JJ Barea: una leyenda de los Mavericks contra todo pronóstico

DALLAS -- Cuando el entonces guardia recién egresado de la Universidad de Northeastern se presentó en la duela de entrenamiento con los Dallas Mavericks por vez primera, en el otoño del 2006, pocos imaginaron que menos de una década después se convertiría en leyenda.

Mucho menos, que 14 años más tarde sería un histórico de la franquicia, sobre todo si se considera que medía menos de seis pies de altura y que era un agente libre novato del que pocos, muy pocos, creían siquiera que iba a quedarse en el equipo.

Pero José Juan Barea, se quedó en el equipo contra todos los pronósticos; unos Mavericks que eran de los clubes más competitivos y llenos de talento en toda la Conferencia Oeste de la NBA.

Poco a poco comenzó a convertirse en el popular “J.J. Barea“ del deporte profesional en Dallas-Fort Worth, consentido de aficionados, colegas de otras disciplinas en el área y en uno de los personajes más respetados por sus compañeros y rivales.

“Hombre, Dallas es mi segundo hogar“, dijo Barea, de 36 años este jueves al borde de las lágrimas durante su despedida con la prensa, que en su mayoría lo cubrió durante el tiempo que ha jugado con la franquicia. “Simplemente es especial, hombre. Es el lugar más feliz donde siempre jugué basquetbol”.

Barea fue dado de baja de manera oficial este jueves de los Mavericks; el club con el que llegó a la NBA y en el que ha jugado 11 de sus 14 temporadas en la liga en dos etapas diferentes; la última del 2014 a la fecha.

“Vamos con un equipo de perfil más joven“, dijo el gerente general de los Mavericks, Donnie Nelson. “J.J. está lleno de basquetbol todavía, pero no podemos prometerle el tiempo de juego que quizá merece porque tenemos que desarrollar a algunos de los muchachos que tenemos“.

El legado que deja Barea es muy grande y difícil de llenar. No sólo es parte de la única generación que fue campeona en la historia de la organización. Fue una de las piezas fundamentales para lograr ese título de la temporada 2010-2011, en el que tuvieron que remar contra corriente para derrotar en las Finales al Miami Heat.

Los Mavericks perdían las Finales 2-1 cuando el entrenador Rick Carlisle mandó llamar a su oficina a Barea para decirle que necesitaba su “chispa“ y su energía en la alineación titular, en reemplazo de DeShawn Stevenson, uno de los mejores defensivos de ese tiempo, para tratar de revertir la serie.

El plan, recordaron este jueves Carlisle y Barea era simple: Tratar de meterse a la pintura con velocidad pura y pasarle el balón a Dirk Nowitzki, uno de sus mejores amigos desde entonces. Las cosas funcionaron y lo demás ya es historia…

“A partir de este momento, J.J. es un atleta legendario en Dallas”, dijo en aquel entonces el entrenador Rick Carlisle, días después de que ganaron el campeonato. “Se ha colocado en el mismo renglón que jugadores de otros deportes que trajeron campeonatos a esta ciudad”.

“Esta en la misma conversación de los Troy Aikmans, Emmitt Smith, Michael Irvin, Roger Staubach y muchos más de los Dallas Cowboys, por ejemplo”, agregó. “Este campeonato es algo inédito y él fue parte muy trascendente de él”.

La herencia que deja el movedor de bola puertorriqueño tiene mucho más que ver con carácter, ganar siempre “apuestas“ en las que siempre fue visto como el desfavorecido, quizá por su menor estatura promedio en una liga de gigantes, su inteligencia, energía cada vez que entró a la duela con el uniforme de los Mavericks, con las puertas que abrió para muchos otros basquetbolistas en la mejor liga del mundo y, en especial, con su don de persona y humildad.

Siempre compitió contra la adversidad en todos sus aspectos, desde tener que bajar y subir del equipo de la Liga de Desarrollo para primero tener que convencer al entrenador Avery Johnson de que podía ser jugador NBA de tiempo completo, y rápido tener que hacer lo mismo para Carlisle, quien llegó en el 2008 y con el que tuvo una gran comunión hasta su último día.

“J.J. ha tenido una de las mejores carreras en la historia de los deportes profesionales”, dijo Carlisle. “Pero merecería llegar al Salón de la Fama por su trabajo con la comunidad, la manera en que ha representado a su país, a los latinos y a todos los que han necesitado ayuda”.

Barea termina su etapa como jugador con los Mavericks como el quinto en partidos disputados (637); séptimo en canastas de tres puntos (596), octavo en asistencias (2,441) y un anillo de campeonato. Nelson, Carlisle, el propietario Mark Cuban y el propio Barea saben que su próxima etapa en el equipo será como entrenador y que algún día su número colgará cerca del de Nowitzki en el American Airlines Center.

“Esta ciudad me vio llegar como un muchacho”, recordó Barea. “Esta ciudad me vio crecer como en hombre de familia que soy ahora”.

“Y sólo quiero que siempre me recuerden como un muchacho que lo dio todo por su equipo, por su ciudad, ayudé a esta ciudad a ganar todo… Lo dejé todo en la cancha y siempre estaré agradecido por todas las oportunidades que me dieron y todos los buenos tiempos”, añadió. “Siempre fui un muchacho trabajador, que dio todo por sus compañeros y por su equipo”.

Barea irá a Puerto Rico a pasar Navidad con su familia por vez primera en más de 20 años, antes de decidir por su siguiente equipo, que prioriza sea en la NBA, aunque tampoco descarta Europa. Seguirá jugando con la selección de su país.

“Voy a seguir preparándome porque quiero ser entrenador en algún momento”, reconoció. “Después de este año voy a seguir buscando oportunidades como entrenador y prepararme para algún día ser coach aquí en la NBA”.