La llegada de Bradley Beal a los Suns pareció, a priori, una gran noticia en el desierto de Arizona. La gerencia incluso se movió para mejorar la segunda unidad del equipo, que luce más profunda que la temporada pasada.
Sin embargo, a veces lo que luce como realidad es un espejismo.
Phoenix se puso en situación de ganar como sea luego de un nuevo acuerdo colectivo que los pone con la soga al cuello. Desde lo estrictamente financiero, hablamos de la tercera franquicia más derrochadora de la NBA detrás de Los Angeles Clippers y Golden State Warriors. Con un límite salarial para esta temporada de $165,294,000, los Suns tienen una nómina salarial de $190,819,043, lo que los coloca encima del impuesto al lujo y sin mucho margen de maniobra.
El gran desafío no está en el Big Three sino en DeAndre Ayton: cobrará 32.5 millones de dólares y aún le quedan 100 millones por recibir rumbo a la temporada 2025-26.
En términos deportivos, nada de lo que hicieron los Suns los ponen en condiciones de competir contra, por ejemplo, los actuales campeones de la NBA, los Denver Nuggets. ¿Quién va a defender, por ejemplo, a Nikola Jokic? Toda la carga en el perímetro y Ayton solo en la pintura para controlar gigantes. Y en el otro costado, empezará a rezar desde ahora a ver si algún balón le puede caer en las manos.
Digamos las cosas como son: los últimos experimentos de Big Three de jugadores externos no fueron demasiado auspiciosos que digamos, sobre todo cuando se trata de tres anotadores que juegan con la pelota en sus manos. ¿Cómo distribuir los tiros entre Kevin Durant, Devin Booker y Beal? ¿Ya habrán hecho algún acuerdo con la NBA para jugar con tres balones por ataque? Esto va a demorar tiempo. Y esa paciencia no es buena compañera con la necesidad de ganar ahora que existe en las oficinas del Footprint Center.
Pensemos en experiencias similares. Voy a una fresquita: Kyrie Irving, James Harden y Kevin Durant en Brooklyn Nets. Si esa no alcanza, puedo decir Russell Westbrook, Paul George y Kawhi Leonard en los Clippers. Hay muchos ejemplos más, pero es siempre mucho ruido y pocas nueces. Son, básicamente, jugadores estrella que hacen un poco lo mismo.
Los platillos en la balanza del equipo quedarán, tarde o temprano, desbalanceados.
Phoenix, además, deshizo el esquema mental que tenía. La estructura que pensaba y le daba identidad. Ya no están Monty Williams en el banco de suplentes y Chris Paul dentro de la cancha. En materia de liderazgo, los Suns supieron ser algo, guste o no. Ahora serán una incógnita porque todo lo que veremos en la temporada entrante será nuevo.
Además de Paul, los Suns dejaron atrás a Torey Craig. Trajeron a Keita Bates-Diop, Drew Eubanks, Yuta Watanabe, Damion Lee, Eric Gordon y posiblemente Bol Bol. No sabemos si será mejor o peor, solo sabemos que el panorama será bastante distinto.
Ahora bien, toquemos un tema que no es menor: la salud. Durant tiene 34 años, pero tras su durísima lesión en el tendón de Aquiles en 2019, su condición siempre ha estado en jaque. En otras palabras, el monitoreo constante en un físico de su naturaleza es un hecho. No es uno más: hablamos de uno de los mejores anotadores de la historia del básquetbol. Y el otro enigma es Ayton: si se llega a resfriar -pasó la temporada pasada, jugó 67 de 82 juegos- los Suns no tienen cómo llenar ese vacío cerca de los tableros. Es un equipo demasiado profundo afuera, demasiado escaso adentro.
La figura de los tres fantásticos se hace viral y seduce, pero la química acá se perfila como un problema. ¿Es el equipo de Durant? ¿Es el equipo de Booker? ¿Beal, goleador voraz, sabrá dar un paso atrás para que el resto se luzca? De las fortalezas a las debilidades hay solo un par de frustraciones de distancia.
Sumar individualidades no garantiza el éxito. Armar un equipo necesita de capataces, pero mucho más de obreros.
En definitiva, no todo lo que reluce es oro.
En la tierra de los 360 días de sol al año, saben muy bien de lo que estamos hablando.
