Rob Manfred quiere que sepas: no odia el béisbol, sino que quiere salvarlo

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¿El mayor reto de Rob Manfred? Cómo transformar el béisbol (6:58)

El comisionado de Grandes Ligas Rob Manfred se sentó para una entrevista exclusiva con ESPN sobre sus planes de devolverle al béisbol el brillo de antaño. (6:58)

"¿ODIAS el béisbol?"

Le hice esta pregunta al comisionado del Béisbol de Grandes Ligas Rob Manfred, justo en medio de una entrevista sostenida en el Citi Field de Nueva York.

"Es la cosa más ridícula, [se encuentra] entre algunas cosas bastante ridículas que se han dicho sobre mí", respondió. "La afirmación de que odio este deporte... esa sí que me cae mal. Tengo que decirte la verdad".

El odio a los comisionados deportivos es un deporte por sí solo en Estados Unidos, y quizás muy pocos sean tan criticados, culpados, mofados, maldecidos y convertidos en memes como le pasa a Robert D. Manfred Jr., de 63 años y que actualmente se encuentra en su octavo año al frente de las Grandes Ligas. Los detractores están convencidos de que al abogado laboralista convertido en comisionado le aburre el béisbol, está matando al béisbol y sólo le interesa el béisbol para enriquecer aún más a sus ya ricos dueños.

Manfred responde que quienes piensan así no pueden estar más equivocados. Recuerda aquel día (el sábado 10 de agosto de 1968) cuando él y su padre viajaron por cuatro horas en carretera, desde su hogar en el norte del estado de Nueva York hasta el Bronx, todo para ver a su equipo favorito jugar en el Yankee Stadium. Robert tenía 9 años.

"Fue el primer partido que vi en mi vida", afirma. "Recuerdo cómo me sentía mientras ingresaba al estadio. El campo estaba tan inmaculado. Amaba este deporte antes de entrar, y lo amé aún más cuando me fui. De verdad, es así de simple".

"Y no soy yo el que importa, a fin de cuentas. Es el deporte lo que importa".


EL DÍA INAUGURAL ESTABA a punto de ser cancelado por Rob Manfred ante las cámaras de televisión a nivel nacional. Era la tarde del martes 1º de marzo, el día número 90 del estancamiento de negociaciones entre los multimillonarios dueños de equipo del Béisbol de Grandes Ligas y sus millonarios peloteros. Manfred se ubicó detrás de un podio a las afueras de un estadio en Jupiter, Florida, para dar la triste noticia: las negociaciones se rompieron; por ende, cancelaría las dos primeras series de la temporada regular del 2022. Sin embargo, poco antes de empezar a hablar, Manfred vio directamente a la cámara... y sonrió..

La fugaz sonrisa, producida horas después de que un fotógrafo lo captara practicando su swing de golf, era todo lo que necesitaba la legión de detractores de Manfred: "Manfred debe irse ya", tuiteó el lanzador de los Chicago Cubs Marcus Stroman. "¡Necesitamos un nuevo comisionado cuanto antes!"

Dos días después, Manfred estaba de vuelta en las oficinas de Major League Baseball ubicadas en pleno centro de Manhattan, para presidir una reunión abierta con la presencia de aproximadamente 1.000 empleados de la liga, algunos congregados en un atrio de gran tamaño y otros conectados a través de Zoom. El ambiente era sombrío. Manfred convocó la sesión para poner al día a los empleados de la liga con respecto al paro patronal y ofrecer una explicación sobre su inoportuna sonrisa (Manfred deja constancia de que fue un gesto amable hacia un reportero que se acercó para colocar un grabador sobre el podio justo cuando Manfred buscaba un sitio para dejar sus apuntes).

"Me están matando allá afuera", confesó.

"Me están matando" se ha convertido en un hecho inescapable en la vida profesional de Manfred. En redes sociales, los movimientos y motivos de Manfred, junto a sus metidas de pata y gazapos, se han convertido en el blanco de los aficionados que lo responsabilizan, 24 horas al día y 7 días a la semana, de todos los problemas imaginables:

¿Una terna arbitral se olvida del conteo de pitcheos y requiere de 4 minutos y 15 segundos para recordarlo? Umpires propensos a los errores: culpa de Manfred.

¿Un jonrón que tentativamente dejaría en el terreno al rival y muere en la pista de seguridad? Pelotas muertas: culpa de Manfred.

"¿Una "multitud" de 2.488 personas acude a un partido en Oakland, marcando el peor registro de asistencia en 40 años? Los aficionados boicotean a un equipo de nómina baja, que juega en un estadio que se cae a pedazos: culpa de Manfred.

A Manfred se le critica por cosas que podrían estar fuera de control. También es objeto de acusaciones por sus acciones (u omisiones) durante algunas de las crisis más complicadas en la historia de las Grandes Ligas, incluyendo la investigación sobre consumo de esteroides que Manfred supervisó antes de convertirse en comisionado, junto con el sonado escándalo de las trampas con videos y botes de basura que convirtió en objeto de burlas la integridad de este deporte... y la de una Serie Mundial. Algunos peloteros dicen no confiar en que el comisionado tenga en cuenta los mejores intereses del béisbol.

Le pedí a Manfred que mencionara el peor error cometido por él: una decisión que le gustaría retractar. Estalló en risas. "¿Tengo que reducirlo a sólo uno?", respondió. "Sabes, creo que la gente que no puede admitir que ha cometido errores, particularmente en un empleo como este, es un poco peligrosa".

Manfred insiste en que intenta hacer todo lo opuesto de arruinar el béisbol. Su objetivo, según afirma, es revolucionar el deporte estadounidense que históricamente ha sido más reticente a la innovación, mediante el impulso de cambios de reglas para acelerar su ritmo, agregar más acción y, en definitiva, atraer más aficionados. Sus críticos le responden, afirmando que su empeño en acelerar el béisbol con "corredores fantasma" y su impulso a los relojes de pitcheos solo demuestran su profundo odio por este deporte.

"Sí, éste es el problema", responde Manfred. "Cuando reconoces que hay algo que va mal en este deporte, eso te convierte en un detractor del béisbol".

¿Puede uno de los hombres más detestados de la historia del béisbol conducirlo a un futuro más brillante, haciendo que vuelva a su pasado glorioso?"

Mi búsqueda de la respuesta a esa pregunta comenzó en un maizal de Iowa.

SON LAS 3 P.M. de un opresivamente húmedo día de agosto en Dyersville, Iowa.

Manfred está ubicado en la profundidad del jardín central del set donde se filmó la película "Campo de Sueños", vestido con una camiseta negra alusiva al partido "Campo de Sueños" organizado por Major League Baseball, pantalones de caqui y zapatos de vestir negros. Un camino de tierra tallado a través de la parcela de maíz más famosa de la historia de Hollywood conecta el antiguo campo con el reluciente estadio con 8,000 asientos construido por MLB. Esta noche los Chicago White Sox, vestidos con sus icónicos uniformes de la era de los "Medias Negras", se enfrentarán a los New York Yankees y su antigua vestimenta gris, para el primer partido de Béisbol de Grandes Ligas disputado en el estado de Iowa.

"Un placer conocerlo, señor Comisionado", le digo.

"Llámame Rob".

Le digo que uno de sus amigos del golf, Frank X. Queally Jr., me pidió que averiguara por qué su hándicap había aumentado a 12. "¡De ninguna manera!", responde Manfred, mientras sonríe y busca su iPhone para mostrarme una aplicación que indica su hándicap de 7.3 según el grado PGA. "Los hechos son los hechos", me dice entre risas.

En medio del calor digno de un horno, nos dirigimos hacia el estadio de baja altura, que recuerda los parques de pelota de principios del Siglo XX con su pizarra manual a los lados del jardín derecho. Los tallos de maíz rodean el campo y se extienden hacia el horizonte. Manfred habla sobre la expectativa en torno al partido de esta noche, que será transmitido por televisión a nivel nacional, particularmente entre los peloteros que viajaron en autobús desde el aeropuerto de Dubuque, Iowa, pasando por kilómetros de vacas y tierras de cultivo. Al mejor estilo de la vieja escuela.

"Me siento tan orgulloso de que hayamos podido lograrlo", afirma Manfred. "Hoy es un día tremendamente bueno". Le pregunto si este partido del "Campo de Sueños", que hoy jugaba su edición inaugural, se convertiría en una tradición de mediados de agosto. "Mira, ni hay que pensarlo", respondió. En esta situación, jamás nos imaginaríamos que el comisionado es un paria en redes sociales: aficionados de todas las edades buscan tomarse selfis con él, y le piden que estampe su autógrafo sobre pelotas, programas y gorras.

Una hora después, me encuentro con Manfred en un salón con aire acondicionado, a pocos pasos detrás del plato. Le pido al comisionado que me conceda tiempo para una entrevista extensa. Frunce el ceño.

"Como aficionado al béisbol de toda la vida", le digo, "siento que realmente no lo conozco. Pues... excepto por todos esos memes que se refieren a cuánto usted odia al béisbol".

"El usual sinsentido de Twitter", responde entre risas.

Le cuento sobre mis intenciones de entender el razonamiento de sus decisiones anteriores y, aún más, explorar su visión sobre el futuro del béisbol. La llamo "La Doctrina Manfred". Él sonríe, tal vez aceptando la idea. Sin embargo, me comenta que es una persona privada, que se siente incómodo al abrirse a los reporteros. (Manfred ha estado casado con su esposa Colleen por más de cuatro décadas y tienen cuatro hijos y cinco nietos). No tarda en decirme que no siente interés en "volver a hablar de cosas del pasado"; por ejemplo, cuando no impartió sanciones a los peloteros de los Houston Astros que hicieron trampa hasta alzar el trofeo de la Serie Mundial de 2017. "Fue algo estúpido", confiesa ahora sobre su tristemente célebre comentario de febrero de 2020, en el que indicó que no tenía sentido confiscar el trofeo de Serie Mundial del equipo porque, después de todo, es solo "un pedazo de metal". Pidió disculpas dos días después. Ahora, me dice: "Lo del pedazo de metal... eso fue lo peor".

Manfred explica que la forma más segura de hacer crecer este deporte es introducir distintas formas para mejorar cómo se juega y restaurarlo a una mejor y más expedita versión de sí mismo; más cercana a cómo se jugaba hace varias décadas. "Theo Epstein lo dice mejor (ahora le pago para poder robarme esa frase): intento hacer que este deporte sea lo mejor posible".

"Más fácil decirlo que hacerlo", le contesto. Manfred asiente. "Muy bien, empecemos", me dice antes de estrechar mi mano e iniciar la entrevista.

Media hora después, frente a seis cámaras, Manfred se sienta al lado de Kevin Costner. El Manfred relajado y bromista que acabo de conocer se ha ido, reemplazado por un Manfred rígido y estirado. Este es el comisionado formal que vemos frecuentemente, dando respuestas literales y leguleyas cuando informa malas noticias. Uno no se puede imaginar que este fue un gran día para el béisbol. "Debería pagar un curso de entrenamiento para tratar con los medios", afirma un ex ejecutivo de Major League Baseball. "Sería una buena inversión".

Algo que conocí sobre Manfred es que no duda en asumir la culpa por los errores que le han causado tantos problemas; a veces, de forma sorprendentemente cándida y autocrítica. Sin embargo, cuando se le confronta con preguntas sobre su historial, muchas veces se pone a la defensiva, ofreciendo múltiples justificaciones para sus decisiones; culpando a veces a otros, a pesar de insistir en que tiene la piel curtida.

Sin embargo, Manfred no es visto de esa forma por sus fieles tenientes y los dueños de equipo que entrevisté.

"Probablemente es muy directo, hasta un extremo que le hace daño", indica el propietario de los St. Louis Cardinals William O. DeWitt Jr., que agrega que el comisionado "hace un trabajo excelente". "No es un político en el sentido de que hace que todo el mundo se sienta bien. Dice lo que piensa".

"No tiene miedo de ser franco", afirma Epstein, ex gerente general de la organización de los Red Sox y ex presidente de operaciones de béisbol de los Cubs, contratado por Manfred como consultor a los cambios de reglas. "Tampoco tiene miedo de hacer bromas a su costa. Parece que sabe cómo pasarla bien".

Ese Manfred es un hombre raramente visto por los seguidores del béisbol. Alejado de las cámaras, el ejecutivo se muestra como auténtico y modesto, alguien que rara vez deja pasar la oportunidad de burlarse de uno de sus subalternos y eventualmente, de mí. Es una persona con la que uno gustaría tomarse una o dos cervezas (la espumante favorita de Manfred es una lager, usualmente Stella Artois). Queally, su amigo del golf, describe a Manfred como un hombre "muy del norte de Nueva York, de hablar sencillo" y también como un "tremendo rompe pelotas".

Mientras el sol se pone en Iowa y una música sentimental suena a través de los aparatos internos del estadio, Costner surge de entre los tallos de maíz, seguido por los peloteros. Sosteniendo una pelota con ambas manos, les dice a los presentes: "Vinimos a ver a los White Sox, dueños del primer puesto, jugar contra los poderosos Yankees en un campo que una vez era de maíz. Es algo perfecto".

Pocas horas después, el partido tiene un final digno de Hollywood, cuando el campocorto de los White Sox Tim Anderson dispara un cuadrangular hacia el maizal del jardín derecho para dejar en el terreno a los Yankees, seguido del estallido de los fuegos artificiales.

HASTA DONDE la memoria pueda alcanzar, el juego ha estado en problemas. Siempre ha existido dentro de un perpetuo estado de fracaso en el que no logra deslumbrar a los jóvenes, siempre sumidos en una crisis existencial, siempre al borde del olvido. "El béisbol es aburrido: han estado diciendo estas cosas durante más de 60 años", dice Bud Selig, el predecesor y mentor de Manfred, de 87 años.

Selig recuerda que un olvidado editor de deportes del Milwaukee Journal llamado Oliver Kuechle una vez declaró: "El béisbol es un deporte moribundo". Eso fue en 1961. Kuechle agregó, proféticamente, "el football, específicamente el football profesional, pronto se convertirá en nuestro pasatiempo nacional".

Hoy, la Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) es algo más que el deporte más popular de los Estados Unidos; es una máquina de imprimir dinero y una obsesión cultural durante todo el año que aparentemente no se ve afectada por el escándalo. La MLB se ve eclipsada en popularidad por la Asociación Nacional de Baloncesto (NBA), particularmente entre los fanáticos jóvenes, y se defiende de advenedizos como la Fórmula Uno y la Major League Soccer.

Los totales de asistencia en toda la liga se redujeron considerablemente esta temporada (en comparación con los totales previos a la pandemia), en camino de ser los más bajos desde 1996. Entre todos los fanáticos estadounidenses que miran deportes por televisión, los fanáticos del béisbol son los más mayores: la edad promedio es de 57 años. Hace una generación el promedio era 52.

Cuánto de la actual crisis existencial del juego debe atribuirse a Manfred depende de a quién le preguntes, aunque incluso sus aliados están de acuerdo en que ha tardado en cambiar el juego. "El deporte es como todo lo demás en la vida: evoluciona, necesita hacer cosas, necesita cambiar, comenzando con el ritmo del juego", dice Selig. "Ese es el desafío de Rob".

Quiero profundizar en lo que molesta a Manfred sobre el juego.

"¿Cuántas horas de béisbol ves en una semana?", le pregunto.

"Oh", dice, deteniéndose un momento. "Entonces, déjame contar las noches. Diría que probablemente miro por la noche, al menos cuatro noches a la semana, un juego o juegos. Así que hay 12 horas y siempre lo tengo encendido en la oficina: Los juegos de MLB Network durante el día. Entonces, más de 20 horas".

Por las noches, Manfred suele ver más de un partido a la vez en su apartamento del Upper East Side. "Lo confieso, veo mucho béisbol de Nueva York, tanto de los Yankees como de los Mets".

"Y cuando ves béisbol como aficionado, ¿cuál es tu mayor molestia?"

"Creo que el mismo tipo de sentimientos que escuchamos de nuestros fanáticos en términos del ritmo del juego", dice. "Creo que el problema del ritmo, el problema de la acción, es más agudo en una transmisión que en el estadio".

Ya se han implementado varias reglas nuevas para acelerar el ritmo, y ninguna ha funcionado realmente. Una es que un lanzador de relevo, a menos que esté lesionado, debe enfrentarse a tres bateadores o completar una entrada antes de ser reemplazado para reducir los cambios de lanzadores. Otro es el 'corredor fantasma' colocado en segunda base en entradas extra, una regla que existe para terminar un juego más rápido. Hasta el domingo, el juego promedio de nueve entradas esta temporada fue de 3 horas, 5 minutos, solo 5 minutos más corto que el récord histórico de la temporada pasada. La investigación interna de MLB encuentra que la mayoría de los fanáticos no solo creen que los juegos duran demasiado, sino que también se sienten frustrados porque a menudo hay muy poca acción, una combinación letal. El promedio de bateo de la liga de este año se ubica en un mísero .242, el más bajo desde 1968. Los jonrones y las carreras anotadas han disminuido, mientras que los ponches están cerca del máximo histórico.

Incluso los dueños más conservadores del juego se quejan de que los juegos que duran de tres a cuatro horas deben terminar. "El juego ha cambiado y ha cambiado para peor", dice DeWitt Jr., el propietario de los Cardinals de 80 años. "Para ser honesto, los jugadores salen de la caja y pierden el tiempo sin ninguna razón. ¡Vamos, métanse a la caja! Y el lanzador está caminando alrededor del montículo. No sé lo que están haciendo. ... El juego necesita arreglos. Es simplemente lento".

Manfred está de acuerdo con esa evaluación. Me dice, en términos mucho más seguros de los que ha expuesto públicamente antes, que apoya totalmente la renovación del juego con relojes de lanzamiento, la eliminación del turno y, en 2024, alguna forma de árbitros automáticos. Ahora debe vender esos cambios a los jugadores y fanáticos, algunos de los cuales creen que no tiene en mente los mejores intereses del béisbol. Un gran desafío, sin duda, pero uno que Manfred no cree que sea insuperable. "Creo que la gente presta mucha atención, puede ser hipercrítica y hasta hiriente", dice. "Eso es realmente algo bueno para el futuro del juego".

MANFRED NACIÓ el 28 de septiembre de 1958 en Rome, Nueva York, a una hora en auto de Cooperstown. Uno de los mayores empleadores de la ciudad de clase media era Revere Copper and Brass, entonces la planta de laminación de cobre más grande de Estados Unidos, donde el padre de Manfred, Rob Sr., supervisaba la producción como gerente de fábrica. La madre de Manfred, Phyllis, enseñaba a niños de tercer grado. Manfred era el hijo del medio entre tres hijos, y sus padres les inculcaron el amor por el aprendizaje y la obsesión por los deportes.

Los Manfred pertenecían al country club local. La hermana mayor de Manfred, Lynn, fue un fenómeno en todos los deportes y ganó 18 insignias del varsity. Cuando era niño, Manfred jugaba tenis, golf y, en la Farm League y Little League de Roma, segunda base y campocorto. Era todo guante, y nada bate. "Yo era malo", dice. Manfred recuerda haber enfrentado a un lanzador de lanzamientos fuertes llamado Mark Puffer que "parecía medir 6 pies y 5 pulgadas". "Nunca la vi", dice de su bola rápida.

Cuando llegó la televisión por cable a Roma, padre e hijo rara vez se perdían un partido de los Yankees. "El béisbol de los Yankees de Nueva York era lo que hacíamos en las noches de verano", dice.

En el primer juego al que asistió con su padre en el Yankee Stadium, Manfred y su padre se sentaron entre el plato y la primera base en el Día de los Veteranos (asistió el general William D. Eckert, cuarto comisionado de la MLB). Mickey Mantle conectó un par de jonrones solitarios en la derrota por 3-2 ante los Mellizos que duró 2 horas y 34 minutos. Manfred parece nostálgico al recordar la forma en que se jugaba el juego entonces. Sin análisis, sin conteo de lanzamientos, sin cambios defensivos y sin juegos de cuatro horas.

Nada era más importante que el béisbol en la relación de Manfred con su padre hipercompetitivo y loco por los deportes, quien murió en 2018 a la edad de 87 años. El béisbol fue un regalo de su padre, a quien llamó 'Bob', que Manfred aún celebra. Las complejidades y misterios del juego se convirtieron en su lenguaje compartido. Su amor por los Yankees era su terreno común.

Después del octavo grado, Manfred cambió su guante por una raqueta. El tenis le era natural, y protagonizó el equipo de tenis de Rome Free Academy, la escuela secundaria pública. Además de sobresalir en el salón de clases, Manfred era hipercompetitivo en todos los deportes y juegos, un rasgo heredado de su padre.

Manfred jugaba en el equipo de tenis del cercano Le Moyne College en Syracuse, Nueva York. Antes de su tercer año, se transfirió a la Universidad de Cornell, donde obtuvo una licenciatura en relaciones laborales industriales. En la primavera de su último año, Manfred se entrevistó para un trabajo de relaciones laborales con Union Carbide, un trabajo que deseaba desesperadamente, o que pensaba que haría. "Me subo a este pequeño avión... estoy mirando por la ventana, volando a la ciudad de Texas", dice. Después de la entrevista, pensó: "Mierda, no voy a volver. De ninguna manera voy a vivir aquí".

Al regreso, en el buzón de su casa, encontró una carta de aceptación de la Facultad de Derecho de Harvard.

Después de graduarse magna cum laude y trabajar para un juez federal en Boston, Manfred fue contratado por Morgan, Lewis & Bockius, la poderosa firma de abogados de casos de alto nivel, donde un socio llamado Chuck O'Connor se convirtió en su mentor. Uno de los mayores clientes de la firma era Anheuser-Busch, el conglomerado cervecero que en ese momento era dueño de los St. Louis Cardinals. A través de la conexión con la cerveza, los propietarios de MLB contrataron al bufete de abogados como asesor externo. "¿Quieres hacer esto del béisbol?", O'Connor le preguntó a Manfred, entonces de 30 años.

O'Connor se convirtió en el principal negociador de los propietarios con el sindicato de jugadores y reclutó a Manfred para que lo ayudara. Manfred estaba asombrado por la habilidad de O'Connor como "un negociador magistral". "Se necesitan más agallas para hacer un trato que para no hacer un trato", solía decir O'Connor, una lección que Manfred nunca olvidó. En ese momento, el comisionado era Fay Vincent. Durante las negociaciones del contrato colectivo de trabajo de 1990, Manfred descubrió más tarde que Vincent, detrás de O'Connor y su espalda, había ofrecido a los jugadores una serie de concesiones, incluyendo, por primera vez, salarios mínimos de $100,000.

Manfred no era el único que estaba enojado contra Vincent. Los propietarios vieron las concesiones como una traición imperdonable, una evaluación que benefició a Manfred. Antes de la reunión de propietarios de septiembre de 1992, Selig le dio un consejo a Manfred: manténgase alejado de la reunión. Selig sabía que los propietarios estaban listos para despedir a Vincent, quien terminó renunciando y fue reemplazado por Selig, y Manfred se beneficiaría políticamente de no estar a la vista.

En agosto de 1994, los jugadores iniciaron una huelga que acabó con el resto de la temporada y la Serie Mundial, un desastre que enfureció a los aficionados. Manfred tuvo un asiento de primera fila en el daño causado al juego por no llegar a un acuerdo. "Oh, fue el peor año de mi vida", dice.

En 1998, Selig le ofreció a Manfred un trabajo de tiempo completo en MLB como vicepresidente ejecutivo de mano de obra y recursos humanos. Manfred se unió a la suite ejecutiva de la MLB durante el emocionante verano cuando Mark McGwire y Sammy Sosa, luego implicados como usuarios de esteroides, rompieron el récord de jonrones en una temporada del béisbol. La cancelada Serie Mundial rápidamente se convirtió en un recuerdo lejano.

LA LECCIÓN GENERAL Que Bud Selig dice que trató de enseñarle a Manfred fue que liderar el béisbol es "un trabajo politico", uno en el que debe negociar una paz frágil, no solo con los jugadores, sino también con los dueños en conflicto de los equipos de mercados grandes y pequeños.

"Me gustó Rob desde el principio porque es muy inteligente, un muy buen abogado y entendió lo que teníamos que hacer con todas las ramificaciones políticas", dice Selig. "No es como si estuvieras representando a una empresa donde los intereses son similares. Aquí estás representando franquicias que son asombrosamente diferentes".

Selig encargó a Manfred algunos de los trabajos más difíciles.

Por ejemplo, Selig insistió obstinadamente durante años en que la MLB no tenía problemas con los esteroides. Después de que estalló el escándalo, la primera impresión que tuvieron algunos fanáticos de Manfred fue verlo testificar ante el comité del Congreso que investiga la crisis de los esteroides y reconocer que MLB había tardado en actuar después de ignorar las señales de advertencia obvias.

"En un mundo perfecto", dijo Manfred al comité, "deberíamos haber sido conscientes del uso de esteroides desde el momento en que se convirtió en un problema entre los jugadores. Desafortunadamente, no vivimos en un mundo perfecto". Manfred dice que Selig "definitivamente, con el tiempo, me dio proyectos que creo que pensó que estaba dando a la persona adecuada... pero también amplió mi cartera de una manera que me hizo más viable como candidato a comisionado".

"Le gritaba todo el tiempo", dice Selig.

Como auxiliar de Selig, el mayor desafío de Manfred, y por el que recibió críticas generalizadas, fue administrar la investigación de MLB en lo profundo de la clínica Biogenesis en Miami, cuyos clientes eran jugadores que usaban esteroides que habían escapado a dar positivo. El escándalo condujo al castigo de esteroides récord de MLB de Alex Rodríguez y suspensiones para 17 jugadores en total.

MLB fue acusada por el Departamento de Salud de Florida de obstaculizar su investigación sobre Biogenesis y su fundador, Anthony Bosch, al comprar registros robados, incluidos algunos de un hombre que se hacía llamar 'Bobby de Boca'. Los investigadores estatales dijeron que el alcance limitado de su investigación estaba directamente relacionado a la compra de registros, sobre la cual dijeron que se había advertido a la liga. La liga pasó más de un año y utilizó unas tres docenas de investigadores en busca de registros clínicos y posibles testigos. MLB también aseguró un acuerdo de cooperación con Bosch a cambio de registros y testimonios.

En ese momento, Manfred defendió la investigación en una entrevista de "60 Minutos" y dijo que MLB no le había pagado a Bosch por su cooperación.

Al preguntársele ahora si lamenta la forma en que se llevó a cabo la investigación con casi una década de retrospectiva, Manfred citó el mal comportamiento de algunos investigadores de la MLB, incluido uno que cortejó a la novia de un posible testigo con regalos. Como resultado, el equipo de investigación de la liga fue reorganizado. "Hubo cosas que hicieron algunos de nuestros investigadores que provocaron su salida definitiva de la organización", dice Manfred ahora. "No condoné ese comportamiento -ni tampoco la organización-, fue completa y absolutamente poco profesional e inapropiado, y es por eso que fueron despedidos".

Pero Manfred dice que MLB carecía de autoridad policial para investigar "una amenaza existencial para el juego" y que "nuestros fanáticos exigieron que hiciéramos todo lo posible para defender la integridad del juego. Y creo que actuamos en un esfuerzo por cumplir con esa expectativa".

En cuanto a la decisión de comprar evidencia y llegar a un acuerdo con Bosch, Manfred dice que tenía "solo dos opciones: o los convences con la fuerza de tu lógica para que cooperen, o haces un trato con ellos. No eran propensos a ser persuadidos, así que hicimos un trato para llegar al fondo de lo que sentimos que era un sistema realmente corrosivo".

A raíz de la investigación, Selig ascendió a Manfred a director de operaciones. Era una forma de pulir las credenciales de Manfred y conseguir que tuviera más exposición con los propietarios. Nadie sabía más que Selig sobre la cartera cada vez más amplia de Manfred y su comportamiento realista, pero muchos propietarios no estaban familiarizados con él. (George Steinbrenner, quien murió en 2010, ni siquiera sabía lo que hacía Manfred; el Jefe de los Yankees pensó que era contador).

Luego, en agosto de 2014, en las reuniones de la liga en Baltimore, Manfred hizo una propuesta para el puesto principal en una presentación larga y con visión de futuro a los propietarios. Incluso entonces, estaba presionando para cambiar el béisbol. "Nuestros juegos son cada vez más largos y, en esos juegos más largos, hay menos acción que nunca", les dijo Manfred. Entre sus cambios propuestos estaba un reloj de lanzamientos.

En la primera votación, 10 propietarios, encabezados por el propietario de los Medias Blancas de Chicago, Jerry Reinsdorf, se opusieron a Manfred. Algunos creían que era demasiado abogado y carecía del temperamento adecuado. "Selig era un tipo al que le encantaba comer perros calientes en el estadio de béisbol, amaba el juego, exudaba ese encanto campechano", dice un propietario veterano. "Manfred no tenía eso, todavía no lo tiene".

"Los detractores lo veían simplemente como un abogado laboralista", dice el presidente de los Bravos de Atlanta, Terry McGuirk. "No sé si la industria apreció completamente todo lo que Bud le estaba descargando a Rob en ese momento".

Impulsado por el respaldo entusiasta de Selig, Manfred fue elegido en la sexta votación, por delante del presidente de los Medias Rojas de Boston, Tom Werner. No fue un logro de menor cuantía: los propietarios lo eligieron a él en lugar de a otro miembro de su exclusivo club. "No Bud, no yo", dice. "Quiero decir, no yo como comisionado, al menos". Contratado como el décimo comisionado del béisbol, Manfred representó una sucesión tranquila de Selig pero también un cambio generacional de un cuarto de siglo: tenía 55 años, mientras que Selig acababa de cumplir 80. El mandato de los propietarios para Manfred: transparencia y cambiar el juego.

No mucho después de que las nuevas pelotas de béisbol oficiales de la MLB fueran entregadas en su oficina de Manhattan, Manfred se subió a un avión a Carolina del Norte. Entregó en mano la primera bola adornada con su firma a su padre de 84 años, un hombre de pocas palabras. "Esto es algo realmente increíble", le dijo el padre de Manfred a su hijo. "No puedo decir que no estoy de acuerdo", dice Manfred ahora.

EL AÑO ANTES de que Manfred se convirtiera en comisionado, Major League Baseball introdujo una regla que permitía a los mánager y entrenadores usar un sistema de reproducción de video para desafiar las decisiones de los árbitros que no fueran bolas y strikes. Cada club ahora tenía una sala de revisión de repeticiones de video al final del pasillo de su banquillo. Pero las transmisiones de video en vivo de una cámara del jardín central resultarían demasiado irresistibles para que algunos equipos deshonestos las dejaran pasar. Pronto, un número desconocido de equipos de la MLB estaban usando las transmisiones en vivo para robar señales y encontrar formas de alertar a los bateadores sobre los próximos lanzamientos en tiempo real, con diversos grados de éxito.

El robo de señas es casi tan antiguo como el juego. Hace casi 150 años, Hartford Dark Blues, miembro fundador de la Liga Nacional, usó un observador de señales escondido en un cobertizo. Para 2017, los Houston Astros habían hecho avanzar la ciencia golpeando botes de basura. (Para ser justos, los Astros también se beneficiaron de transmisiones de video y análisis avanzados). Nadie conocía el plan del equipo hasta que el exlanzador de los Astros, Mike Fiers, se lo reveló a The Athletic en noviembre de 2019, dos años después de la victoria del equipo en la Serie Mundial.

De repente, Manfred se enfrentó a otro gran escándalo de trampas.

Luego de la investigación de MLB, Manfred le impuso a los Astros la multa máxima de $5 millones y les quitó cuatro selecciones principales del draft. El dueño de los Astros, Jim Crane, despidió al gerente general Jeff Luhnow y al mánager A.J. Hinch. Pero Manfred no castigó a un solo jugador de los Astros. Manfred argumentó que, si no hubiera otorgado inmunidad a los jugadores de los Astros, los investigadores de la MLB nunca habrían llegado a la verdad. Aficionados y jugadores indignados, incluido el tercera base de Los Angeles Dodgers, Justin Turner, y el lanzador abridor de los Cubs, Jon Lester, culparon a Manfred.

El escándalo planteó preguntas espinosas sobre el liderazgo y el juicio de Manfred. Si la investigación de Biogenesis fue una investigación de la MLB que se volvió loca en busca de suspensiones, la investigación de los Astros fue el polo opuesto: demasiado rápido, demasiado indulgente y sin suspensiones de jugadores. ¿Manfred debería haber hecho más, y antes, para detener el engaño generalizado? Los jugadores y mánager dijeron que habían informado sospechas durante años a MLB. En varias conversaciones sobre este tema, Manfred culpa a los avances tecnológicos en el robo de señas por superar las reglas anticuadas de la MLB. Pero también reconoce que se movió demasiado deliberadamente ya que las acusaciones sobre múltiples equipos, incluidos los Astros, los Red Sox y los Yankees, seguían llegando a la sede de la MLB.

Dice que estaba seguro de que los infractores de las reglas se detendrían después de que emitió memorandos amenazando con un castigo, incluido uno enviado el 15 de septiembre de 2017, solo unas semanas antes de la Serie Mundial de los Astros. Más tarde, Manfred acusó a algunas oficinas centrales de los clubes de no compartir ese memorándum con sus mánager y jugadores, incluidos los Astros.

En una reunión de gerentes generales de noviembre de 2017 sobre el incumplimiento de las reglas, un gerente general veterano recuerda que Manfred comenzó a "sermonearlos", con una mezcla de impaciencia y condescendencia. "Estos son muchachos bien educados y exitosos, ¿y nos estás hablando como si fuéramos niños de jardín de infantes?" dice el GM.

Comparto esta cita con Manfred, quien dice que fue "directo y al grano" con los gerentes generales durante esa reunión sobre una gran cantidad de violaciones de las reglas. "Francamente, la reacción de tu veterano gerente general es un buen indicador de la profundidad del problema que estaba tratando de resolver", dice Manfred. "Si estaba preocupado por mi tono en lugar de la sustancia, no entendió el punto. Desafortunadamente, mi visión del mundo fue reivindicada porque al menos dos personas en esa sala perdieron sus trabajos y sus carreras porque no tomaron en serio mis comentarios".

Manfred me dice que había asumido, bueno, "esperaba" que los mánagers, gerentes generales y propietarios que estaban al tanto de los esquemas de trampa de sus equipos se "autocorregirían", una admisión notable considerando el asiento de primera fila de Manfred para la epidemia de los esteroides. "Odio admitir esto, pero se basa en la creencia ingenua de que nuestro juego está poblado por personas que quieren hacer lo correcto", dice. "Son hombres adultos. Conocen la diferencia entre seguir las reglas y no seguirlas".

Los propietarios defendieron la gestión de Manfred del escándalo de los Astros, que reconocen que perjudicó a la MLB. Pero algunos me dijeron que Manfred se había preocupado demasiado por el debido proceso mientras florecía el engaño.

"¿Podría haber hecho más antes?" pregunta un propietario veterano. "Por supuesto".

Cuando se convirtió en comisionado, Manfred no tenía un ayudante (por elección, él insiste en liderar las investigaciones él mismo) que lo ayudara a manejar los asuntos más espinosos de la forma en que había ayudado a Selig. Solo sería él, para bien o para mal.

"Creo que el tema de la electrónica... fue un tema complicado", me dice Manfred.

El conjunto cada vez mayor de métodos tecnológicos para enviar señales, como el uso de relojes Apple, no estaba prohibido explícitamente por las reglas de la MLB. "Las reglas no estaban claras", dice. "La ejecución fue extraordinariamente difícil cuando lo piensas todo".

Pero el trabajo del comisionado es aclarar y hacer cumplir las reglas, incluso las vagas. Un estribillo común de aliados y críticos es que Manfred es deliberado hasta el extremo --"demasiado abogado", dice un exejecutivo de la MLB-- cuando se enfrenta a una crisis que requiere una acción rápida.

Efectivamente, Manfred ofrece una defensa legal por su reacción deliberada, citando la necesidad de dar aviso antes de cambiar y hacer cumplir las reglas.

"Hay que conseguir que la gente acepte la idea de que se van a aplicar sanciones más estrictas", dice. "Puede que no siempre sea tan rápido como a la gente le gustaría".

Pero le recuerdo a Manfred que perdió la oportunidad de enviar un mensaje inequívoco a toda la liga cuando los Yankees fueron atrapados usando un teléfono en el banquillo para enviar señales durante la temporada 2015 y parte del 2016. Manfred multó a los Yankees con $100,000, una palmada en la muñeca. La sanción se hizo pública recién este pasado mes de abril. Si la sanción contra los Yankees hubiera sido mucho más severa, y hubiera sido ampliamente publicitada en ese momento, ¿habría enviado un fuerte mensaje de disuasión a los 30 equipos, incluidos los Astros?

"Mira, creo que la respuesta a esa pregunta es realmente temporal", dice, mostrando un destello de irritación y no sonando tan duro como dice. "Los Astros estaban sobre aviso, ¿verdad? Habíamos emitido un conjunto de regulaciones que no solo aclaraban exactamente qué no estaba permitido, sino que también indicaban que las sanciones... iban a ser dramáticamente diferentes".

Manfred también rechazó los llamados generalizados para dejar vacante el título de la Serie Mundial 2017 de los Astros, argumentando que era imposible que un comisionado cambiara retroactivamente un resultado en el campo, incluso una carrera por el campeonato mejorada por trampas en todo el equipo. En una entrevista de febrero de 2020 con ESPN, Manfred dijo: "La idea de un asterisco o pedir una pieza de metal en la espalda parece un acto inútil". En Twitter, #FireManfred fue tendencia durante horas. Dos días después, se disculpó.

Ahora lo llama uno de sus mayores errores. "Lo lamento porque es una falta de respeto al juego", me dice Manfred. "También me arrepiento porque estaba a la defensiva por algo".

La temporada pasada, Manfred se movió con mucha más velocidad cuando se enfrentó a los lanzadores que aplicaban sustancias pegajosas a las pelotas de béisbol. Los números ofensivos se hundieron. A mitad de temporada, Manfred cambió las reglas para permitir que los árbitros inspeccionaran los guantes de los lanzadores después de cada media entrada.

"No iba a esperar hasta el final de la temporada para hacer algo", dice un propietario. "No esta vez."

El escándalo de los Astros ha dado pie a nuevos argumentos en la tercera petición de reintegro de Pete Rose, ahora sobre el escritorio de Manfred. El comisionado Bart Giamatti prohibió de por vida al líder de hits de todos los tiempos de 81 años por apostar en los juegos de los Reds como jugador y mánager y luego mentir a los investigadores de la MLB. Los abogados de Rose argumentan que Rose recibió un trato desigual porque fue suspendido de por vida, pero los jugadores de los Astros no recibieron ningún castigo.

Le pregunto a Manfred si mantener a Rose en la lista de no elegibles es hipócrita después de que la MLB acogió con entusiasmo las apuestas legales a través de lucrativos patrocinios y apuestas en vivo que ahora saturan las transmisiones de juegos.

"La regla 21, la prohibición de los juegos de azar, se considera la regla más importante en el béisbol", dijo Manfred. "Es la base para garantizar que nuestros fanáticos vean una competencia justa y total, sin verse afectada por ninguna fuerza externa, en el campo".

Él dice que escuchará a Rose. "Pete tendrá la oportunidad de entrar y ser escuchado, si eso es lo que quiere hacer, antes de que yo tome una decisión", dice Manfred.


CUANDO LE PREGUNTO a Manfred de qué está más orgulloso como comisionado, curiosamente no menciona ni un solo logro. En cambio, cita algo que ha evitado que suceda: no se ha perdido ni un solo juego de la temporada regular.

"Cuando llegué al béisbol en 1998, vine internamente, mi objetivo principal era romper la serie de negociaciones, cada una de las cuales había resultado en algún tipo de pérdida de juegos", dice. "Obviamente, este fue más difícil, pero mantuvimos viva la racha, y creo que eso es lo más importante para los fanáticos".

Este fue el cierre patronal de 99 días. Una parte del calendario de 162 juegos de esta temporada casi se perdió, en cuestión de horas, antes de que los propietarios y los jugadores acordaran un nuevo contrato colectivo de cinco años el 10 de marzo. La palabra "lucha" es una forma bastante benigna de describir el choque titánico de los propietarios con el sindicato de jugadores revitalizado y altamente motivado, dirigido por Tony Clark, quien se negó a ser entrevistado para esta historia, y un abogado agresivo y veterano llamado Bruce Meyer. Los jugadores habían perdido terreno en los últimos dos convenios colectivos y no querían repetir. El salario medio de los jugadores cayó de $1.65 millones en 2015 cuando Manfred se convirtió en comisionado a $1.4 millones en 2019 y era de $1.2 millones al comienzo de esta temporada, según informes publicados. Las carreras de los jugadores promedio también son más cortas; a partir de 2019, los jugadores promediaron 3.71 años en MLB, según datos sindicales, frente a 4.79 en 2003.

La profunda desconfianza de ambas partes, agravada por las acusaciones de que los propietarios se habían coludido y utilizado otros métodos tortuosos para limitar los salarios de algunos jugadores, empeoró en 2020 cuando la pandemia de COVID-19 se desató, los estadios de béisbol estaban vacíos y parecía que se había perdido una temporada completa. En junio de 2020, Manfred aseguró a los fanáticos que, a pesar de la pandemia, estaba 100% seguro de que habría béisbol. Cinco días después, anunció que la temporada estaba en peligro.

"No estoy seguro", dijo. "Es simplemente un desastre para nuestro juego, no hay duda al respecto".

Después de reunirse con Clark en Arizona, Manfred aseguró a los propietarios que había llegado a un acuerdo para una temporada de 60 juegos. Pero un día después, el sindicato pidió 10 juegos más y más dinero para los playoffs, y Clark negó públicamente que se hubiera llegado a un acuerdo tentativo. Los propietarios estaban furiosos con Manfred. Después de todo, les había asegurado que se había hecho un trato. Públicamente, Manfred y los líderes sindicales intercambiaron airadas acusaciones de mala fe, y los fanáticos se sintieron aún más frustrados. Finalmente, Manfred hizo lo que tenía derecho a hacer meses antes: impuso una temporada de 60 juegos, y el sindicato luego presentó una queja de $500 millones contra MLB.

Manfred lamenta profundamente "este asunto público" en el que se había metido con el sindicato de jugadores sobre la insistencia de los jugadores de que se les pagara por una temporada completa con fanáticos. "Estúpido", ahora lo llama. Pero sintió que no tenía otra opción: "Tuve 30 [propietarios] que decían: '¿Qué diablos vas a decir?' Son como, '¿Eres un felpudo aquí?'", Dice. "Mi credibilidad estaba en juego, con mis jefes".

Las duras críticas de los jugadores contra Manfred fueron "tácticas", dice, y vienen con el territorio. "Creo que el sindicato hizo un trabajo efectivo con la táctica de convertirme en un problema en las negociaciones", dice Manfred ahora. "Resultó en mucha negatividad".

Pero Clark y Meyer, el principal negociador del sindicato de jugadores, discuten que las críticas públicas (y privadas) de los jugadores a Manfred sean tácticas.

"La sugerencia de que las opiniones negativas de los jugadores sobre el Sr. Manfred de alguna manera no fueron sinceras o fueron orquestadas por el sindicato es un intento desafortunado de desviar y evitar asumir la responsabilidad por las acciones de la liga, que los propios jugadores vieron y escucharon de primera mano", dijo Clark en una declaración.

Ese tipo de crítica afecta a Manfred, particularmente cuando las cosas que se dicen o escriben sobre él o el juego son "palpablemente falsas", dice. "Algunos días simplemente dices, estoy cansado de esto. ¿Por qué tengo que escuchar esto?" Pero agrega: "Soy una persona feliz. Literalmente soy una persona feliz. Si dejo que me carcoma, no sería una persona feliz. Realmente, lo digo en serio".

Más de una vez, Manfred me dice que servir como un amortiguador humano que absorbe la mayor parte del calor de sus jefes multimillonarios es una parte fundamental de su trabajo. Pocos comisarios se atreven a admitir públicamente tal cosa, aunque sea obvio para muchos aficionados.

"Cada vez que soy yo, no es uno de esos 30 tipos -- eso es bueno", dice Manfred. "Mira, ¿quién diablos soy yo? No tengo $2 mil millones invertidos en un equipo. Solo soy un tipo que intenta hacer un trabajo. Lo digo en serio. Se merecen esa capa. Creo que se merecen esa capa de protección. Soy la cara del juego, para bien o para mal".

NO MUCHO ANTES de que ordenara el cierre patronal a fines de 2021, Manfred me dijo que los jugadores de Grandes Ligas tienen "la mejor oferta" entre las cuatro principales ligas deportivas de Estados Unidos: "Solo una no tiene tope salarial. Solo una no tiene derechos de preferencia, ni etiquetas de franquicia, mayor cantidad de dólares garantizados. Tienen el mejor plan de pensión y salud y bienestar. Todo lo que tienen es lo mejor en el deporte en este momento".

Y cuando se avecinaba el cierre patronal, Manfred dijo: "Solo hay un tipo de pérdida en el trabajo -- cuando no hay trato. Si hay un trato, siempre es una victoria". Para sus jefes, un nuevo convenio colectivo parecido a los dos anteriores, en el que los dueños se aprovecharon de los jugadores, sería una gran victoria. Pero el liderazgo sindical estaba decidido a reducir una serie de ganancias económicas de los propietarios.

Durante los primeros 43 días del paro, la posibilidad de un acuerdo parecía poco probable porque las dos partes no se reunieron ni una sola vez. Los jugadores expresaron su enojo por el proceso -- la MLB enfureció a los jugadores al eliminar a todos los jugadores del sitio web de la liga cuando comenzó el cierre patronal, dice una fuente sindical -- y contra Manfred, en particular. La mala sangre se remonta a su enfrentamiento con el sindicato por la temporada acortada por la pandemia y su comentario de que el trofeo de la Serie Mundial era "un trozo de metal", dicen fuentes del sindicato y jugadores.

"Si quieres poner a un grupo de 1,200 jugadores en tu contra, son comentarios como ese", dice Andrew Miller, un lanzador veterano de 37 años recién retirado que tuvo un asiento en la mesa de negociaciones el invierno pasado. "Nuestro liderazgo sindical no tiene que decirles a 1,200 muchachos que se molesten. Cuando ese titular toma el control, es una buena manera de crear esencialmente esa dinámica y frustración y sentir que no aprecias el juego. Creo que a la mayoría de nosotros nos gustaría asumir que Rob tiene cierto aprecio por el juego".

"¿Qué ha hecho para mostrar a los fanáticos que ama el béisbol?" el lanzador de los Red Sox, Rich Hill, le dijo al Boston Sports Journal en febrero. Hill acusó a Manfred de "matar el juego ... Dentro de diez años, diremos: 'Por Dios, ¿qué pasó con el béisbol?'"

Manfred no asistió a ninguna sesión de negociación hasta fines de febrero porque decidió delegar en Dan Halem, comisionado adjunto y principal asesor legal de la MLB, como negociador principal. Fue entonces cuando ambas partes se atrincheraron durante una semana dentro de una sala de conferencias con vista al campo en el Estadio Roger Dean Chevrolet en Jupiter, Florida. A medida que se acercaba la primera fecha límite impuesta por la MLB, la brecha económica se redujo.

Manfred estaba seguro de que ambas partes estaban a punto de llegar a un acuerdo el domingo 27 de febrero por la noche, menos de 48 horas antes de que anunciara la cancelación de la primera semana de la temporada regular. Manfred dice que no contó con detalles de las conversaciones que se filtraron de inmediato en las redes sociales de algunos jugadores, agentes -- e incluso algunos escritores de béisbol que recurrieron a Twitter y otras plataformas para criticar un trato que dijeron o sugirieron que era malo para los jugadores.

Con creciente furia, Manfred vio cómo se desarrollaban las críticas en su teléfono celular. En su opinión, la oposición de las redes sociales ayudó a endurecer la resolución de los jugadores contra un acuerdo que había parecido estar al alcance. Luego vino el aplazamiento del Día Inaugural, y esa sonrisa.

Cuando visité a Manfred en la sede de la MLB poco después de que se firmó el contrato colectivo de trabajo, él saltó a una sala de conferencias, se dejó caer en una silla e inmediatamente se lanzó a despotricar contra los jugadores y los miembros de los medios no identificados, dice que aceptó el mensaje del sindicato. "Se supone que debes cubrir la historia -- no ser parte de la historia. Quiero decir, no soy periodista, pero incluso yo lo sé. Creo que es una especie de Regla 1, ¿verdad?" Manfred dice.

Luego, Manfred describe una conversación reciente con el Secretario de Trabajo, Marty Walsh, sobre la forma en que las redes sociales impactan las negociaciones laborales en tiempo real. "Me siento como un maldito dinosaurio", recuerda Manfred que le dijo a Walsh. "Rob", respondió Walsh, "las redes sociales han cambiado la negociación".

Meyer, el principal negociador del sindicato, dice que el acuerdo estaba lejos de cerrarse entonces y que la "versión de los hechos (de Manfred) es total y absolutamente falsa. No guarda relación con la realidad". Meyer dice que el 27 de febrero le había dicho a Halem, el principal negociador de la MLB, que los jugadores todavía estaban muy separados en varios temas económicos clave. "Esa noche escuchamos que la liga estaba tratando de convencer a los medios de que estábamos cerca de llegar a un acuerdo", dice Meyer, y agrega que el sindicato tuvo que negar esos informes. La sugerencia de que las conversaciones en las redes sociales de jugadores o miembros de los medios habían acabado con un trato inminente "fue totalmente inventado", dice. "Una estrategia de relaciones públicas torpe y obvia para presionar y culpar al sindicato".

Solo una semana después de la sonrisa de Manfred, y con más juegos en peligro de cancelación, la propuesta final de MLB fue ratificada por el sindicato, 26-12. Los ocho miembros del subcomité ejecutivo votaron en contra, pero las bases del sindicato votaron 26-4 a favor. Manfred ahora dice que una temporada de 162 juegos se salvó en cuestión de horas. Entre los aspectos más destacados: el salario mínimo de los jugadores se elevó a $700,000, la postemporada se amplió de 10 a 12 equipos y se elevó el impuesto de equilibrio competitivo que sirve como umbral para el salario total del equipo. Los equipos que excedan el total máximo --$230 millones de dólares este año -- deben pagar impuestos de lujo. Se superó un obstáculo final para los propietarios cuando el sindicato cedió en los cambios de reglas, lo que le dio a Manfred la libertad de acción para hacer esos cambios.

Desde el punto de vista del sindicato, se lograron logros económicos históricos, incluido el aumento más grande en un solo año en el salario mínimo. Manfred responde a la pregunta de si sus jefes creían que habían vencido al sindicato nuevamente, aunque algunos propietarios están contentos de que los jugadores no se fueran con ganancias económicas aún mayores. "Mira, no creo que haya un lado que haya ganado", dice Manfred. "Tomó demasiado tiempo, probablemente, fue un poco desagradable, pero las partes se comprometieron y llegaron a un acuerdo que creo que será bueno para el juego a largo plazo".

No importa cómo vean la letra pequeña del acuerdo colectivo, los propietarios parecen encantados con el desempeño laboral de Manfred. ¿Y por qué no lo estarían? A pesar de su variedad de problemas, las fuentes de la liga dicen que el béisbol se ha convertido en un deporte de más de $10 mil millones al año, frente a los $8 mil millones de cuando Manfred se convirtió en comisionado. A los propietarios también les encantó la reorganización de las ligas menores de Manfred en 2020, y en la última década, las valoraciones de las franquicias se han más que cuadruplicado. No es sorprendente que los multimillonarios quieran entrar y que se avecine la expansión. "Me encantaría llegar a 32 equipos", me dice Manfred.

Y los dueños han recompensado a Manfred con un contrato anual de $17.5 millones -- más bonos de rendimiento, el paquete de pago ha superado los $25 millones -- que vence después de la temporada 2024.

"Rob es un tipo implacable centrado en el éxito", dice McGuirk, presidente de los Braves. "Hay muy pocos días de inactividad mirando el negocio del béisbol con Rob a la cabeza. Si tuviéramos que volver a firmar con él, lo haríamos con creces 10 veces".


CASI POR ACCIDENTE, Manfred encontró un defensor elocuente para ayudar a mejorar el juego. En septiembre de 2020, Theo Epstein escribió una extensa carta a Manfred. Era una especie de manifiesto que esbozaba las ideas de Epstein para los cambios de reglas que transformarían el juego al transportarlo, como una máquina del tiempo, a su pasado no tan lejano, más rápido y más divertido. "Todo cambio no siempre conduce a algo nuevo", dice Epstein. "El cambio también puede ser restaurador de ciertas maneras".

A Manfred le gustó tanto la carta de Epstein que lo contrató como consultor de la MLB.

"Él no quiere ser esclavo de la tradición y está decidido a modernizar el juego de una manera importante y efectiva", dice Epstein. "Pero tampoco quiere reinventar la rueda y hacer cambios por cambiar y traicionar la historia del juego".

Hace casi tres décadas, el bateador promedio de la MLB bateaba para .265; hoy el bateador promedio batea para alrededor de .240. La tasa de ponches en 1980 fue del 12.5%; la temporada pasada fue del 23.2%, y esta temporada se sitúa en el 22.2%. Epstein dice que durante la primera mitad de 2021, la tasa de ponches fue más alta que durante las carreras de los lanzadores de fuego Nolan Ryan y Roger Clemens. "No debería ser escandaloso tratar de recrear el equilibrio ... al que todos nos acostumbramos cuando nos enamoramos del juego", dice Epstein.

La forma más segura de recrear ese equilibrio es el reloj de lanzamiento, dicen los defensores del cambio de reglas.

Un reloj de lanzamiento le daría a un lanzador 14 segundos entre lanzamientos sin corredores en base; 18 o 19 segundos con corredores puestos. Ahora hay un promedio de 23.8 segundos entre lanzamientos. Con la ayuda de probar y refinar el cronómetro de lanzamiento en su laboratorio de ligas menores, MLB proyecta que un cronómetro de lanzamiento reduciría un promedio de 30 minutos de los tiempos de juego, acercándose al "ideal" de los fanáticos de 2 horas y 30 minutos. Manfred dice que el reloj de lanzamiento representa una de las mejores maneras para que el béisbol compita mejor en un mundo de innumerables opciones de entretenimiento y períodos de atención cada vez más reducidos.

Los puristas, y algunos jugadores, lo odian. Los poetas laureados del juego, desde Angell hasta Updike, han hablado con lirismo sobre la atemporalidad del béisbol, el único deporte sin reloj. Y decenas de veteranos de alto perfil desprecian la idea. "Creo que el béisbol es un deporte hermoso con menos reglas", me dijo Miller. "Algo sobre un reloj en un campo de béisbol simplemente no se siente bien".

Epstein está de acuerdo en que introducir un reloj de lanzamiento es "un concepto aterrador ... No me encantó cuando lo escuché por primera vez hace 10 años".

Pero los resultados del ritmo de juego han captado la atención de todos. En la Clase A baja Oeste la temporada pasada, el reloj de lanzamiento recortó 21 minutos del tiempo promedio de juego. Aún más sorprendente, la liga tuvo el segundo promedio de anotaciones más alto en el béisbol de ligas menores, una correlación aparentemente incongruente entre juegos más cortos y más anotaciones, el punto ideal que busca Manfred. Quizás aún más sorprendente, los jugadores, entrenadores y fanáticos lo aceptaron con entusiasmo. Una encuesta interna de MLB de 2021 muestra que todos los cambios de reglas introducidos en las menores se habían vuelto más populares al final de la temporada, y ninguno más que el reloj de lanzamiento.

En una reunión de propietarios en Orlando, los ejecutivos de la MLB mostraron un video uno al lado del otro de los juegos de las ligas menores y las ligas mayores, uno con un reloj de lanzamiento y otro sin él. Los propietarios quedaron estupefactos por la diferencia. "No podía creerlo", dice DeWitt, el dueño de los Cardinals. DeWitt y la mayoría, si no todos, de sus compañeros propietarios están tan frustrados por el ritmo lento del juego que no pueden esperar a que se presente el reloj de lanzamiento. "Creo que a algunos propietarios no les importaría que todos los juegos fueran de solo siete entradas", dice Manfred. "Eso ciertamente no es una prioridad en mi agenda".

Otro video uno al lado del otro, con Epstein haciendo la voz en off, compara una secuencia de dos bateadores en las ligas menores y mayores. Ambos videos incluyeron un ponche de tres lanzamientos y una base por bolas de cinco lanzamientos. En las grandes ligas, la secuencia era 45 segundos más larga. "Si extrapolas eso durante un juego completo, fue 28 minutos más", dice Epstein. "No solo ahorras tiempo -- los juegos de reloj de lanzamiento son como los juegos de los años 70 y 80 ... Hay un gran ritmo natural; es la forma en que se supone que debe ser el juego".

Y luego, en lo que podría ser el eslogan que promociona el reloj de lanzamiento, Epstein dice: "No se supone que un lanzamiento sea un espectáculo de 30 segundos".

Las transmisiones de video muestran que los fanáticos detrás del plato en los juegos de la MLB a menudo se distraen con sus teléfonos celulares, dice Morgan Sword, vicepresidente ejecutivo de operaciones de la MLB y uno de los principales "creyentes" de Manfred en la belleza del reloj de lanzamiento. En las menores, los fanáticos parecen más concentrados en la acción porque con un reloj de lanzamiento, si miras hacia otro lado por mucho tiempo, es más probable que te pierdas algo. Un reloj de lanzamiento también mantiene a más fanáticos en sus asientos más adentro de los juegos. "Piensa en el aficionado casual. Llegas a la marca de las dos horas y estás en la parte alta del quinto", dice Sword. "Y miras a tu esposa y dices, 'No nos quedaremos hasta el final. ¿Por qué no nos vamos de aquí?'"

Las reformas de arbitraje son otro camino hacia un ritmo más rápido.

El tiempo promedio para las revisiones de reproducción de video de las llamadas de los umpires esta temporada es de 1 minuto, 37 segundos, o sea, 21 segundos más que el año pasado. En 2024, dice Manfred, es probable que se presente el sistema automatizado de zona de bolas y strikes, o como se le llama comúnmente, "umpires robot". Una posibilidad es que el sistema automatizado llame a cada lanzamiento y transmita las bolas y los strikes a un umpire de home a través de un auricular. Otra opción es un sistema de revisión de repetición de bolas y strikes en el que cada manager recibe varios desafíos por juego. El sistema se está probando en las ligas menores y ha reducido nueve minutos adicionales de la duración promedio de los juegos esta temporada, según muestran los datos de la MLB. "Tenemos un sistema de zona de strike automatizado que funciona", dice Manfred.

Él se niega a calificar el desempeño general de los umpires de la MLB esta temporada -- los fanáticos están disgustados, por decirlo educadamente -- e insiste en que la adaptación de los umpires robot no debe verse como una crítica de sus habilidades.

Los cambios que Manfred quiere parecen ser una conclusión inevitable. Bajo el contrato colectivo anterior, Manfred tenía el derecho de cambiar unilateralmente las reglas una temporada después de dar aviso al sindicato. "Principalmente bajo mi liderazgo", dice, "hemos sido deferentes en términos de tratar de hacer cambios en el juego", un retraso que ha agravado a muchos propietarios. Ahora, Manfred tiene derecho a cambiar las reglas 45 días después de la aprobación de un nuevo comité de competencia, que tendrá su primera reunión en 2023 -- una formalidad ya que el comité está en favor de los propietarios.

Aún así, Manfred está buscando un amplio consenso. Se ha embarcado en una campaña en toda la liga para convencer a los jugadores de que los próximos cambios son lo mejor para el juego. Ya ha visitado la mitad de los camerinos de la MLB para responder las preguntas de los jugadores y tratar de obtener apoyo para los cambios en las reglas, especialmente el reloj de lanzamiento.

La ex estrella de la MLB, Raúl Ibáñez, vicepresidente senior de operaciones en el campo de la MLB, se une a Manfred para las sesiones en el clubhouse. "Son los expertos en el campo, y obtener su perspectiva y sus comentarios es importante", dice Ibáñez. "Cuando los jugadores salen de las reuniones, los comentarios han sido abrumadoramente positivos". Ibáñez se negó a discutir cuántos jugadores han expresado su oposición al reloj de lanzamiento y otros cambios de reglas propuestos, aunque las fuentes dicen que algunos jugadores se oponen rotundamente. Es un desafío para Manfred, en parte, por cómo algunos jugadores lo ven a él y sus motivos. "No puedo decirles cuántas veces escuché de la gente del club, los jugadores, la gente que trabaja para nosotros, que los jugadores odian a Rob", dice Halem, el comisionado adjunto. "Es como la forma en que el sindicato ha posicionado esto con los jugadores -- todos tus problemas en la vida son ese tipo en Nueva York al que no le gusta el béisbol".

Manfred niega la noción de que cada cambio de regla está siendo impulsado únicamente por él. "Esta no es una cruzada de Rob Manfred en términos del juego", dice. "Estas no son opiniones personales. Estas son, ya sabes, opiniones basadas en investigaciones a las que cualquier empresa debería prestar atención".

Como dice Halem, Manfred ahora necesita ser un vendedor, un evangelista del futuro del béisbol. Su campaña requerirá una mezcla de diplomacia, persistencia y un toque suave. "Creo que he tratado de ser positivo sobre nuestro deporte", dice Manfred. "Creo que el punto difícil es que, incluso si amas algo, si reconoces que el cambio debe venir y hablas de eso, la gente lo toma como negatividad. No lo veo de esa manera. Lo veo desde la perspectiva de, 'Amo la institución, amo el juego y quiero que sea todo lo que puede ser'".

ROB MANFRED Y yo caminamos uno al lado del otro en el silencioso Salón de la Fama del Béisbol, pasando las placas de bronce que honran casi un siglo de los inmortales del juego. Son poco más de las 9 a. m. de aquel día de septiembre pasado cuando Derek Jeter y la clase de 2020 serán admitidos en Cooperstown.

Tenemos el lugar para nosotros solos, y el comisionado está de buen humor. Como un hombre que acepta su papel de guardián del juego, habla a menudo sobre la "institución del béisbol" como central en la cultura estadounidense -- y sobre la importancia de que él y sus colegas hagan todos los cambios correctamente. La falta de protección y preservación del béisbol podría perjudicar a ... Estados Unidos.

"Si cometes un error en la tutela del juego, deshaces o dañas una parte de nuestra cultura que creo que es importante", me dice. "Y significativo de una manera que es diferente, con el debido respeto, a otros deportes".

"Veo la institución del béisbol como importante para la cultura estadounidense".

Manfred dice que nada es más importante que presentar el béisbol a la próxima generación de aficionados. El béisbol necesita gente joven y Manfred está tratando de avivar la historia de amor. "Espero que emprendamos iniciativas que den como resultado que el béisbol se transmita a la próxima generación", dice, "de la forma en que se le heredó a nuestra generación".

Silenciosamente, ha invertido decenas de millones de dólares del dinero de sus jefes introduciendo el béisbol a los jóvenes de todo Estados Unidos. Manfred dice que jugar béisbol de niño es "el factor determinante número uno para saber si alguien es fanático, como adulto". La inversión de $40 millones al año -- un aumento del 500% desde que Manfred se convirtió en comisionado -- es "el mejor dinero que gastamos cada año", dice. El ex ejecutivo de los Angels, Tony Reagins, a quien Manfred contrató como director de desarrollo del béisbol, dice que la inversión ya ha dado resultados en el crecimiento del juego entre los niños.

En todas mis conversaciones con él, Manfred habla repetidamente de presionar para evangelizar el juego a su manera, incluso cuando sigue respondiendo, o ignorando, a las críticas.

El año pasado, Manfred fue criticado por algunos por su decisión de trasladar el Juego de Estrellas 2021 de Atlanta a Colorado después de que los funcionarios de Georgia aprobaran una ley de votación que, según los opositores, tenía como objetivo suprimir los votos entre los votantes minoritarios. McGuirk, presidente de los Braves, calificó la decisión de Manfred como "un puñetazo en el estómago ... No obtuve lo que quería. Mi franquicia sufrió pérdidas".

Luego, en mayo de este año, una primaria de Georgia tuvo una participación anticipada récord. Los críticos dijeron que era una prueba de que MLB tomó la decisión equivocada de sacar el Juego de Estrellas de Atlanta, lo que le costó a la ciudad más de $100 millones en ingresos por turismo. "Al final del día, fue mi decisión y mi responsabilidad", dice Manfred sobre mover el Juego de Estrellas, negando que lo motivara alguna presión externa.

"Con los hechos que existían en ese momento, creo que tomaría la misma decisión", dice. "Tengo que decir que ahora hemos pasado por un ciclo electoral en Georgia. Me alegro de que haya una gran participación de votantes. Sé que algunas personas dirán que eso prueba que no estabas preocupado por nada. Pienso que otra manera de mirarlo es que tal vez llamamos la atención sobre un problema que la gente salió a votar en mayor número debido a esa atención. No sé cuál es la respuesta. Creo que en el mismo contexto, tomaría la misma decisión".

Y hay preguntas y quejas en curso sobre si Rawlings, ahora copropiedad de MLB, está modificando deliberadamente las especificaciones de fabricación de la pelota de béisbol, ya sea para estimular o amortiguar las pelotas. No, dice Manfred: "Nuestra pelota de béisbol es un producto hecho a mano. ... Siempre va a haber una variación, de una pelota de béisbol a otra, porque son materiales naturales y están hechos a mano".

Muchos fanáticos también se quejan de que demasiadas cadenas ahora transmiten partidos de la MLB, muchas detrás de muros de pago. Los aficionados dicen que los juegos son difíciles de encontrar y acceder, y las reglas de bloqueo siguen siendo irritantes. "Nuestra prioridad comercial número uno en este momento es el alcance", dice Manfred. El tema fue una discusión principal en una reunión de propietarios en junio. "Créanme", dice, "odiamos los bloqueos tanto como los fanáticos". Manfred señala que las cláusulas de bloqueo están escritas en los acuerdos de transmisión -- que él ha supervisado -- pero dice que ahora es una "máxima prioridad" para MLB eliminarlas gradualmente.

Después de la Serie Mundial de 2024, el contrato actual de Manfred expirará. Tendrá 66 años.

"Realmente no he tomado una decisión sobre lo que voy a hacer, si quiero continuar", dice. "Sabes, me encanta el trabajo. Pero realmente no he tomado una decisión sobre lo que sigue".

Más tarde este verano, Manfred completará su recorrido por los clubes de los equipos en toda la liga, buscando la aceptación de un nuevo juego que se avecina. "Si tuviera un historial de ser franco y honesto, los jugadores podrían confiar más en él y no tener que cuestionar sus acciones", dice Miller. "Ahí no es donde estamos".

No son solo los jugadores los que necesitan convencerse de la doctrina Manfred. Los fanáticos también.

"A veces peleamos con él por algunas de estas cosas", me dice Halem, el comisionado adjunto. "La mayoría de las veces el público lo ve ... se trata de conflictos y peleas o defender escándalos o cosas malas. Y es muy difícil cuando es tu trabajo defender clubes, defender dueños, y esa es la forma en que el público te ve"

¿Acaso Manfred se siente incomprendido por los fanáticos? Hace una pausa antes de responder.

"Oh, no sé lo que pienso sobre esa pregunta, para serte sincero. Creo que como todo ser humano, me gustaría que la gente tuviera una impresión positiva de mí y del trabajo que hago", dice. "Pero trato de no preocuparme demasiado por lo que dice la gente porque te quedas atrapado en eso y afecta tu proceso de toma de decisiones".

En cuanto a cómo espera ser recordado como comisionado, Manfred dice simplemente: "Quiero asegurarme de que el béisbol regrese al menos a donde estábamos, si no incluso mejor".

Pero, agrega entre risas, los fanáticos probablemente lo recordarán como "ese tipo loco en Nueva York" que no podía dejar de trastear con el béisbol: "Eso va a estar en mi lápida: 'Jugueteó con el juego hasta que se deshicieron de él'".

Don Van Natta Jr. es escritor sénior en ESPN. Comuníquese con él en Don.VanNatta@espn.com. En Twitter, su identificador es @DVNJr. John Mastroberardino de ESPN contribuyó a este informe.