David Walsh: "Lance tuvo mucha suerte de no terminar en prisión". Mano a mano con el periodista que desenmascaró a Armstrong.

"Si Lance está limpio, será el regreso más grande de la historia del deporte. Sino, será el mayor de todos los fraudes".

-- Greg LeMond, 1999.

Le faltaban solo dos kilómetros para llegar a la cima del Mont Ventoux, la rampa más cruel de aquel Tour de France de 1967. Tom Simpson cayó desvanecido sobre el asfalto ardiente. El ciclista inglés murió unos minutos más tarde frente a las cámaras y ante el público horrorizado. Los médicos que intentaron reanimarlo encontraron dos frascos de anfetaminas en los bolsillos de su camiseta, uno de ellos estaba vacío. También se hallaron distintas drogas en su cuarto de hotel. La autopsia confirmó las sospechas, había muerto por una combinación letal de fármacos, alcohol y el calor abrasador de ese día, 13 de julio. Simpson tenía 29 años y se convirtió en la primera víctima mortal del dóping en el ciclismo. Una historia trágica que todos los ciclistas profesionales conocen y lamentan profundamente.

Lance Armstrong irrumpió en el Tour de France de 1999, solo nueve meses después de haber derrotado a un cáncer que casi había acabado con su vida. Llegó como el líder del gran equipo del US Postal Service y enseguida quedó claro que él y sus compañeros eran superiores. Armstrong se impuso con facilidad en la contra-reloj del prólogo y desde allí fue construyendo el camino hacia la primera de sus siete victorias consecutivas en el Tour.

En vísperas del estreno del documental 'Lance' (Por ESPN2 & ESPN Play este miércoles 17 de junio a las 22:00 en ARG/COL/CHI/ECU/PER/URU y a las 21:00 en BOL/PAR/VEN), ESPN.com tuvo una extensa y exclusiva entrevista con David Walsh, el renombrado periodista deportivo irlandés cuya investigación fue clave para el descubrimiento del programa de dopaje organizado por Armstrong y su equipo, el US Postal Service, dirigido por el belga Johan Bruyneel. Cuando el engaño salió a la luz en 2012, Armstrong fue suspendido de por vida y se le quitaron los siete títulos del Tour de France que había ganado entre 1999 y 2005

ESPN: Hay gente que piensa que en la época de Armstrong todos en el Tour de France se dopaban y por ese motivo sostienen que Lance fue el mejor y el más fuerte ¿Tienen algo de razón?
David Walsh: Sé que hay gente que piensa eso. Yo nunca lo pensé. Porque cuando Lance ganó su primer Tour, en 1999, muchos ciclistas en esa carrera estaban limpios. No hay que olvidar que el año anterior había ocurrido un enorme escándalo de dóping con el equipo Festina. Por ello, en 1999, el gobierno francés hizo muchísimos testeos. Después de ese vergonzoso escándalo, los periodistas, el público y todos pensamos que el ciclismo estaba cambiando, y queríamos que cambie. Se suponía que el de 1999 sería el 'Tour de la renovación'. Por eso había muchos corredores que estaban limpios. Es verdad que Lance fue el mejor de los ciclistas que se doparon. Pero hubo muchos que no lo hicieron. Y hubo muchos que no pudieron entrar en la carrera porque no aceptaron doparse. Entonces un deportista decía: "Mi carrera se ha acabado por ser honesto y por jugar con las reglas, y eso a nadie le importa".

A nosotros los periodistas tampoco, porque mirábamos a los que tomaban drogas para mejorar su rendimiento y los pintábamos como héroes. Eso era lo que Armstrong quería que hiciéramos. Él quería que pretendiéramos que todos estaban limpios y que él era el mejor, un gran campeón. Ese año, yo vi cómo Lance amenazaba, uno por uno, a todos los corredores que estaban limpios. Eran los que decían, como Christophe Bassons, que los de adelante se estaban dopando. Yo entiendo que algunos puedan decir que como muchos se dopaban Lance tuvo suficiente mérito. Pero les pido que imaginen que tienen un hijo que es atleta de elite, al que han educado para que sea una persona de bien y honesta. Un día, este hijo los llama muy preocupado y les dice, “papá, muchos de mis colegas se dopan y, si pretendo tener éxito en este camino que elegí, yo también tendría que hacerlo, ¿qué me dices?”. Estoy seguro que todos le dirían a su hijo que debería pensar en otra profesión. Porque todo el éxito que pudieran conseguir estaría basado en la trampa y en la mentira. Todas esas personas que dicen que el dóping existe, pero que no hay que obsesionarse con esa batalla, son en su mayoría espectadores o deportistas aficionados que aman los récords y las grandes performances. Es por eso que no les preocupa demasiado el tema. A todos ellos les digo que estarían muy preocupados si un hijo suyo estuviera frente a la peor y más horrible encrucijada de su vida, en la cual, la única manera de progresar en su carrera fuera haciendo trampa y mintiendo. Eso no es aceptable y nunca debería serlo. Por eso debemos pelear de todas las formas imaginables contra este flagelo y jamás abandonar la lucha.

"Esta tarde, Lance Armstrong subirá al podio. Yo dejaré mis brazos caídos, porque estoy seguro que no es algo que debamos aplaudir".

-- David Walsh, julio de 1999.

ESPN: En abril de 2001 recibiste una llamada de Bill Stapleton, el representante y abogado de Lance Armstrong, para decirte que su jefe estaba dispuesto a darte una entrevista exclusiva ¿Qué sentiste en ese momento y que ocurrió?
DW: A esas alturas Lance ya me consideraba su principal enemigo y una entrevista con él era muy tentadora. Yo tenía varias preguntas para hacerle sobre dóping. Pero me generaba mucha intriga que la iniciativa para hacer un reportaje viniera de su lado. La primera vez que entrevisté a Lance fue el 13 de julio de 1993, en el día de descanso de su primer Tour de France. Él tenía 21 años y yo supe que era alguien especial. Era como una ola enorme que rompía y te arrastraba. “Tienen que conocer a este chico”, les dije a mis colegas esa misma tarde. Yo quedé muy impresionado. Supe que era alguien distinto, tenía ese deseo y supe que iba a ganar muchas carreras. Ocho años habían pasado desde entonces y los dos éramos personas muy distintas. De entrada Lance trató de intimidarme. Vino con Bill Stapleton y me dijo: “Espero que no te importe que Bill nos acompañe”. Bill se sentó y puso un grabador sobre la mesa. Yo puse el mío al lado del suyo y le dije: “Lance, solo voy a hacerte preguntas sobre dóping, porque eso es lo único relevante para mí. Yo no creo que estés limpio y no tiene sentido que te pregunte por tus próximas carreras, o por cualquier otra cosa. Eso quizá te dé la oportunidad de convencer a la gente de que estás limpio”. “Ok” dijo él. “Pregúntame todo lo que quieras sobre dóping”. Yo le hice preguntas muy simples y el me dio respuestas muy poco convincentes. Por ejemplo, su mejor amigo y compañero de equipo, Kevin Livingston, acababa de quedar involucrado en una investigación criminal de la policía italiana por trabajar con el doctor especialista en dopaje Michele Ferrari. Le pregunté si había conversado sobre ese asunto con Kevin quien, según sus propias palabras, era como un hermano para él. Me contestó que no, que nunca habían hablado sobre eso. Le dije: “Vamos, es tu mejor amigo, está involucrado criminalmente en un caso de drogas y nunca hablaron del tema”. “No, nunca” me respondió. Claro, el propio Lance ya estaba trabajando con Ferrari, algo que yo averiguaría más tarde. También le pregunté si sabía quién era Tommy Simpson y que opinaba de la tragedia en el Mt Ventoux en 1967. Me dijo que no conocía mucho sobre esa historia, salvo que Simpson nunca había dado positivo. Fue una respuesta bizarra. No conozco una sola persona del ciclismo profesional que, cuando se habla de aquella tragedia, no se tome la cabeza con tristeza y lamente la suerte de Simpson.

"Estoy cansado de estas acusaciones de dóping y voy a hacer lo que sea para demostrar que son falsas. Nunca me dopé".

-- Lance Armstrong, julio de 2004.

En ese momento, mi tristeza vino porque una pregunta sobre un tema tan sensible recibió una respuesta en términos legales que no significaba nada, y significaba mucho. En resumen, Lance debió haber pensado que invitándome a esa entrevista yo estaría contento y más proclive a ser indulgente. Lo cierto es que esa tarde me choqué contra una pared con cada pregunta. No pude probar que Lance se dopaba, pero si comprobé que era un mentiroso serial. Supe también que tenía que seguir escarbando y escarbando porque Lance nunca iba a decir la verdad voluntariamente.

En el año 2002 el equipo US Postal Service incorporó al ciclista Floyd Landis. Este gran atleta fue una valiosa ayuda para Armstrong en el pelotón, convirtiéndose en uno de sus más importantes y sacrificados gregarios. Con Lance a punto de retirarse, en el año 2005, Landis dejo el US Postal y se incorporó al equipo Phonak. En 2006 Floyd Landis ganó el Tour de France, pero a los pocos días se supo que había dado positivo de testosterona en una etapa crucial del Tour. En septiembre de 2007 fue declarado culpable y se le quitó el título y el premio. En mayo de 2010, Landis envió una serie de emails en los que confesaba que, durante los años que estuvo en el equipo US Postal, usó sistemáticamente productos dopantes, señalando también a otros ciclistas estadounidenses como David Zabriskie, George Hincapie, Levi Leipheimer y Lance Armstrong. Afirmaba también que fueron Armstrong y el director deportivo del equipo US Postal, Johan Bruyneel, las personas que lo introdujeron en el uso de sustancias prohibidas

ESPN: ¿Crees que Armstrong subestimó a Floyd Landis, dado que él, en última instancia, fue quien precipitó su caída?
DW: Sí, definitivamente. El no pudo ver que Landis podía convertirse en un enemigo muy peligroso. Yo tengo una teoría acerca de Lance. Él es muy inteligente. Él armó un excelente equipo y el US Postal estaba formado por ciclistas muy buenos y muy talentosos. Lideró con éxito ese equipo. Planteó una buena estrategia para las carreras. Supo armar un buen plan de entrenamiento y nutrición. Logró también que su equipo tuviera los mejores sponsors y el más alto presupuesto. El US Postal tenía la mejor tecnología y el mejor equipamiento de todo el pelotón. Para todo eso Lance fue muy bueno. Pero él no era bueno para tareas que demandaran inteligencia emocional. Floyd Landis fue su compañero de equipo por tres años y uno de sus principales y más leales gregarios. Landis sabía absolutamente todo de él y de su equipo, y estaba en problemas. Después de haber dado positivo cuando ganó el Tour en 2006 quiso volver al deporte en 2010. Pero no tenía dinero y entonces llamó a Lance para pedirle un lugar en el Radio Shack, el equipo que Lance había formado para su propio regreso. Pero Lance le dio la espalda y le dijo, “lo lamento, te descubrieron y no tienes lugar en mi equipo”. Cualquier otro hubiera pensado: "esta persona sabe todo de mí, si yo lo desprecio ahora y le digo que no lo voy a ayudar, es posible que diga la verdad".

Lance no pudo ver eso. No pudo darse cuenta de que tenía que ayudar a Floyd Landis. Si lo hubiera hecho jamás lo hubieran descubierto. Landis tenía algún remordimiento por lo que había hecho y, aunque mintió cuando dio positivo y siguió mintiendo cuando cuestionó cada resolución judicial en su contra, finalmente, cuando Lance le cerró las puertas, su único camino posible fue la verdad. Y ese fue el principio del fin de Lance Armstrong.

ESPN: ¿Piensas que el deporte mejoró a diez años de la saga de Armstrong? ¿Los siguientes ganadores del Tour estuvieron limpios?
DW: Creo que está mucho mejor. Yo no confío en (Alberto) Contador aunque haya sido un ciclista extraordinariamente talentoso. De hecho dio positivo en 2010 y le sacaron ese título del Tour. No confío en (Andy) Schleck, ni en (Bradley) Wiggings y tampoco en (Chris) Froome. Sí confío en (Geraint) Thomas y definitivamente en el colombiano Egan Bernal, quien estoy seguro que ganó limpiamente el año pasado.

ESPN: ¿Crees que Armstrong tiene alguna posibilidad de redimirse?
DW: Sí, yo pienso que todos deben tener una segunda oportunidad. Lo que hizo Lance fue malo. Hizo trampa, pero muchos lo han hecho. ¿Es peor que Jan Ullrich, Ivan Basso o Alberto Contador, que también dieron positivo?. Yo creo que sí. Lance vio el dóping como una oportunidad y la abrazó. Él dijo, si nuestro “programa” de dopaje es el mejor, tendremos una gran ventaja. Lance fue diferente también por la manera en la que hizo 'bullying' a mucha gente.

Él no quería defenderse de los que lo acusaban de doparse. Él quería aplastar y destruir a todo aquel que se le oponía y lo cuestionaba. Si podía ganarte te ganaba, pero si además podía convertirte en polvo y pisotearte, él prefería hacer eso. Esa era su naturaleza y su carácter. Lance me hizo un juicio a mí y al Sunday Times en 2006 y nos ganó. Porque, aunque varios testigos dijeron que vieron a Lance inyectarse y transfundirse, y destruir las pruebas ¿de qué manera podíamos demostrar nosotros que en esas jeringas había sustancias prohibidas? Armstrong declaró bajo juramento en ese juicio que nunca se había dopado. Eso es perjurio, es un crimen, y Lance tuvo mucha suerte de no terminar encarcelado cuando se supo la verdad. Ese juicio le costó al Sunday Times un millón de libras. Pero lo peor fue que nos impidió legalmente seguir hablando. A pesar de todo, yo creo que él tiene derecho a reconstruir su vida de la mejor manera posible. Me sorprende, cuando lo veo ahora en los medios, que haya tanta gente que no lo perdona. Él está haciendo unos podcasts en Estados Unidos y hay gente que los escucha. Pero desde mi perspectiva, si tiene suficiente dinero, debería tener una vida menos pública. Cuando va a esos lugares tan concurridos le gritan que es un tramposo. Muchos sienten que lo que hizo es imperdonable. De todos modos él pagó por sus errores. Tuvo que devolver y pagar muchísimo dinero. Perdió a sus sponsors. Le fueron sacados sus títulos del Tour y perdió también su derecho a competir como un atleta.

"Yo soy el responsable y toda la culpa es mía. Esto ha sido una gran mentira que repetí muchísimas veces. Fue un error. Hoy estoy aquí sentado para reconocerlo públicamente y decir que lo lamento mucho".

-- Lance Armstrong, enero de 2013.

ESPN: Mirando hoy, con todos los años que han pasado ¿Cuál es tu perspectiva y conclusión sobre el caso Armstrong?
DW: Creo que se hizo justicia. Lance era tan poderoso que pudo hacer que la verdad no se supiera. Había mucha gente que no quería que la verdad saliera a la luz. La UCI no quería que Armstrong fuera desenmascarado. Tampoco la gente que controlaba el ciclismo en Estados Unidos. Todos ellos estaban del lado de Lance. Los sponsors también estaban de su lado, grandes empresas como US Postal, Nike y Trek. Los organizadores del Tour de France también querían que Armstrong siguiera ganando. Eso era muy bueno para el negocio. Ese fue el verdadero problema que tuvimos que enfrentar. En el medio de su primer Tour de France Lance dio positivo de corticoide, pero los organizadores y la UCI (Union Cycliste Internationale) aceptaron una receta antedatada que le permitía usar esa medicación. Él no la tenía cuando se lo detectaron, o sea que ellos mismos rompieron las reglas para mantenerlo en la carrera. Fue parecido a lo que pasó en el Masters con Rory McIlroy, cuando golpeó la arena en el bunker del hoyo 18. Parecido a lo que ocurrió con Tiger Woods cuando firmó una tarjeta equivocada después de haber dropeado mal deliberadamente su pelota, también en el Masters. Los que tenían que tomar las decisiones dijeron "ellos son demasiado grandes para descalificarlos" y no lo hicieron. Lance ya era muy importante en 1999. Hay que recordar que él estaba regresando solo nueve meses después de derrotar a un peligroso cáncer que casi había acabado con su vida. Todo el mundo supo que ese podía ser el regreso más grande de todos los tiempos. Más grande que el de Ben Hogan después de su accidente. Más grande que el de Greg LeMond en 1989. La de Armstrong era una historia demasiado romántica y por eso tanta gente la abrazó y quiso creerla. Pero al final, como ocurre en muchas películas de Hollywood, el ladrón, que ha robado y ha escondido el botín, finalmente se retira a disfrutar de la vida. Y entonces llega alguien que le propone un último trabajo, y ese último trabajo es el que sale mal. Si Lance no hubiera regresado en 2009, para correr en el equipo Astana y luego con el Radio Shack, nunca lo hubieran descubierto. Nunca hubiera tenido lugar esa conversación con Landis y todos se hubieran ido olvidando de las acusaciones de dóping. Pero a raíz de la confesión de Landis, Lance Armstrong fue finalmente descubierto por una investigación de la USADA (US Anti-doping Agency). Lo llamativo es que si un corredor inglés hubiera ganado siete Tour de France, yo no creo que la UKAD hubiera mostrado a todo el mundo que ese corredor era un tramposo. Tampoco creo que la autoridad francesa hubiera desenmascarado a un corredor francés en las mismas circunstancias.

ESPN: Después de haber estado involucrado en un caso tan resonante, con tanta exposición pública, tanta crítica y finalmente tanto reconocimiento ¿Cuáles crees que son las motivaciones principales de un periodista? ¿Hay algo de vanidad más allá de la búsqueda de la verdad?
DW: La motivación ha sido siempre mostrar la verdad. Uno investiga cuando sospecha que algo está mal. Con Armstrong ese fue el caso. Yo sospeché, desde que lo vi ganar las primeras etapas en el Tour de France en 1999, que ese hombre no era el gran campeón que todos veían o querían ver. Carl Bernstein y Bob Woodward sospecharon que la irrupción en las oficinas del partido Demócrata en Watergate escondía algo. Por eso investigaron y fue una de las investigaciones periodísticas más importantes de la historia. Yo me involucré en esta investigación porque desde el principio tuve la convicción y creí que la verdad estaba siendo ocultada al público. La historia que tuve que contar sobre Lance Armstrong fue horrible. Y era tan fea que nadie quería escucharla. Lo único que tenía esa historia a su favor era la verdad. Y la pregunta que uno siempre tiene que hacerse es ¿Qué es preferible, una verdad horrible o una bella mentira? O dicho de otra forma, ¿Qué prefieres, el cachetazo de la verdad o el beso de una mentira?

Walsh es editor deportivo jefe del diario británico The Sunday Times. Fue tres veces elegido como el periodista deportivo del año en Gran Bretaña y cuatro veces en Irlanda. Ha escrito varios libros, entre los que se destaca LA (Lance Armstrong) Confidential (2004), que es un listado de toda la evidencia que demuestra el dopaje de Armstrong a través de los años. Walsh lo escribió junto con el periodista francés Pierre Ballester. También escribió Seven Deadly Sins (2012) en el que cuenta con detalles su persecución a Armstrong, a partir de su primera y cuestionada victoria en el Tour en 1999, hasta su caída final en 2012.