Marcelo Alderete y Mariana Zubillaga ganaron la Vuelta al Lago Epecuén 2023

Uno de los increíbles paisajes de la carrera a través del tiempo. Prensa Vuelta al Lago Epecuén

La Vuelta al Lago Epecuén 2023 contó con poco más de 600 corredores que, en sus tres distancias (60, 21 y 10 kilómetros), una vez más, se animaron a correr a través de la historia en una experiencia para toda la vida.

Con largada y llegada desde la Eco Playa Sustentable, a orillas del lago Epecuén, la prueba de ultra distancia de 60 kilómetros partió a las 4.30 con más de 100 corredores que vivenciaron la oportunidad de dar la vuelta completa al espejo de agua, para luego transitar por las ruinas de lo que fue, hasta el 10 de noviembre de 1985, Villa Epecuén, una ciudad que supo albergar a 5000 turistas hasta su fatídica inundación.

La jornada comenzó antes del amanecer con el inicio de los 60 km, donde las linternas encendidas fueron esenciales hasta que el día empezó a aclarar y el sol pleno se hizo dueño de un caluroso domingo de noviembre.

Desde el inicio, Marcelo Alderete, oriundo de Punta Alta, salió decidido a subirse al podio, tras su cuarto puesto en 2022.

"Quería tener revancha y, para eso, me entrené todo el año pensando en la Vuelta. Quería ganarla y lo pude conseguir. Fueron meses de mucho trabajo que hoy veo concretado. Estoy feliz, lo de hoy fue una fiesta para todos", contó Alderete tras pasar la meta en 4h55m33s. Lo escoltaron Raúl Voto, de Carhué (5h02m32s), y Nicolás Choren, de Mar del Plata (5h07m45s).

Por el lado de las damas, la local Mariana Zubillaga se impuso (6h32m36s), seguida muy de cerca por Valeria Spickerman, de El Palomar (6h36m24s), y Yanina Baini, de Winifreda (6h42m16s).

"Estoy inmensamente feliz. Ganar en mi lugar es algo bellísimo y deseado. Esta carrera es tan linda como dura. Requiere mucha concentración porque, si bien es un circuito plano, la superficie es sumamente cambiante. Tengo una alegría enorme", explicó feliz Zubillaga.

En los 21k, el carhuense Cristian Cabrera ganó con amplio margen (1h21m10s) por sobre el marplatense Hugo Galdeano (1h33m14s) y el local Pablo Dalinger (1h37m13s). Entre la damas, la trenquelauquense Andrea Changazzo, ganadora de los 60k en 2022, fue la más rápida (1h41m32s), por delante de Mariana Servera, de General Villegas (1h49m51s), y Sofía Espínola, de Tornquist (1h53m01s).

Y en los 10k, el bahiense Nehuen Huerta resultó ganador (43m06s), seguido por Nahuel Stelluto, de Hurlingham (45m44s), y Ariel Acosta, de Viedma (47m13s). Mientras que el podio femenino lo integraron la vasca Maite Martínez Aguirre (53m24s), Luciana Villamil, de Trenque Lauquen (54m28s), y Juliana Cabrera (56m43s).

"Es mi primera carrera de trail, soy una corredora de asfalto. Estoy en la Argentina hace un año, leí sobre la historia del lugar y quise venir a conocer. Estaba anotada para los 21k, pero como estaba con una molestia en la rodilla, en la Expo me bajé a 10km. Fue una buena decisión porque correr es fundamental en mi vida. Esta carrera fue un encanto", señaló Martínez Aguirre, atleta del País Vasco.

Clasificación completa en tyr.com.ar

ACERCA DE CARHUÉ Y EPECUÉN
El Lago Epecuén es un espejo de agua de casi 30 kilómetros de largo, tiene un índice de salinidad más alto que el Mar Muerto. El barro con altas propiedades curativas y las aguas termales conforman un polo de atracción que hoy se centra en la ciudad de Carhué.

A solo 10 kilómetros de la antigua villa inundada hace más de tres décadas. Villa Epecuén fue fundada en 1921, y durante más de 60 años creció hasta alcanzar la posibilidad de alojar a 5000 turistas. Desde los años ´40 Epecuén era el segundo destino turístico de la provincia de Buenos Aires, detrás de Mar del Plata.

Entre los factores que la destacaban aparece rápidamente que fue un centro de turismo de salud que la aristocracia porteña visitaba persiguiendo las propiedades curativas de las aguas del lago con una cantidad de minerales similares a las del Mar Muerto. En la década del ´60 el perfil turístico cambió pero siguió creciendo. Villa Epecuén llegó a tener dos trenes diarios que llegaban desde Buenos Aires en temporada alta.

No se trata de la única curiosidad que tiene la laguna de Epecuén. Como sus aguas son muy saladas, no tiene peces, pero sí una enorme concentración de artemias salinas, un raro crustáceo capaz de una supervivencia extraordinaria.

La artemia salina, que puede vivir en aguas como las de Epecuén, es la comida preferida de los flamencos australes, de tono muy rosado, que forman allí una de las mayores colonias de esas aves conocidas en el continente. Junto a ellos hay macás plateados, faralopos y otras aves acuáticas, algunas de ellas migratorias que vienen desde el hemisferio norte.

En 1985, exactamente un 10 de noviembre, el agua lo cambió todo. Las inundaciones en las Lagunas Encadenadas del oeste bonaerense hicieron crecer las aguas en proporciones extraordinarias amenazando a gran cantidad de ciudades en la región.

Cuando se abrieron las compuertas de la Laguna de Guaminí, la última de las encadenadas, el Lago Epecuén desbordó un gran terraplén e inundó las calles del pueblo. El ingreso del agua fue tan veloz que mucha gente no pudo sacar sus vehículos, apenas algunas pertenencias. En pocos días lo que había sido una pujante villa turística quedó sumergida bajo el agua.

Las ruinas de Villa Epecuén permanecieron bajo el agua salada durante casi 20 años. El agua del lago recuperó su alto índice de salinidad a medida que decrecía su caudal y esa sal fue transformando todo. Hoy esas ruinas están rodeadas de árboles blancos, impregnados de una combinación mineral que los emparenta con el mármol.

Las ruinas de Villa Epecuén son hoy Patrimonio de la provincia de Buenos Aires y parte del impulso turístico generado la ciudad de Carhué, a solo 10 kilómetros. El lugar volvió a ser un centro termal con propiedades curativas como lo fue antes de la gran inundación. De esa forma, la unión del pasado con el presente, con la Vuelta al Lago Epecuén, es una oportunidad que aporta una sensación única que experimentan todos los corredores que son parte de esta carrera.

Por ello, esta carrera, una vez más, se trata de correr más allá del tiempo en un lugar que busca y debe ser recordado como la gran villa turística que albergó a miles de personas en las décadas del ´60, ´70 y mitad de los ´80. El Lago Epecuén quiere recuperarse. Desde que las aguas bajaron, se empezó a ver de nuevo playitas y pequeñas bahías cubiertas de blanco. De lejos, parece nieve. De cerca es como una espesa capa de sal gruesa que se forma en los lugares más protegidos de la costa. Son cristales de sulfato, que no hay que confundir con sal gruesa.

Vuelta al Lago Epecuén es una prueba de trail running en la que no sólo se trata de correr sino que es hacerlo a través del tiempo