Michael Jordan, Stephen Curry, LeBron James... ¿Cómo los atletas de élite de la NBA manejan la presión?

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Alrededor de la NBA: Stephen Curry se acerca a las mejores marcas (1:08)

El chef es 1 de los 9 jugadores en la historia de la NBA con múltiples títulos y premios al Jugador Más Valioso de la liga. (1:08)

SI BIEN ÉL SABÍA MEJOR, porque se ha encontrado en esta misma situación en docenas de ocasiones previas, Steph Curry, el consumado encestador y campeón, quien apenas 40 días antes había sido reconocido como el primer Jugador Más Valioso designado de forma unánime en la historia de la NBA, no podía evitarlo.

Su reacción faltando 53 tics del reloj en el Juego 7 de las Finales de la NBA de 2016, segundos después de que el tiro quirúrgico de 3 puntos de Kyrie Irving había caído dentro de la malla, fue una respuesta primitiva, instintiva a una vida pasada girando dentro de una caldera en la que siempre hierven la competencia y la presión: “Debo volver hacia él”.

Esta idea, tal como lo admitiría Curry poco después, fue la acción incorrecta. Sin embargo, en ese momento, el orgullo se impuso a cualquier sentido práctico.

Mientras botaba el balón a través de la cancha, la presión crecía mientras perseguía a Irving, el hipotálamo de Curry, una pequeña región del cerebro ubicada cerca de la glándula pituitaria, sonó la alarma. Cuando el cuerpo y la mente se encuentran bajo coacción, el hipotálamo instruye a las glándulas adrenales a liberar cortisol y adrenalina, hormonas ambas que constituyen la respuesta del cuerpo al estrés.

Esto fue lo que causó que el ritmo cardíaco de Curry se acelerara y su respiración se hiciera cada vez más veloz, enviando un torrente de sangre a las áreas que más lo necesitaban, una forma de proteger su cuerpo en medio de emergencias.

Esta sensación fue distinta a lo que experimenta Curry antes de la mayoría de los partidos importantes cuando, según afirma, tiene que lidiar con mariposas que abandonan su estómago en señal de inquietud.

“Es una sensación incómoda”, indica Curry. “Y ocurre rápidamente. No se trata de una progresión constante. La siento cuando estoy en el vestuario, preparándome para concentrarme cuando tengo un partido importante que jugar”.

“Porque importa mucho. Es un cliché, pero si no te sientes nervioso, entonces no te importa lo suficiente”.

A principios de la carrera de Curry, cuando el partido estaba reñido y el jugador estaba en la cancha, el exentrenador asistente de los Golden State Warriors, Keith Smart, notaba que la pierna de Curry comenzaba a temblar. “Parecía algo similar a un tic nervioso”, informa Curry.

Smart le dio una sugerencia a Curry: que éste pusiera en tensión intencional todos los músculos de su cuerpo, que retuviera esa tensión, sintiera el estrés y luego, rápidamente, lo liberara todo.

“Comienzan con cada músculo que piensas que pues controlar en posición neutral y después, cuando los aprietas, creo que tu cuerpo piensa: ‘Pues bien, este es el mayor estrés que tu cuerpo puede soportar’”, explica Curry. “Por eso, cuando lo sueltas todo, quizás allí es cuando las endorfinas comienzan a hacer efecto”.

“No sé si tenía base científica o fue algo que él (Smart) hizo cuando era jugador activo, pero funcionaba”.

Sin embargo, cuando el calendario marcó el 19 de junio de 2016, Curry se había alejado de ese ejercicio. Mientras se concentraba en igualar el “toma y dame” de Kyrie, su compañero Draymond Green se deslizó faltando 44.2 segundos para hacer un fuerte pick contra Irving, obligando a Kevin Love, de 7 pies de estatura, a hacer un cambio defensivo para marcar a Curry.

La adrenalina de Curry se aceleró. Tenía la certeza de que se trataba de un enfrentamiento desigual que podía aprovechar al máximo.

“Cuando era más joven y me metía en esta clase de situaciones”, dijo Curry, “me hacía acelerar, jugar rápido. Con la experiencia, consigues formas de desacelerar tu juego”.

Curry hizo un movimiento en falso, creó un pequeño espacio de separación, dribló hacia la izquierda e hizo un cruce a su derecha. El cronómetro para encestar marcaba cuatro segundos para pitar y Curry, haciendo una concesión a la urgencia que tenía, alzó el balón para intentar un triple, para acabar botando fuera del aro.

“Pensé: ‘Sólo necesito un poco de espacio’ y fue allí cuando comencé a acelerar”, afirma ahora Curry. “Recuerdo y pienso que pude haber pasado sobre (Love) y conseguir una cesta de dos puntos, pudimos haber conseguido un receso para volver y convertir otra cesta y así hubiéramos ganado otro campeonato, en vez de tenerme a mí intentando la cesta del héroe, que sentía podía lograr”. 
“Esa fue una cesta en la cual yo no estuve bajo control. Y nos costó un campeonato”.

Mientras Curry abandonaba la cancha, sintiéndose simultáneamente hundido y furioso consigo mismo, los Cavaliers estallaron en señal de celebración. Curry dio una última mirada a la escena antes de partir. Recuerda exactamente lo que él estaba pensando.

“Jamás vuelvas a cometer el error de acelerar de esa forma”, afirma.


¿PUEDEN ENTRENAR LOS ATLETAS DE ÉLITE para hacerse inmunes a la presión? Steph Curry así lo cree y nos ofrece como evidencia su historial después de ese funesto día de junio de 2016. Desde entonces, Golden State ha ganado campeonatos consecutivos y se encuentra presto a iniciar la caza del tricampeonato. En ese periodo, Curry ha convertido 61 tiros en situaciones clutch durante los últimos cinco minutos del cuarto periodo o tiempo extra, según la investigación de ESPN Stats & Information. Su capacidad en los momentos clave y determinación mental se destacaron en una actuación crucial en la segunda mitad del Juego 6 de las semifinales de la Conferencia del Este, convirtiendo 33 puntos para eliminar a los Houston Rockets después de haberse ido en blanco durante la primera mitad.

“Creo que puedo decir que ese tiro fallido (de 2016) no me ha perseguido”, indica Curry.

Los atletas de élite fracasan. Lo que los convierte en atletas de élite es que aprenden de sus fracasos y crecen con ellos. Piensen por un momento en Earvin “Magic” Johnson quemando tiempo y fallando tiros libres clave en las Finales de 1984 contra los Boston Celtics, ganándose el apodo “Tragic Magic” para regresar en la próxima temporada y conducir a los Lakers a alzarse con el título sobre Boston para frustrar una vez más a los Celtics en 1987 con un gancho que se ha convertido en un símbolo duradero de la grandeza de la carrera de Johnson.

Piensen en LeBron James quien, siendo “el Elegido del Heat”, se mostró con actitud pasiva y desconectado en las Finales de la NBA de 2011 contra los Dallas Mavericks, mordiéndose las uñas mientras Miami perdía una ventaja 2-1 en la serie y después asumir el rol de macho alfa del equipo para conducirlo hasta alcanzar dos campeonatos para la causa del Heat y poco después, otro título con Cleveland.

“Los jugadores realmente grandes saben que existe la presión, por eso no toman en cuenta las consecuencias”, expresa Pat Riley, presidente del Heat y quien fuera entrenador de Magic y posteriormente fuera gerente máximo durante la estadía de LeBron en Miami. “Si lo hicieran, sucumbirían todo el tiempo”.

El estrés es una reacción natural, física y mental a los retos que surgen en la vida. Las estrellas de élite del baloncesto compartieron con ESPN cómo el estrés se manifestó en la psique de cada uno de ellos durante momentos críticos. Ellos han experimentado características físicas variables en manifestación de ese estrés: en el caso de Michael Jordan, las palmas de su mano sudaban tanto que éste necesitaba aplicarse varias dosis de talco para poder agarrar bien el balón. Para Larry Bird, el estrés cobraba vida en forma de una náusea persistente que no cedía hasta hacer fila para las prácticas de bandejas previas a los partidos.

La manera en la cual cada una de estas estrellas logró manejar ese estrés en sus mentes y en algunos casos, cómo han logrado brillar gracias a él, ha forjado sus legados. Ignora las consecuencias, tal como lo sugiere Riley, y la trayectoria de tu carrera se catapulta. Sucumbe ante las consecuencias y nunca alcanzarás la plenitud de tu potencial. Tal como hay que refinar el enceste, mientras tengas más encuentros con la presión, tu cuerpo aprenderá mejor a lidiar con ella.

Irving convirtió el tiro en el salto más importante en la historia del baloncesto de los Cleveland Cavaliers con plena consciencia de la magnitud de su tiro. Era importante para él, según explica, reconocer las implicaciones del momento, porque en momentos así es cuando Irving se siente más invencible. Kyrie alega que los mejores jugadores transforman la presión en un arma potente al utilizar una amplia reserva de creencia en sus propias habilidades.

“Para mí ‘presión’ es sólo una palabra que sirve para describir el miedo”, afirma Irving. “Y cuando pasas por el proceso de entender la vida, lo importante que es el baloncesto para ti y liberas esos miedos y las circunstancias y ambiente en los cuales existe, aprendes a asumir la presión”.

“Yo disfruto la presión. Estoy deseoso por sentirla”.

Por su parte, Jerry West preparaba de forma sistemática su mente y cuerpo durante una vida en la cual se entrenaba para vivir momentos clutch. West afirma haber pasado su niñez encestando balones simulando que se encontraba en los segundos finales de un partido.

“Lo hice un millón de veces siendo niño”, dice West. “Y nunca fallaba porque yo llevaba el cronómetro. Si fallaba, siempre retrocedía el reloj un segundo”.

Cuando West jugaba en la NBA en la década de los 60, el cronómetro para encestar no mostraba las fracciones de segundo. West no lo necesitaba. Había creado un ritmo permanente dentro de su cerebro. “Nunca tenía que mirar el cronómetro”, expresa. “Nunca sentí presión porque tenía arraigado en mí cómo hacer esas cestas”.

No existe data disponible sobre el enceste en momentos clutch durante la época de West como jugador activo, pero él afirma que durante la temporada 1969-70, cuando Wilt Chamberlain se encontraba fuera de acción con una seria lesión en una de sus rodillas, que logró convertir 12 cestas para sellar el triunfo de Los Angeles Lakers (los archivos de esta franquicia también mencionan dicha hazaña).

No todos son capaces de dominar el estrés. El ex base del Orlando Magic Nick Anderson se hizo tristemente célebre al fallar cuatro tiros libres en los 10 segundos finales de un partido de las Finales de 1995 lo cual, según confesó posteriormente, destruyó su confianza… y su carrera. Si bien aún no se ha escrito por completo la historia del trayecto de DeMar DeRozan en la NBA, una de las razones por las cuales los Raptors decidieron dejarlo ir, según han confirmado en privado fuentes ligadas al equipo, fue su tendencia a decaer en los playoffs, cuando sus números de enceste y anotación han experimentado fuertes bajas.

“Para algunos chicos que juegan hoy en día en la liga, sus (actuaciones en) temporadas regulares son diferentes a los playoffs”, explica Michael Jordan, actualmente miembro del Salón de la Fama del Baloncesto. “¿Por qué ocurre eso? Porque se trata de una clase de presión muy distinta. Esos chicos, cuando todo depende de ellos, no creen en sí mismos. No están seguros de que puedan anotar el tiro importante y por eso no pueden. Se convierte en una profecía que se cumple por cuenta propia”.

En el libro Peak Performance (“Máximo rendimiento”), los autores Steve Magness y Brad Stulberg argumentan que el estrés puede servir como estímulo para el crecimiento y la adaptación. Asemejan el proceso de encauzar al estrés al proceso de levantar pesas para aumentar masa muscular. Existen las fases de ejercicio, fatiga, recuperación para después sumar fuerzas.

“Si sientes dudas o preocupaciones con respecto a una cesta o sientes la ‘presión’ de anotar esa cesta, se debe a que no la has practicado lo suficiente”, expresa Jordan. “La única manera de aliviar esa presión es formar los fundamentos de tu juego, practicar una y otra vez para que, cuando estés en un partido, puedas manejar cualquier situación que pueda ocurrir”.

“Puedo vencerte en una marcación personal, desde la línea de tiros libres o con una parada a la defensiva. Y si terminas poniendo a tres tipos a marcarme, te superaré con un pase a mi compañero que esté en posición de conseguir una cesta fácil”.

“La gente no solía creerme cuando les decía que practicaba aún más fuerte de lo que jugaba, pero era cierto. Allí es donde creaba mi zona de confort. Cuando era la hora de jugar un partido, todo lo que tenía que hacer era reaccionar a lo que mi cuerpo ya estaba acostumbrado hacer”.

Jordan ha convertido algunas de las cestas mas emblemáticas de la historia del baloncesto, incluyendo 25 para sellar victorias. 24 de éstas se produjeron dentro de los 10 segundos finales del cotejo. Aunque, al igual que la mayoría de los campeones entrevistados para el presente artículo, “Air Jordan” tiene una cesta fallida que permanece indeleble en su memoria.

Ocurrió en 1991, en su primera incursión en Finales, contra un equipo de los Lakers que contaba con estrellas de la talla de Magic, James Worthy y Vlade Divac. Faltando nueve segundos para el pitazo final del Juego 1, Jordan lanzó una cesta en salto desde un ala, que pasó por encima de los delgados brazos de su excompañero de la Universidad de Carolina del Norte Sam Perkins. Se sentía perfecta.

Hasta que rodó para caer fuera de la cesta.

“Ahora, si piensas al respecto, fue una cesta fallida sumamente importante”, dice Jordan hoy en día. “Era el primer partido de Finales de mi carrera. Pude haber caído”.

“Sin embargo, no tuve problema alguno para remontar porque sabía que se trató de un buen tiro. No aceleré ni lo hice con brazos cortos o algo así. Sólo lo fallé”.

Jordan ciertamente superó el mal momento, para ostentar promedio de 32.9 puntos y 55.8 por ciento de enceste desde la cancha en dicha serie. Los Lakers no volvieron a ganar otro partido.

“En cada oportunidad, siempre me creí el mejor en la cancha. Y mientras más cestas convertía, reafirmaba esa creencia aún más”, indica Jordan. “Por eso, cuando fallas, porque sin importar lo gran jugador que eres, vas a fallar cestas, uno no decae, porque has logrado crear un buen colchón de confianza”.

“Ahora bien, hemos visto muchos chicos que terminan haciendo lo contrario. Fallan una cesta y parece que jamás podrán volver a convertir un tiro. Esa es la clase de refuerzo de pensamientos negativos que arruina jugadores”.


CUANDO LEBRON JAMES firmó con el Miami Heat en el verano de 2010, declaró que él, Dwyane Wade y Chris Bosh ganarían no un campeonato, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco. Luego, pasaron las finales de 2011. El gran favorito Heat construyó una ventaja de 2-1 en la serie sobre los Dallas Mavericks, pero implosionó en los últimos tres juegos.

“Habríamos ganado esa serie si no hubiéramos caído en el Juego 2”, dice Riley. “Estábamos arriba por 15 con seis minutos en el reloj y nuestros muchachos celebraban como si hubiéramos ganado el campeonato, incluido LeBron”.

En esa serie, los problemas de LeBron en el último cuarto fueron reveladores. Promedió solo tres puntos por partido en el cuarto parcial, falló ocho de los nueve triples que intentó y lanzó un 33.3 por ciento en total. Lo más angustiante fue su falta de voluntad para tomar el tiro, con un promedio de solo 3.5 intentos en el segmento final. Lo dejó abierto a la crítica de que se estaba alejando del momento.

“LeBron es un gran jugador”, dice Riley, “pero antes de llegar a nosotros, se golpeaba la cabeza contra la pared como todos los grandes jugadores que no pueden ganar. Su primer año (en Miami) fue un tanto complicado, desde el punto de vista de la química. A pesar de que esos tipos hablaban a su alrededor, había tres jugadores importantes que nunca llegaron a estar en la misma página. Nunca dejaron que se sintiera, pero nunca hablaron de la forma en que deberían haberlo hecho". Las consecuencias del colapso del Heat fueron brutales. James lo escuchó todo: pecho frío, flojo, perdedor.

“En nuestra reunión de salida, LeBron estaba muy callado”, recuerda Riley. “No quería hablar en absoluto sobre nada”.

“Estaba paralizado por su propia depresión. Pero no estaba preocupado. Pude haberle dicho: 'Oye, muchachón, llama a Magic Johnson. Dile lo que se siente al escuchar a la gente decir que fallaste, que no hiciste el trabajo’”.

En su serie de HBO "The Shop", James admitió que el fracaso de las Finales de 2011 se sintió "como si el mundo se le derrumbara".

"Dejé las Finales como, 'Oye, Bron, ¿en qué diablos estabas, hombre? Como si estuvieras pensando demasiado en todo. No apareciste. No hiciste lo que se suponía que debías hacer. ' Y ahora ni siquiera puedes dormir por la noche porque no diste todo lo que tenías".

Mientras que los foráneos declararon que James necesitaba una cita con un siquiatra, Riley dejó que su superestrella madurara. Confiaba en que los asesores de James, Rich Paul y Maverick Carter entre ellos, ayudarían a su amigo a navegar esta encrucijada crítica en su carrera.

"Fueron tremendos", dice Riley. "Ellos sabían cómo quererlo y levantarlo".

Para calmar su mente, James evitó las redes sociales, los clubes nocturnos, los reflectores. Comenzó a leer más, devorando toda la serie de Hunger Games en viajes por carretera. Se sentó para una conversación sincera con su amigo Wade y le informó que estaba harto de aplazar.

Encontró consuelo en el gimnasio y, como muchos otros antes que él, Magic a mediados de los años ochenta, Jordan años más tarde, comenzó a construir tejido para protegerse de las cicatrices mentales de 2011.

La forma en que eso sucede es fascinante. Hay una sustancia grasa que se forma en el sistema nervioso central llamada mielina que permite que las células nerviosas transmitan información más rápido y permiten funciones cerebrales más complejas.

Considera la primera vez que un jugador derecho intenta driblear con la mano izquierda. Es torpe, descoordinado. Inicialmente, los nervios que disparan las señales para completar esa tarea se controlan en la corteza frontal del cerebro. Con el tiempo, con innumerables repeticiones, esos disparos nerviosos se vuelven más aislados. La cobertura de mielina se acumula. Eventualmente, se requiere menos esfuerzo para usar esa mano izquierda, y el cerebro la procesa como una segunda naturaleza.

Lo mismo es posible con la presión, según los neurólogos. Con la repetición, el estrés puede transformarse en fortaleza. James logró esto después de su mayor decepción.

“Estaba usando un sombrero al que no estaba acostumbrado”, dijo James en ‘The Shop’. “Y lo acepté porque, en ese momento de mi vida, todavía me preocupaba lo que pensaban los demás. Ese momento me formó para ser quien soy hoy.

‘Después de la final de 2011, hombre, estaba como, eso nunca volverá a suceder. Puede que vuelva a perder. Puede que no gane todo. Pero nunca fallaré en nada”.

Cuando el Heat ganó en 2013, el tiro más famoso fue el triple de Ray Allen desde la esquina. En 2016, cuando los Cavs finalmente se convirtieron en campeones, fue el emocionante tiro brincado de Irving el que resonó. Pero es erróneo sugerir que LeBron no ha logrado sus propios buenos tiros.

Desde la derrota en las Finales ante los Mavericks, James ha anotado cinco tiros venciendo la bocina, dejándolo con siete en total en su carrera. Solo Joe Johnson (ocho) ha anotado más, según ESPN Stats & Information, que aclara que estos datos solo incluyen actuaciones desde 2002.

Además, James lidera a todos los jugadores en canastas de campo para empatar/tomar ventaja (10) en los últimos 24 segundos del cuarto parcial/tiempo extra desde que los analistas comenzaron a rastrear los datos en 1996. Su ex compañero de equipo Allen (siete) y Kobe Bryant (siete) son los únicos que están cerca.


EN LA CONFERENCIA de Sloan Analytics del MIT de 2012, Justin Rao y Matt Goldman escribieron un artículo en el que examinaban el impacto de la presión en el rendimiento de la NBA. Usaron datos de 1.3 millones de posesiones para estudiar dos aspectos del juego: el rebote ofensivo, una habilidad basada en el esfuerzo, y el tiro libre, que se basa en la tenacidad y concentración mental.

Rao y Goldman descubrieron que los jugadores que lanzaban tiros libres en los juegos en casa les fue peor en situaciones difíciles que en la carretera debido a lo que los autores denominaron ‘autoenfoque perjudicial’. Su estudio concluyó que cuando los jugadores intentan tiros libres en un ambiente hostil, son más propensos a confiar en sus instintos y en su memoria muscular para completar la tarea. Pero, cuando se les pide que realicen esos mismos tiros libres en los cómodos confines de sus propias arenas, donde los fanáticos, amigos y familiares de la ciudad natal cuentan con ellos para tener éxito, los jugadores tienden a pensar demasiado en el tiro, lo que, según los autores, “interrumpe la capacidad automática para realizar”.

Kevin Durant lo puede contar. Él era un estudiante de segundo año en la National Christian Academy en D.C. y una estrella floreciente después de haber sido relegado a un servicio de limpieza la temporada anterior.

“Quería ver mi nombre en el periódico”, dice Durant. “Pero cuando finalmente llegó el momento, lo quería tanto que me robé el momento”.

El equipo de Durant fue derrotado por dos ante Montrose Christian (Durant se transferiría allí en su último año) en los últimos segundos del juego cuando Durant recibió una falta.

Cuando se acercó a la línea, de repente se sintió mareado. Su adrenalina estaba en exceso, y nadie le había enseñado aún que unas cuantas respiraciones profundas serían útiles.

“Mi mente estaba acelerada”, dice Durant. “'¿Qué pasa si fallo? ¿Qué pasa si lo anoto? ¿Me amarán todos?' Usted sopesa los pros y los contras. Nada se sentía bien. Todo lo que podía pensar era si fallaba. Conocía esos sentimientos y sabía que me ahogaría en ellos”.

Durant, quien se convirtió en un tirador de tiros libres de 88 por ciento de carrera en la NBA, supo en el momento en que lanzó el tiro libre, no había ninguna posibilidad de que entrara. Estaba demasiado concentrado en las cosas equivocadas.

"Estaba tan molesto conmigo mismo", dice Durant. "Sueñas con esos momentos, pero cuando sueñas con ellos, siempre haces el tiro. Y nunca es un tiro libre.

"Tienes que trabajar para hacer ese pequeño pellizco en tu cerebro donde tus pensamientos están vacíos y libres. Pero solo aprendes eso cuando atraviesas los tiempos difíciles, las derrotas y las fallas".

El entrenador de Golden State, Steve Kerr, cree que Durant y Curry no se sienten impasibles ante la presión, algo que no pudo decir sobre sí mismo como suplente en la NBA.

“Yo pensaba demasiado”, dice Kerr. “Y si tus pensamientos se interponen en el camino, estás perdido”.

Kerr, quien jugó junto a Jordan, Scottie Pippen y Tim Duncan, dice que después de hacer grandes tiros con los Bulls y de absorber la ira de Jordan, aceptó el consejo del entrenador Phil Jackson y comenzó a meditar para permitir que su movimiento natural de tiro domine su mente, en lugar de todo lo aprensivo "qué pasaría si…".

"Finalmente llegué a la conclusión, qué se jo…. Si consigo esta pelota, va hacia arriba", dice Kerr. "Fui a un enfoque de 'No me importa' en lugar de detenerme en todas las repercusiones".

Kerr llegó hasta a escribir ‘FI (siglas de ‘que se jo…’ en inglés)’ en sus zapatos. Fue allí en tinta la noche en que anotó el tiro ganador del juego para los Bulls en el Juego 6 de las Finales de 1997, y que más tarde fue reseñado por el escritor de Sports Illustrated, Chris Ballard. Kerr dice que los entrenadores universitarios de todo el país se le acercaron para decirle que sus chicos habían adoptado sus métodos. Kerr se rió entre dientes cuando vio una foto del periódico de la estrella de Butler, Shelvin Mack, con ‘FI’ garabateado en sus zapatillas.

Kerr envidia a jugadores como Jordan y Bird, quienes afirman que nunca sufrieron dudas. Bird cuenta la historia de su segundo año en la escuela secundaria, cuando se rompió el tobillo y languidecía en el banco a su regreso. De repente, su entrenador gritó: "¡Bird!"

“No estaba listo para jugar”, recuerda Bird. “Pero entro y salgo de una pantalla y hago un tiro. Estoy pensando: ‘No he jugado en cinco meses y ya puedo anotar’”.

Para el momento en que Bird fue a la línea para un 1-1 con 13 segundos en el juego y el marcador empatado, su confianza estaba en alza.

"Llegué y anoté los dos tiros", dice. “Nunca me desconcertó ni un poco. Siempre me sentía mal por los muchachos que se acercaban y perdían el valor”.


LOS JUGADORES DE BALONCESTO de elite no son inmunes al estrés, solo han aprendido a canalizarlo. Los jugadores de hoy se benefician de la asistencia state-of-the-art de sus equipos, que incluyen instalaciones de entrenamiento superior, personal médico extenso, nutricionistas, científicos deportivos, consejeros de salud mental, psicólogos deportivos, expertos en sueño, instructores de yoga y gurús de la meditación.

Sin embargo, la herramienta más valiosa sigue siendo la confianza inherente de que los jugadores saben que tienen las habilidades para sobresalir.

“Los grandes jugadores saben que está bien fallar”, dice Riley. “No sucumben a la presión, pero a veces sucumben a la narrativa, especialmente hoy en día cuando cambia de un juego a otro, incluso de un parcial a otro.

"Mira a los Boston Celtics. Derrotaron a Milwaukee en el juego 1 de su serie y eran los mejores. Luego perdieron cuatro partidos seguidos y ahora apestan. Es lo que yo llamo 'oponentes periféricos'. Si te permites sucumbir a ese tremendo estrés y ansiedad, se te meterá en la cabeza”.

Durant admite que le ha sucedido, incluso después de ganar JMV de finales seguidas en 2017 y 2018. Es, según él, una batalla para bloquear el ruido y mantener el enfoque adecuado.

“Es terrible esa vergüenza frente a todas estas personas”, explica. “Tenemos grandes egos en la NBA porque todos nos han atendido toda nuestra vida. Cuando fallas frente a toda esta gente, te quedas estancado con los que dicen: ‘Te lo dije’, en lugar de las personas que te aman y te apoyan.

“Puedes ahogarte o superarlo”.

La estrella joven más brillante de la NBA, Giannis Antetokounmpo, experimentó su propia dosis saludable de baloncesto de playoffs estresante una vez que su equipo cayó 3-2 en las finales de la Conferencia Este ante los Toronto Raptors, y la responsabilidad de salvar la temporada de los Bucks cayó directamente sobre sus amplios hombros jóvenes.

“Nunca fui un tema para mí cuando entré en la liga porque nadie esperaba mucho de mí”, dice Antetokounmpo. “La presión se gana”.

Antetokounmpo ya ha desarrollado sus propias técnicas de calma. Cuando comienza a sentirse nervioso, recuerda las palabras tranquilizadoras de su padre, que no hay necesidad de estar nervioso por un juego que ha estado jugando toda su vida. Si necesita más comodidad, dice Giannis, se frota las muñecas.

Curry ha encontrado útil, cuando está sentado en el banco, visualizar lo que espera lograr cuando regrese a la cancha. También descubrió que las respiraciones profundas lo calman considerablemente.

"Lo que sucedió en 2016 fue una lección difícil de aprender", dice Curry. "Kyrie tenía confianza antes de ese tiro, pero eso vivirá con él para siempre. Ahora, cada vez que se encuentra en una situación estresante, puede recurrir a eso".

Durant se remonta a las Finales de 2017, cuando realizó su propia parte de la respiración profunda y la meditación en el camino hacia la búsqueda de la paz y la excelencia. Aprendió a bloquear el estrés apagando su teléfono, colocando el cartel de ‘No molestar’ en su puerta, desconectándose de la mayoría de las personas fuera del equipo y enfocándose en un objetivo singular: ganar a pesar de sí mismo.

"Lo último que quiero cuando juego", dice Durant, "es estar por mi cuenta".