Edgar Martínez: final feliz para un camino agónico hacia Cooperstown

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¿A qué atribuye Edgar Martínez su entrada a Cooperstown? (2:33)

El 5º boricua en entrar al Salón de la Fama tuvo que esperar 10 años para concretar la misma, pero el cambio de mentalidad de los votantes por el porcentaje de embasamiento (OBP) concretó su elección. (2:33)

Para Edgar Martinez, el camino hacia Cooperstown fue agónico, casi torturante, en el que varias veces fue del desánimo a la esperanza durante diez años de espera.

En su último año de elegibilidad, el sempiterno bateador designado de los Seattle Mariners recibió la esperada llamada.

Creo que ya estaba preparado por el tiempo que había esperado. Aunque a mitad del proceso pensaba que nunca iba a recibir la llamada, los últimos tres años tenía esperanzas nuevamente”, le confesó en entrevista a Marly Rivera.

“En ese momento uno piensa en todos los años que jugué en las Ligas Menores, en todas las personas que me ayudaron y fueron bien importantes en mi carrera”.

Para Martínez, su promedio de embasamiento de .418 de por vida, el decimoctavo más alto de todos los tiempos, fue la estadística que terminó de meterlo en el Templo de los Inmortales.

“En los últimos años los escritores le han dado mayor importancia al OBP, le han dado mucho más crédito en estos años. Eso significa que no estás siendo out. O por hit o por base por bolas, estás llegando a circulación y ayudando a ganar a tu equipo”.

Modesto y reservado, el pelotero de raíces puertorriqueñas no siempre estuvo consciente de sus posibilidades de llegar al Salón de la Fama, donde será exaltado este fin de semana junto al panameño Mariano Rivera, Harold Baines, Lee Smith, Mike Mussina y el fallecido Roy Halladay.

“Hasta los años finales de mi carrera no pensé en la posibilidad de entrar. Pero ya en ese momento varias personas empezaron a hablarme de eso y sólo de pensar que tengas esa posibilidad, ya es un gran honor”, dijo Martínez, quien se unirá a Roberto Clemente, Orlando Cepeda, Roberto Alomar e Iván Rodríguez en el contingente boricua en Cooperstown.

“Clemente fue la primera persona por la que me decidí a jugar béisbol. Luego Cepeda y Tany Pérez fueron de mis mayores ídolos. Alomar y Rodríguez son amigos, con los que coincidí en los terrenos”.

“Pero Clemente no es sólo uno de los mejores peloteros de la historia, sino también fue grande por lo mucho que aportó a la comunidad y ofreció a la sociedad”, manifestó Edgar, partidario de la campaña #Retire21, que aboga por retirar de todos los equipos el número del Cometa de Carolina, como MLB hizo con el 42 de Jackie Robinson.

Quizás el mayor freno que impidió a Martínez llegar antes a Cooperstown fue su trabajo casi a tiempo completo como bateador designado.

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Edgar Martínez: Un honor estar al lado de leyendas

El legendario bateador designado boricua dijo que no comenzó a pensar en su posible entrada al Salón de la Fama hasta la parte final de su carrera en Grandes Ligas.

Pero su exaltación, junto a la de Baines, finalmente, cree que les abrirá las puertas a otros bateadores designados en el futuro.

“¿El próximo? Definitivamente David Ortiz. Tuvo una carrera buenísima. Tiene los números y los méritos. Él debe ser el próximo”, agregó Edgar, quien tuvo también como ídolos en sus años juveniles a George Brett y Tony Gwynn, también miembros del Salón de la Fama.

“Me gustaba en tipo de bateadores que eran, no tanto de poder, sino de contacto”, explicó el puertorriqueño, quien no comparte la visión de muchos bateadores de hoy, que sólo buscan elevar la pelota.

“Cuando sólo tratas de elevar la pelota para buscar los jonrones provocas más outs, porque tu porcentaje de contacto va a ser más bajo. Si estás en cuenta de dos strikes, tienes que tratar de chocar la bola y ponerla en juego”, explicó quien fue una verdadera maquinaria de batear.

Y si Clemente fue su primer ídolo y Brett y Gwynn los de sus años juveniles, Edgar no duda al mencionar a quien considera el mejor pelotero de su generación.

“Ken Griffey Jr. Nadie como él. No sólo porque tenía las cinco herramientas y era capaz de batear para fuerza y promedio, fildear, tirar y correr, sino porque tenía instinto. Eso es algo que no se aprende y no todo el mundo puede desarrollarlo”.