Una experiencia horrible: Cuéllar

El cándido tono en que lo relata, contrasta con la amargura, la tristeza y el enfado que para Leonardo Cuéllar (Ciudad de México, 14 de enero de 1954) le significa referir lo sucedido a la Selección Mexicana en el Mundial de Argentina 1978.

"Toco el tema y me duele. Sería extraordinario regresar el tiempo y corregir la historia, me duele, me molesta", expresa Cuéllar, quien, pese a lo doloroso de la memoria, hoy tiene claras las causas por las que el Tri terminó en el último lugar de dicha Copa del Mundo y provocó que dos policías vigilaran su casa al volver de Argentina ante la ira de la afición mexicana.

La falta de planeación, la juventud del grupo y la desproporcionada explotación del Tri como un producto comercial sin precedente, fueron las causas que, bajo la óptica de Cuéllar llevaron al desastre.

Abiertamente, Cuéllar declara que "le molesta" hablar cada cuatro años del tema y se resalten enfoques poco constructivos del resultado, ejemplificándolo con las reseñas que se hacen a la broma entre los porteros Pilar Reyes y Pedro Soto respecto al número de goles que les anotaron en los partidos que disputó México.

La templada voz de Cuéllar durante su charla con ESPN, contrasta con las enfáticas sentencias: "A veces se trata de abrir de nuevo la herida sin ningún objetivo. Argentina fue una experiencia horrible, fue un fracaso, pero ofrece, también, los elementos de análisis necesarios para no volver a vivirlo".

LA FALTA DE EXPERIENCIA
Leonardo Cuéllar, quien desde 1998 funge como Director Deportivo de las Selecciones Nacionales Femeniles, permite que su memoria lo traslade a Sudamérica:

"Fue un equipo que se fue armado adecuadamente para la eliminatoria, la cual fue exitosa sobre todo porque no se había calificado al Mundial de 1974; sin embargo, el equipo era joven, tenía jugadores de mucho talento y potencial, que fueron buscando dominar una idea futbolística orientada por don José Antonio Roca. Se tuvo una muy buena gira en los partidos que se dieron antes de llegar a Argentina.

"Ya con el paso de los años y el análisis que te da la profesión de técnico, creo que es muy probable que el equipo tuvo su punto óptimo un poco antes del Mundial.

"También creo que para triunfar en un Mundial cuenta mucho poseer una base con experiencia. Ningún jugador de los que iban a Argentina habían tenido la oportunidad de disputar una Copa del Mundo anteriormente: Eduardo Ramos era el jugador más veterano, creo que tenía 28 años. Luego estaban Antonio de la Torre y Arturo Vázquez Ayala, con 27, y luego yo, con 26. Éramos la columna vertebral en la experiencia.

"Nuestra delantera, a pesar de que después todos ellos tuvieron un extraordinario éxito individual, en ese momento era muy joven. Estamos hablando de Víctor Rangel, que creo que tenía 21 años, de Hugo Sánchez, que creo que tenía 20 y de Cristóbal Ortega, que rondaba la misma edad. Desde la gira por Europa los que veníamos haciendo los goles éramos los de la media cancha.
"Y también creo que otra parte importante fue que no conocíamos a nuestros rivales. Por ejemplo, de Túnez, al que se daba por el débil del grupo, ignorábamos que la mayoría de sus jugadores ya estaban en las ligas de Europa, sobre todo en la liga francesa. Quizá debimos saber más de Alemania, porque era más visible debido a que venía como campeón del mundo y por la trayectoria del Bayern Múnich, que era una base importante de ese equipo. No se hacían los seguimientos que se hacen ahora, en el que puedes ver a los grandes jugadores cada fin de semana. Polonia acaba de tener un gran papel en los Juego Olímpicos de Múnich y tenía una generación maravillosa de jugadores, quizá la mejor en la historia de su futbol".

Por si esto fuera poco, México vivió un problema al interior del cuerpo técnico: "Otro de los conflictos es que teníamos dos preparadores físicos con ideas muy diferentes, como era Pedro Nájera y el profesor Maturano, eso también fue un problema interno en forma de trabajo. No hubo una secuencia para llevar al grupo, eran evidentes las diferencias y chocaban en su manera de llevar a cabo su trabajo".

Leonardo niega que el grupo estuviera roto: "No hubo problemas internos, ni separación de grupos, siempre buscamos integrarnos y tener la actitud correcta para representar al país".

EL 'TÚNEZ GATE'
El primer golpe en contra, en el partido de debut, contra Túnez, fue devastador:

"Todos hablaban de la "debilidad" de Túnez y que por eso teníamos que golearlo. Al final del primer tiempo íbamos ganando 1-0 y yo me como uno increíble que puso ser el 2-0. Llegamos al vestidor y había un malestar porque nada más íbamos 1-0 y se empieza a decir 'el 1-0 no nos va a alcanzar para calificar porque Polonia y Alemania también van a golear a Túnez'. Entonces sales desbocado, buscando ampliar el marcador, y lo único que provoca es que te contragolpeen y te hagan el empate", reseña Cuéllar.

Los africanos marcaron dos goles más en la segunda mitad y rubricar el 3-1 en contra de los mexicanos: "Ése primer partido contra Túnez cambió todo, porque a lo mejor si ese 1-0 lo manejamos diferente, pudimos haber dictado otra clase de Mundial para México".

El primer boquete estaba dado contra el barco mexicano. El agua empezaba a entrar, pero iba a empeorar en el segundo cotejo, nada menos que contra los torpedos alemanes.

"En un Mundial vas con la obligación de pasar a la siguiente fase y no especular. Tras la derrotas contra Túnez salimos a buscar el triunfo contra Alemania, por lo que seguimos siendo vulnerables. Aunque teníamos un equipo dinámico, Alemania era más fuerte y veloz, lo cual se combinó con nuestro desorden en pos de buscar la victoria. Quizá si salimos con otra idea, lo hubiéramos manejado diferente, pero no nos quedaba de otra que salir a ganar el partido", confiesa Cuéllar.

"Luego nos tocó salir a enfrentar a la prensa y yo no lo quería hacer, no teníamos ninguna idea de lo que había sucedido, encima de lo que ya teníamos del marcador con Túnez", agrega el ex mediocampista.
El tercer compromiso, sólo terminó por completar el hundimiento del barco.

"En el tercer juego, contra Polonia, el equipo ya estuvo más liberado, pero tampoco le alcanza. Ellos eran mejor equipo en todas las líneas", acepta.

EL PROYECTO PUBLICITARIO
El emblemático ex jugador también expuso los temas extra deportivos que afectaron al Tri:

"Fuimos, también, parte del primer gran proyecto publicitario. Nos promovieron como una gran cosa por los resultados que tuvimos y se hicieron expectativas irreales de las posibilidades del equipo tomando en consideración su falta de experiencia en esos menesteres.

"Desde el presidente de México (José López Portillo) hasta los medios de comunicación hubo una sobrevaloración de lo que en realidad podíamos haber sido como equipo", rememora Leonardo.

Cuéllar fue un jugador adelantado a su época. Su carismática apariencia, resaltada por una abundante cabellera, le volvió atractivo a los patrocinadores, lo que no era todavía común.

"Empezamos a tener una época de más visibilidad, recuerdo que fue muy mal visto que fuera patrocinado por Levi's, porque no eran todavía los tiempos de aceptarlo, ahora todo mundo lo hace y es natural".

Y concluye: "Por eso creo que no es correcto hacer responsable a solo una persona, creo que al final, directivos, cuerpo técnico y todos los jugadores debimos tomar nuestra responsabilidad y el porcentaje de culpa que nos corresponde".

LOS DAÑOS COLATERALES
El golpe de realidad fue devastador para el Tri, pero también caló hondo en la afición mexicana, la cual trató muy mal a los jugadores. La casa de Cuéllar, incluso, fue vigilada por dos policías.

"El martirio empezó desde que perdimos el primer partido. Todos sufrimos internamente lo poco o nada que estábamos haciendo. Hubo una decepción grande en México. Recuerdo que tuve vigilando a dos policías en mi casa como una precaución que tomó la Federación Mexicana de Fútbol para que no hubiera un incidente posterior. A mi compadre Vázquez Ayala le rayaron su carro y cosas de ese tipo. La decepción de los aficionados había sido tan grande que se provocó esa animosidad".

Las heridas tardaron en cerrarse. Una generación que estaba llamada a darle alegrías a México, quedó marcada por la derrota y abrió un boquete de tal magnitud que afectó tanto, que el Tri no calificó a España 1982.

"Entendiendo que el máximo escaparate del fútbol es el Mundial, por lo que se vivió y se debió corregir en Argentina, no calificar al Mundial de 82 fue todavía más fracaso. Ya se tenía un grupo más maduro, de gran calidad y que al final no tuvo la química para obtener el boleto en el Premundial de Honduras", comenta Cuéllar.
Y el análisis va más allá:

"Los setentas, luego de México 70, no fueron fáciles, hubo mucha fricción, fue la etapa de los Ratones Verdes, hubo muchas disputas por el poder en el futbol mexicano, cuestiones administrativas que afectaron, no sólo a nivel cancha, sino en todos los sentidos.

Es por esto que Cuéllar ve en el recuerdo de Argentina 78, una lección inmensa:

"No es positivo hablar de las cosas negativas todo el tiempo. Me ha tocado que me entrevistan porque es el aniversario de la derrota contra Túnez ¿qué tenemos que celebrar de una derrota?

"A veces se trata de abrir de nuevo la herida sin ningún objetivo. Argentina fue una experiencia horrible, fue un fracaso, pero tenemos los recursos para no volverlo a vivir.

LA BROMA DE REYES Y SOTO
La anécdota involucra a Pilar Reyes, quien para el partido contra Alemania saltó como el portero titular y Pedro Soto, quien luego de la lesión del cancerbero de Tigres, entró al campo.

Al finalizar el partido y bajar a los vestuarios, Reyes, que se encontraba con el fisioterapeuta, le preguntó a Soto cómo habían quedado. El sustituto le respondió: "Empatamos". Pilar, emocionado e incrédulo, volvió a preguntarle: "¿De verdad empatamos con Alemania?", a lo que Soto le respondió: "Sí, empatamos... a ti te metieron tres goles y a mi otros tres".

¿El pasaje de la broma entre los porteros, le molesta?
Sí, yo creo que es un pasaje innecesario. Vi a los protagonistas platicarlo apenas en una entrevista, y es una cosa más personal, de ellos, que en realidad el reflejo de lo que sentía todo el grupo.

No estuve presente al momento de la broma entre Reyes y Soto, pero todos reaccionamos diferente, tanto en las victorias como en las derrotas y para mí no era un momento para ni siquiera insinuar una broma. Era tiempo de dar la cara y buscar seguir adelante. Porque no fue fácil reencontrar el aprecio de los fanáticos mexicanos.

Yo tocó el tema y me duele. Sería extraordinario regresar el tiempo y corregir la historia, me duele me molesta. En este periodo, cada vez que se acerca un Mundial tengo que contestar prácticamente las mismas preguntas, pero ahora me gusta aportar una explicación diferente a lo que fue.