La decepción del cuarto puesto de Uruguay en el Mundial de 1970: "No nos recibió nadie"

El 20 de junio de 1970 Uruguay perdía injustamente 1 a 0 ante Alemania en el partido por el tercer puesto del Mundial de México ’70. Luego de la final disputada al día siguiente, que consagró a Brasil campeón, el plantel Celeste partió y llegó a Montevideo sin premios ni nadie que los recibiera en el aeropuerto.

Uruguay había clasificado ajustadamente a la fase final, en Cuartos eliminó a la URSS y en semifinales cayó ante la selección de Pelé. El plantel mostró solidez defensiva, pero padeció la ausencia de un número nueve acorde a las exigencias mundiales, sufrió la lesión de su principal arma en ataque (el volante Pedro Rocha, que sólo pudo jugar los primeros minutos del debut ante Israel) y hasta fue perjudicado por la organización cuando ésta decidió cambiar la sede de la semifinal ante Brasil.

“Vinimos a Montevideo y no hubo nadie”, le reconoció a ESPN Julio Montero Castillo, quien además remarcó que no tuvieron ningún premio por llegar a las semifinales de la Copa del Mundo, dado que sólo habían acordado una prima extra en caso de consagrarse campeones.

“El cuarto puesto no sirve para nada, pero igual nos vinimos contentos”, agregó el ex volante central y a partir de allí se puede comenzar a comprender las razones de un reconocimiento merecido pero inexistente.

El periodista Gerardo Bassorelli, en su libro "Celeste Mundial. Historia Oficial de la Selección Uruguaya en las Copas del Mundo", relata una situación entre futbolistas de aquel plantel que refleja lo que también sentía el público celeste:

En el año 2004, el arquero de aquella selección, el ya fallecido Ladislao Mazurkiewicz, quiso realizar una cena para conmemorar el cuarto puesto obtenido en México. Al primero que llamó fue al capitán Luis ‘Peta’ Ubiña, quien tajantemente le contestó: “¿Y qué vamos a festejar, el cuarto puesto, ‘Chiquito’?”

El Maracanazo no era un mito de otro Uruguay, era la hazaña lograda apenas hacía veinte años, cuyos protagonistas eran ex futbolistas o entrenadores con los que se podía conversar directamente sin buscar sus opiniones sólo en algún libro o en algún escaso registro de video.

Peñarol y Nacional definían las Copas continentales (el Carbonero había sido dos veces campeón Intercontinental en la década de 1960 y el Tricolor se consagraría campeón de América y del Mundo en 1971).

En el citado libro, Ildo Maneiro (el número 10 de aquella selección) comentó: “Como delegación decidimos no ir a recibir los premios. Éramos así, si no salíamos campeones no significaba nada. Pesaba la historia y la actuación de los clubes grandes, que siempre tenían buena figuración. Éramos producto de lo que vivíamos y en ese momento no lo sentimos como que habíamos ganado algo”.

Los razonamientos de Maneiro y de Ubiña no eran diferentes al del público en general. Por dicha razón no es sorpresa leer en la obra mencionada otro recuerdo que reafirma lo dicho por Montero Castillo: “Cuando llegamos a Montevideo ni nuestra familia nos esperaba” destacó "Cascarilla" Morales.

El alejarse temporalmente de la hazaña obtenida en el Mundial de 1950 y, sobre todo, los venideros fracasos a nivel de selección (quedando afuera incluso de los mundiales de 1978 y 1982) comenzaron a cambiar el juicio tan simplista de relacionar título con éxito y no título con fracaso.

Más allá de que el fútbol sigue siendo un símbolo identitario de Uruguay y es parte innegable de su cultura, el mundo del fútbol cambió, todos los países se desarrollaron futbolísticamente y la economía global no es la misma que la de las primeras décadas del siglo XX. Los títulos a nivel de clubes pasaron a ser discontinuos y luego inexistentes y los logros de la selección cada vez más escasos.

El público entendió y también fue reflejo del contexto cuando celebró el vicecampeonato mundial obtenido por la selección sub 20 en Malasia 1997. A nivel de mayores Uruguay había quedado afuera del Mundial de 1994 y meses después del mundial juvenil sus malos resultados en las Eliminatorias rumbo a Francia ’98 confirmarían una nueva ausencia.

El no valorado cuarto puesto del Mundial de 1970 pasó a ser la última referencia de una buena actuación mundialista hasta que Uruguay alcanzó las semifinales de la Copa del Mundo jugada en Sudáfrica.

En el 2010 la Celeste también cayó en semifinales y en el partido por el tercer puesto. Sin embargo, el reconocimiento fue muy distinto, lógico también porque el contexto era otro. Los jóvenes llenaban las calles e invitaban a muchos de sus mayores que también de Maracaná sólo tenían referencias de terceros.

“De todos modos la actuación es honrosa. La entrega sin tasa ni medida de los jugadores fue una vez más el punto más alto, agregado a un comportamiento ejemplar dentro y fuera de las canchas. El acierto táctico general (…) permitió reubicar al país entre los cuatro primeros en un torneo mundial”.

Así describió el periodista Franklín Morales la actuación celeste exactamente dos meses después de perder el tercer puesto, el 20 de agosto de 1970, en el Mundial de México. Esas características escritas en la revista "100 años de fútbol" parecen repetirse en varios planteles celestes.

Eso puede llevar a pensar que el haber celebrado el cuarto puesto en 2010 no fue señal de menos ambición ni de débil conformismo, sino que, por el contrario, plantea que tal vez se haya sido injusto con aquel plantel de 1970, donde incluso algunos integrantes, obnubilados por tanto exitismo, se perdieron reconocer y celebrar el camino transitado aun cuando no se llegó a la meta deseada.