Blog de Rafa Ramos: México, decepcionante

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Así se festejó el gol mexicano (1:25)

Celebre pues, mexicano, celebre, que el 2-0 sobre la desahuciada Sudáfrica, le permita besar las heridas supurantes y aún expuestas de Qatar 2022.


Javier Aguirre había hecho de su discurso una extorsión emocional. “Jugar en el Estadio Azteca lleno, ante tu gente y hacerla sentir orgullosa de su selección nacional, no se compara con nada”.

Javier Aguirre pudo haber respaldado con la integridad y la invulnerabilidad de los hechos, esa cháchara que era mitad promesa y mitad chantaje. Y no lo hizo.

1.- Sentenció a Sudáfrica al minuto 9, con gol de Julián Quiñones. Y aún así se vio recatado.

2.- La roja a Sithole le dio una ventaja absoluta en la cancha. El estadio estaba abarrotado. La gente, su gente, había consolidado un escudo sonoro, luminoso, danzante, coral, escalofriante, sometedor, que reclamaba el holocausto despiadado de los sudafricanos. Y aún así, Aguirre se vio pudoroso.

3.- Isarel Reyes estaba de paseo. Sudáfrica nunca intentó, al menos, intimidar al defensa americanista. Era una parcela abandonada. Y aún así, por timorato o por órdenes timoratas el americanista no se atrevía a dar profundidad. Y aún así, el Tri se vio cauteloso.

4.- Con cancha, estadio, árbitro (de risa la segunda roja a Sudáfrica), clima (80 grados Fahrenheit/26 centígrados), altitud, contaminación (137 Imecas) y la represión brutal desde la tribuna, Javier Aguirre, con un hombre más, elige primero hacer cambios posición por posición. Gil Mora y Luis Chávez por Álvaro Fidalgo y Brian Gutiérrez.

5.- Los sudafricanos jalaban desesperadamente aire por la boca, como peces con asma, y aún así, el Vasco se acalambró. Incluso cuando expulsan a Zwane y en total se jugarían 15 minutos más, aún así, arrió banderas y velas.

Sí, es cierto, Javier Aguirre recurrió al adoctrinamiento pusilánime de más vale pájaro en mano que ciento volando. Son lecciones de dos llagas aún supurantes en dos mundiales (2002 y 2010). Se equivocó e hizo naufragar al sempiterno Tri-tánic.

Sí, entendible que rescatar el 2-0, podía convertirse en el amuleto, en el fetiche mundialista. Por primera vez, en siete oportunidades, México gana un partido mundialista inaugural. Pero toda la alharaca de sus arengas mundialistas, se pudrieron de falsedad.

Pero, y entonces, el resto de la locuacidad de aprovechar todas las posibilidades de satisfacer a la afición y cumplir promesas y compromisos, termina siendo un vulgar y rústico acto de charlatanería.

Sudáfrica fue muy inferior, como lo será Chequia, y el único riesgo elevado será Corea del Sur.

Con un escenario, con una escenografía tan brutal y despiadadamente favorable, resulta que el profeta de las hazañas mundialista ahora recula y traiciona toda la emocionalidad de sus promesas y argumentos. Las bravatas reincidentes, caducaron en la cancha.

A partir del 1-0, o a partir de tener un hombre más en la cancha, con Sudáfrica viendo ya cómo se colapsaba sus piernas, sus pulmones y sus escasísimas ilusiones, era inevitable mandar a la banca a que siguiera reposando Israel Reyes, y consolidas, con Luis Romo, el único lanzador profundo del Tri, a buscar posición y posesión en el área de tus atacantes directos, como Raúl Jiménez y el mismo Quiñones, y hasta una zona que no desconoce Brian Gutiérrez ni Jesús Gallardo. O cuando la Hormiga González entró al relevo.

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1:47
México abre el Mundial con triunfo sobre Sudáfrica

Claro, es entendible que Javier Aguirre sintió la caricia despiadada de las uñas afiladas de la desgracia, después de esas tres salidas en falso y la indecisión del Tala Rangel, pero un recambio en posición ofensiva, habría obligado a que los africanos recularan más a fondo.

Pero no, aún teniendo el universo perfecto para un momento histórico del Tri, Javier Aguirre elige el recato, esa prudencia que se aparea con el miedo y el conformismo.

Por eso, México decepciona, porque al final ser cabeza de grupo deberá dirimirlo en las sumas y restas de goles con Corea del Sur, y los asiáticos no serán tan contemplativos con los sudafricanos.

La afición mexicana puede regodearse con la victoria. En las penumbras recurrentes del fracaso, desde donde asoman sus cabecitas, en sus aposentos de ultratumba cada cuatro años, los seguidores mexicanos tienen la urgencia, la necesidad y la desesperación agonizante y agobiante, de celebrar lo poco que les vaya cayendo de felicidad, porque, en su momento, la desgracia aparecerá nuevamente, como parto indeseable, pero inevitable e histórico de la selección nacional.

Celebre pues, mexicano, celebre, que el 2-0 sobre la desahuciada Sudáfrica, le permita besar las heridas supurantes y aún expuestas de Qatar 2022. Ya, pronto, su destino lo alcanzará.