El día 15 de abril de 2017 será una fecha que Isaiah Thomas no olvidará en su vida. El cúmulo de sensaciones propias de los playoffs se desvanecieron de golpe cuando Avery Bradley interrumpió la conversación del armador con un periodista justo al finalizar la práctica del sábado. Se lo llevó al vestuario y le dio la noticia más dura que se pueda recibir: su hermana Chyna había fallecido en un accidente de tráfico.
El deceso ocurrió en la ciudad natal de Isaiah, Tacoma, en el estado de Washington. La joven tenía 22 años de edad y, según la Policía Estatal, murió a las 5 am. No llevaba puesto el cinturón de seguridad.
Los que vivieron el momento en que Thomas se enteró de la noticia aseguran que el base quedó en estado de shock. El equipo también. Nadie está preparado para un suceso tan abrupto y en el momento en que el fatal desenlace se hizo público, la NBA se deshizo, se desmoronó presa de la empatía. En Chicago Bulls, rival de los Celtics en la primera ronda de playoffs, dejaron de ser enemigos por un momento y mostraron sus condolencias a través de un comunicado.
“Los Bulls lloramos la muerte de Chyna Thomas y enviamos nuestra simpatía más profunda a Isaiah Thomas y a su familia en este momento tan difícil”.
El básquetbol quedó relegado a un segundo plano para dejar paso a la condición humana y sus desventuras. La realidad golpeó el corazón de un Thomas cuya mente se estaba alimentando de la ilusión de una postemporada a la que llega en el mejor momento de su carrera y en un equipo enfilado hacia el éxito tras finalizar en primer lugar de la Conferencia Este por delante de Cleveland Cavaliers. Los Celtics cerraron la mejor campaña desde 2011 y, por primera vez desde las Finales de 2010, sueñan en grande. Ahora el anhelo de los jugadores, de la franquicia y de toda una ciudad está en peligro. En lo anímico, Thomas está tocado y aún no sabemos si hundido.
El cómo afectará el suceso al futuro más próximo del conjunto es un incógnita. El dolor puede paralizar, pero también puede inyectar una energía imparable. La presencia de Thomas está en duda de cara al primer duelo ante los Bulls previsto para el domingo y su estado es de “día a día” según confirmaron desde la franquicia.
En caso de no jugar, su ausencia será sensible. Se perdió solamente seis juegos durante la temporada regular (2-4) y su balance de 28.9 PPJ le convirtieron en el tercer máximo anotador de la competición después de Russell Westbrook (31.6 PPJ) y James Harden (29.1 PPJ). Su hambre y sus ganas de triunfar le llevaron a agarrar las riendas del equipo en dos años, en ese tiempo se convirtió en la piedra angular del proyecto de Brad Stevens, cuyo trabajo en la configuración de la plantilla y de una filosofía de juego basada en la solidaridad están dando sus frutos.
Si Thomas no está (aunque esté presente), será necesario que Bradley y Al Horford agarren el testigo ofensivo. El escolta es el segundo máximo anotador del conjunto (16.3 PPJ) y el dominicano el tercero con 14.0 PPJ. Ambos serán los responsables de contagiar al resto de sus compañeros y hacer olvidar la fragilidad de la vida durante 48 minutos, durante una serie que se hará eterna. El hecho de que los Celtics no hayan ganado una ronda de postemporada desde 2012 podría pasar factura y además de la inexperiencia en estas lides, otros aspectos podrían quedar pronunciados si Thomas no juega, o si su mente no se encuentra. El hecho de que los Bulls ganaran dos partidos de la serie de temporada regular a Boston es significativo, pero lo es aún más el hecho de que les vapulearon en los puntos logrados en segundas oportunidades (40-9 en esas dos victorias). No es cosa de Thomas, pero sin el baluarte ofensivo en liza, la herida en los rebotes sería más amplia.
Sin el organizador del juego de los Celtics, el plantel perdería fuelle en los últimos periodos, una faceta en la que Thomas fue fundamental durante encuentros clave de la temporada regular tras anotar una media de 9.8 PPJ en los últimos cuartos.
Pero por encima de todo, lo que más preocupa en la franquicia de Massachusetts es que la camaradería que reina en Boston se vea afectada, que la moral que les llevó a superar a los Cavaliers en la clasificación se desplome por una cuestión extra deportiva, por un accidente que marcará a su jugador más importante de por vida.
Es la hora de que la psicología deportiva haga su trabajo, se trata del momento en que Bradley sea capaz de contener la tristeza del grupo -y la suya- es la oportunidad para que el equipo se haga más fuerte y entre todos le dediquen una postemporada de ensueño a la memoria de Chyna Thomas.
