Dustin Johnson cumplió su sueño y ganó el Masters de Augusta

Finalmente ocurrió, Dustin Johnson ganó el Masters en Augusta. Hizo falta una pandemia. Hizo falta que este 2020 fuera el primer año de la historia con solo tres Majors. Hizo falta que el Masters se jugara en otoño. Y no parece justo decir que simplemente ocurrió. Porque nadie que consigue batir un score record en Augusta, y ganar por cinco golpes de ventaja, puede ser un actor pasivo de algo que ocurre. Dustin Johnson lo hizo, se coronó Campeón del Masters 2020, y fue con gran estilo. En un mundo muy complicado, Dustin Johnson hizo todo bien simple, y el premio fue el añorado saco verde.

La magnitud que este triunfo tiene para Johnson quedó en evidencia en la discreta ceremonia en la que Tiger le puso el saco verde en el putting green, frente al inmaculado Clubhouse. Johnson no pudo hablar ahogado por las lágrimas. “En la cancha puedo dominar bien mis emociones pero acá no…”, decía entre sollozos. Un rato más tarde, y ya más compuesto y relajado en la conferencia de prensa, nos decía: “Este es un sueño que tuve siempre, me crié muy cerca de aquí, el Masters es para mí el torneo más grande. Estoy feliz de saber que podré venir a jugarlo, siempre”, terminaba.

Otra de las cosas importantes que hizo hoy Dustin Johnson fue cerrarle la boca a todos aquellos que creían, y me incluyo, que no sería capaz de lograrlo. El peor enemigo de la inteligencia es el sesgo. Ese tentador atajo que tomamos a veces, cuando todos los indicios superficiales señalan en una dirección, y un análisis más profundo y detallado nos hubiera llevado en el sentido opuesto. Resulta obvio ahora que el Dustin Johnson que salió a jugar hoy la última ronda del Masters, con cuatro golpes de ventaja, es un jugador muy distinto del que protagonizó esos colapsos tan notables que mencionamos en la nota de ayer. Y como pasa con los atajos equivocados, lo mejor es desandarlos y volver al sendero correcto.

Quizá una breve duda lo asaltó cuando, luego de fallar el segundo tiro desde el rough, en el par 5 del hoyo 2, se comió el chip al green y la tiró al bunker. Una duda que duró muy poco. Una sacada impecable alejó a los fantasmas, si es que merodeaban.

Pareció también que podía haber batalla por la punta cuando un iluminado Sungjae Im hizo birdie en el difícil y largo par 4 del hoyo 5, y Johnson, que había fallado su drive, hizo bogey. La diferencia se achicó entonces a un solo golpe. Pero Johnson mostró enseguida el temple de sus nervios y bajó el par 3 del hoyo 6, frente a un bogey del coreano. A partir de allí, nadie lo desafió demasiado. Las ínfulas del australiano Cameron Smith llegaron hasta el hoyo 11, cuando los separaban solo dos golpes. Pero en ese difícil capítulo, Smith hizo bogey después de fallar el green. Lo que siguió ya es historia conocida, y de la buena para Johnson.

Ojalá este sueño cumplido de uno de los jugadores más talentosos que dio el golf en los últimos tiempos aleje definitivamente las sombras de aquí en más, y Johnson consiga muchos Majors.

Un gusto agridulce deben tener los dos representantes latinos en este día final en Augusta. El mexicano Abraham Ancer, jugó extraordinariamente bien en los primeros dos días. Hizo 68 y 67 golpes respectivamente para un total de -9. Gran trabajo, sobre todo si tenemos en cuenta que esta fue su primera participación en el Masters. Y tan bien lo hizo que alcanzó la cima del tablero en esa primera instancia. En la vuelta final del domingo estuvo en la última salida, con un score de -12 y a cuatro golpes de Johnson. Tarea difícil tenía por delante.

En el principio de la ronda se abrió una pequeña ventana para Ancer cuando, en hoyo 2, Johnson se fue al bunker con el tercer tiro. Sin embargo, un inesperado putt corto fallado debilitó su confianza. De allí en más, Ancer se fue apagando de a poco. Terminó empatado en el puesto 13 con -8. “El Turco” ya piensa en el próximo abril, dado que ya tiene asegurada su participación en el Masters del año que viene. “Este no fue el final que me imaginaba, pero jugué muy bien al golf esta semana. Después de fallar ese putt corto para birdie en el hoyo 2 empecé a sentirme incómodo en los greens. Ojalá mis bogeys hubieran sido birdies. Ya tendré otra oportunidad en abril. Solo faltan cinco meses”. Decía Ancer al terminar su vuelta.

Por su lado, el colombiano Sebastián Muñoz, que arrancó el día en buena posición con un score acumulado de -9, se mantuvo y llegó a ponerse -10, luego de un gran birdié en el difícil par 3 del hoyo 4. Pero dos doble bogeys seguidos, en el 6 y en el 7 derribaron sus esperanzas. Muñoz terminó empatado en el puesto 29 con -6. Gran trabajo a pesar de la decepción del día final.

Otra baja calificación tuvo Rory McIlroy en este Masters. El 75 (+3) del primer día fue demasiado para sus aspiraciones. Y aunque tuvo una excelente segunda vuelta de 66 golpes (-6) y un 67 (-5) en la tercera, nunca pudo acelerar lo suficiente para estar en la contienda. Ya en el domingo apareció de repente en el tablero, luego de un arranque potente. Birdies en el hoyo 3 en el 6 y en el 8 lo pusieron -11 y de alguna manera amenazante, dada la magnitud de su nombre y su trayectoria. Sin embargo, en el hoyo 10, falló uno de esos tiros que no se explican en un jugador de su calidad. Desde el medio del fairway, con un hierro medio en la mano, la espantó a la derecha desde donde ni Severiano Ballesteros hubiera podido hacer par. Final del ataque para Rory. Cumplió un final decoroso, quedando empatado en el puesto 5, pero muy lejos de sus expectativas, seguramente.

Augusta suele ser una cancha que demanda que todos los aspectos del juego estén en sintonía perfecta. Este año la copiosa lluvia que cayó el jueves por la mañana, cuando recién empezaba la primera vuelta, ablandó mucho la cancha. Y aunque la hizo un poco más larga desde el tee, simplificó los tiros a los greens. Estos nunca se endurecieron lo suficiente para exigir la precisa ejecución que siempre demandan cuando se ponen duros y poco receptivos.

Eso tuvo un reflejo en el tablero de los líderes hasta el inicio de la tercera ronda, cuando 30 jugadores, de los 60 clasificados, quedaron dentro de seis o menos golpes de la punta.

Sin duda este Masters fue muy especial. Para los que tuvimos la suerte de estar en Augusta en esta edición, fue la primera vez, y probablemente la última, que pudimos ver esta maravillosa cancha de golf en toda su dimensión. Los fans, “the patrons”, como les gusta llamar aquí a quienes compran sus entradas para venir al Masters, sin duda le aportan un calor especial y un marco impresionante a este evento. Pero ver Augusta vacía, sin tribunas y sin sogas para contener al público; poder recorrerla a voluntad de un lado para otro, sin gente; poder ver a los jugadores desde tan cerca que fue posible escuchar las conversaciones que tenían con sus caddies; poder interactuar con ellos y con sus coaches en los días de práctica, hicieron que estos días sean una experiencia inolvidable que recordaremos para siempre. Eso es todo desde el Media Center del Masters. ¡Hasta la próxima!