La lucha de Roy Halladay contra el dolor, la depresión y las adicciones

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El último vuelo de Roy Halladay (3:58)

El 7 de noviembre de 2017, el avión anfibio de Roy Halladay se estrelló en el Golfo de México, cerca de Tampa al oeste de la costa de la Florida. Esta animación muestra los momentos finales antes de la muerte del lanzador del Salón de la Fama. (3:58)

STEVE TRAX SE encontraba en su oficina en Reston, Virginia, no muy lejos del Aeropuerto Internacional Dulles (que sirve al área metropolitana de Washington, D.C.), cuando sonó el teléfono. Eran mediados del mes de octubre de 2013, cerca de las 11 a.m. Brandy Halladay estaba al otro lado de la línea y su tono de voz era de angustia.

"Él necesita ayuda. Él lo sabe. Yo lo sé", Trax recuerda haber escuchado por parte de Brandy.

Él era Roy Halladay.

Trax, de 54 años, había sido asesor financiero del matrimonio Halladay desde el año 2000, pero en ese entonces su relación se había estrechado para ir mucho más allá. Trax se había convertido en confidente, un amigo de confianza. En esa mañana de otoño, según afirma Trax, él sabía que su cliente con mayores logros profesionales, quien contaba con argumentos para ser considerado el pitcher de Grandes Ligas más dominante de su era, tenía dificultades para lidiar con "un demonio que ejercía dominio sobre él".

Roy Halladay era adicto a los analgésicos.

Se había hecho dependiente a los medicamentos para el dolor vendidos bajo prescripción médica, los mismos que había comenzado a tomar para poder lanzar, a pesar de las lesiones sufridas en la espalda y hombros.

En cuestión de minutos, Trax salió de su oficina y se dirigió a casa para empacar sus pertenencias en una maleta, mientras su asistente le reservaba boletos de avión. Al final de esa tarde, Trax se encontraba sentado frente a la mesa de la cocina en la residencia de los Halladay en Odessa, Florida, al norte de Tampa.

"Hablamos al respecto y fue unánime", expresa Trax con respecto a la decisión tomada por el trio ese día. Roy se sometería a un tratamiento contra la adicción a las drogas, internándose en un complejo ubicado en West Palm Beach.

Brandy dejó a los dos hijos de la pareja en la casa de su mejor amiga.

Roy se mantuvo callado durante el trayecto por el estado de Florida. "Fue doloroso para él. Era un hombre orgulloso. Tenía muchas cosas por las cuales sentirse orgulloso", afirma Trax.

Luego de dejar a Roy en el complejo para tratamiento contra las adicciones, Trax llevó a Brandy a su casa esa misma mañana. Brandy asistió al torneo de béisbol donde jugaba su hijo e intentaba hacer sus mejores esfuerzos para actuar como si nada hubiese ocurrido.

"Recuerdo estar sentada, frente a la acción del torneo, llorando a cántaros, intentado entender cómo mantenerse sentada y ser una mamá del béisbol, sin permitirle a la gente ver lo que sucedía realmente. ¿Cómo puedes funcionar?", afirma Brandy. "Te aislaba tanto... fue allí cuando entendí que realmente no estábamos bien".

Para 2013, Roy Halladay tenía 36 años y su carrera en el béisbol había alcanzado un nivel que le hacía aspirar a un puesto en el Salón de la Fama. Había pitcheado un juego perfecto, aparte del segundo partido sin hits ni carreras en la historia de la postemporada. Era conocido en los círculos del béisbol como un estoico caballo de batalla. Sin embargo, pocos estaban enterados de su batalla privada contra la adicción, depresión y ansiedad, luchada en los años previos a su fatal accidente de aviación, ocurrido el 7 de noviembre de 2017.

Durante ocho meses, el programa E:60 de ESPN sostuvo entrevistas exclusivas con familiares, amigos, compañeros de equipo y entrenadores de Halladay. Nuestra investigación nos arroja una imagen más completa, de un hombre cuyos últimos años de vida se vieron marcados por el dolor físico, la depresión y una adicción a los medicamentos prescritos, que le llevó a someterse a dos periodos de rehabilitación en condición de interno. Uno de dichos tratamientos se llevó a cabo cuando Halladay era miembro del roster de los Philadelphia Phillies. Antes de que su avión se estrellara, Halladay volaba de manera imprudente, contando con trazas de anfetaminas, morfina y un antidepresivo en su organismo, entre otros medicamentos.

- "Imperfect: The Roy Halladay Story", viernes 7 p.m. ET por ESPN

Para Brandy, revivir los trágicos años finales de la vida de su esposo ha sido una experiencia dolorosa pero necesaria, según confiesa la propia viuda de Halladay, mientras ella intenta darle contexto a la adicción a las drogas de su esposo, junto a las condiciones que afectaban su salud mental. Ella desea que el público conozca lo siguiente: Su esposo era un ser humano que iba mucho más allá de los monstruos que le acechaban. "No quiero que el desenlace de su historia sea: Roy Halladay es un adicto a las drogas que estrelló su avión", afirma.


HARRY LEROY HALLADAY III, o "Pequeño Roy", como llegó a ser conocido, era el hijo intermedio de Linda Halladay, ama de casa, y Harry Leroy Halladay II, o "Big Roy" ("Gran Roy"), piloto corporativo. Big Roy recuerda haber permitido a su hijo jugar con los controles de un avión cuando apenas era un bebé, además de escribir en una bitácora que él empezó para el Pequeño Roy cuando éste solo tenía 2 años.

Asimismo, Big Roy introdujo a su hijo en la práctica del béisbol, entrenándolo en T-Ball y Pequeñas Ligas. El hogar familiar, ubicado en Arvada, Colorado, población ubicada a las afueras de Denver, contaba con un sótano de una longitud aproximada de 70 pies, lo suficientemente grande como para albergar una jaula de bateo y montículo de pitcheo. El Pequeño Roy, que llegaría a ser conocido por una ética de trabajo sin paralelo, forjó esos hábitos en los entrenamientos hechos en ese sótano, los cuales duraban entre tres y cuatro horas al día, lanzando pelotas para que atravesaran una llanta colgada desde el techo y chocaran con un colchón que servía de barrera de contención.

"Apégate a la tarea hasta que ella se apegue a ti, ya que hay muchos principiantes, pero muy pocos terminan su labor", es una frase que el padre recuerda haber dicho a su hijo.

Big Roy le inculcó la responsabilidad de múltiples formas. Dibujaba una marca de tiza sobre un lote de pesas o ubicaba un sombrero por encima de un artículo deportivo para asegurarse de que su hijo cumpliera con sus entrenamientos cuando su padre no se encontraba en casa para supervisarlos. Hoy en día, existe división dentro de la familia con respecto al hecho de si Big Roy presionaba al pequeño Roy demasiado fuerte, siendo demasiado joven.

"Tal como lo veía yo, sentía que a Roy lo estaban presionando", expresa Heather, hermana menor de Halladay, agregando: "Quizás no lo hubiera intentado tan fuerte de no haber sido presionado, o quizás él se habría presionado a sí mismo. No hay manera de saberlo".

Su padre insiste en que no presionó a Roy. "En ocasiones, tenía que ser firme, pero creo que él contaba con mucha libertad en su vida", afirma. "No tenía que ser demasiado estricto con él".

Brandy y Roy se conocieron cuando Roy tenía 12 años. Ambos fueron criados bajo la fe mormona y sus padres asistían a la misma iglesia. Brandy se hizo amiga de la hermana mayor de Roy. Roy era el hermano fastidioso cuya vida giraba en torno al béisbol.

Mientras cursaba tercer año en la Secundaria Arvada West, Roy condujo a su equipo a alcanzar el campeonato del estado en 1994. En su último año, tuvo récord de 10-1 con efectividad de 0.5, tolerando apenas cinco carreras limpias durante toda la temporada. Poco después de su graduación, hizo el estirón y llegó a alcanzar 6 pies y 6 pulgadas de estatura.

El 1 de junio de 1995, un desgarbado Roy Halladay, que entonces tenía 18 años, sonrió detrás de sus frenillos en la cocina familiar, cuando fue elegido por los Toronto Blue Jays en la primera ronda del draft del Béisbol de las Grandes Ligas, ocupando el puesto general número 17.


POCO ANTES DE contraer matrimonio en noviembre de 1998, Brandy pudo ver en su esposo por primera vez algunos síntomas de lo que ella describe como "una personalidad de dependencia".

Todo empezó con un hábito de masticar tabaco, que Brandy detestaba, según afirma. Ella encontraba las latas semivacías de tabaco en todos lados: dentro de cajas de herramientas, por debajo de las plantas de la sala de estar, metidas en cajas para conservar alimentos, dentro del refrigerador.

Halladay, quien entonces tenía 20 años, desaparecía frecuentemente, a solas, para meterse dentro de una habitación en la vivienda que adquirió a las afueras de Denver, para trabajar en sus aviones a escala o ver televisión. A Brandy le parecía extraño que Roy cerrara la puerta. Ella recuerda que en una ocasión encontró una pila de bolsas vacías de whisky Crown Royal dentro de ese cuarto.

Cuando Brandy confrontó a Roy con el hallazgo, él le explicó, según ella recuerda, que él apreciaba su tiempo a solas, relajándose con unos tragos, agregando que siempre había tenido una vida controlada mientras crecía dentro de un estricto hogar mormón y por ello, estaba disfrutando de su libertad recién adquirida.


LA CARRERA DE Roy en Grandes Ligas comenzó con una explosión. En 1998, durante su segunda apertura con los Blue Jays, quedó a un out de alcanzar un partido sin hits ni carreras.

Sin embargo, para el año 2000, el elegido en primera ronda del draft por los Blue Jays parecía haberse convertido en toda una decepción. Los toleteros contrarios parecían hacer práctica de bateo con su recta, en gran medida debido al envío por encima que había aprendido cuando era un joven pitcher. Esto les permitía a sus rivales descifrar la trayectoria de sus envíos desde el inicio. Su efectividad de ese año, con 10.64 carreras limpias permitidas, sigue siendo la más alta para cualquier pitcher de Grandes Ligas con al menos 50 entradas en su haber en toda una temporada. A la primavera siguiente, los Blue Jays descendieron a Halladay a Clase A, básicamente a un nivel de quedar totalmente fuera del béisbol profesional.

"Personal y mentalmente hablando, [el descenso] aplastó a 'Doc'", recuerda Chris Carpenter, excompañero de Halladay en los Blue Jays.

Después de su primera temporada con Toronto, según recuerda Brandy, el equipo sometió a Roy a un proceso de asesoría sicológica, para ayudarle a lidiar con el fracaso, y también debido a su fuerte consumo de bebidas alcohólicas. Un compañero había expresado preocupación con respecto a la forma como Roy bebía en las giras. Debido a su hábito de beber dentro de su habitación de hotel, algunos compañeros le pusieron el apodo "Minibar".

Brandy recuerda haber visto a Roy, sentado sobre el borde de su cama en el apartamento de la pareja, ubicado en el tercer piso de un condominio en Dunedin, Florida, con lágrimas en sus ojos, diciéndole: "Saltaría por la ventana; pero con la suerte que tengo, sólo me fracturaría la pierna y tendría que ir mañana al estadio".

En ese momento, Roy y Brandy ya habían recibido a su primer hijo, Braden, quien tenía 6 meses. El matrimonio había conversado sobre la posibilidad de comprar una vivienda en la Florida, porque Roy se sentía demasiado avergonzado como para mostrar su rostro en Colorado, según recuerda Brandy.

Esa misma noche, Brandy se dirigió a la librería y le compró un libro a Roy. Actualmente, ella atribuye a ese texto la salvación de la carrera del lanzador y su matrimonio. El ejemplar del libro The Mental ABC's of Pitching ("El ABC mental del pitcheo"), escrito por el sicólogo deportivo Harvey Dorfman, se encuentra muy desgastado, con algunos resaltados o notas escritas a mano por Roy. Existe una frase en el libro que fue marcada con un simple subrayado:

"Los pitchers deben tener una idea", dice el pasaje. "Uno debe saber que algo se esta rompiendo, si quieres evitar que se rompa".

Halladay redujo su consumo de alcohol, dice Brandy. Durante su paso por Ligas Menores, Halladay perfeccionó su envío, bajando su brazo, lo que agregó un movimiento devastador a su recta. Lo más importante: Roy cambió su mentalidad con respecto al béisbol.

Carpenter, quien llegó a Grandes Ligas un año antes que Halladay, recuerda a Roy como "el chico alto y delgado" que entró al clubhouse de los Blue Jays durante los entrenamientos primaverales y parecía ser "introvertido y tímido".

Con el tiempo, ambos se hicieron amigos íntimos, que conversaban sobre sus sueños en el béisbol mientras pescaban juntos, a veces hasta las 2 a.m., en el lago ubicado detrás del condominio que alquilaban durante la primavera.

Carpenter se sintió conmocionado por la transformación que vio en Roy, después de la temporada que pasó en Ligas Menores.

"Recuerdo cómo llegó, luego de volver a ascender", afirma Carpenter. "Caminaba como si perteneciera al lugar. Recuerdo que varios chicos en el equipo comentaron sobre ello detrás del escenario, diciendo: '¡Vaya, hombre! Este chico es un hombre completamente diferente'".

Entre 2002 y 2011, Halladay fue líder entre todos los lanzadores en las Mayores en victorias (170), juegos completos (63 en dicho periodo, 30 más que C.C. Sabathia, su rival más cercano) y blanqueos (18).

Sin embargo, existía un trasfondo que se ocultaba por debajo de esa década de dominio. Mientras que Holliday proyectaba una sensación de confianza a todo el mundo, confrontaba problemas en privado sólo conocidos por quienes formaban parte de su estrecho círculo íntimo.


MIENTRAS LANZABA CON Toronto, Roy comenzó a utilizar un sedante para ayudarle a dormir, particularmente en esas noches previas a sus aperturas programadas, según recuerda Brandy. "Sufría náuseas y vomitaba antes de cada partido".

Roy no era el primer atleta profesional que lidiaba con los nervios en el día de sus compromisos, pero Brandy indica que no se trataba simplemente de las exigencias del béisbol profesional. Durante toda su vida, Roy sentía un temor, que se remontaba a su niñez, de decepcionar a los demás, según indica Brandy. Asimismo, el lanzador sufría de una ansiedad social intrínseca en él. Halladay, quien jamás se sintió cómodo asumiendo el protagonismo, detestaba las entrevistas con los medios de comunicación y apariciones públicas que formaban parte de su trabajo.

Esas presiones se intensificaron en diciembre de 2009, cuando Roy fue cambiado a los Philadelphia Phillies, equipo que venía de hacer dos apariciones consecutivas en la Serie Mundial. La transacción fue valorada en $60 millones durante tres años, con una opción ejercible para una cuarta temporada.

La campaña 2010 de Roy con los Phillies fue histórica. Más allá del juego perfecto que lanzó contra los Florida Marlins el 29 de mayo de 2010 y el no-hitter obtenido contra los Cincinnati Reds en los playoffs en octubre de ese año, hubo otra apertura en San Francisco en la postemporada de 2010 que inspiró mayor respeto en Rich Dubee, su coach de pitcheo.

Los Phillies se enfrentaban a la posibilidad de quedar eliminados en el quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, contra los San Francisco Giants. Cuando Roy volvió al dugout después de conceder una entrada en el primer inning, éste no se sentó en su puesto acostumbrado, donde ubicaba su botella de agua y su toalla. Dubee percibía que algo estaba mal, buscó a su abridor y lo encontró dentro del túnel, con evidentes muestras de dolor.

"Me lesioné la ingle", le dijo Halladay.

"Muy bien, espera un segundo, tengo que poner a alguien en marcha", respondió Dubee, quien quería decir que necesitaba poner a un pitcher relevista a calentar en el bullpen.

"No, no lo harás", le respondió Halladay. "Volveré a salir".

Sin poder alejarse de forma adecuada de la goma de lanzar, Halladay procedió a trabajar "los seis innings más retadores que te puedas imaginar", afirma Dubee. Los Phillies vencieron 4-2 y lograron extender la serie.

A la fecha de hoy, todos los días, Dubee viste el reloj marca Baume and Mercier que Halladay obsequió a compañeros de equipo, entrenadores, personal del clubhouse y la gerencia, luego de lanzar su juego perfecto hace 10 años.

"Lo logramos juntos", dice la inscripción en la parte trasera de cada uno de los relojes.

"Hizo que otra persona los colocara en nuestros vestuarios, porque él no quería llamar la atención", afirma Dubee. "Representa a un ser humano, no sólo a un jugador de béisbol, sino a un ser humano por quien tuve la mayor admiración. Este chico era lo que tú querías que fuera tu hijo".


EL PRINCIPIO DEL fin de la carrera profesional de Roy llegó en medio de otra actuación de postemporada al año siguiente. En el decisivo Juego 5 de la Serie Divisional de la Liga Nacional contra los St. Louis Cardinals, Roy fue sustituido en el octavo inning por un bateador emergente, tras haber concedido seis hits y solo una carrera, producto de 126 lanzamientos. Esa noche, fue superado en el duelo de lanzadores por Carpenter, quien pitcheó un juego completo en blanco.

Lo que no pudieron ver los aficionados y televidentes que presenciaban el partido de esa noche en Filadelfia era que Halladay volvía a competir a pesar del dolor. Al inicio de ese partido, según afirma Brandy, en el primer o segundo episodio, Roy dijo haber sentido una fractura en la espalda.

"Cuando llegó a casa, sentía tanto dolor y recuerdo verle levantarse de la cama y... estornudó. Cayó al piso y estaba en cuatro patas, tenía tanto dolor que no podía levantarse y permaneció allí, probablemente entre 10 y 15 minutos", expresa Brandy.

A medida que Brandy veía que su esposo quedaba en condiciones físicas cada vez más limitadas, el dolor de Roy se convirtió en motivo de tensiones en casa. Ella afirma haberle presionado para dejar el béisbol.

"No podía dejar de jugar. En su mente, él tenía que seguir jugando, sin importar lo que se hacía a sí mismo en lo físico", indica Brandy, mientras luchaba con las lágrimas y buscaba las palabras precisas. "Sólo quería a mi esposo. Lo quería sano".


BRANDY AFIRMA QUE Roy le dijo que había empezado a utilizar opioides bajo prescripción médica durante los entrenamientos primaverales de 2012, con el fin de ocultar el dolor y poder seguir pitcheando. El 29 de mayo de ese mismo año, exactamente dos años luego de haber lanzado un juego perfecto, Halladay fue puesto en la lista de incapacitados con una torcedura del músculo dorsal ancho.

Según recuerdan Brandy y Steve Trax, una persona dentro del clubhouse (que Brandy afirma era un compañero de equipo) recomendó a Roy que hiciera contacto con un médico en la Florida. Ese médico, según afirman ambos, vendía pastillas a Roy a cambio de efectivo.

"Considerando el nivel de dolor que sentía, [los opioides] le permitían saltar al terreno y competir", expresa Trax. "Y, escúchenme, no culpo a Roy de ello, considerando cuánto lo conozco y su forma de pensar, su enfoque y su deseo de no fracasar".

Brandy indica no haber tenido idea de que Roy ingería dichos fármacos hasta esa temporada baja. Durante ese invierno, según afirma la viuda de Halladay, éste se sentía enfermo con síntomas similares a la gripe, mientras se estremecía y sudaba en su cama. Cuando Brandy le confrontó, expresándole la necesidad de acudir al médico, ella afirma que Roy estalló en llanto, diciéndole que se había hecho dependiente a los analgésicos que había tomado durante meses, solo para poder lanzar. Halladay experimentaba síntomas post-retirada.

"Fue allí cuando se dio cuenta y dijo: 'Demonios. Este es un verdadero problema'", afirma Brandy. "Me sentía tan aterrorizada por él. Él estaba aterrorizado... literalmente, permaneció en cama durante dos semanas y media, tres semanas; y se desintoxicó a sí mismo en casa, lo que es sumamente peligroso. Pero él permaneció en cama y les dijo a todos que tenía gripe".

En los meses que transcurrieron desde entonces, según recuerda Brandy, la insistencia de Roy en competir a pesar de las lesiones le hicieron "cada vez menos y menos funcional", como afirma Brandy. Roy tenía dificultades para subirse a un auto y levantarse de la cama.

"Le dije: 'Mientras más hagas esto, nos arrebatas más cosas a nosotros como familia. Las cosas que hemos querido hacer durante todo nuestro matrimonio, toda nuestra vida, no las podremos hacer contigo, porque vas a quedar en una silla de ruedas si no te detienes".


A PRINCIPIOS DE mayo de 2013, durante la última campaña de Roy en Grandes Ligas, fue nuevamente puesto en la lista de incapacitados con una lesión en sus hombros y en ese mismo mes, se sometió a una intervención quirúrgica para retirar un espolón óseo y arreglar ciertos daños a su labrum y manguito rotador. Uno de los abridores más confiables del béisbol se partía en pedazos.

"Recuerdo haberle dicho: 'Si esto es lo que realmente quieres hacer, lo harás sin nosotros. No volveré a verte haciendo esto'", afirma Brandy.

Halladay se reincorporó al equipo a finales de agosto y logró, a fuerza de voluntad, sumar récord 4-2 en sus seis últimos partidos. Los Phillies terminaron en el cuarto puesto de la División Este de la Liga Nacional. La efectividad de 6.82 obtenida por Roy en 2013 sigue siendo el segundo promedio de carreras limpias permitidas más alto para un lanzador en el Salón de la Fama con al menos 50 innings de labor, solo superado por su promedio de 10.64 carreras limpias en el año 2000. Sus compañeros de equipo se percataron de cambios en su conducta. Aparecía con ojos vidriosos, sudaba fácilmente, incluso en temperaturas moderadas y en ocasiones, su hablar era lento y obrado.

Su colega abridor Kyle Kendrick se preocupaba cada vez más por la transformación que percibía en su amigo y compañero. Kendrick idolatraba a Halladay. Ambos pitchers entrenaban juntos y sus familias socializaban fuera del estadio. Sus compañeros apodaron a Kendrick "Pequeño Roy" de forma chistosa, debido a su estrecho nexo con el as del pitcheo del club.

"Él se encontraba en su vestidor y yo me encontraba justo a su lado, intentando hablar con él. Sentías como si él no estuviera allí", recuerda Kendrick. "Podías darte cuenta de que sentía dolor e intentaba sentirse mejor. Era terrible verlo". Kendrick expresa que él y un compañero se acercaron a un empleado de los Phillies.

Rich Dubee, ex coach de pitcheo de los Phillies, afirma haber visto a Halladay "con ojos vidriosos en un par de ocasiones" y entró en conocimiento de las preocupaciones de Kendrick.

"Hice que uno de nuestros peloteros, un pelotero que él respetaba profundamente, lo confrontase con respecto a ello y después, parecía... que todo había desaparecido", afirma Dubee. Dubee y Kendrick se negaron a identificar al compañero que habló con Halladay sobre su consumo de fármacos.

Fuera del estadio, Brandy vio a un Roy distinto. Para ella, esa temporada 2013 terminó siendo un punto de quiebre. A su criterio, era evidente que los fármacos que Roy había ingerido para seguir lanzando aún ejercían control sobre él. Fue allí cuando, en octubre de 2013, contactó a Trax, con la idea de que ingresaran a Roy para que éste se sometiera por primera vez a una terapia de desintoxicación de drogas.

Sin embargo, menos de tres semanas después de someterse al tratamiento, Roy entró en pánico cuando alguien logró ingresar un teléfono celular al centro de tratamientos, según afirma Brandy. Abandonó su terapia de forma prematura, ante el temor de ser "revelado" públicamente como un paciente de tratamientos antidrogas. Volvió a casa después de la desintoxicación, pero no fue completamente tratado de su adicción.

El 9 de diciembre de 2013, pocas semanas después de su tratamiento y ante la presencia de su familia, Roy se retiró del béisbol profesional. Durante la conferencia de prensa en la cual anunció su retiro, éste reconoció que los problemas que sufría en sus hombros estaban relacionados con dos fracturas pars: fracturas por tensión en la parte baja de su espalda y un disco erosionado en su columna. Roy pitcheó en 2012 y 2013 con la espalda fracturada y la alteración de su envío para compensar las molestias tuvo como resultado la lesión en su hombro.

"Hablando con los médicos, sienten que, en este momento, si puedo alejarme y quitar ese elemento de alta presión, ojalá pueda permitirme hacer algunas cosas regulares y ayudar con los equipos de los niños", comentó ese día Halladay a los reporteros presentes.


TRAX RECUERDA LA ocasión cuando recibió otra llamada telefónica desde la Florida. En esta oportunidad, era Roy quien llamaba. Intentaba adaptarse a su nueva vida como jugador de béisbol retirado.

"Hombre, ¿cómo demonios haces esto?", fue la pregunta que Roy hizo a Trax, según recuerda este último.

"¿De qué hablas?", preguntó Trax.

"Hombre, la vida normal es realmente dura", respondió Roy.

Enfrentado a una vida sin la presencia del béisbol profesional por primera vez en 18 años, ante la ausencia de la rutina y ritmo natural de la temporada, Roy se sentía sin rumbo. El expelotero, quien era conocido por sus fanáticos hábitos de entrenamiento, se infló hasta alcanzar 300 libras de peso.

Buscando un propósito de vida, Roy volvió a descubrir su amor por la aviación. Nunca le había abandonado del todo. Había crecido con esa afición siempre presente: bromeó durante años con sus compañeros en el clubhouse con sus mini drones, mientras seguía volando sus aviones privados durante el final de su carrera, incluso a pesar de que esto contravenía las disposiciones de su contrato como pelotero de Grandes Ligas.

Brandy, consciente del historial de abuso de fármacos de su esposo, sentía reservas con respecto a la pasión de Roy por volar. "Simplemente, sentía que no era algo seguro", afirma. "No sentía que él se encontraba en una posición, en el aspecto mental, en el cual él debiera volar. Él intentaba entender cómo manejar su dolor".

Brandy equilibraba sus preocupaciones, según afirma, con la consciencia de que Roy necesitaba de algo que esperar con ansiedad. Por ello, su esposa hizo la concesión y decidió apoyar el pasatiempo de Roy.

Roy se hizo dueño de varias aeronaves con el pasar de los años. Todas fueron adquiridas con la asesoría de su padre: un Cessna 182 con cuatro asientos y después, a finales de 2014, un Cessna Caravan de único motor y mayor tamaño.

El padre de Roy, un experimentado piloto con cerca de 25,000 horas de vuelo acumuladas, afirmó posteriormente a los investigadores de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (NTSB, por sus siglas en inglés), que Roy tenía excelente control del timón y el mando, y que éste había mostrado buen juicio y toma de decisiones. No obstante, Big Roy también comentó a la NTSB que después de que su hijo se convirtiera en piloto certificado, se produjeron ocasiones en las cuales éste se "había percatado de que [Roy] había tomado decisiones que consideraba riesgosas", tales como aquella vez cuando voló un Cessna Caravan de único motor en trayectos largos, algo que sería evitado por un piloto más experimentado y cauto.

Big Roy afirmó haber intentado explicar a su hijo que "existe muy poca tolerancia al riesgo en la aviación".


BILL DAVIS, UN capitán del Departamento del Comisario del Condado de Pasco, se encontró por primera vez con Roy en 2011, durante una función a beneficio de la escuela comunitaria cristiana a la que asistían los hijos de ambos. Rápidamente, ambos hombres forjaron nexos, gracias al hecho de que habían laborado en empleos bajo altas cantidades de presión.

Davis recuerda los viajes de pesca que Roy compartió con él y otros miembros del Departamento del Comisario. En ese ambiente, Roy era igual que ellos: un padre, que llegaba tarde, agotado y vistiendo sandalias, cargando un termo con cerveza y pidiendo disculpas, porque había dejado a sus hijos en la escuela. Brandy y Roy hicieron aportes caritativos al departamento, incluyendo la donación de un perro para la unidad canina, bautizado como "Doc".

En varias ocasiones, compartiendo entre copas de vino y cigarros, Davis y Roy charlaban con respecto a las presiones del matrimonio, la paternidad y en el caso de Roy, una vida vivida bajo los reflectores.

Davis sabía que su amigo sufría con el dolor.

"Podía percatarme de las señales visibles. Había días en los cuales yo sabía que él había ingerido analgésicos, porque uno de los efectos adversos es el sudor. Sudaba profusamente".

Poco después del día de Año Nuevo de 2015, Roy ingresó por segunda vez para someterse a un tratamiento antidrogas en condición de interno, debido a su adicción a los opioides, de acuerdo con los registros médicos obtenidos por las autoridades federales de aviación. Para ese entonces los hijos de Roy, Braden y Ryan, quienes tenían 14 y 10 años, ya contaban con edad suficiente para comprender que su padre requería ayuda.

"Nos sentaron y nos dijeron: esta es la situación", recuerda Braden sobre la conversación sostenida con sus padres. "Honestamente, sentimos un poco de alivio".

Big Roy sabía que algo no andaba bien, porque no había tenido noticias de su hijo en tres semanas. Se enteró de la segunda incursión de Roy en tratamiento cuando ambos lograron contactar por vía telefónica.

"Él dijo: '¿Estás decepcionado de mí?' Tenía miedo de hablar conmigo al respecto. No sé por qué. Pienso que él creía que yo me sentiría decepcionado", expresa Big Roy, rememorando la conversación.

Roy permaneció en rehabilitación hasta principios de marzo y posteriormente, comenzó a acudir a un siquiatra que le sometió a tratamiento por depresión, ansiedad y trastorno de déficit de atención, según afirma Brandy. Roy pudo llevar su vida diaria gracias a una combinación diaria de fármacos prescritos por el médico.

Si bien permanecía bajo constante dolor físico, según recuerda Brandy, para ese momento Roy había alcanzado un mejor estado mental, tras un largo tratamiento a su adicción a las drogas y una terapia siquiátrica en curso. Se dedicó por completo a entrenar a los equipos de béisbol en los que jugaban sus hijos.

A principios de 2017, el equipo Calvary Christian, para el que jugaba Braden, logró marca 30-0, convirtiéndose en el primer equipo invicto en 16 años en alzar el campeonato estadal en Florida. Roy fungió como coach de pitcheo del equipo. "Fue gracioso. Después de recibir el anillo, bromeaba con él. Le decía: 'Pues bien, parece que soy el único Halladay que posee un anillo de campeón", recuerda Braden sobre cómo se mofaba de su padre. "Estuve presente en sus momentos surrealistas. El hecho de que él estuvo presente en los míos fue genial".


EN OCTUBRE DE 2017, Roy adquirió un avión sobre el cual había publicado en redes sociales durante casi dos años: el ICON A-5, una aeronave anfibia, ligera y deportiva, comparada con un jet ski con alas. El avión tenía un pasado problemático. El ingeniero jefe de la empresa fabricante y un piloto de pruebas perdieron la vida cuando el ICON A-5 que ambos volaban se estrelló contra un cañón en el Condado de Napa, cerca de la sede de la compañía en California. La NTSB dictaminó que el accidente no fue producto del diseño de la aeronave. El fatal suceso fue atribuido al "fracaso por parte del piloto en mantener su distancia del terreno, mientras maniobraba a baja altitud".

Big Roy afirmó a la NTSB que poco después de que Roy tomara posesión de su nuevo ICON A-5, él confrontó a su hijo con respecto a su uso de fármacos. "¿Cuál es la situación con las medicinas? Tú no puedes mezclar eso con los vuelos", indica haber dicho a Roy. Roy le aseguró en ese momento "que no ingería medicamento alguno", según la entrevista de su padre con la NTSB.

El fundador de la empresa fabricante Kirk Hawkins afirma haber hablado personalmente con Roy cuando éste visitó la sede de ICON, indicándole los lineamientos de la empresa con respecto a los vuelos a baja altitud, de acuerdo con la entrevista de Hawkins con la NTSB. Los lineamientos escritos, que reflejan las disposiciones de la Administración Federal de Aviación (FAA, por sus siglas en inglés), expresan claramente que el piloto debe permanecer al menos a 500 pies de distancia de "cualquier persona, embarcación, vehículo o estructura", excepto en los despegues y aterrizajes. "No alardeen", era la advertencia que dichos lineamientos hacían a los pilotos.

Sin embargo, Roy no volaba responsablemente. Un informe de la NTSB publicado a mediados de abril muestra que el 27 de octubre de 2017, 12 días antes de su accidente fatal, Roy voló por debajo del puente Sunshine Skyway, ubicado a 180 pies por encima de la Bahía de Tampa. Roy dejó constancia en su bitácora, indicando que había volado por debajo del puente, con Brandy como pasajera. Brandy expresó a E:60 de ESPN que ella se encontraba a bordo de la aeronave en ese momento.

Pocos días después de haber volado bajo el puente, Roy publicó en Twitter: "¡volar el Icon A5 a baja altitud sobre el agua es similar a volar un jet de combate!"

"Mi preocupación era que, después de haber adquirido el avión, él comenzó a hablar sobre lo deportivo que era, y que era todo un auto deportivo", expresó Big Roy. Uno de los últimos mensajes de texto enviados a su hijo simplemente decía: "Ten cuidado con esa cosa".


EN LA MAÑANA del 7 de noviembre de 2017, Roy llevó a Ryan a su escuela y a las 10:30 a.m., había vuelto a casa. Brandy estaba haciendo diversas diligencias, antes de asistir a un concierto de la banda musical de Ryan, que se escenificaría en su escuela esa misma tarde. Roy también había planeado acudir al concierto de Ryan, pero decidió primero volar en su Icon A5, que estaba varado en el lago ubicado detrás de su hogar en Odessa, para llevarlo de vuelta al Aeropuerto Regional de Brooksville-Tampa Bay, ubicado aproximadamente a 25 millas al norte.

Roy parecía estar "un poco disperso ese día", recuerda Brandy. "Un poco triste".

Mientras ella conducía su auto para hacer sus diligencias, Roy le envió un mensaje de texto: "Lo siento mucho. Debí haber ido contigo, otro día desperdiciado", le escribió.

"Estoy tan contenta de haberle respondido", afirma Brandy hoy en día. Le escribió: "No estoy enfadada contigo, simplemente frustrada. Solo quería que vinieras conmigo y te amo".

A las 11:47 de esa mañana, Roy despegó para emprender su vuelo final. Era un día con cielos despejados y vientos ligeros.

En ese momento, Roy había acumulado más de 721 horas de vuelo totales y más de 51 horas al mando del Icon A5.

En vez de volar hacia el norte y dirigirse al aeropuerto de Brooksville, Roy viró hacia el oeste, en dirección al Golfo de México. Mientras volaba sobre el Golfo, descendió hasta quedar a 600 pies de altura, antes de volver a girar hacia el sur, frente a la costa de New Port Richey.

Los testigos "vieron que la aeronave volaba sumamente bajo, entre 5 y 300 pies, sobre las aguas". Un testigo afirmó estar sorprendido de ver a un avión volar tan bajo. En los dos minutos y medio finales del vuelo de Roy, varios testigos afirmaron que éste efectuó maniobras con "giros abruptos y ascensos pronunciados", según la NTSB.

Allan Dopirak, otro de los testigos que hablaron con la NTSB, comentó al programa E:60 de ESPN que se encontraba pescando frente a la costa de New Port Richey, cuando pudo ver al avión de Roy volar por encima de su lancha. En la última maniobra hecha por Roy, según afirma Dopirak, el avión ascendió hasta alcanzar aproximadamente 500 pies de distancia, antes de descender hacia las aguas. "Espero que lo logre", pensó Dopirak, según recuerda. A medida que el avión seguía descendiendo, parecía que Roy intentaba elevarse, afirma Dopirak.

"Definitivamente, se había levantado. No hay dudas al respecto", comentó Dopirak a E:60 de ESPN.

El avión de Roy impactó con el agua con su nariz hacia abajo y sus alas a un ángulo de 45 grados, según el recuento de los testigos. Varios navegantes que se apresuraron para llegar al sitio del accidente, encontraron restos de la aeronave dispersos a un radio entre 200 y 300 pies, a la deriva hasta quedar en los manglares. Cuando Dopirak condujo su lancha hasta el lugar del accidente, ya habían llegado otros navegantes. Uno de ellos afirmó que un cuerpo "estaba allí", afirma Dopirak. Otro de los navegantes hizo la señal de la cruz.

Se dictaminó que las causas oficiales del fallecimiento de Roy fueron traumatismos contundentes y ahogo. Roy, de 40 años, pereció aproximadamente a 4 pies de profundidad.

En el momento del accidente, Brandy esperaba la llegada de Roy al concierto escolar. Le enviaba mensajes de texto para dejarle saber dónde se encontraba sentada y Roy no le respondía.

"Dime que no estás volando hoy. Un avión pequeño acaba de estrellarse, justo detrás de mi casa".

Brandy volvió a enviar un mensaje de texto a Roy: "Por favor, dime dónde te encuentras".

Al terminar el concierto, Brandy llamó al aeropuerto de Brooksville y descubrió que Roy no había aterrizado allí. En medio de un ataque de pánico, llamó a su hermano y le pidió si podía ir a su casa para ver si el avión de Roy se encontraba sobre el lago.

"Me volvió a llamar, diciéndome: 'Brandy, aquí está un comisario. Necesita hablar contigo'. Y estaba llorando. Lo sabía. Quiero decir, en ese momento ya lo sabía".

La unidad marina del departamento del Comisario del Condado de Pasco (el mismo departamento donde trabajaba Bill Davis, el amigo de Roy) fue la primera entidad en llegar al sitio del accidente, donde Davis y Halladay habían pescado pocos días antes. Después que las unidades de marinos recuperaron el cuerpo de Roy del sitio del accidente, Davis cumplió con la triste tarea de devolver a Brandy los efectos personales de Roy.

"Eso fue brutal", afirma Davis, con su voz perdiendo fuerza.

Entre los artículos devueltos por Davis ese día se encuentran el anillo de bodas de Roy, que estaba adherido a una cadena que usaba Roy, porque el anillo ya no encajaba en su dedo. Brandy se quedó con el anillo y entregó el collar a Braden, quien lo cargó en su bolsillo por varios días. Dos noches después lo usó, cuando insistió en mantener su puesto en la rotación de pitcheo para disputar un partido con el equipo de su escuela secundaria.

"Lo puse alrededor de su cuello y fue allí cuando sentí su presencia", afirma Braden.


EN ENERO DE 2018, los resultados de un informe toxicológico fueron revelados al público por primera vez. El informe reveló que Roy tenía en su cuerpo un cóctel de fármacos para el día del accidente: Zolpidem, un sedante vendido bajo la marca comercial Ambien; Fuoxetina, antidepresivo, vendido bajo la marca comercial Prozac; Baclofeno, relajante muscular; anfetaminas, probablemente producto de los fármacos que Roy ingería para controlar su déficit de atención, e Hidromorfona, un opioide vendido bajo prescripción médica con la marca Dilaudid.

La NTSB aún no ha publicado sus conclusiones con respecto a las causas probables del accidente en el cual Roy perdió la vida. No obstante, E:60 de ESPN pudo hablar con cuatro patólogos forenses, incluyendo el Dr. Jon Thogmartin, jefe examinador médico de los condados de Pasco y Pinellas, quien practicó la autopsia al cuerpo de Roy. Los cuatro especialistas afirmaron que la mayor probabilidad radicaba en que Roy no se encontraba en plenitud de sus facultades al momento de su vuelo final. Adicionalmente, reconocieron que es imposible determinar hasta qué punto.

Thogmartin indica que la cantidad de anfetaminas encontradas en la sangre de Roy, que se acercaba a niveles de abuso, pudo haberse registrado en el momento de la autopsia en una cantidad mucho mayor a la que tenía en el día del accidente. Los muestreos tomados en un área del cuerpo de un occiso pueden variar dramáticamente con respecto a aquellos tomados en un área distinta, explicó el forense.

A pesar de ello, según afirma Thogmartin, "cualquier persona que tenga esa clase de drogas en su sistema... no le permitiría que me llevara en su auto, me volara en su avión, que fuera mi conductor de autobús, lo que sea. Sería una insensatez".

Según el informe de hechos redactado por la NTSB, Roy "no informó a la FAA de la existencia de condiciones médicas ni de uso de fármacos", tal como se exigió en mayo de 2017, cuando Roy obtuvo una certificación médica relacionada con su licencia de piloto privado.


EN LOS MESES que han transcurrido desde el trágico accidente que cobró la vida de su esposo, Brandy ha lidiado con la interrogante de hasta qué punto revelar detalles de la vida privada de Roy. Después de todo, ¿cuánto se puede divulgar sobre una persona que, en primer lugar, jamás deseó el protagonismo, especialmente después que dicha persona perdió la vida?

Brandy apenas dio ciertos indicios de los problemas personales de Roy durante el discurso de aceptación de la exaltación de Roy al Salón de la Fama en julio pasado, al expresar: "Roy quisiera que todos supieran que la gente no es perfecta. Todos somos imperfectos y tenemos defectos, de una forma u otra. Todos luchamos".

En definitiva, Brandy llegó a la conclusión de que existen otras familias que confrontan problemas de adicción y salud mental. La cultura del silencio que rodea a ambas condiciones, especialmente dentro del deporte profesional, constituye con frecuencia una barrera para obtener la ayuda necesaria, según afirma. Por ello, decidió revelar su historia, incluso a pesar de que su confesión implica revivir recuerdos dolorosos.

Si bien Brandy ha tomado en cuenta la posibilidad de que su esposo quizás no se encontraba en plenitud de condiciones para controlar su avión, también comprende que ella y sus hijos jamás tendrán una respuesta a esa pregunta.

Big Roy pasó varias horas conversando con el principal investigador de la NTSB, con el fin de comprender qué había sucedido durante el vuelo final de su hijo.

"El único que lo sabe es él, y no está aquí para decirlo", expresa Big Roy, agregando: "Simplemente, tendré que aceptar el hecho que jamás sabré con exactitud lo que ocurrió ese día".

Braden acaba de terminar su primer año de estudios en la Universidad Penn State, donde es pitcher del equipo de los Nittany Lions. Expresa que no necesita obsesionarse con los motivos por los cuales su padre murió en ese vuelo final. "Lo único que puede hacer es herirme, si se trata de algo que no deseo escuchar", afirma.

Brandy consigue sosiego al estar consciente de que Roy nunca dejó de luchar. Luchó contra su adicción. Luchó contra sus demonios. Y también luchó, según afirma Brandy, por mantener su matrimonio: la pareja asistía a sesiones semanales de terapia hasta el momento de su deceso.

"Puedes confrontar problemas, pero puedes seguir teniendo buenas intenciones", afirma Brandy. "Su intención no era ingerir esas pastillas... Aún quería ser buena persona. Pienso que esa es la parte más difícil. Yo sé lo que tenía dentro de su corazón. Sé lo que él quería. Simplemente, él no podía lograrlo. Y esa es la parte que me rompe el corazón".

Con la colaboración del investigador de ESPN John Mastroberardino