En Brasil, por la Copa del Mundo, todos hermanados por un balón

RÍO DE JANEIRO -- Con el paso de los días entiendo más lo que los organizadores del Mundial de Brasil quisieron mostrarle al mundo en su inauguración. La diversidad brasileña...

Pensar en el brasileño de Sao Paulo, de Río, de Salvador de Bahía, de Manaus o de Brasilia. Parece una obviedad, pero todos son distintos. Pero más allá de eso, todos viven y disfrutan del Mundial.

Pocos países paran todas sus actividades cuando juega su selección. Pocos lugares se paralizan cuando juega su equipo nacional, a pesar de sus diferencias, dejan todo, sus actividades, su trabajo.

Cierran comercios, se reúnen en casas, en cafeterías, en tiendas de la esquina. En los estadios. En los aeropuertos. Cierran calles, van a lugares determinados por FIFA o simplemente manejan un taxi, pero con una pantalla puesta en los encuentros, con el pretexto de que el aficionado desea ver un partido. Lo cierto es que son ellos los que no quieren perder ningún momento de su fiesta, la cual se lleva acabo en su país.

Brasil es festividad, es futbol ciento por ciento. A pesar de sus diferencias sociales, culturales y de origen. Se puede ver en la playa de Copacabana, en una ranchería, en la carretera a Teresópolis, en la montaña, en una favela en Río, en un terreno irregular en Bahía, en la calle más pobre de Sao Paulo, en la playa más lujosa en Praia do Cupe o de Mata de Sao Joao. No importan las posibilidades económicas, todos se unen con la playera Verdeamarela. Pueden jugar con un balón, con hojas de papel, con hojas secas, con lo que le sobra al coco. Mulatos, blancos, negros y mestizos, todos hermanados por un balón. A pesar de sus inconformidades sociales, de su desigualdad. Todos ríen, cantan, bailan con su batucada al ver al Scrach.

A pesar de las diferencias climáticas en todas las regiones. No es lo mismo jugar en el Amazonas, con su calor y su humedad, pero también con sus bellezas naturales y sobre todo con la posibilidad de adentrarse a un mundo diferente, aquel que sólo habías escuchado en las clases de geografía sobre el río más grande del mundo y donde converge junto al río negro. Pero todo eso no es nada cuando observas la inmensidad del Amazonas. Es sorprendente también ver los colores más vivos en sus frutas y en sus vegetales. Sus pescados gigantes. Todo acorde al verde de la selva.

Diferente a Salvador de Bahía, primera capital de Brasil, reconocida por ser el lugar con más negros fuera de África, pero además por sus fiestas llenas de color, de música y de comida. Es conocida como la Capital de la alegría, donde se dio el origen del Capoeira y de la Samba. Justo en el Mundial, converge la fiesta dedicada a Sao Joao, donde se reúnen cantantes, además de comida y bebidas típicas. Aquí la mezcla de futbol y música hacen una gran diferencia en la percepción de los extranjeros, pues entienden que todo va de la mano.

Río de Janeiro es la pasión, la fiesta desenfrenada, pero también representa lo que fue la capital del país después de su independencia de Portugal. Es una ciudad vieja y sitiada por el mar y las montañas. Pero donde se puede encontrar todo, fiesta, cultura, deporte, atracciones como el Cristo Redentor, una de las siete maravillas del mundo; además del Pan de Azúcar, el pico más alto de una montaña donde se puede ver la playa de Copacabana. Aquí la pasión por el fútbol es una de las más grandes.

Otra percepción es el aficionado de la capital. Un lugar pensado desde los años 50 para ser diferente, para recibir a todos los poderes y para que los brasileños tuvieran desarrollo. Para que la capital no estuviera más en las costas. Aquí todo es estructura, carreteras amplias y organización. La idea era unir Brasil, el norte con el sur, las costas y para ello Brasilia fue el lugar escogido. Así empezaron las construcciones de carreteras y a que estas zonas llegarán brasileños de todas partes.

Fue un lugar pensado y planificado para ser la capital. Un lugar calificado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad.

Brasil vive sus últimos días de fiesta, pero la pasión mostrada en los últimos días dan la razón a la FIFA por las segundas oportunidades a este país. Realmente ha sido una gran Copa del Mundo. Los brasileños han mostrado al mundo su diversidad, su cultura y sobre todo su pasión. Sí, hay muchas cosas por mejorar; sí hay diferencias marcadas entre pobres y ricos, pero que país latinoamericano no tiene esos retos. Ahora queda disfrutar un Mundial de sorpresas y del protagonismo que han ejercido las nacionales latinoamericanas en la cancha.