Yasiel Puig, ¿una estrella fugaz de las Grandes Ligas que se apagó?

El 3 de junio de 2013 llegó a las Grandes Ligas como un huracán categoría 5. Con cinco herramientas bien definidas: fuerza, contacto, velocidad, defensa y brazo, y una juventud que auguraba una carrera de Salón de la Fama.

Los Angeles Dodgers habían atinado cuando firmaron al prospecto de 22 años que había escapado de Cuba atravesando una odisea marítima, que alguna vez se rumoreo sería llevada a la pantalla grande por Hollywood.

A aquel guajirito (así se les llama a los nacidos en una zona rural) de Palmira, los Dodgers le pusieron sobre la mesa $42 millones por siete años. Hasta ese instante ningún pelotero cubano con experiencia en la Serie Nacional de Béisbol se había acercado tanto a la perfección atlética, quizás el más cercano era Kendrys Morales.

Ya una vez en las Mayores, los más osados, comenzaron a comparar sus habilidades con las de Mike Trout, el fenómeno que un año antes (2012) había ganado el premio de Novato del Año, terminado segundo en la votación de Jugador Más Valioso de la Liga Americana y jugaba para el otro equipo de la ciudad de Los Angeles (Angels).

Tras su paso en 2012 y 2013, Puig, sin apenas esbozar una palabra en el idioma de Shakespeare, arrasó con la ciudad. La tuvo a su merced como nunca ha podido hacerlo Trout, quien casi una década después se le incluye en cualquier debate sobre los mejores peloteros de la historia.

Don Mattingly, su mánager con Dodgers, lo comparó con la llegada de Manny Ramírez a Los Ángeles: "Había visto jugar a Manny y sabía lo que podía hacer. Pero este gato es un animal diferente. Cuanto más lo ves, más lo crees".

Su modo de jugar, sus locuras y su carisma en el diamante fueron su carta de presentación. Hasta famosas estrellas de Hollywood aprovechaban la oportunidad para tomarse una foto con la nueva sensación de la ciudad que el legendario comunicador Vin Scully bautizó como 'Caballo Loco' (Wild Horse).

El propio Scully dijo: "¡Nunca he visto a un jugador que tenga cinco herramientas y muestre las cinco herramientas en tres juegos!"

El único pelotero que ha entrado de forma unánime al Salón de la Fama de Cooperstown, el panameño Mariano Rivera, dijo sobre Puig: "Es muy agresivo, es un niño, ¿por qué no? Así es como juegas. ¿Por qué vas a cambiar cuando vienes a las grandes ligas? Así es como juegas, sigue jugando como juegas".

Caballo Loco perdió los estribos

No todos los mortales saben lidiar con la fama.

Una colega que lo siguió en su tiempo de jugador en las Series Nacionales con Cienfuegos, equipo en el que coincidió con los hoy jugadores de los Chicago White Sox, José Abreu y Yoan Moncada, me comentó que lo siguiera de cerca.

"Es un pelotero diferente. Síguelo. Hará grandes cosas si logra poner sus neuronas en función exclusivamente del béisbol", me dijo.

Ella no se equivocó.

Tampoco Zack Greinke, quien, con la misma parsimonia que lanza desde el montículo, declaró en plena efervescencia de la Puigmanía cuando él todavía jugaba para Dodgers: "Es temprano, así que veremos cómo sigue. No querrás darle demasiado crédito a alguien demasiado pronto".

Después de finalizar segundo en la votación de Novato del Año en 2013, por detrás únicamente del fallecido -y compatriota- José Fernández, Puig ni siquiera sintió la "maldición del segundo año". Puso números sólidos que consolidaron la creencia de que estábamos en presencia de una megaestrella.

Lo que pudo ser...no fue. Los hechos superaron las suposiciones. Quien estaba probablemente destinado a ser el mejor pelotero cubano de su generación -y quizás más- se convirtió en una mala caricatura de sí mismo.

Aquel joven llamado a comerse el mundo se involucró en una sucesión de situaciones bochornosas: enemistad con compañeros del clubhouse, llegar tarde al estadio en reiteradas ocasiones, múltiples detenciones por manejar a exceso de velocidad, hacer gestos obscenos a los aficionados, ser uno de los pocos atletas millonarios que tuvo que ser despedido por sus agentes y, por último, ser acusado por acoso y agresión sexual.

Después que Cody Bellinger, primero, y luego Mookie Betts le sucedieran en la posición en la escuadra de Dodgers, son pocos los que recuerdan que una vez allí estuvo Yasiel Puig. Como escribiera el colega Enrique Rojas, Puig es "uno de los jugadores con mejores herramientas físicas que menos impacto tiene en el juego".

Él acaba de firmar para jugar con los Toros del Este de la Liga Dominicana. Quiere regresar a las Mayores después de no poder jugar en la temporada 2020 por dar positivo al COVID-19, después de firmar con los Atlanta Braves.

Hoy, 7 de diciembre, Yasiel está cumpliendo 30 años y todavía está a tiempo de regresar a MLB y recuperar la condición de estrella, aunque ya es un hecho que no le alcanzará para Cooperstown y tampoco para ser el mejor cubano de su generación.

Tras siete años en el mejor béisbol del mundo, es una certeza que el problema de Yasiel Puig no lo encuentras en la sabermetría ni las estadísticas tradicionales, está en su cabeza.

Una lástima.