La Martinica se sostiene de recuerdos

MÉXICO -- El Estadio La Martinica es territorio de la Ciudad de Léon y no de empresas que hayan comprado el terreno. La voz de trueno es de Antonio Tota Carbajal, mítico portero mexicano que obtuvo dos de cinco títulos de los Panzas Verdes en esa cancha.

La empresa Luxta S.A. que tiene como inversionistas a familiares del ex presidente Vicente Fox Quezada, compró cada metro cuadrado en 4 mil pesos de los 18 mil metros que tiene el vetusto estadio La Martinica, denominado así por la colonia en la que se encuentra enclavado, para demolerlo y orientar en ese sitio un centro comercial.

La Tota Carbajal sale de misa de medio día y apura los recuerdos del viejo inmueble, “quisiera que estas personas que dicen ser dueñas demuestren con papeles a quién se lo compraron y cómo se lo vendieron porque desde que tengo memoria, se dijo por medio del gobierno que el estadio es propiedad de la Ciudad de León. Entiendo sus negocios pero hay una situación moral y cívica que tendrían que respetar”.

Ya comenzaron a sacar con aspereza los trofeos y los banderines. Arrumbados en una esquina del estadio, sólo se esperan los permisos necesarios para iniciar la demolición y por ende, Antonio Carbajal se ha apresurado a buscar sus cosas, “en la entrada principal, por la puerta pequeña, en 1962 más o menos, el presidente Adolfo López Mateos me mandó a hacer un retrato en mosaicos, ése lo quiero recuperar antes de que destruyan todo. Ya hablé para ver de qué forma me lo entregan”.

Y aunque para los nuevos empresarios la historia pasa de puntillas, para los que la forjaron debería existir un respeto, “pediría que no lo demolieran. Sé que ya no es funcional pero tampoco es bueno desprenderse así de las cosas simbólicas”, reflexiona Carbajal.

Ahí le llega ese fugaz flashback de los resbalones que tuvo en su carrera, “jajajaja uno grande fue el día que les hice la seña de cuatro goles a los aficionados del León, me querían matar. Los primeros en recriminarme fueron mis propios hijos. Era yo el técnico del Curtidores y la porra del León estuvo molestándome; cuando metimos el primero me acerqué a hacerles la señal con un dedo, luego anotamos el segundo, dos dedos y así sucesivamente. Estuvo mal pero no temí por mi vida, tenía a todos los niños que se sentaban en las primeras filas a mi favor”.

Esos episodios increíbles, como el de la Tota burlándose de la afición de su ex equipo, fueron creando un rompecabezas de singulares escenas en el Estadio La Martinica, “se disfrutaba mucho jugar ahí por lo chiquito y acogedor que era. Se sentía uno muy cerca como aficionado y el jugador se sentía cobijado por la gente. En esa época se defendía desde el estadio hasta el escudo del club porque era poco lo que se pagaba pero mucho lo que se sentía”.

Y es que el verdadero club de sus amores fue el Unión de Curtidores, “porque representaba al pueblo, a los trabajadores cuereros, a la gente” y el tiempo que pasó dirigiéndolos fue lo mejor que le dio el futbol a Carbajal, sobre todo en ese estadio.

La Martinica se irá arrasado sin recordar que en su seco césped, fueron esparcidas las cenizas del gran delantero Adalberto Dumbo López, cinco veces campeón de goleo en México o la felicidad que sintió Alfonso Guerra, empresario leonés, cuando lo terminaron de construir en 1950. El entusiasmo de esos incipientes años, es hoy en día, la indiferencia del desarrollo.