Nick Saban estampa legado indeleble en Alabama

El corredor Derrick Henry (2) es la estrella ofensiva de Alabama; a partir de lo que haga, se determinará buena parte del resultado frente a Clemson AP Photo

PHOENIX -- Hay entrenadores que juegan a no perder, y otros que juegan siempre a ganar sin importar las consecuencias.

Si tenemos en cuenta que Nick Saban ha tenido cinco apariciones en partidos de campeonato y las ha ganado todas, ya sabemos en qué categoría encaja quien después tranquilamente podría ser considerado el mejor entrenador en jefe en la historia del fútbol americano universitario después de lograr su cuarto título con el Crimson Tide en los últimos siete años.

Su grandeza estuvo en evidencia una vez más en Phoenix cuando decidió efectuar una patada lateral que sorprendió a todos los presentes con el partido igualado en el tercer cuarto.

El riesgo era grande, pero la recompensa terminó siendo definitoria. Alabama recuperó la patada lateral, la transformó luego en siete puntos y no volvió a mirar atrás.

Los equipos especiales resultaron ser fundamentales. El equipo de Saban bloqueó un gol de campo en el final de la primera mitad, recuperó dicha patada lateral en el complemento y liquidó el pleito con el espectacular retorno de Kenyan Drake.

Fue un partido memorable, que probablemente ocupa el segundo puesto detrás de aquella victoria de Texas Longhorns sobre los USC Trojans con Vince Young a la cabeza. Sobraron emociones, y el encuentro tuvo final incierto hasta el último período.

Alabama se ha transformado en una fábrica de jugadores de fútbol americano, y en una verdadera dinastía moderna.

Derrick Henry, quien ganó el trofeo Heisman, anotó tres touchdowns, y batió el récord de yardas totales en la historia de la universidad, y también el récord de acarreos de Herschel Walker en la historia de la SEC; Henry es un caballo de fuerza, que probablemente también brillará los domingos.

Y como si hiciese falta, Alabama tuvo un invitado sorpresa. El atlético ala cerrada O.J. Howard, había sido una tremenda decepción hasta el día de hoy, pero se lo guardó lo mejor para el momento más decisivo.

Howard explotó un par de fallas de comunicación en la secundaria de Clemson, que se vio afectada tras la lesión de Mackenzie Alexander, y terminó con cinco recepciones para 208 yardas y dos touchdowns.

CON LA FRENTE EN ALTO

En un partido vibrante, posiblemente el momento más lindo fue cuando la afición de los Tigers despidió a su ya derrotado equipo con aplausos sostenidos.

No es para menos, Clemson murió de pie y dejó de lado varias dudas que había sentadas sobre ellos antes de este encuentro.

La etiqueta de “equipo suave” tiene que quedar en el pasado, porque los Tigers demostraron a la altura de las circunstancias aún en la derrota. Hoy el sentimiento será de decepción, pero mañana se darán cuenta que han dado un paso en la dirección indicada.

Clemson solía ser conocido como un equipo que tenía que estar involucrado en un tiroteo para ganar partidos, pero Dabo Sweeney cambió esa mentalidad y transformó a los Tigers en un conjunto físico que arribó a la escena para quedarse.

Porque tiene a un fenomenal mariscal en DeShaun Watson y porque hoy le jugaron de tú a tú al equipo más físico de la NCAA.

EN UNA CLASE APARTE

En el pasado hubiese sido blasfemia pensar que alguien podría quitarle el rótulo de “mejor entrenador de todos los tiempos a Bear Bryant. Después de todo, Bryant ganó seis títulos con Alabama y sigue liderando en ese departamento.

Pero Saban ya tiene cinco, y tuvo éxito en tres universidades distintas.

Tuvo un buen paso por Michigan State, salió campeón con LSU y ahora está en la cima de la montaña con el Crimson Tide.

Y en una era donde cada vez se maneja más dinero y el reclutamiento es cada vez más competitivo, considero que es lógico pensar que Saban ha superado a Bryant. Luego del encuentro, Saban admitió que mañana descansará y que ya el miércoles regresará a trabajar. Recibió su baño de gatorade al coronarse otra vez campeón, pero ni así soltó una sonrisa.

Digamos que la alegría no es su mayor virtud, pero a la hora de entrenar equipos, no hay nadie que lo pueda tocar.