La decadencia invade al Barcelona, que se salva por un milagroso penalti

BARCELONA -- Messi. Otra vez. El Barça se consume pero sobrevive a duras penas mantenido por la providencia. Este sábado fue gracias a un penalti, tan claro como extraño en su señalización, que apartó del plano el drama que atenaza al equipo de Setién. ¿Lo apartó? La hinchada que comenzó y acabó girando sus protestas hacia el palco también mostró su descontento con el juego. Empieza a parecer que los futbolistas ya no están a salvo del sentir popular.

El declive del Barcelona es tan sonoro como afortunada, de momento, es su supervivencia. No hay noticias de Frenkie de Jong y el desempeño, incansable, de Griezmann no encuentra premio. Los dos grandes fichajes del último verano han encajado en el desplome general y lejos de refrescar al Barça y darle un nuevo empuje, son piezas perfectamente instaladas en la decepción coral de un equipo que pelea por la Liga, cruza los dedos pensando en la Champions. Pero va de bajada. Lejos, cada día más, de lo que fue durante una época que no volverá y cerca, cada día más, de un final abrupto.

El efecto Setién ha durado lo que ha durado, que es poco o menos porque el juego apenas se distingue del que se veía bajo la dirección de Valverde. ¿Mayor presión arriba? A ratos y gracias. ¿Salida controlada siempre desde atrás? En la medida de lo posible pero con una falta de contundencia, rapidez y acierto alarmantes.

Y el balón deambula de un lado a otro sin encontrar nadie el espacio oportuno, buscando todos con la mirada a Messi para que saque al equipo del atolladero y el capitán, se diría que cansado de ser principio y final, esperando al momento oportuno para dar el golpe de gracia. Sea como sea.

Esta vez fue a través de un penalti, que llegó cuando Leo ya había dado la sensación de enfado y hartazgo, cuando tomó el balón como proclamando que era momento de acabar el sufrimiento y enchufó a un equipo dormido y decadente al que se ha entregado Setién por completo.

¿Revolución? La revolución no existe en el Barça, en este Barça. La decadencia es dura y difícil de aceptar. Pero es evidente. El Barcelona sigue un declive sin disimulo. Por más que lo intente disimular el marcador. De momento.