A Brasil se le hace eterna la caminata por el desierto de la desolación después del Maracanazo de 1950. En 1954 Hungría le tributa una pronta y agria despedida en los cuartos de final del Mundial de Suiza. Recién en 1958 consigue el objetivo anhelado de conquistar su primera copa del mundo.
La goleada (5-2) con que tritura a Suecia, seleccionado local, culmina una aspiración y al mismo tiempo es el primer paso para hacerse con la supremacía en la historia del fútbol. Todo Brasil celebra con fervor la conquista más esperada y la irrupción de Pelé y Garrincha le devuelve la autoestima a un país que aún se lame la herida de Río de Janeiro.
Nils Liedholm, Gunnar Gren y Kurt Hamrin dan espectáculo en todo el campeonato y el país nórdico se anima a soñar encolumnado detrás de sus tres mosqueteros. Liedholm se ha labrado un estatus de crack en el Milan y Hamrin ha hecho lo propio en el Pádova. El veterano Gren también la rompió durante años en el Calcio, y la recta final de su carrera lo muestra en una segunda juventud.
Él era el zorro en esa final. Mario Zagallo, el Lobo. Obra de éste último fue el cuarto gol de la canarinha, a los 68 minutos, que le permitió sentenciar la final al equipo de Vicente Italo Feola, levantar la copa Jules Rimet e inscribir su nombre entre los conquistadores del mundo.
Audaz, Zagallo partió en posición de puntero izquierdo a pelear la pelota contra un defensor sueco en el área después de un rebote, lo consiguió, y definió con la pierna zurda ante el arquero Kalle Svensson para liquidar la final.
El delantero, en ese entonces hombre de Botafogo, es el talismán histórico de la verdeamarelha. Ha tenido participación destacada como jugador y/o entrenador en cuatro de los cinco títulos mundiales que ha logrado la seleçao. En el único en el que no formó parte de la estructura técnica del scratch fue en Corea-Japón 2002, el último.
En la final de 1958 Zagallo lució el dorsal 7, pero en sus clubes tenía una particularidad. Vestía el 13 como el 'Loco' Sebastián Abreu en Uruguay. Aunque él no lo hacía para desafiar a los malos augurios, sino porque su esposa, Alcina de Castro Zagallo, fallecida en noviembre de 2012, era devota de San Antonio, cuyo onomástico es el 13 de junio.
Zagallo, ganador de 6 campeonatos cariocas y una copa (Taça) de Brasil con el 'Fogao' en la época de oro de ese club, es una leyenda viva del fútbol brasileño y fuente de consulta permanente del staff técnico del próximo anfitrión de la Copa del Mundo.
