El hockey amateur no se juega solo con la bocha; se sostiene con el hombro. En una categoría tan áspera y competitiva como la "C", la diferencia entre quedarse estancado o pegar el salto de calidad muchas veces no está en el pizarrón, sino en las bases. Conseguir la cancha propia para dejar de patear como nómades en suelo ajeno o hamacarse ante la llegada de una nueva superficie de agua son revoluciones silenciosas que te cambian el chip. Cruzamos las realidades de Catalina Piñon (Hindú) y Melisa Cuitiño (Banco Ciudad): dos referentes, dos momentos institucionales distintos, pero una misma mirada sobre cómo se construye el sentido de pertenencia, la sintonía fina del juego y el liderazgo invisible que toca ejercer cuando te toca alentar desde el banco.
Tener tu lugar: Dejar de ser nómades para empezar a construir
Hay una realidad muy dura en el deporte de club: cuando no tenés cancha propia, te pasás la vida con el bolso a cuestas. Ser local en cualquier lado significa que tu energía se te va en la logística, en adaptarte a lo ajeno, en sobrevivir el fin de semana. Por eso, cuando un equipo clava bandera y consigue su propio espacio, lo que está inaugurando no es solo una superficie; es una casa. Es el lugar donde dejas de correr de prestado para empezar a armar un grupo en serio.
Melisa Cuitiño, la capitana de Banco Ciudad, lo explica con la claridad de quien se pateó mil canchas ajenas:
"En nuestro caso veníamos de jugar muchos, muchos años en miles de clubes. Así que la verdad que sí, es un sueño y por suerte lo pudimos hacer cerca del club mismo. Estamos metiéndola a full, faltan algunos retoques, pero muy contentas la verdad. Sumando mucha gente también, porque eso ayuda un montón. Tener una cancha propia, sentirse locales. Porque nosotros éramos locales en cualquier cancha. Así que hoy sí es una felicidad muy grande".
Ese "sentirse locales" es el verdadero clic. Cuando dejás de ser nómade, el chip te cambia. Ya no estás para el parche del día a día; estás para consolidar lo humano. Por eso, cuando le preguntás a Cuitiño por el norte del equipo, esquiva el casete del ascenso inmediato y te habla de lo que verdaderamente importa para que la estructura dure: "Yo creo que en nuestro caso lo importante es consolidar un equipo. Venimos justamente de eso, de emigrar por muchos lugares. Y recién hoy que tenemos un sitio físico, estamos consolidándonos como plantel. Hubo mucha rotación de jugadoras, así que es eso principalmente. Formar un grupo donde nos sintamos todas cómodas, que nos acompañemos a crecer y ser lo más competitivas posible, por supuesto".
La tecnología a favor del juego: El detalle fino
A veces se piensa que una cancha nueva es un lujo estético, pero en realidad es una herramienta que te cambia el juego. En Don Torcuato, la nueva cancha de agua de Hindú fue un sacudón para todo el club. El agua no te inventa las condiciones que no tenés, pero te limpia el panorama: el juego se vuelve más rápido y te obliga a hilar más fino.
Catalina Piñón cuenta cómo ese sueño colectivo que arrancó desde abajo hoy se vive en el día a día:
"Fue como una gran revolución para todo el club. Mucha emoción desde que la empezamos a armar, desde que la soñamos. Todo el trabajo que hubo detrás de las jugadoras, de la comisión, del rugby, del fútbol, de todos. Y hoy vivirla, disfrutarla todos los días, desde los entrenamientos a pasar y sin entrenar, verla y decir que realmente se cumplió un sueño". Cuando el plantel ya se conoce de memoria y las caras son las mismas de hace años, el salto de calidad está en los pequeños detalles. Adaptarse a una superficie más exigente es el desafío para subir el escalón, tal como lo cierra Cata: "Venimos hace varios años en el mismo equipo, mismas caras. Obviamente incorporamos siempre jóvenes que nos ayudan y nos empujan. Pero creo que entramos a ir a cada vez más fino en esos detalles que nos van a ayudar a estar cada vez más arriba. En adaptarnos a la cancha de agua, que fue una novedad de nuestro juego, porque de repente nos ayuda a potenciar un montón de cualidades que teníamos y que quizás la cancha lo potencia".
Sostener a las que vienen: El rol cuando te toca mirar de afuera
El liderazgo en un grupo humano se ve cuando las papas queman o cuando te toca el lugar que menos querés: el banco. Estar afuera por una lesión es un garrón, pero ahí es donde se nota quién juega para sí mismo y quién juega para el equipo. El rol cambia, pero la responsabilidad de cuidar el semillero y darles confianza a las más chicas que recién asoman la cabeza en Primera sigue siendo la misma.
El laburo de hormiga para que las más jóvenes no sientan el golpe del debut empalma perfecto con la honestidad de Melisa. Desde la otra punta, la capitana de Banco Ciudad resume ese compromiso de quedarse a aguantar los trapos para no dejar el barco vacío antes de tiempo: "Trato de ayudar de todos lados, acompañando un poco el crecimiento, porque son chicas muy chicas. Yo estoy bastante grande, ya es hora de partir. Pero bueno, sigo aguantando unos años más". Al final del día, el deporte amateur se sostiene por eso: por la gente que, esté adentro o afuera de la cancha, sigue poniendo el hombro para que la cadena no se corte.
