Boca se amigó con La Bombonera justo a tiempo: el otro lado del triunfo ante Instituto

Boca logró cerrar un merecido 2-0 ante Instituto y volvió a festejar en La Bombonera. En un partido en el que generó mucho, pero también mostró debilidades, Claudio Ubeda se llevó apuntes para trabajar con urgencia de cara a la fuerte seguidilla que le espera al Xeneize.

El primer tiempo de Boca vs. Instituto: exceso de control, distracciones y deuda goleadora

Boca pareció arrancar el partido con una indicación precisa: orden y paciencia. Con el correr de los minutos, la pelota circuló entre Leandro Paredes, Ander Herrera y los cuatro jugadores del fondo. El l Xeneize fue adelantando la línea de fondo para mostrar su intención de tomar la posesión, aunque con poca verticalidad y escaso desequilibrio.

El exceso de toques y el abuso del juego interno se combinaron con las imprecisiones individuales y así aparecieron los errores no forzados. Boca tuvo la pelota y generó situaciones, pero no las concretó y quedó muy expuesto para los contraataques.

Instituto, sin especial hincapié en la presión, tuvo oportunidades de conseguir la ventaja y pudo aplicar su plan de acción. Sin recurrir al planteo defensivo, se propuso esperar las distracciones para lastimar. La Gloria no pudo marcar, pero desnudó uno de los peores rasgos de este Boca, que tiene con qué meter miedo pero que también tiene mucho que temer de sí mismo.

Se definió en la segunda etapa: gol histórico para Aranda, el grito de Bareiro y más

En el segundo tiempo, Boca salió decidido a buscar el partido y en 20 minutos logró lo que no había conseguido hasta entonces: abrió el marcador con el primer gol de Aranda en la Primera y aumentó la diferencia con el 2-0 de Adam Bareiro, que tuvo que festejar con delay por la intervención del VAR.

La celebración de los goles fue elocuente y mostró más que el desahogo por encaminar la victoria, después de que los palos dijeran que no dos veces. En el festejo de los jugadores hubo signos de camaradería, de unión y de padrinazgo.

Después de recibir un abrazo multitudinario, Aranda se paseó en andas de Paredes y, en el segundo tanto, Merentiel se desencajó para enaltecer el mérito de un compañero. Aunque pueda parecer anecdótico, la fusión en el logro colectivo da indicios de un grupo unido y esos signos permiten imaginar un equipo que tracciona anímicamente en bloque.

Una vez superados esos momentos de euforia, nuevamente apareció el peor costado temido del equipo de Ubeda, que pasa de la cohesión y el dominio absoluto al desorden total. Desconcentración, cansancio o una combinación de ambas, volvieron a darle vida al rival, que hizo un gol (anulado) y puso en jaque el arco xeneize, justo después de su mejor momento.

Aunque la valla quedó invicta, el juego sin pelota volvió a quedar en deuda, sobre todo en los reposicionamientos. Ubeda tendrá que tomar nota sobre esta falta de regularidad y la aparición de estos toboganes anímicos que surgen como un patrón incluso en las mejores actuaciones del Xeneize.

El sonido ambiente: Boca se amigó con La Bombonera en un momento clave

La velada en La Bombonera se abrió y se cerró con la misma canción: "Quiero la Libertadores". No importó que Boca se estuviese jugando la posición para entrar a los playoffs del Apertura. El hincha siempre quiere que el equipo y el entrenador tengan presente que la "etapa de construcción" debe llegar a su fin y que hay que estar listos porque el arranque de la Copa es inminente.

El cancionero en el estadio siempre marca la temperatura y el partido con Instituto no fue la excepción. En la previa, la hinchada ovacionó con ganas a Paredes, la brújula del equipo, pero también le dio respaldo anticipado a los pibes del club, entre ellos Tomás Aranda.

El delantero anotó el primer gol de su carrera profesional en el club y con ese tanto abrió camino del triunfo. Al salir, su cambio coincidió con el de Paredes, y el pibe logró subir aún más el volumen de los aplausos cuando lo nombraron después del campeón del mundo.

Entre el equipo y el público se dio una reconciliación necesaria, porque Boca atravesaba una racha de cuatro empates como local y desde el 1 de febrero ante Newell's que no ganaba en casa. Después del promisorio 3-0 en La Fortaleza, el Xeneize solo pudo igualar con San Lorenzo como local y con Unión en Santa Fe.

Al Xeneize se le viene Talleres, después de la fecha FIFA, y el martes 7 de abril debutará en la Copa Libertadores ante Universidad Católica de Chile, de visitante. En el regreso a La Boca tendrá el clásico contra Independiente y el cruce con Barcelona de Guayaquil, justo en la previa del Superclásico ante River.

Con este panorama, el triunfo ante Instituto significó más que tres puntos porque Boca necesita que La Bombonera sea un escenario inexpugnable, la base de la construcción de su crecimiento, y no puede permitirse dar ventajas.