LIV Golf, el circuito que en 2022 sacudió al mundo del golf profesional con una inversión multimillonaria y la llegada de varias de las principales figuras del deporte, se declaró en bancarrota en Estados Unidos. La organización presentó una solicitud de protección ante un tribunal del Distrito de Nueva Jersey, en un movimiento que marca el final de una primera etapa y abre un futuro todavía incierto.
El proyecto surgió con el respaldo del Public Investment Fund (PIF) de Arabia Saudita, que destinó aproximadamente US$5.000 millones para atraer estrellas, ofrecer contratos garantizados y construir una alternativa al tradicional PGA Tour. La estrategia generó una verdadera batalla por el control del golf profesional, pero el enorme flujo de dinero necesario para sostener el modelo terminó convirtiéndose en uno de sus principales problemas.
Ahora, LIV atraviesa una profunda reestructuración. Según la información difundida, el circuito acumula pasivos de entre US$500 millones y US$1.000 millones, mientras busca reemplazar el financiamiento saudí por capital privado y encontrar una estructura que le permita continuar operando.
De una revolución a la LIV 2.0
Scott O'Neil, director ejecutivo de LIV Golf, aseguró que el proceso de bancarrota permitirá a la organización ganar tiempo para buscar una nueva inversión y comenzar "el próximo capítulo" del circuito.
La compañía ya trabaja en una versión 2.0, que tendría menos torneos, premios más bajos y un formato más convencional. La intención es organizar alrededor de diez competencias y complementar el calendario con torneos del DP World Tour.
También se analiza una estructura de propiedad diferente, en la que los propios jugadores podrían convertirse en los principales accionistas. BC Partners prevé aportar alrededor de US$300 millones para respaldar la reorganización, mientras que el PIF otorgaría un préstamo cercano a US$50 millones para financiar las operaciones durante el proceso.
Todavía no existen decisiones definitivas sobre el calendario de 2027 ni sobre los torneos que se disputarán.
¿Qué pasará con las grandes estrellas?
Uno de los principales interrogantes está en el futuro de los jugadores que fueron fundamentales para convertir a LIV en una amenaza real para el PGA Tour.
Entre sus figuras aparecen Jon Rahm, Bryson DeChambeau, Dustin Johnson, Cameron Smith, Brooks Koepka y Joaquín Niemann, entre otros. La continuidad de varios de ellos será determinante para el valor deportivo y comercial de la nueva etapa.
La organización mantiene conversaciones con los golfistas y analiza justamente la posibilidad de otorgarles una participación en la propiedad de la liga. Al mismo tiempo, distintas informaciones vincularon a algunas figuras con un eventual regreso al PGA Tour, aunque el circuito estadounidense no ha establecido por ahora una vía de retorno para los jugadores que abandonaron su estructura para incorporarse a LIV.
La alternativa: Menos dinero y un formato diferente
La transformación no será solamente financiera. LIV también prepara cambios en su propuesta deportiva. La nueva estructura contemplaría hasta 75 jugadores, cortes y clasificatorios los lunes y un calendario más reducido.
El formato por equipos, una de las principales características con las que LIV buscó diferenciarse, también perdió protagonismo. La organización pretende reforzar las identidades nacionales de sus franquicias y concentrarse en mercados donde tuvo buena respuesta, como Australia y Sudáfrica.
Así, el objetivo parece haber cambiado. LIV ya no busca desafiar al PGA Tour en todos los frentes, sino encontrar un lugar sostenible dentro del ecosistema internacional del golf.
El impacto de LIV en el golf
A pesar de la crisis, resulta difícil negar el impacto que tuvo el circuito desde su aparición. La llegada de la competencia saudí rompió con décadas de hegemonía del PGA Tour, disparó el valor de los contratos para las principales figuras y obligó al establishment del golf a replantearse su modelo.
Sin embargo, este nuevo circuito nunca consiguió desplazar al circuito estadounidense como principal escenario del golf profesional. Cuatro años después de su irrupción, el proyecto que nació con la intención de cambiar las reglas del deporte ahora debe modificar las propias para garantizar su supervivencia.
La LIV 2.0 será, en definitiva, mucho más modesta que aquella liga que apareció en 2022 con miles de millones de dólares detrás. El desafío ya no será conquistar el golf mundial: será demostrar que puede convertirse en un negocio viable.
