El joven arquero destacó la confianza de Óscar Ramírez y el respaldo de Washington Ortega tras el título 31
Bayron Mora no necesitó gritar para hacerse notar. En silencio, con calma y una serenidad impropia de una final ante el rival histórico, el joven guardameta se convirtió en una de las figuras del título 31 de Liga Deportiva Alajuelense frente al Deportivo Saprissa.
Pero detrás de cada atajada hubo algo más que reflejos: confianza, respaldo y una figura que él mismo define como paternal.
Mora confesó que la noticia de su titularidad llegó sin drama, casi como una extensión natural del trabajo diario. Tras terminar el calentamiento, fue Diego Cejas quien se le acercó con un mensaje simple y directo: “Entrás vos”. No hubo sorpresa, solo la confirmación de un proceso que venía construyéndose desde hace tiempo.
“Es un trabajo que se viene haciendo desde hace rato, preparándonos para estas instancias”, explicó. Y en la cancha se notó. Bayron transmitió tranquilidad, nunca mostró nervios y jugó como si esas finales hubieran sido parte de su rutina. “Me enfoqué en responder, en darle calma al equipo. Me preparé mentalmente para este momento”, relató.
En ese respaldo, el nombre de Óscar Ramírez aparece con fuerza. Mora no ocultó lo determinante que fue la confianza del entrenador, una confianza que viene de antes. Recordó especialmente un abrazo previo al primer partido de la Copa Centroamericana, cuando le agradeció al técnico la oportunidad. “Ustedes no saben la confianza que él tenía en mí. Sabía que no podía defraudarlo”, confesó.
Para el guardameta, Ramírez trasciende el rol de técnico. “Don Óscar es como un papá en el camerino”, dijo sin dudar. Destacó su forma de trabajar, su obsesión por mejorar y, sobre todo, su calidad humana. “Es top como entrenador, pero más como persona. El equipo lo entiende así, y este título es el resultado de ese trabajo”.
El otro pilar emocional fue Washington Ortega. Aunque no pudo disputar la final, Mora dejó claro que el campeonato también le pertenece. “Esto es de él. Él fue el que nos llevó a estas instancias”, afirmó. Ambos compartieron concentraciones, charlas y una certeza repetida: que el título iba a llegar.
“Washi siempre me decía que estuviera tranquilo, que venía trabajando bien. Yo le dije una vez: ‘cuando vuelva acá, vamos a ser campeones’”, recordó Bayron, dejando ver la complicidad y el respeto mutuo entre arqueros.
Sobre el futuro, Mora evitó cualquier promesa grandilocuente. No confirmó ni descartó nada. Prefirió quedarse con el presente. “Solo Dios sabe qué va a pasar. Ahora quiero disfrutar con mi familia, porque ha sido muy difícil”, cerró, con la medalla aún colgando del cuello.
La noche terminó con un título, pero también con la confirmación de algo más profundo: Bayron Mora no solo respondió cuando le tocó. Entendió el momento, honró la confianza y encontró en el camerino una familia que lo sostuvo cuando más lo necesitaba.
