La depresión: enemigo oscuro para jugadores y ex jugadores de NFL

La depresión llevó a Junior Seau a quitarse la vida concluida su brillante carrera de NFL. AP Photo

BRISTOL -- Durante la mayor parte de su carrera de cuatro temporadas de NFL con los New Orleans Saints, el ala cerrada Eddie "Boo" Williams tomó el mismo camino hacia el trabajo. Se dirigía por Airline Drive hacia Stable Drive, luego daba una vuelta ala izquierda y seguía el camino hacia las instalaciones de entrenamiento.

En el 2010, cinco años después de finalizada su carrera, Williams se encontró recorriendo nuevamente el camino en una calurosa tarde de verano. Sólo que esta vez, dio vuelta a la derecha en lugar de la izquierda y terminó cerca de una serie de vías de tren, donde por dos días durmió en una alcoba de cemento que temblaba cada vez que cruzaban por arriba los vagones.

El retiro no fue amable con él. No solamente había perdido la única fuente de ingreso constante que había conocido, pero también su identidad. El alarido del público y la emoción de ser un jugador de fútbol americano profesional eran recuerdos distantes. En lugar de atrapar pases, estaba viviendo un infierno, siendo el punto más bajo cuando su prometida lo echó de la casa por su forma de beber y promiscuidad.

"Las vías de tren eran un lugar familiar que yo conocía", dice Williams. "Era el único sitio que sabía que no habría nadie, y estaría por mi cuenta. Simplemente estaba tratando de descifrar algunas cosas por mi cuenta, lo que no pude hacer".

Al tercer día, trepó al paso de las vías y se dejó caer de rodillas. Cerró los ojos y dijo una plegaria, pidiendo a Dios ocuparse de su familia y pidiendo piedad por su alma. Luego se sentó a esperar el paso de un tren.

"Lo que pasaba por mi mente era, ustedes saben, sacarme, acabar mi vida", dice el día de hoy. "Sentí que era una gran decepción para la gente. Sentí que era menos hombre por las cosas que estaba haciendo y que realmente no podía proveer para mi familia como lo solía hacer. Es duro sentirse como si midieras 3 pies con nada, cuando en realidad mides 6 pies con 5 pulgadas. Sentí que no tenía nadie a quién recurrir, que pudiera comprender las cosas que atravesaba. Estaba en el punto en el que simplemente quería acabar con todo".

En enero, Williams regresó a la escena por primera ocasión desde que una pareja de indigentes salvó su vida al ayudarle a quitarse de las vías. Mientras estuvo parado allí, sus gruesas piernas empezaron a tambalearse y comenzaron a fluir las lágrimas en su cara.

"Es doloroso", admite. "Es un lugar en el que jamás pensé estar, un lugar en el que jamás pensé que una persona como yo intentaría lastimarse. Me trae tantos recuerdos del lugar en el que estaba en mi vida, y nunca quiero regresar allí de nuevo".

La depresión que experimentó Williams después de abandonar el deporte es dolorosamente común. Parte de ello nace de los problemas de la pérdida de ingreso, o disminución de adulación, o repentino aislamiento o dejar de ser parte de un equipo y la camaradería que conlleva. Incluso jugadores que realizan una transición exitosa hacia el "mundo real" experimentan problemas por el retiro.

Cuando se le preguntó cuántos retirados sufren de depresión, el ex liniero ofensivo de los Green Bay Packers, Aaron Taylor, dijo: "Sería más sencillo comenzar con aquellos que no sufren de depresión. Por observaciones, es un porcentaje significativo. Varía en cuanto al grado, obviamente, pero todos pasan por dificultades".

Por décadas, la depresión era discutida solamente en las sombras. Hablar de ello públicamente era considerado como señal de debilidad. Pero hoy, una luz está siendo lanzada en esa dirección por jugadores retirados, sus familias, la liga, y la NFL Players Association, por las consecuencias amenazadoras, un punto que se ha magnificado con recientes revelaciones que vinculan a la depresión con la encefalopatía traumática crónica, una condición degenerativa del cerebro, causada por golpes reiterados a la cabeza.

El padecimiento afecta la habilidad de una persona de lidiar con sus emociones y pensar críticamente. Para individuos que han pasado la mayor parte de su juventud y vida adulta persiguiendo un sueño mientras se apegan al lema del fútbol americano que reza, "una jugada a la vez, un juego a la vez, un día a la vez", esa realidad puede hacer que lidiar con la vida después del fútbol americano sea exponencialmente más difícil.

"Quería salir ganando un Super Bowl, corriendo para 2,000 yardas, luego celebrando una conferencia de prensa y llorando en el podio", dice Eddie George, un corredor que pasó ocho campañas con la franquicia de los Oilers/Titans antes de retirarse en el 2005 tras un año con los Dallas Cowboys. "Deseaba tener ese momento, ¿sabes? Pero no ocurrió. Estoy sentado en mi cocina con mi teléfono móvil, solamente esperando a que llamara mi agente para tener una oportunidad con algún equipo. Y allí es cuando me di cuenta de que todo se había terminado.

"Había guardado algo de dinero. Me había ido bien. Tuve negocios que ya había comenzado. Pero existía un vacío, un gran vacío, de: 'Hombre, ¿qué voy a hacer mañana en la mañana cuando despierte?'. Era, en resumen, '¿Quién soy? Ya no soy un atleta'".

George había sabido que deseaba ser un jugador profesional de fútbol americano desde el momento en que "salió del vientre". Su padre amaba tanto al juego que hablaba sobre ello en todo momento. Los corredores eran sus favoritos, y Jim Brown y O.J. Simpson eran como realeza para él.

"Es como, 'Hijo, ¿viste cómo llevaba el balón?'", recuerda George. "A todos lados a donde iba, llevaba un balón en las manos. Sabía que es lo que deseaba hacer porque mi padre siempre hablaba de ello. Él nunca tuvo la oportunidad de vivir ese sueño, así que yo lo quería realizar para que él pudiera hablar de mí del mismo modo y yo pudiera realizar ese sueño por él".

La pasión de George por el juego creció con cada año que jugó. Después de que los Oilers lo seleccionaron procedente de Ohio State en el sitio N° 14 global del Draft 1996, se consumió a sí mismo en la persecución de la grandeza. Quería que padres hablaran de él del mismo modo que el suyo hablaba de Brown y Simpson con él.

Corrió para más de 1,200 yardas en cada una de sus primeras cinco campañas y para más de 1,000 yardas en todos sus años excepto uno con los Titans. En su cuarta temporada, ayudó a Tennessee a alcanzar el Super Bowl, un sentimiento que todavía genera una sonrisa amplia pero distante a su rostro, pese a una derrota 23-16 frente a los St. Louis Rams.

"Fue casi como ver a tu hijo llegar a este mundo", dice George. "No puedo comparar con eso, eso es Dios, una cosa hermosa. Pero observar ese sueño llegar a la fruición cuando sales de ese túnel y miras las luces brillantes y ves los números romanos pintados sobre el campo. Ves el logo de tu equipo y el logo del otro equipo pintados en las zonas de anotación, y sabes que sólo son ustedes dos en batalla por el Trofeo Lombardi. Jamás olvidaré eso".

Tan repentinamente como terminaron los sueños de Super Bowl de los Titans a 1 yarda de la línea de gol, ese tipo de partidos, ese tipo de oportunidades y ese tipo de relaciones con compañeros de equipo llegan a un final abrupto, forzando a jugadores a confrontar la interrogante que sabían llegaría eventualmente, pero que de todos modos se sienten poco preparados para responder: ¿Ahora qué?

"Muchos atletas se descubren desprevenidos para lo que viene después, tanto física como emocionalmente, porque no tienen un plan preparado para cuando acaben sus carreras", escribió Taylor en primera persona el año pasado en una columna para NCAA.org. "La mayoría de nosotros no queremos hablar de una realidad que no incluye los juegos a los que hemos dedicado todas nuestras vidas".

Es una realidad que puede ser difícil de encarar.

"No llegué tan bajo hasta el punto en que estaba contemplando quitarme la vida", dice George. "Pero puedo ver cómo algunos jugadores, algunas personas pueden llegar a ese punto".

Larry Burns ha escuchado las historias de primera mano. Es el director de Crosby Centers, una institución de salud mental en el área de San Diego que diagnostica y trata individuos que sufren problemas cognoscitivos. Muchos de sus clientes recientes han sido jugadores y ex jugadores de la NFL, incluyendo a Williams, quien ahora representa a los Crosby Centers.

Burns dice que ve a jugadores sufriendo de depresión y ansiedad hasta el punto en que son incapaces de funcionar en la vida cotidiana.

"Varios tipos que han llegado aquí han tenido ideas sobre el suicidio", dijo Burns. "Tienen dos hijos, una esposa hermosa, y la esposa entra a la habitación y él tiene una pistola en la boca, y tiene 28 años de edad. Son incontables. No se trata de uno, no se trata de dos, son muchos. Individuos que han tenido armas preparadas, y escribiendo a sus amigos, 'No puedo lidiar más con esto', y ellos van e irrumpen en sus casas y encuentran que posee armas y que planea terminar con su vida".

Conforme historias como esa siguen saliendo a la luz --y conforme la conexión entre la encefalopatía traumática crónica y la depresión se vuelve más clara-- el número de jugadores y ex jugadores que buscan ayuda va en crecimiento. La NFL declinó proveer estadísticas específicas, pero sí dijo que ha visto un incremento en la participación de sus programas para jugadores, incluyendo uno encabezado por Dwight Hollier, un ex apoyador con los Miami Dolphins e Indianapolis Colts.

El tema es de particular urgencia para Hollier porque lo ha vivido. Pensaba que había hecho todo para preparar su vida después del fútbol americano, incluyendo la obtención de su maestría todavía como jugador en activo. Pese a ello, batalló con una sensación de pérdida y nostalgia por años después de haber abandonado el juego.

"No sabía exactamente qué hacer", dice Hollier. "Estuve triste. Me aparté. Me aislé. Como que me metí a un hoyo. No acudí a nadie. Existe un estigma con los hombres, con los hombres machos, con atletas, sobre pedir ayuda. Pero creo que tener conversaciones y abrir el diálogo ha disminuido esa resistencia, y la gente está buscando ayuda. La gente está recibiendo la asistencia que requiere".

El programa de asistencia que conduce Hollier trabaja con jugadores y ex jugadores, así como miembros de sus familias.

"Eres considerado un gladiador cuando juegas", dice George. "Sabes que debes tener control de tus emociones, así que suprimes mucho de eso. Entonces, cuando se acaba tu carrera, llevas un poco de eso contigo, el modo viejo de pensar. Debes abrirte a un nuevo modo de decir, '¿Sabes qué? Soy débil en esta área, y allí es donde necesito ayuda'".

Le tomó varios años a George finalmente aceptar que necesitaba ayuda. Una vez que comenzó a asistir a las sesiones de consultoría, se percató de que parte de su dolor venía de su intento de vivir el sueño de otra persona --el de su padre-- en lugar del suyo. Una de sus salidas fue la actuación teatral en Nashville, Tennessee, algo que todavía sigue practicando.

"Quieres decir que dejaste el juego y que has acabado con eso y que te sientes en paz, y puede ser", dice George. "Pero existe una parte de ti que muere, y una parte de la muerte para la persona que sobrevive es el luto. Si no pasas por esa etapa de luto, entonces lidias con problemas graves. Debes permitirte pasar por eso. Debes pelar las capas de la cebolla. Debes estar dispuesto a decir, 'OK, esto fue muy real para él. ¿Dónde voy ahora? ¿Cómo funciono? ¿Cómo lo dejo ir? ¿Existe alguna ceremonia que debo realizar para decir que se trata del final para poder seguir adelante de esto?'".

La lucha por encontrar dirección y propósito después del fútbol americano puede ser vista en el rostro de Gina Seau, cuyo ex marido, el apoyador elegido 12 veces al Pro Bowl, Junior Seau, se mató a sí mismo de un disparo en mayo del 2012. Se descubrió más tarde que Seau sufría de encefalopatía traumática crónica, lo que podría explicar no solamente la profundidad de su depresión, sino también su incapacidad para conectar con otros más tarde en su vida, como en el 2010 cuando pasó varios días en la casa de Gina después de conducir su camioneta por el borde de un acantilado en San Diego.

"Después de que cayó por ese borde, no podía dormir y nosotros hablábamos", dice ella. "Yo le decía, 'Se trata de una oportunidad. Tienes otra oportunidad. Tienes suerte de seguir con vida. Tienes suerte de no estar en silla de ruedas o que algo horrible te hubiera ocurrido. Puedes salir caminando de este incidente, y Dios te ha brindado otra oportunidad. Hagamos que cuente'. Yo estaba tratando de ser positiva y ayudarle a ver que había mucho por qué vivir, y que sucedían muchas cosas buenas a su alrededor, y él me veía con una mirada perdida. Es como si me estaba viendo pero no había conexión".

Al principio, Gina pensó que su conducta era una reacción al accidente. Ahora cree que fue parte de su depresión.

"El mayor tiempo que pasamos sin comunicarnos fueron varias semanas, pero en esta ocasión no supimos de él por dos meses y medio o tres meses. Le pregunté, '¿Dónde has estado? ¿Qué has estado haciendo?'. Él simplemente dijo, 'G, estoy en un lugar realmente oscuro', Sus palabras exactas recuerdo que fueron, 'Estoy tan oscuro que incluso levantar mi propia tabla de surf no me hace feliz. Ni eso me pone una sonrisa en el rostro'".

La fraternidad de la NFL ha visto a demasiados de sus hermanos tomar sus propias vidas en años recientes, entre ellos Dave Duerson, Ray Easterling y Paul Oliver. Incluso han ocurrido incidentes a nivel colegial, como Kosta Karageorge de Ohio State. Antes de dispararse a sí mismo, Karageorge dejó una nota para su madre diciendo que estaba hecho líos por las conmociones.

Williams escucha los nombres y tiembla. No solamente la asusta cuán cerca estuvo de poner su nombre en esa lista gracias a su estado de depresión, sino también cuántos más luchan para no formar parte de ella.

"La depresión es real", dice. "Los chicos están allá afuera pensando en matarse todos los días. Digo, no hace demasiado tiempo, contacté a uno de mis amigos, un ex compañero, simplemente lo contacté para hablar con él y ver cómo le iba. Me llamó de regreso y me dijo que Dios debió hacerme buscarlo. Le pregunté el por qué, y la respuesta es que estaba sentado con una .45 en el regazo, contemplando dispararse a la cabeza. Eso simplemente me hizo encogerme, porque yo estuve en ese punto en algún momento. Sé lo que estaba sintiendo. Como dije, sé por lo que pasó Junior Seau, porque yo estaba ahí mentalmente. Yo estaba ahí. Y es simplemente parte del juego que deseas que no estuviera allí".