¿Cuánto pesa la Copa del Mundo que Las Leonas levantaron por tercera vez?

Majo Granatto y Agos Alonso con la copa en la premiación del Mundial 2026. Getty Images

Argentina tenía enfrente al temible Países Bajos. Número uno del ranking internacional. Vigente campeón de la Pro League, europeo, del mundo y olímpico. Desde 2014, ganó todas las ediciones de este torneo. Buscaba el cuarto campeonato consecutivo. Y traía un karma la selección albiceleste: había perdido la final del Mundial 2022, cayó por un 7 a 1 a favor de las neerlandesas en la Pro League 2023/24 y en París 2024 quedó afuera de la final tras sufrirlas en semis. Pero en diciembre de ese año, por la liga en Santiago del Estero, rompieron un poquito ese hechizo y las superaron por 3 a 2.

El Estadio Wagener, en Amstelveen, fue el que vio a las Leonas fundacionales ganar por primera vez un Champions Trophy en 2001. Y ahora la última. En tierras naranjas, con más de 10 mil espectadores, Las Leonas salieron a jugaron esta final del mundo contra las locales. Aunque en las tribunas las proporciones eran las lógicas, la hinchada argentina pareciera no necesitar de tanta cantidad para hacerse notar. El partido empezó.

Las Leonas iban en busca de la tercera estrella, Países Bajos quería su 10° títulos de esta magnitud. El historial estaba inclinado para las europeas pero había una brisa en el aire que indicaba que iba a cambiar el viento. Fue el mejor partido que jugó Argentina en los últimos años. El equipo de Ferrara no había encontrada su propio juego a lo largo de la fase inicial ni en la segunda instancia. Incluso en la semifinal ante Australia no sacó a relucir su mejor versión. Sin embargo ganaron 1 a 0. Mantuvieron el invicto. Hasta ese momento parecía que habían jugado con el legado, el alma, la experiencia, la pasión, pero no de forma estratégica.

En la final cambió todo. Salió, una vez más, esa Leona que realmente necesitaban . La que combina todo. Hubo ideas de juego que lograron plasmar, intensidad, inteligencia, un plan. Siguieron un plan. Argentina comenzó perdiendo con un tanto de la goleadora del torneo Yibbi Jansen a los 30'. Lo buscaron y recién a los 53' la menor de las Granatto, Majo, y capitana de este equipo logró la igualdad que la gritó con un desahogo inmenso. La final iba a tener suspenso. Llegaron los penales.

Como si se tratase una historia que está predeterminada para que siempre tenga la misma protagonista, fue Sofía Cairó la encargada de tirar el shoot-out decisivo. La misma jugadora de Mariano Moreno que lo hizo en los Juegos Olímpicos de París cuando se quedaron con el bronce ante Bélgica. Se repetía parte de la historia, pero con algunas diferencias.

Esta vez no fue en Perth, no fue en Rosario, fue en su casa. Ante unas tribunas llenas de personas con ropa naranja que alentaban por ellas. En su estadio, donde debían sentirse cómodas porque allí jugaron todos los partidos del Mundial cuando a Las Leonas les tocó en Bélgica, en otra cancha. El desborde después de ese gol de Sofía Cairó fue impresionante.

Corridas, abrazos y llantos. La emoción era total. En ocho minutos prepararon todo para la premiación. El podioestaba listo: bronce para Bélgica, plata para las locales y el rugido de oro para Las Leonas que recibieron la Copa. Y ahí empezó otro baile.

Empezó a llover y eso invitó a cantar explicando que eran "las de Holanda que no paraban de llorar", se pidieron muchos minutos de silencio para las neerlandesas "que estaban muertas". El que no saltaba, "era holandés". Todo frente a unas gradas llena de argentinos, familiares, amigos y aficionados. Después de un rato, comenzó a entrar la gente al campo para cantar con ellas. No estaba habilitado, pero algo sucedió. Había pasado casi una hora de la premiación y nadie se iba de la cancha. La seguridad no podía creer ver tanta gente festejando un título. Hicieron una ronda gigante y en el medio ellas, las campeonas con la mira en la copa. "Somos campeonas otra vez", como en el 2002 y 2010. Pero con un toque argento, y eso hace todo más especial. Más de 300 personas coparon el sintético y no los podían sacar. Los guardias intentaban controlar lo incontrolable. Jamás vieron esto.

Este equipo sigue superando adversidades. Continúa colgándose medallas. En una desigualdad absoluta de condiciones y oportunidades frente a equipos como este, Países Bajos. Sin embargo ganaron. Y aunque aseguran que "estaba escrito", fueron ellas las que dejaron la vida para escribir esto por tercera vez. No es una obra del destino, es propia, de Las Leonas. Esta Copa pesa muchísimo. Es incalculable.