Afición merengue pide dimisión de Florentino Pérez

MADRID -- “¡Florentino dimisión!”, gritó el Santiago Bernabéu mientras la megafonía local intentaba callarlos subiendo el volumen del himno del club que, como cada noche de futbol, comenzó a sonar con el pitido final.

Un nuevo clásico de pesadilla fue la gota que derramó el vaso para los aficionados al Real Madrid, que esta vez no culparon a los jugadores, ni siquiera al técnico Rafa Benítez, del desastre. A sus ojos, el responsable es el presidente de la institución, Florentino Pérez.

La goleada por 0-4 con que el Barcelona se impuso en el partido estelar del futbol español, “histórica”, según el técnico culé Luis Enrique, dejó al descubierto la inconformidad de la grada con la manera en que se gestiona el club.

Los pañuelos blancos en señal de protesta comenzaron a agitarse al medio tiempo del encuentro. Para entonces, Barcelona ya ganaba por 0-2. Si intuían que el martirio continuaría otros 45 minutos, no se equivocaron.

Cuando por fin terminó el suplicio, el Bernabéu había comenzado a vaciarse mientras aquellos que aguantaron hasta el final, pidieron a gritos la renuncia del empresario madrileño a la presidencia del club.

Esa frustración, producto de una derrota que además deja a los merengues a seis puntos del liderato en pleno noviembre, era notoria también en la cancha, pues sin argumentos futbolísiticos, a los blancos sólo les quedaba defenderse a patadas hasta terminar en inferioridad numérica tras la expulsión a Isco a cinco minutos del final.

No hubo como salvarlos. Esta vez ni Rafa Benítez encontró la estadística redentora para maquillar la catástrofe. Lo único que les quedaba era dar la cara y disculparse con los suyos por el pobre espectáculo.

El primero en hacerlo fue Marcelo, que ofreció una disculpa “a la afición” ante las cámaras de televisión. Y lejos de hacer un llamamiento a la unidad, como suele ocurrir con cada ‘pitada’ a algún elemento blanco en concreto –y de un par de años a la fecha, sucede casi cada semana–, el brasileño defendió su derecho a expresar su malestar.

"La afición tiene derecho a protestar y gritar a su equipo cuando las cosas no van bien. Hemos intentado hacer todo para ganar, pero a veces no se puede”, dijo el defensa merengue.

Y es que esa inconformidad que impera en Chamartín se vive también en el vestidor. Al grupo no le gusta la manera en que se gestiona el equipo. Si bien es ahora cuando ha llegado a un punto de inflexión, hace años que el club navega al borde de la crisis.

Ya desde hace un par de veranos, durante la presentación de Gareth Bale, un grupo de aficionados había acudido para pedir expresamente la dimisión del presidente, que acababa de vender a Mesut Özil.

Pérez los mandó callar con un gesto. Para entonces, la grada vivía polarizada en torno a la figura de Iker Casillas, que tardó dos temporadas más en abandonar el club y de una manera que no dejó conforme a nadie. Menos había gustado la manera en que el presidente se había deshecho de Ángel Di María, artífice de la ‘Décima’, o que permitiera que el Bayern Munich y Pep Guardiola sedujeran a Xabi Alonso.

En el vestidor, mientras tanto, el conflicto tiene varias ramas. La más distintiva radica en la falta de confianza en Jesús Olmo, jefe de servicios médicos del club y, según ha trascendido, ‘chivato’ del presidente, quien, además, tuvo a bien despedir a Pedro Chueca, fisioterapeuta de confianza de la mayoría de los jugadores, empezando por el capitán Sergio Ramos. Pero esa no es la única.

Independientemente de los intereses contractuales de cada jugador, la gran mayoría se había opuesto al cambio de timón tras el naufragio de la temporada pasada. Pero Pérez vio “relajación en la disciplina” en la buena relación de Carlo Ancelotti con los jugadores y pidió a un hombre “de mano dura” y sin tomar en cuenta la opinión de sus jugadores, contrató a Rafa Benítez, que uno a uno se ha puesto en contra a los líderes del vestuario.

Hay varios jugadores inconformes con su papel en el equipo y con la falta de comunicación con el entrenador. Entre ellos, James. Y son más los inconformes con el estilo de juego de Rafa Benítez. Principalmente, Cristiano Ronaldo, quien ha visto su rendimiento directamente afectado.

Pero poco pueden hacer, o decir, al menos en público, pues Pérez mantiene un férreo control sobre las apariciones públicas de sus jugadores (mientras visten la camiseta del Madrid), pues intenta censurar la información que se publica sobre el club que preside. De tal manera, que cada vez que un problema sale a la luz, el presidente lo “desmiente” y acusa a la prensa crítica de “intentar desestabilizar al Real Madrid”.

Pero difícilmente Pérez abandonará la presidencia del club. Controla, también, a un buen número de socios, amén de haber enmendado la normativa del club en 2012 imponiendo duras restricciones a las posibles candidaturas a suplirlo en la presidencia.

Según el nuevo reglamento, el socio que quiera presentarse a las elecciones deberá tener una antigüedad de 20 años y demostrar que puede asumir el 10% del presupuesto del club (cerca de 560 millones). Requisitos, argumentó, diseñados para blindar al club de “jeques y magnates rusos”, pero que han molestado a una parte de los socios, los suficientes para que procediera una demanda para revocar la nueva reglamentación y que, por cierto, verá su resolución en un juicio que se celebrará el próximo 25 de noviembre.

Mientras la rechifla y los gritos de “Florentino dimisión” resonaban en el Bernabéu, tras el cuarto gol del Barça, el empresario español, incómodo, se deslindaba del resultado. Al menos los jugadores optaron por aceptar su trozo de responsabilidad.

“No esperábamos perder jugando tal mal como hemos jugado. Dicen que tenemos que aprender de nuestros errores, pero hoy hemos cometido errores inaceptables. No parecíamos un equipo en campo", dijo Modric tras el encuentro ante Barcelona.