosamente cada paso que da con la esperanza de evitar la encefalopatía traumática crónica (CTE, por sus siglas en inglés), una enfermedad cerebral progresiva y degenerativa.

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Dormir siempre un mínimo de ocho horas.

Fries, un guardia de 28 años de los Minnesota Vikings que disputa su sexta temporada en la NFL, tenía 17 años cuando se estrenó la película “Concussion” (La verdad oculta) en 2015, y 18 cuando el ejecutivo de la NFL Jeff Miller compareció ante un comité del Congreso y reconoció la existencia de un vínculo entre el fútbol americano y la CTE.

"Tu vida en el fútbol americano es corta", declaró recientemente Fries a ESPN, "y luego te queda el resto de tu vida por vivir".

Los investigadores creen que la CTE es causada por golpes repetidos en la cabeza que no llegan a provocar una conmoción cerebral (impactos subconcusivos), el tipo de golpes que ocurren en casi todas las jugadas, tanto en el fútbol americano de contacto a todos los niveles como en otros deportes de contacto. No existen síntomas específicos ni tratamiento para la CTE, en parte porque solo puede diagnosticarse tras la muerte.

Los estudios sobre la CTE, los cerebros de los atletas y los efectos de los traumatismos craneales aumentaron drásticamente cuando empezaron a surgir indicios de la relación entre la enfermedad y el fútbol americano, junto con informaciones que revelaban que la NFL había liderado una campaña de dos décadas para negar dicho vínculo antes de las declaraciones de Miller en 2016.

Un estudio publicado este verano en el British Medical Journal estimó que al menos uno de cada cuatro exjugadores de la NFL fallecidos entre 2016 y 2021 padecía CTE en el momento de su muerte. Un estudio publicado en enero reveló que las tasas de suicidio entre los exjugadores de la NFL fueron 2.6 veces más altas que entre los atletas de la NBA y la MLB durante el periodo comprendido entre 2011 y 2019. Un estudio de 2024 informó que casi un tercio de los exjugadores de la NFL creía padecer CTE; este grupo tenía cinco veces más probabilidades de albergar pensamientos suicidas que aquellos que afirmaban no creer que padecían la enfermedad.

Antes del inicio de esta temporada, ESPN preguntó a más de 30 jugadores, tanto en activo como retirados, cómo la creciente atención sobre los traumatismos cerebrales ha influido en sus vidas y en las decisiones sobre sus carreras. Todos estaban al tanto de la existencia de la CTE (encefalopatía traumática crónica), al menos en cierta medida; una ventaja de la que carecieron miles de sus predecesores. Algunos reconocieron que la CTE se ha convertido en un tema de humor negro; tal es el caso de DeShon Elliott, safety de los Pittsburgh Steelers: "A veces te quedas en blanco, olvidas algo de la semana pasada y piensas: 'Dios mío, es la CTE'".

Al igual que Fries, algunos jugadores adoptan lo que consideran las mejores prácticas para minimizar el riesgo de desarrollar CTE. Los cambios en el reglamento de la NFL y los intentos por mejorar el equipamiento —como el uso de las fundas protectoras (Guardian Caps)— generan confianza en algunos jugadores. Otros, en cambio, consideran que la salud cerebral escapa a su control y que, en última instancia, es un precio aceptable a pagar por los beneficios que conlleva una carrera en la NFL.

"Creo que es algo que se le pasa por la cabeza a cualquier jugador de fútbol americano", comentó Michael Wilson, receptor de 26 años de los Arizona Cardinals, quien disputa su cuarta temporada. "Pero también es algo que queda muy lejos en el futuro y... para mí, el legado y el bienestar económico que puedes construir pesan más que el riesgo de sufrir CTE, especialmente jugando como receptor abierto".

"¿Qué tan increíble sería dejar un legado del que hablen generaciones de mi familia, el legado de los Wilson? Y si la CTE es la consecuencia de ello, que así sea. Pero también podría dormir tranquilo sabiendo que fui yo, dentro de la familia Wilson, quien logró cambiar nuestra situación económica y clase socioeconómica; que se pueda señalar y decir: 'Fue Michael quien lo consiguió'. Así que, pensando en los hijos de los hijos de los hijos de mis hijos, ellos siempre podrán mirarme; y si la CTE es una consecuencia de esto, entonces estoy dispuesto a apostar por mí mismo y confiar en que no la padeceré, pero si llegara a ocurrir, sabré que tomé una decisión y que yo mismo la elegí".

Semanas después de la entrevista, Wilson firmó una extensión de contrato por tres años y 75 millones de dólares.

"Muchos jugadores quieren formar una familia, y esa es también una meta para mí", comentó Fries, de los Vikings. "¿Cambiaría el fútbol americano por cualquier otra cosa? En absoluto. Me encanta el trabajo que implica, conozco los riesgos y estoy haciendo todo lo que está a mi alcance".

Los jugadores retirados, especialmente aquellos que compitieron antes de que se reconociera la relación entre la CTE y el fútbol americano, reaccionan ante tales opiniones con sentimientos encontrados.

Matt Hasselbeck, mariscal de campo de la NFL durante 17 temporadas que anunció su retiro el 9 de marzo de 2016, cinco días antes de la aparición de Miller en la audiencia del Congreso, anunció recientemente que donará su cerebro para un estudio de CTE después de su muerte. En una entrevista con ESPN, Hasselbeck había dirigido palabras directas al corredor de los New York Giants, Cam Skattebo, quien cuando se le preguntó este verano en un podcast si el CTE era real, dijo: "No, es una excusa". Skattebo luego se disculpó y dijo que su respuesta fue una "broma de mal gusto".

"La CTE es algo muy real", afirmó Hasselbeck. "Y tenemos muchachos que son muy conscientes de ello. También tenemos muchachos que son lo opuesto a eso. Tenemos muchachos que son corredores novatos golpeando sus cabezas contra todo con su casco. Y luego lo toman a la ligera y hacen bromas al respecto. Y dicen, 'No me importa. Sólo se vive una vez'. Y luego tienen que volver y disculparse.

"Estoy pensando en Cam Skattebo este año. Y jugué con muchos tipos así. Y es divertido en el momento. A los equipos les gusta porque dices: 'Oh, eres un guerrero'. Iré a la batalla contigo cualquier día. Pero no tiene por qué ser así. Y hay un equilibrio ahí donde no puedes vivir con miedo, pero también esto es algo real".

Los esfuerzos de la NFL para reducir las conmociones cerebrales mediante cambios importantes en las reglas, la tecnología del casco y los cambios técnicos han sido bien documentados. Con respecto a CTE, el director médico de la NFL, el Dr. Allen Sills, quien ha estado en su cargo durante más de nueve años, dijo que la liga está siguiendo tres preceptos.

"Tenemos que continuar investigando para tratar de comprender cómo estos cambios patológicos podrían ser causados en los síntomas de la vida", afirmó Sills. "No. 2, tenemos que asegurarnos de que las personas no se autodiagnostiquen y de que sean evaluadas adecuadamente, y de que tratemos los síntomas que sabemos que podemos tratar. Y número 3, simplemente redoblamos nuestros esfuerzos para reducir y prevenir el contacto con la cabeza siempre que podamos".

En una declaración este verano, la NFLPA dijo en parte: "Todos compartimos la responsabilidad de avanzar en la investigación, mejorar el acceso a la atención, desarrollar mejores tratamientos y apoyar a los afectados por los impactos a largo plazo del juego".


PARA MUCHOS JUGADORES DE LA NFL, la película “Concussion” supuso el descubrimiento de los riesgos de sufrir lesiones cerebrales a largo plazo por practicar fútbol americano. Entre otros sucesos, la cinta dramatizó el hallazgo de la Encefalopatía Traumática Crónica (CTE) en el excentro de los Pittsburgh Steelers, Mike Webster, quien falleció en 2002 a los 50 años con un estado de salud física y mental deteriorado.

Un jugador de la línea defensiva de la NFC comentó que pensar en la CTE resultaba "duro". Un ala defensiva de la NFC recordó haber visto la película en el instituto junto a su madre y señaló: "Fue una de las razones por las que ella no quería que jugara al fútbol americano".

Estos recordatorios han persistido durante el verano; el caso más reciente ocurrió en julio, cuando unos investigadores determinaron que Marshawn Kneeland, exala defensiva de los Dallas Cowboys, padecía CTE cuando se suicidó ocho meses antes.

Asimismo, la familia de Aldon Smith —antigua estrella de los San Francisco 49ers fallecido repentinamente en junio a los 36 años— aguarda los resultados de los análisis tras haber donado su cerebro al Centro de CTE de la Universidad de Boston, con el fin de determinar si dicha enfermedad influyó en su muerte.

Para algunos jugadores, la preocupación por la CTE y otros riesgos para la salud a largo plazo motivó una retirada prematura. Chris Borland, uno de los mejores novatos de 2014 y jugador en la posición de linebacker, se retiró a los 24 años tras una sola temporada, citando inquietud por los traumatismos craneales. Ali Marpet, exjugador de la línea ofensiva de los Tampa Bay Buccaneers, se retiró en 2022 a los 28 años; en una entrevista concedida a ESPN a principios de este mes, describió la decisión como "una de las más difíciles" de su vida.

Y añadió: "Para mí, mi sistema de valores personal prioriza la salud. Si eso es así, quiero vivir de forma auténtica y coherente con esos valores. Y, bajo esa premisa, el fútbol americano no es lo más adecuado para ello, por mucho que me apasionara".

Aaron Jones Sr., corredor de los Vikings, es uno de los muchos jugadores con los que habló ESPN para explicar por qué siguen compitiendo a pesar de los peligros. "Esto ha sido mi vida", dijo Jones, de 31 años, quien disputa su décima temporada. "Es lo único que conozco. Me encanta salir a competir. Y siempre que pueda hacerlo, lo haré.

"Si fuera fácil, todo el mundo lo haría. Sigo diciendo: 'Qué privilegio tenemos, porque un millón de personas cambiarían de lugar con nosotros'. Es algo con lo que siempre he soñado y por lo que he rezado. Así que aquí estoy. No voy a dar marcha atrás y agradezco a Dios que me haya dado esta oportunidad".

Tampoco se puede ignorar el aspecto económico —al menos para algunos jugadores— a la hora de decidir asumir el riesgo.

"Creo que todo depende de la situación vital de cada uno", comentó Mo Alie-Cox, ala cerrada de los Indianapolis Colts de 33 años, que afronta su novena temporada. "Algunos han ganado más dinero, así que les resulta más fácil retirarse. En cambio, otros tienen que luchar y esforzarse al máximo; juegan hasta que el cuerpo no aguanta más".

Para algunos, tal vez sea más fácil no centrarse en los riesgos.

"Creo que es mejor no mirar demasiado hacia el futuro ni pensar: 'Vaya, ¿cómo estará mi cabeza o mi cadera dentro de 10 o 15 años?'", dijo Josh Downs, receptor de los Indianapolis Colts de 25 años, que juega su cuarta temporada. "Es parte del juego.

"En otros deportes ocurre lo mismo. Simplemente hay que afrontar los golpes y seguir adelante".

Joshua Metellus, safety de los Vikings de 28 años y en su séptima temporada, profundizó en esa idea.

"Le he dedicado mi vida a este deporte", afirmó Metellus. "Si eso me cuesta la vida, pues... es lo que tiene que pasar. Mi familia lo sabe. Tomo todas las medidas necesarias para asegurarme de que mi cuerpo esté en las condiciones adecuadas".

Incluso algunos jugadores que han experimentado síntomas compatibles con un traumatismo craneoencefálico no se arrepienten de sus carreras. El ex corredor Larry Johnson, seleccionado para el equipo All-Pro y retirado en 2011 tras nueve temporadas, declaró a ESPN que pide a su hija que lo lleve a los sitios porque ha sufrido demasiados episodios de quedarse en blanco mientras conducía. Aunque admite padecer cambios emocionales bruscos y ser propenso a estallar de ira en cualquier momento, no tiene remordimientos.

"No estaría en la situación actual sin las experiencias que he vivido, no solo dentro del campo, sino también fuera de él", afirmó Johnson, de 46 años. "El fútbol americano enseña mucho sobre la hombría, la adversidad, la fortaleza mental y la fortaleza emocional; todo eso se adquiere al practicar un deporte con intensidad y al entregarse a fondo a él. Y te conviertes en un hombre mejor si utilizas las herramientas necesarias para triunfar en este deporte.

"Pero no puedo decir que cambiaría nada. Es decir, no me estoy quejando. Nunca me quejé cuando acumulaba 400 acarreos por temporada. Tampoco me quejaría de nada, (incluidas) las consecuencias de aquello. Asumí todo lo que implicaba el fútbol americano desde el principio".


NADA EN EL ESTILO DE JUEGO DE ELLIOTT sugiere que el safety de los Steelers esté excesivamente preocupado por los peligros del fútbol americano.

Su violento choque durante el campamento de entrenamiento con su compañero DK Metcalf fue un claro ejemplo de ello. Elliott también respalda sus palabras con hechos; poco después de fichar por los Steelers en 2024, declaró: "Esto es fútbol americano. Siento que, si tienes miedo al contacto físico, mejor sal del campo".

Sin embargo, ni siquiera un jugador con el perfil de Elliott puede ignorar lo que se sabe sobre CTE.

"Empiezas a sentir cierto miedo", admitió Elliott, de 29 años y en su octava temporada. "Pero he hecho todo lo posible por usar cascos que sean más adecuados para mí, asegurarme de no usar la cabeza en los impactos y tratar de ejecutar mejor la técnica de abrazo y derribo rodando (en los tackles).

"Cuando era más joven, siempre intentaba golpear cualquier cosa, sin importar qué parte del cuerpo fuera. Pero ahora trato de cuidar mi cuerpo y mi mente porque, cuando tenga hijos en el futuro, quiero poder correr con ellos y pasar tiempo también con mis nietos".

A menudo, los jugadores de la NFL proyectan una sensación de invencibilidad. Por lo general, son jóvenes, fuertes y gozan de buena salud. No obstante, surgió preocupación entre muchos de ellos al abordar el tema de la posible aparición de la CTE.

"Claro (que me preocupa)", reconoció un ala defensiva de la NFC Sur. "Es decir, vivimos en una época en la que la ciencia nos ha permitido empezar a comprender qué es la CTE y cómo se origina. Por supuesto.

"Y en este deporte te das cuenta de cómo, obviamente, hay jugadores que se han visto afectados por ella. Es una de esas cosas que forman parte del deporte".

Añadió: "Claramente, es algo que tengo muy presente. Pero, al mismo tiempo, entiendo que todos los trabajos conllevan riesgos".

Estos riesgos pueden afectar no solo a los jugadores, sino también a sus seres queridos.

"Si dependiera de mi madre, probablemente me habría retirado hace seis años", expresó un ala defensiva de la NFC Sur.

El mariscal de campo de los Washington Commanders, Marcus Mariota, de 32 años y en su duodécima temporada, ha tenido conversaciones similares en casa.

"Tienes que tener conversaciones difíciles con tu familia y tus hijos, y asegurarte de que esto es realmente lo que quieres hacer", dijo. "Porque, al final del día, los estudios demuestran que es un tema bastante relevante para todos los jugadores... Hemos hablado de ello y todos estamos tranquilos con la situación actual. Mientras ellos estén de acuerdo con que yo siga persiguiendo esto, continuaré haciéndolo".

Mariota persiste a pesar de comprender el peligro potencial.

"Entiendo que jugar durante mucho tiempo aumenta la exposición a esos (riesgos), y lo acepto", afirmó.

Numerosos jugadores expresaron sentirse algo más tranquilos gracias a los cambios en el reglamento y a las mejoras en el equipamiento. Metellus, por ejemplo, comentó que la temporada pasada cambió su casco por primera vez en su carrera para garantizar la máxima protección: pasó de un modelo no recomendado por la NFL a uno considerado más seguro.

Chris Olave, receptor estrella de los New Orleans Saints, comenzó a utilizar un Guardian Cap esta temporada. Olave, de 26 años, disputa su quinta temporada y ha sufrido cuatro conmociones cerebrales confirmadas. El jugador confesó que llegó a plantearse el retiro a los 24 años debido a los traumatismos craneales.

"Ya conocen todas las lesiones en la cabeza que he sufrido a lo largo de mi carrera, así que (usar un Guardian Cap) fue una decisión que tomé", declaró Olave el 14 de septiembre, tras el partido inaugural de la temporada. "Ahora tengo hijos... El fútbol americano no lo es todo. Quiero llevar una vida normal cuando termine mi carrera deportiva".

Sin embargo, no está claro hasta qué punto cambios en el equipamiento, como el uso de los Guardian Caps, influirán en las tasas de CTE. Algunos expertos se muestran escépticos, como Michael Alosco —investigador de la Universidad de Boston especializado en CTE y coautor de un estudio reciente que estima que uno de cada cuatro exjugadores padece esta afección—.

"No creo que algunas de estas (medidas de mitigación) aborden el problema por completo", señaló. “Creo que es un juego violento”.


HAY 68 JUGADORES EN LAS PLANTILLAS activas o de reserva de la NFL cuyos padres también jugaron en la liga, según el Elias Sports Bureau. Estos jugadores no solo heredaron el amor por el deporte, sino también la disposición para asumir los riesgos que conlleva.

"Yo (dejaría que mi hijo jugara) debido a las lecciones que he aprendido", dijo un defensa secundario de la NFC. "Es difícil, porque he sufrido muchas lesiones y nunca querría ver a mi hijo pasar por tantas cirugías y todo lo demás.

"Pero, al mismo tiempo, este deporte me enseñó fortaleza. Me enseñó disciplina. Me enseñó a respetar a los demás y a tratarlos como a uno le gustaría ser tratado. Creo que el fútbol americano me ha dejado muchísimas lecciones de vida valiosas".

Robert Hainsey, centro de los Jacksonville Jaguars —de 28 años y en su sexta temporada—, coincidió: "Al igual que las personas más influyentes que han marcado mi vida, el fútbol americano ha hecho lo mismo por mí durante los últimos 20 años. Así que el deporte aporta muchas cosas buenas. Y sí, definitivamente dejaría que mis hijos jugaran. Espero que quieran hacerlo, porque realmente creo que es un deporte magnífico".

Un tema recurrente entre los entrevistados fue la preocupación de los jugadores actuales por que sus hijos empiecen a jugar a una edad demasiado temprana. Muchos de los jugadores de hoy comenzaron en la escuela primaria, pero Alosco, de la Universidad de Boston (BU), señaló que cuanto más tiempo juega una persona al fútbol americano, más golpes recibe.

"Dejaría que mis hijos jugaran al fútbol americano, pero no hasta que fueran mayores", dijo un ala defensiva de la NFC Norte. "No como esos niños de 6 años que se ven por ahí... Ves los videos en Instagram y muchos de ellos chocan cabeza contra cabeza usando la parte superior del casco".

El liniero defensivo de la NFC comentó que él empezó a jugar en tercer grado, pero que no permitiría eso para su hijo: "No dejaría que empezara tan joven. Probablemente dejaría que su cuerpo se desarrollara".

El flag football sería la opción preferida inicialmente para Azeez Al-Shaair, apoyador de los Houston Texans, aunque estaría abierto a que sus hijos jugaran al tackle football cuando fueran mayores.

"No jugarán al tackle football hasta que sean mayores de lo que yo era cuando empecé", dijo Al-Shaair, de 29 años, quien disputa su octava temporada. "En realidad, no empecé hasta los 14 años. Tenía 12 cuando lo probé por primera vez y lo dejé por una buena razón: es un deporte físico.

"Probablemente ni siquiera dejaría que mis hijos jugaran al fútbol de contacto hasta que tuvieran unos 14 o 15 años".

De los jugadores a quienes se les preguntó específicamente sobre la posibilidad de que sus hijos —actuales o futuros— jugaran al fútbol americano, solo uno se opuso a la idea.

"Para ser sincero, no me veo queriendo que mi hijo juegue", dijo el defensive back de la NFC Norte. "Preferiría que jugara al baloncesto, simplemente porque este deporte se está volviendo muy peligroso".

Y añadió: "Como estoy dentro y veo la cantidad de golpes que recibimos... eso te hace abrir los ojos y pensar: 'Vaya, esto es peligroso'".

Y, sin embargo, a pesar de la evidencia científica, las noticias sobre exjugadores con problemas de salud y el conflicto interno que viven los propios deportistas, la NFL sigue prosperando. Los estadios están llenos. Los índices de audiencia televisiva baten récords. Los ingresos alcanzan niveles históricos.

El fútbol americano profesional parece haber llegado para quedarse, siempre y cuando haya jugadores dispuestos a asumir todo lo que conlleva.

"Mi padre jugó en la liga y solía decirnos a mi hermano y a mí: 'El fútbol americano es un deporte duro y te vas a lesionar'", comentó Downs, receptor de los Colts. "Cuando eres joven, no escuchas. Ahora, ya de mayor, me doy cuenta de que... ¿sabes qué? Él no se equivocaba.

"Pero es un riesgo que muchos están dispuestos a correr".

Colaboradores: Todd Archer, Ben Baby, Sarah Barshop, DJ Bien-Aime, Rich Cimini, Courtney Cronin, Rob Demovsky, Mike DiRocco, Mike Kaye, John Keim, Brooke Pryor, Katherine Terrell, Jordan Raanan, Josh Weinfuss, Eric Woodyard.