Ja Morant, el 'dios base' que enamoró a los Grizzlies

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Los Grizzlies firman a Ja Morant en la selección 2 del Draft (0:28)

El base -escolta jugaba para los Murray State Racers de la Ohio. (0:28)

BRADENTON, Florida – En la IMG Academy de Florida, las cosas realmente no son tan distintas a cualquier otra secundaria en las áreas suburbanas de Estados Unidos. Bueno, excepto por las actividades deportivas y facilidades de entrenamiento de clase mundial, atletas híper especializados, un asombroso promedio de estudiantes por maestro y reconocimiento nacional. Con la excepción de esos elementos, aparenta ser un lugar normal donde los chicos se congregan alrededor de la comida y la piscina.

Por supuesto, también existen los grupos de atletas profesionales retirados, activos actualmente y futuros que suelen vivir “cerca del campus”, donde un pequeño vecindario compuesto por villas está repleto de equipos que utilizan estas facilidades para entrenar y vivir mientras se encuentran en el país, u otros individuos que se preparan para su gran día.

El gran día de Ja Morant fue este jueves en la ciudad de Nueva York, donde el autoproclamado “Dios base” esperó encontrarse entre los cinco primeros elegidos del draft de la NBA (los Memphis Grizzlies lo seleccionado en el número 2). El ex base de Murray State y varios miembros de su familia se encuentran en esta ciudad desde hace varias semanas, entrenando y manteniéndose en forma para el día en el que cambiarán sus vidas. Sin embargo, en este día de finales del mes de mayo, Morant se prepara para asistir a un asado y ver las Finales de la NBA.

Ya ha completado sus prácticas de enceste y entrenamiento con pesas en la academia, que la escuela le había cedido durante ese día. Ahora, está reposando. Súbitamente, todo el alboroto de la frenética jornada había terminada y el grupo que acompaña a Morant se encuentra viendo aves, escuchando viejas canciones de rap y analizando el enfrentamiento de las finales.

“Estamos cocinando, hermano. Somos campesinos”, explicaba en son de broma Phil, tío de Morant.

Esta es la misma clase de situación familiar en la cual Morant, de 19 años, creció en Sumter County, Carolina del Sur. La clase de ambiente que lo atrajo hasta Calloway County, Kentucky, para convertirse en un Murray State Racer.

Es la misma clase de ambiente que será vital para él una vez sea elegido en la noche del jueves y comience su carrera en la NBA.


Cuando conduces hacia el sur por la Interestatal 77 desde Charlotte, Carolina del Norte, hasta Dalzell, Carolina del Sur, será un viaje largo. Son aproximadamente 100 millas de distancia; no obstante, habrá que conducir durante dos horas. Los caminos sinuosos nos llevarán hasta el hogar de Jamie y Tee Morant, una casa con una sola planta y dos aros de baloncesto en el patio.

En esta parte del país, estaciones de gasolina abandonadas adornan ciertas partes de la localidad y los vecinos se encontraban a buena distancia entre ellos debido a las tierras que ocupaban.

“Es un pueblo muy pequeño, es área rural, mucha vegetación. Sin embargo, casi todos aquí se conocen. He ahí la razón por la cual soy una persona muy ligada a su familia”, expresa Morant.

Cuando la gente piensa en las estrellas mimadas de hoy en día en la AAU, hay un estereotipo inherente. Los jovencitos crecen jugando en gimnasios y con equipos viajeros, sin tener que vivir la supuesta experiencia rudimentaria de jugar en las canchas callejeras, contra cualquiera que se atraviese. Durante largo tiempo existió el estigma de que AAU era sinónimo de “débil” hasta cierto punto, sintiéndose con derecho a juzgarlos de esa forma.

Morant jugó en la AAU. Estaba en el mismo equipo del mega fenómeno y ex miembro de los Blue Devils de la Universidad de Duke Zion Williamson. Pero el equipo no tenía contrato con una empresa de zapatillas. El padre de Morant conducía camionetas a los partidos. Ganaban muchos juegos, pero nadie prestaba atención a Morant.

El chico apodado “12” (el número de su camiseta), definitivamente tuvo la experiencia del baloncesto de calle. Porque sus padres la procuraron para él.

En el salón, sobre el mantel sobre el cual se encuentran varias fotos familiares, un letrero en hermosa caligrafía típica americana dice “Los Morant”. Todo huele a amor en esta casa, y no hablamos de la comida. Varios trofeos y placas indicativos del éxito de Morant se encuentran presentes, pero sin exagerar.

La verdadera escena se encuentra fuera de la casa. Allí, un viejo banco de ejercicios se encuentra en un porche. A un lado del jardín, encontramos inmensas llantas de tractor al igual que muchas sillas plásticas de color azul, que eran básicamente las tribunas para las sesiones de baloncesto que Tee y Jamie solían organizar para Morant y sus amigos.

Esas mismas llantas eran usadas por Tee Morant para ayudar a los saltos de su hijo. La parrilla es la misma que usaba Tee para alimentar a montones de jovencitos que iban a jugar a su cancha (a veces llegaban hasta 50 o 60 personas, según cuenta Ja Morant) como una forma de estrechar nexos y mantenerse fuera del mal camino. Hoy en día, encontramos un perchero de balones con dos pelotas y un letrero que dice “área de juego sin supervisar. Utilice el área de juego a su propio resto”. Este no es un gimnasio con aire acondicionado y elegantes prestaciones. O un aro de jardín al lado de una piscina en Chino Hills, California. Esto es Carolina del Sur y la cancha está un poco desigual, los bosques se encuentran justo al lado y hay mucho calor. Es lo que la familia Morant construyó. Es algo real. Y comenzó temprano.

“Teníamos un sofá divisible. Sus recreos consistían en que, yo tenía un aro para colocar dentro de la casa, le daba dos balones y una botella de leche, entonces, o se ponía a jugar baloncesto o se bebía la leche y se iba a dormir”, recuerda Tee. La mentalidad que ponía al baloncesto primero nunca cesaba. A este momento, Tee construyó un tablero en el jardín. “Quiero decir, probablemente tenía 8 o 9 años (jugando en la liga de su iglesia) y comenzó con la AAU a los 9. Luego, sus compañeros venían acá y, sabes, les entrenábamos y luego, mientras crecían hasta llegar a escuela media, la cancha crecía con ellos y la extendíamos”.

Morant dijo que se enamoró del baloncesto una vez que comenzó a jugar y le da méritos a su padre por enseñarle a practicar este deporte.

“Mi papá me entrenó durante toda mi vida, he allí donde tenemos nuestra conexión. Una vez me hice lo suficiente mayor para entender lo que intentaba hacer con algunas cosas, me di cuenta de todo lo que me ayudó”.

“Por ejemplo, cuando me llamaba ‘sobreestimado’ y cosas así. Como ocurrió en la pasada temporada, escuché cosas así en cada partido como visitante y eso no me molestaba porque yo podía aceptar algo así por parte de mi padre, entonces, lo que hacían los aficionados no me molestaba en absoluto”.

Morant se convirtió en un estudiante del baloncesto. No tenía demasiadas cosas que hacer, por eso, consumía baloncesto de todas las formas posibles. Eso incluía juegos de video.

“Realmente, veía muchísimo baloncesto. Universitario, NBA, para aprender cosas que hacía cada jugador”, dice Morant. “Por ello, una vez comencé a jugar (NBA 2K), intenté hacerlo exactamente cómo lo hacen en la vida real y normalmente es así como programan al jugador. Eso fue lo que aprendí principalmente y creo que eso me ayudó a comprender este deporte aún más”.

Un paso inteligente. Además, Morant no es el único base en su familia, por eso tiene sentido. Su madre Jamie fue base en secundaria (y practicó softbol en la universidad, donde conoció a Tee).

“Primero, (Morant) no creía que supiera algo de baloncesto. Íbamos a Georgia (su estado natal) y tenía que mostrarle todos mis premios. Allí decía: ‘está bien’. Ha visto todos mis premios como base en enceste y cosas así. Allí pensó: ‘muy bien. Puedo escucharle. Ella lo entiende’”, recuerda Jamie, entre risas.

“Siendo base, hay que ser paciente y entender los roles de todos los demás”.

Cuando Morant y compañía desembarcan en un estudio de diseño en River Point, Chicago, durante la semana del NBA draft combine, varios asistentes de producción están ocupados preparando una sesión fotográfica mientras la canción “Baby Boy” de Beyoncé y Sean Paul retumba en los altavoces. Lo que normalmente es una vista pintoresca de los edificios de la ciudad se ha convertido en una opaca imagen debido a la lluvia, lo cual no es una mala forma de describir el juego del hombre a quien todos esperan.

La sesión fotográfica termina de forma positiva. Morant modeló jeans, relojes y otros productos para una campaña de la liga. Es una escena caótica con asistentes, fotógrafos y agentes por todos lados, pero Morant se muestra tranquilo. Él sabe bien cómo posar para las fotografías.

Mientras tanto, en el draft combine, otros prospectos siguen en sus rutinas de práctica, frente a scouts y entrenadores. Cuando Morant llega al complejo donde se desarrolla el evento, las cámaras le rodean nuevamente.

A juzgar por la facilidad que muestra ante esta situación, uno no podría pensar que todo esto es nuevo para él. Cada viaje que ha hecho desde que se declaró elegible para el draft ha sido su primero. El primero a la Gran Manzana, su primer partido de la NBA (un compromiso de playoffs en Milwaukee). Estuvo muy cerca de que su primer partido de la NBA en vivo fuera uno en el cual él estuviera uniformado.

Tee considera que la pereza mental de la actualidad es un factor importante para que su hijo no fuera reconocido hasta fechas recientes.

“Considero que se debe al simple hecho de que creo que las redes sociales hicieron que la gente se pusiera perezosa. ¿Sabes? Por eso creo que la mayoría de los entrenadores, scouts o quien fuera, veía esos nombres y sufría de visión de túnel. ¿Cómo puedes desestimar al base que manejaba el espectáculo?”, afirma Tee con respecto al proceso de reclutamiento producto de ser compañero de Zion Williamson en la AAU.

“No creo que he visto a un entrenador, o un scout, aproximarse al área de Sumter, Dalzell, para ver jugar a Ja. Fue un caso similar a: ‘Muy bien, déjame ver quien es tendencia en estos momentos y en eso me fijaré’”.

Jamie, quizás actuando como la base que es, ve las cosas de forma más amplia.

“La forma cómo lo veo, pienso que iba a ser de esta forma”, expresó Jamie, con respecto al hecho de que Morant no fue un jugador altamente cotizado en secundaria. “Así es como llegamos al Ja que tenemos hoy en día. Sigo pensando que eso fue lo que le hizo llegar a lo que es hoy en día como jugador y la persona que ves”.

En definitiva, Morant sigue siendo un jovencito de 19 años. Sigue aburriéndose firmando hojas para autógrafos, aunque su firma luce muy bien. Pasa tanto tiempo en su teléfono como cualquier adolescente o periodista. Sin embargo, cuando juega al baloncesto, se mantiene concentrado.

El lugar dónde jugará en la NBA se decidió. La forma en la cual su familia encajará en ese sitio ahora que la atención sobre él se ha intensificado será algo tan importante dentro de su temporada de novato como lo puede ser cualquier otro elemento.

“No puedes confiar en todo el mundo”, expresó. “Y, quiero decir, tengo a mi familia que me ha acompañado durante toda mi vida; entonces, no necesito de nadie o nada nuevo”.

“Me importa mucho contar con la gente apropiada a mi alrededor, el grupo apropiado”.

Durante la primera mitad de la transmisión televisiva del Juego 1 de las Finales de la NBA, Tee, en un momento lleno de ternura, le preguntó a su hijo qué quería comer. Tres minutos y 12 platillos discutidos después, Tee regresa con varios platos.

Después de ingerir dos platos y una ensalada, tal como se le instruyó, Morant se levantó para declarar victoria: “¡Comí bien esta noche!”

Y esa es la idea. Porque, siendo Dios Base o no, sigue siendo un joven en proceso de crecimiento. Lo cual debería aterrorizar al resto de la NBA.