Por qué 10 apariciones en el Super Bowl no fueron suficientes para Tom Brady

NOTA DEL EDITOR: Esta pieza se publicó originalmente el 5 de febrero del 2021, dos días antes de que Tom Brady apareciera su décimo Super Bowl, conquistando su séptimo anillo de campeonato.

SÁBADO POR LA MAÑANA, Tom Brady y Bill Belichick solos, una última sesión antes del día del juego. Esto sucedió hace cerca de 10 años, durante la década sin títulos de New England, cuando los Patriots intentaban recapturar su magia perdida, cuando comenzamos a considerar que, quizá, Brady llegaba a su punto máximo.

Belichick veía videos del quarterback de los New York Jets, Mark Sanchez, y se enfocó en una jugada en particular: Sanchez giró y corrió a su derecha, perseguido por defensivos, fuera de balance, intentando sobrevivir y con un receptor sin marca, alrededor de 65 yardas en lo profundo y más o menos 10 en diagonal, del otro lado del campo. Era un pase que sólo algunos quarterbacks en la historia podrían intentar, mucho menos completar, un hecho que parecía perdido en el mejor coach en la historia moderna del futbol americano.

“Sólo lanza”, dijo Belichick. “No vas a tener a un receptor más desmarcado que esto”.

Brady, incrédulo, tomó asiento. “No podría lanzar el balón 85 yardas”, pensó.

“Sólo déjalo ir”, agregó Belichick.

¿Dejarlo ir?, pensó Brady, mientras reía en su mente. El balón volaría 15 yardas si lo lanzo.

Años después de que Brady me contó esta historia, aún sigue en mi mente. No sólo porque es rica porque nos hace imaginar a un coach defensivo de toda la vida que no capta, o se niega a preocuparse, por el grado de dificultad por un pase casi imposible. Es por lo que Brady me contó luego de describir el momento: “Cuando veo una jugada, la veo dentro de mis propias limitaciones”.

LAS PALABRAS DE BRADY FUERON difíciles de creer entonces y son más difíciles de creer ahora. En la mayor parte de su carrera de dos décadas, parecía que sus aficionados y detractores creían que para Tom Brady todo era posible.

Luego de que los Tampa Bay Buccaneers eliminaron a los Green Bay Packers para ir al Super Bowl, el coach Bruce Arians lo expresó de la mejor forma: “La idea de que (Tom) le dio a esta organización de que podía lograrse, sólo se necesitaba a un hombre”.

No importa el obstáculo, Brady encuentra la forma de trascenderlo. Es lo más seguro en los deportes en la actualidad y lo más difícil de explicar. ¿Cómo es que a los 43 años de edad, con un nuevo equipo y un nuevo coach y obligado a ganar tres juegos de Playoffs de visita, está de regreso? Luego de todos estos años viendo a Brady, escuchándolo analizarse a sí mismo, preguntando a las mentes del futbol americano más brillante cómo lo hace, aún hay algo de misterio.

¿Qué es lo que ve cuando está atrás de la bolsa de protección? ¿Cómo lo procesa? Sutilmente ha hecho un hábito el redefinirse a sí mismo semana semana, expaniendo al mismo tiempo la idea de ser quarterback. Lloyd Carr dijo alguna vez que nadie disfrutaba más de la lucha inherente del futbol americano que Brady. Ha trabajado en cada faceta de su habilidad. Luego de seis campeonatos, aún busca maneras de mejorar, aunque sea el único que crea que necesita hacerlo.

Brady no nos dará todas las respuestas, así que sólo nos queda considerar lo pocoque nos dice, como el que cada jugada dentro del prisma de sus capacidades y posibilidades y quizá es esa habilidad de ver sus límites la que le permite ser grandioso, la que lo hace parecer no tener límites que otros sí.

NO IMPORTA CUÁNTO nos convenzamos de verlo como una súper estrella, Brady se se describe regularmente algo así como un solitario y es verdad. Recuerdo una noche de invierno en Detroit, en 2006, el viernes previo al Super Bowl. En una fiesta en el centro de la ciudad, un intruso en un mar de atletas y celebridades. En el octavo piso había una sala VIP con dos bares abiertos y varias luminarias del momento muy cerca unos de los otros. Snoop está en el escenario. Alex Smith está cerca. Matt Leinart pasa el tiepo con una playera blanca y un saco deportivo. Will Ferrell convive con una bebida en la mano, cerca de Usher y Jessica Alba.

Cerca de la media noche, las puertas del elevador se abren.

Es Brady. Apenas da unos pasos y la gente se da cuenta de que llegó: ¡Es él. Es Tom Brady!”, y la gente se acerca. Sus amigos lo rodean para interponerse a las masas. Es una de las personas más altas en el lugar, tanto, que cuando te paras junto a él, estiras la espalda, pero parece pequeño, ligeramente encorvado y con la mirada baja. Se nota incómodo. Este no es su ambiente. Camina una corta distancia y se sienta en un sofa cerca de un balcón, junto a Vanessa Minnillo. Momentos después, es absorbido por una masa de gente. Sus amigos intentan formar una bolsa a su alrededor, pero es menos exitosa que las bolsas que lo protegen los domingos. Un poco más tarde, se levanta tranquilamente, camina al elevador y se va para poner fin a su noche, dejando el lugar con una sensación de vacío, pero con un ambiente más balanceado.

Brady tenía sólo 28 años en ese momento, pero ya había ganado tres Super Bowls. Esperabamos algún cambio en él, un pivote lejos del futbol americano hacia, ¿qué: actuación, política? Creímos que sería el siguiente Joe Namath, con todo el brillo y glamur, como anfitrión de programas de televisión, trascendiendo los deportes con su fama, pero, en realidad, Bradu ya había visto lo suficiente de lo que las distracciones de la fama pueden hacer. Lo que más le daba temor no era que su fama disminuyera, ni siquiera ser la atracción de la fiesta, sino el final de su carrera como jugador.

Incluso entonces, lo que lo hizo único fue su firme personalidad reservada, un deseo de guardar y conservar y luego soltar su energía como celebridad, la de su brazo, la de su mente, cuando era más efectivo. Su trascendencia no es tanto de otro mundo, pero está profundamente arraigada en una especia de enfoque pragmático de sus habilidades. Sí, no importa qué tanto se equivoquen los scouts o cuánto intente convencerte de que lo pasaron por alto y no lo querían, son sus dones.

POR UN TIEMPO, Brady nunca durmió luego de una derrota en el Super Bowl. Luego, dejó de dormir luego de una derrota. Ahora, un error, cualquiera, en un juego cualquiera, lo mantiene despierto y aún así, cuando eligió un nuevo equipo en marzo, la oportunidad de ganar un séptimo Super Bowl fue uno de los pocos factores, pero no el principal.

Brady quería disfrutar sus últimos años en un clima más cálido, no muy lejos de su hijo mayor, Jack, quien vive en New York con su madre. Sus amigos insistieron en lo difícil que era creer que estaba seguro con su legado en New England y de que otro campeonato no era lo único que perseguía, así que racionó sus expectativas. Seguro, ganaría algunos juegos en Tampa, donde tomaría el mando de un equipo con marca de 7-9, pero que parecía tener un papel secundario en la NFL. Hasta marzo pasado, nunca habíamos visto como un professional fuera de New England. Esta era una oportunidad para que él demostrara su más esencial y real personalidad.

Nuestros primeros vistazos del nuevo y libre Brady llegaron rápido, durante una época extraña. Poco después de que firmó con los Bucs, habló virtulamente en una conferencia y pareció dejar implícito que una pandemia global podría ser una “recalibración”, que “quizá el mundo nos dice que bajemos un poco la velocidad, ¿no? Todos necesitan relajarse y recalibrar algunas de sus prioridades”. Luego, accidentalmente entró a la casa de un extraño, creyendo que era la residencia de su nuevo coordinador ofensivo, Byron Leftwich. Semanas más tarde, un empleado de la ciudad lo sacó educadamente de un parque local donde intentaba practicar. En la primavera, ofreció algo de ayuda a las masas al vender dos “suplementos de inmunidad” producido por su marca TB12. Uno se llamaba Protect, y un suplemento de 30 días costaba $45. Fue una falta de toque, al borde de una “especulación bélica”, escribió Dan Shaughnessy, del diario The Boston Globe, pero también en línea con alguien que, en ocasiones, tiene mucha fe en su propia actitud y teologías que se le dificulta ver los límites como algo trascendente.

Mientras el extraño receso de temporada finalizaba, vimos al Brady que imaginamos: relajado, calmado, liberado de las presiones de New England. En el ecampamento de entrenamiento, Brady se sentó con Rob Gronkowski, quien ´firmó con Tampa Bay un mes después que Tom, y filmaron un video producido por el equipo llamado “The Friendship Test: Tommy & Gronk”.

Brady estaba bronceado y calmado, con sus pies dentro de una alberca para niños. “Hace un poco de sol hoy”, dijo, con tanta ironía posible de uno de los íconos menos irónicos del futbol americano. Ambos jugadores rieron durante el video sin dejar dudas del contexto: Esto era diferente. Eran libres. El futbol americano era divertido.

El conductor del video les hizo preguntas a ambos sobre el otro y rieron y sonrieron. La última pregunta, “¿Cuál es el anillo favorito de Tom?”.

“Sé que es este”, dijo Gronk. “¡Lo sé! ¡Wow! A Gisele le encanta este, también”.

Brady lo miró fijamente, completamente consciente de que su esposa ha dicho públicamente que deseaba que su carrera hubiera finalizado para este momento.

Gronk luego compartió su respuesta: “¡El siguiente!”.

DURANTE TRES CUARTOS de la temporada, hubo reportes regulares de frustración entre Arians y Brady. El coach dedicado a los pases largos y el quarterback al que le encanta desangrar a los rivales hasta morir, ds hombres que parecían demasiado exitosos en sus propias maneras como para adaptarse el uno al otro. Belichick se mantuvo por encima de todo, de la misma forma como Brady se mantuvo por encima de Cam Newton. En un punto de la temporada, al mirar un juego ante Los Angeles Rams, Michael Lombardi, ex directive de los Patriots y uno de los mejores amigos de Belichick, se preguntó si los dueños de los Buccaneers quizá tuvieran que tomar una decisión entre Arians y Brady. Con sólo dos minutos por jugar en la primera mitad de un juego empatado 14-14, Tampa Bay tuvo el balón cerca del medio campo. Brady había sido programado por Belichick para pensar globalmente sobre estas situaciones, sobre cómo sus decisiones podrían no sólo impactar a la ofensiva sino a su defensiva también. Futbol americano complementario. Sus metas gemelas eran anotar y consumir tiempo, ayudando a su defensiva a no darle a los Rams la posibilidad de anotar antes del medio tiempo. Es un concepto basado en jugar dentro de los límites. Arians, sin embargo, quería atacar sin importar las consecuencias. Para ahora, ya conocemos su lema: “El que no arriesgam no gana” (No risk it, no biscuit).

Brady lanzó un pase profundo y de bajo porcentaje y fue incompleto. Dos jugadas más tarde, en tercera oportunidad, Brady lanzó y falló otra vez, lo que paró el reloj para los Rams antes de que los Buccaneers despejaran. Los Rams anotaron un gol de campo antes del medio tiempo, tres puntos que terminaron por ser la diferencia en una derrota por 27-24 ante los Rams.

La hailidad de Brady para lanzar profundo se ha discutido por años, dentro y fuera de la sala de coaches. En 2013, pareció que Brady había tovado fondo al promediar 6.92 yardas por pase, su cifra más baja desde 2006. Aunque ha mejorado gradualmente, aún había riesgo cada vez que lanzaba largo y aún así, de acuerdo a Pro Football Focus, Brady fue líder de la liga en pases lanzados de 20 o más yardas con 115. La potencia de su brazo no era el problema. Era su precisión. Toda la temporada, los Buccaneers trabajaron en una simple ruta profunda con ScottyMiller, no para ser usada en cada jugada, pero si la oportunidad se presentaba, si la defensiva cubría personalmente, sin ayuda, era un riesgo que valía la pena tomar.

“(Brady) ha conectado el pase todo el año”, dijo Harold Goodwin, coach asistente y coordinador del juego terrestre de los Bucs, quien tuvo acceso a las habilidades de Brady entre 1995 y 97. Goodwin fue un coach asistente de bajo nivel en Michigan, apenas iniciaba su carrera como coach. Vio a un delgado chico de California llegar al campus, probablemente algo presumido, enterrado en un depth chart e inseguro sobre su camino en el futuro.

Goodwin se fue de Michigan antes de la transformación de Brady, pero ahora está en la banca para ver el resultado de esa evolución. El otro día, en una práctica previa al Super Bowl, Brady alejó a su línea ofensiva para hablar de sus procesos de comunicación y asegurarse de que todos estuvieran en sincronía.

“Tom es particular sobre cómo ve el juego y quiere que se hagan las cosas”, dice Goodwin. “Es muy decisivo y siempre está hablando sobre futbol americano. Cuando hay una pausa en las prácticas, quiere hablar de futbol americano”.

En el Juego de Campeonato de la NFC, Tampa Bay tuvo el balón en una situación similar a la del juego ante los Rams: intentaban anotar sin dejar tiempo para la respuesta de Aaron Rodgers. Brady metió a los Bucs a distancia de gol de campo con ocho segundos por jugar en la primera mitad. Había tiempo para una jugada más y era fácil imaginar a Brady lanzar un pase rápido y corto a la banda, dentro de sus límites, para hacer que el intento de gol de campo fuera más sencillo. En lugar de eso, la preparación se encontró con la oportunidad: Brady vio cobertura personal de la defensiva en las bandas y lanzó un pase profundo por la banda izquierda a Miller para un touchdown de 39 yardas.

En la segunda mitad, sufrió dos intercepciones en variantes de la misma ruta de pase. Ambos envíos flotaron y cayeron para darle a los defensivos profundos la posibilidad de atrapar el balón sin problemas. Es una línea delgada en todos esos pases, como ha sido toda su carrera.

HAY ALGUNOS atletas que sienten que pueden hacer lo que sea. Patrick Mahomes es uno de ellos: puede alterar la geometría del juego. ¿Lo es Tom Brady? Intentará insistentemente de convencerte que no lo es, de que no es Joe Montana, quien jugaba sin esfuerzo y gracia y sutilmente, de que no es Russell Wilson, quien puede hacer jugadas con sus pies. Brady siempre ha sido duro consigo mismo, al punto de que es fácil preguntarse si compartimos la misma realidad con él.

En 2019, luego de que New England perdió ante los Baltimore Ravens, Brady abrazó a Lamar Jackson.

“Gran juego, amigo”, dijo Brady. “Jugaste grandioso”.

“Lo aprecio”, respondió Jackson.

“Felicidades”, se despidió Brady.

“GOAT (el más grande)”, gritó Jackson al mirarlo a los ojos. “El GOAT”.

Los ojos de Brady parecieron cerrarse y sus labios apretarse. Era lo último que querìa escuchar, luego de una derrota y en general. Odia cuando la gente lo llama el más grande de la historia, quizá porque significa una clase de finalidad para la que aún no está listo, quizá porque simplemente no lo siente así.

Brady ha logrado más que nadie en este deporte y aún así, siente que no es suficiente. Ha nos ha dicho a lo largo de los años que intenta al máximo vivir el presente. Aprendió eso hace años, cuando vio “Jiro Dream of Sushi”, una película sobre un cocinero de 85 años dedicado a mejorar su trabajo, sin importar la edad.

“Me golpeó en la cara como una reafirmación”, me dijo Brady alguna vez. “Sólo estar en el momento. ¿Qué es mejor que lo estás haciendo? Nada”.

Brady ha dicho que el punto de quiebre de esta temporada fue una victoria sobre los Atlanta Falcons en la Semana 15, cuando el equipo “se dejó llevar” (let it rip), pero cuando hablas sobre Tom Brady, ¿realmente ha habido un punto de quiebre? Todo ha sido una continuación de algo que comenzó cuando tenía 14 años y decidió que quería ser quarterback.

El ultimo momento sorpresivo de la semana del Super Bowl sucedió el lunes, cuando Brady abrió la puerta a la posibilidad de jugar más allá de los 45 años que había indicado. Ha empujado esos límites a lo largo de su carrera. Primero, era jugar hasta los 40 años, luego, después de los 40, luego hasta los 45. Ahora, ¿quién sabe?

Brady siempre ha deshecho todos los estándares y comparaciones, al menos en el futbol americano. Alguna vez tuvo a Montana con cuatro anillos. Eso pasó hace mucho tiempo. Realmente, Brady sólo tiene a la misma persona que ha tenido toda su vida: él mismo.

Luego de que los Bucs derrotaron a los packers, lo primero que Brady hizo fue alejarse de sus compañeros y las cámaras, quien fuera que estuviera tentado a decirle que era el más grande todos los tiempos, no tendría oportunidad, y se fue a la banca.

“¿Puedo saludar a mi hijo?”, dijo a un guardia de seguridad cuando llegó al borde de las gradas.

Jack bajó las escaleras del estadio y este año cumplirá 14 años, la misma edad cuando Tommy Brady en Portola Drive en San Mateo decidió que quería jugar futbol americano y se unió a un equipo, mirando a otros jugadores antes de su primera práctica para tener piestas de cómo colocarse los protectores de rodillas en las fundas.

Jack, quien es un buen atleta y heredó la mentalidad de su papá de esperar mucho de él mismo y analizar y corregir a fondo lo que perciba como fallas, estaba con su papá al inicio de la aventura del año pasado, en un departamento de New York, cando el quarterback más grande la historia firmó el contrato con un equipo diferente a los New England Patriots.

“Te amo, chico”, dijo Brady. “¿Cómo ves esto? Vamos a ir al Super Bowl”.