F1: Así aprendió Checo Pérez a manejar

play
En casa con... Checo Pérez (6:25)

Recorre con ESPN Deportes la casa en la que creció uno de los mejores pilotos de autos en la historia de México y que guarda objetos clave de su carrera. (6:25)

De ir en las piernas de su papá y tomar el volante de la Suburban de la familia a manejar un Chevy que chocó contra un Cadillac


Cuando nació, Sergio Pérez ya estaba destinado a ser piloto. No importa lo que su gusto por el futbol tratara de intervenir, en su casa se comía, respiraba y se pensaba en coches todo el tiempo, así que muy pronto tomó un volante y se puso a manejar.

Su padre Antonio Pérez Garibay, piloto en categorías nacionales, fue ese primer maestro e influencia que acompañó a Checo Pérez, hoy el mejor piloto mexicano de la F1, en las primeras aventuras al mando de un vehículo.

A los 5 años, Checo Pérez ya se subía al gokart que Paola y Toño, sus hermanos mayores manejaban. Los tres empezaron con el mismo cochecito, a la par de que papá Toño Garibay (como es conocido entre la gente del ámbito del automovilismo) les daba lecciones en el auto familiar.

Checo nació antes de tiempo por una carrera de autos

Hasta el nacimiento de Checo Pérez se precipitó por una carrera de autos. Su papá trabajaba con el piloto tapatío Tomás López Rocha, quien corría la categoría IMSA en dupla con el español Fermín Vélez y justo en enero de 1990 iniciaba la temporada con las 24 Horas de Daytona... el inconveniente es que mamá Marilú estaba embarazada, Sergio venía en camino, cerca del término, muy cerca del parto.

“Todavía lo debatimos muchísimo. Yo me tenía que ir a Daytona y, o Checo nacía ocho días después u ocho antes. Toño y Paola nacieron de parto normal y el doctor me dice ‘el bebé está listo’, con una cesárea lo podemos adelantar ocho días y me iría yo a trabajar a Daytona. Adelantamos el nacimiento de Checo”, narró Toño Garibay, a quien todavía hoy en día le reclama Marilú ese hecho.

La ley del “error-sopapo”

Los Pérez Mendoza, que vivían en la colonia Mezquital Country de Guadalajara, tenían una Suburban blanca en la que los tres retoños de Toño y Marilú le pedían a su papá que les dejara guiar el volante sentados en sus piernas.

Se turnaban y, aunque Checo era el más pequeño, entraba a la dinámica, donde el que se saliera del carril recibía como castigo un ‘sopapo’, un leve golpe en la cabeza de parte de papá Toño.

“Íbamos por la calle Plan de San Luis y Paola y Toño me pedían oportunidad de manejar la Suburban, al lado Marilú, ellos atrás. Primero le daba oportunidad a Paola, más grandecita, la llevaba en las piernas, había una filosofía: error-sopapo.

Checo tendría alrededor 8 años cuando empezó a tener la habilidad para, primero sincronizar, no salirte de las rayas (del camino), del lado izquierdo venían los carros de frente y la otra raya donde va el otro auto, entonces la Suburban la llevaban, cuando se salían a uno de los dos lados, era el error y era el sopapo”.

De jugar carreterita 1-2-3 a los gokarts

Desde muy pequeños Toñito y Checo pintaban pistas con gises y jugaban a la “carreterita”, el clásico 1-2-3, el juego donde se empuja el carrito a escala con los dedos, pero luego llegarían los gokarts.

“Compré un gokart de deshecho y ese gokart lo corrían Paola, Toño y Checo”, dijo Garibay, quien luego recordó que sus hijos pasaron muy rápido a conducir karts con cambios y altas velocidades, los shifters.

Luis Muzquiz, alias ‘Paquito’, conoció a Checo Pérez en el ya desaparecido Kartódromo Zapopan, donde el ahora piloto de F1, corrió por primera vez.

Muzquiz, director del ‘Kartódromo Checo Pérez', recuerda que “era un espectáculo, sentarte a ver correr” a los hermanos Pérez, que todos empezaron en un gokart automático, un Sprinter, motor Yamaha, mismo que se conserva en la pista que hoy lleva su nombre.

“Es una súper reliquia”, dijo Paquito al mostrar orgulloso el primer gokart de Checo, “pero ahora ya es de Chequito (el hijo mayor de Sergio Pérez)”.

Luego vinieron los shifters, donde la precocidad de Checo Pérez sorprendió a todos.

Checo es la persona más chica (de edad) que he visto que se suba en un shifter”, dijo Muzquiz, quien tiene sus 53 años de vida dedicados al kartismo.

“A Checo le traían los Memo Gidley, Phil Carson, grandes pilotos de gokarts, se los traían a correr a México y la sorpresa es que Checo les ganaba a los 12 años. En ese tiempo yo decía ‘Checo es el mejor piloto del mundo a los 12 años’, estoy seguro que no había un piloto en el mundo que manejara un shifter 125cc como lo hacía Checo a los 12 años”, expresó con orgullo Toño Garibay

Era tan bueno, recuerda Fernando Casillas, dueño del equipo con el que corría Checo, que para allegarse recursos una vez que ganaba con un gokart, se ponía a la venta y lo vendían porque los rivales pensaban que ese era el motivo del triunfo.

“Si ganaba, el carro, se le ponía un signo de pesos, esa es la garantía que nosotros dábamos.

“Era muy, muy muy bueno para correr, era muy inteligente para ser tan pequeño, no se metía en tantos problemas de accidentes y cosas de ese tipo, eso lo hacía muy viable paras ser un buen piloto... su porcentaje de accidentes es muy bajo”, recordó Casillas, dueño del Kartódromo Hermanos Casillas, quien vio en Pérez las virtudes que luego lo han distinguido en 14 años en la F1.

El primer choque fue en un Chevy contra un Cadillac

En 2004, Checo pasó de los gokarts a los autos fórmula, la serie Skip Barber, tenía 14 años y había heredado el Chevy Pop color plata que había sido de Paola y luego de Toñito.

Como buen adolescente, cometió una imprudencia al entrar a la privada donde vivía. Se metió con el Chevy en sentido contrario, porque le urgía ir al baño, ahí se topó de frente en una curva con el Cadillac Seville, auto de lujo de un vecino. Sí, paradójicamente, su primer contratiempo en un auto de calle implicó a dos autos de General Motors, uno de ellos Cadillac, como la escudería con la que correrá en la Fórmula 1 en 2026.

“El vecino viene manejando su Cadillac, los dueños de Aldo Autopartes, en ese momento Checo sale aquí, en esta parte, porque se venía haciendo del baño, traía muchas ganas de ir al baño y aquí es donde tienen el contacto. Checo con su Chevy choca un Cadillac, ¡caray!”, rememora Toño Garibay, al caminar por el lugar del percance.

Al vecino le gustó la responsabilidad de Checo de tratar de resolver el asunto, además de que su papá no estaba en Guadalajara, y le aceptó un intercambio con el que pagaría el golpe.

“Y logró convencer a los vecinos para que le dieran patrocinio para poder correr en Estados Unidos y Canadá y así es como se logra que Checo traiga en el casco el patrocinio de Aldo Autopartes, con eso pagó el choque, con el patrocinio de un año”, contó Garibay.

Así, cada historia sobre Checo Pérez que sale de la boca de su papá y sus amigos tiene el común denominador de las cuatro ruedas, del olor a gasolina, ese que una vez que ‘contamina’ la sangre, no sale nunca y te liga al automovilismo de por vida.

Hoy todos sonríen al recordar esos buenos viejos tiempos donde un niño tapatío que pintaba para cosas grandes, no defraudó y las hizo.