Masters, primera ronda: Solo Justin Rose dominó a Augusta

Después de las ceremonias y las sonrisas de los días previos, los jueves en el Masters siempre nos devuelven a la realidad. Y la realidad dice que los greens de Augusta ya no son verdes, que tienen una velocidad que está en el límite de la legalidad y una dureza que permitiría frenar con un camión sin dejar una sola marca. Eso se consigue con muy poca agua y afeitándolos con las cortadoras al ras. El margen de error es muy chico y los números así lo muestran. Solo 12 jugadores bajaron el par de la cancha. Hubo 29 jugadores que no pudieron hacer menos de 76 golpes.

La realidad golpeó por ejemplo a Viktor Hovland, apenas unos minutos después de que el “starter” dijera su nombre. Le llevo siete golpes terminar el primer hoyo. También le pegó a Rory McIlroy, y a sus esperanzas de completar el Grand Slam en su carrera, cuando su “approach” en el hoyo 7 terminó golpeando la pierna de su padre en camino a su tercer bogey consecutivo. Ni hablar de Bryson De Chambeau, que no acertó nunca la distancia con sus hierros. También a Spieth cuando hizo tres putts desde dos metros en el hoyo 9. Fue un día de frustraciones y enojos para los mejores jugadores del mundo. O acaso es normal ver a un jugador que con el putt en la mano manda su pelota a nadar en una laguna, como le pasó a Bernd Weisberger en el 15.

Pero es extraño decir que una cancha está demasiado difícil cuando aparece un marciano y hace 65 golpes (-7). En este caso, el inglés Justin Rose prendió las luces en el hoyo 8, cuando iba +2, y de ahí en más hizo magia. Águila, birdie, birdie, par, birdie, birdie, par, birdie, birdie, birdie, par. De paso les dio una buena razón a los organizadores para seguir por este camino. El de exigir a los jugadores que pretendan competir por el premio, sobre todo valentía. Porque está claro que este Masters no es para cobardes. Pero además de eso, cualquier aspirante al saco verde deberá exhibir gran acierto en las salidas, un supremo juego de hierros en los tiros al green, un control absoluto de los chips y desde los bunkers, y la sutileza y la precisión de un neurocirujano sobre los endemoniados greens.

Las opiniones van y vienen pero se supone que el Masters debe ser una prueba extrema de las habilidades de un jugador. Al final del día la cancha terminó premiando los buenos tiros y castigando mucho los malos. Nadie puede sentirse sorprendido, desde el primer día de práctica estuvieron así. Las posiciones de bandera, en el único Major que se juega siempre en la misma cancha, son bien conocidas y se practican extensivamente.

Kevin Kisner jugó el Amen Corner (Hoyos 11, 12 y 13) con tres diferentes direcciones de viento. Hizo triple bogey, bogey y águila. “Hoy le pegué a la pelota como pocas veces lo hice en mi carrera y terminé haciendo par de cancha”. Decía exhausto después de terminar. Cinco meses pasaron nada más desde esa semana en la que se hicieron en Augusta records que se mantendrán, casi seguro, para siempre. Si uno pregunta por acá, encuentra muchos egos heridos culpando al viento.

Los cuatro latinoamericanos también sufrieron en esta jornada inaugural de la 85 edición del Masters. Quizá el que más lo hizo, y no tanto por su juego, fue el mexicano Abraham Ancer. Fue penalizado, después de firmar su tarjeta, con dos golpes por haber tocado inadvertidamente la arena en el bunker del hoyo 15. Con esa multa sus 73 golpes en la cancha se convirtieron en 75 en el tablero.

El chileno Joaquín Niemann empezó con un larguísimo y muy buen drive en el primer hoyo, que se metió apenas en el pasto alto. A pesar de ponerla en el green con el segundo, se tomó tres putts para bogey. No bajo el par 5 del hoyo 2. La alegría del birdie en el hoyo 9 le duró un suspiro cuando hizo triple bogey en difícil par 4 del hoyo 10. Otros dos bogeys y 2 birdies lo dejaron también en 75 (+3).

El colombiano Sebastián Muñoz batalló como suele hacerlo y alternó cinco bogeys y tres birdies para terminar en 74 (+2), y convertirse en el mejor del grupo, ubicado en el puesto 31.

Finalmente fue el mexicano Carlos Ortíz quién se llevó la peor parte. Cuatro doble bogeys y un total de 82 golpes (+10) son el ejemplo de un día que no le hace justica a su talento ni a su historia. Días malos tienen todos los jugadores.

Ya comenzó la segunda ronda. Podrá Rose mantener semejante nivel y esa diferencia con el resto. Difícil parece. Dentro de los mortales que lo siguen están, a cuatro golpes con -3, el zurdo Brian Harman y el japonés Hideki Matsuyama. A cinco golpes con -2, lo siguen los estadounidenses Will Zalatoris, Webb Simpson y Patrick Reed, y el sudafricano Chritiaan Bezuidenhout.

Un viernes de clima nublado espera a los jugadores. Anticipo de dificultades en una cancha que quizá juegue más difícil que ayer. El corte se espera en un número bien alto. Pasarán los 50 mejores scores y los empates. Veremos que ocurre en un Masters que, para los que miran desde afuera, está muy interesante.