Los Seahawks volvieron a la normalidad y recobraron el éxito

Richard Sherman asegura que nada cambió, pero el calendario mostró un mapa del vestidor. AP Photo

BRISTOL -- La última gota pudo ser el iPad. Pete Carroll, ataviado de pies a cabeza en azul color Seahawks, llevaba tres horas parado en vientos de 10°, implorando y rogando pero nada funcionaba. Y ahora, el endemoniado iPad tampoco. Quizá era para lo mejor. Carroll no pudo analizar video sobre lo sucedido. Se sentó un autobús con su almuerzo tardío mientras los Seahawks se movían lentamente a través del panorama marrón hacia el Aeropuerto Internacional de Kansas City.

Su equipo acababa de perder otro partido que no debía, cayendo 24-20 ante los Chiefs, siendo detenido tres veces en cuarta oportunidad en el último periodo, y los obituarios de la temporada del 2014 ya se redactaban en el palco incluso antes que el club dejara el estadio. Aquí yacen los campeones defensores del Super Bowl, 6-4 y tres juegos detrás de Arizona en la NFC Oeste con la dureza del calendario aún pendiente. Aquí yacen los jóvenes talentosos y alguna vez presumidos.

Si Carroll hubiese tenido una burbuja sobre su cabeza, quizá podía leerse "rayos" o "esto apesta" y eso, por sí solo, sería sorprendente. Carroll es una mezcla entre Tony Robbins y Pollyanna; nunca tiene un mal día. Pero los Seahawks estaban batallando y parecían agotados por la controversia, desde el canje a Percy Harvin hasta los reportes de vestidor fragmentado. En unos días, un simple ensayo podía convertirse en un colapso por algo tan sencillo como unos girasoles.

Los críticos afirman que eso sucede cuando un equipo es joven y no está acostumbrado a lidiar con los gajes del éxito. Durante dos años, eran ellos contra el mundo. Después, llegaron a la cima, y ya no quedaron insultos ni munición para alimentar su duelo fraternal. Por supuesto que estaban destinados al fracaso.

Al final de otro autobús, los backs defensivos Richard Sherman y Earl Thomas se sentaban en silencio, analizando qué salió mal contra Kansas City. Se han sentado juntos en los mismos lugares desde hace casi tres años ya. Su conversación terminó y Sherman hizo lo mismo que todos los partidos. Se colocó los audífonos, cerró los ojos y escuchó "Candy Rain", un ritmo viejo y lento que lo relaja.

Era el 16 de noviembre y su temporada parecía concluida.

Su temporada apenas comenzaba.

Los Seahawks no volvieron a perder tras el miserable día en Kansas City, acumulando seis victorias consecutivas para asegurar su tercer viaje a la postemporada de forma consecutiva. Son el primer sembrado de la NFC, han permitido apenas 39 puntos en esos seis juegos y, mientras se preparan para recibir a los Carolina Panthers el sábado en la Ronda Divisional, se ven tan dominantes como el año pasado.

Hay un par de teorías por el rebote que tuvieron, y una de ellas no es particularmente profunda. Es que los Seahawks ya están saludables, con dos de sus mejores jugadores --Kam Chancellor y Bobby Wagner-- de vuelta a su máxima velocidad. Chancellor, un profundo que sacude los huesos, inspira a todo el equipo con sus golpes. Sin él, Sherman dijo, la defensiva "está como a la mitad. No sé cómo explicarlo. No estamos completos". Wagner regresó a la alineación justo cuando inició la racha ganadora. El apoyador se había perdido cinco juegos con desgarre de ligamentos en el pie, pero ha sido tan bueno en el último mes que alcanzó a llegar al equipo All-Pro.

La segunda teoría es que los Seahawks vieron un momento de iluminación de regreso de Kansas City. Con la tensión hirviendo, Carroll convocó una junta con los líderes del equipo, al menos 10 jugadores. Carroll no habló mucho; le gusta empoderar a los muchachos para que se encarguen de la situación.

Se reunieron en la sala de juntas defensivas y Carroll hizo las preguntas que lo venían molestando desde hace meses.

¿Qué faltaba? ¿Contra quién peleaban?

¿Por qué era tan diferente este año en relación al anterior?

Carroll no cambió las cosas en absoluto. El campamento de entrenamiento abrió a finales de julio y presentó la porción normal de celebridades y charlas motivacionales, y muy poco sobre lo hecho por Seattle cinco meses antes.

Ah, Carroll sí habló de repetir como campeón del Super Bowl. Pero lo hizo a la mitad de la temporada del 2013, antes de ganar cualquier cosa. Esa es la confianza que veía en sus muchachos. Mientras la mayoría de los coaches guían a sus equipos mediante rankings y expectativas, Carroll les pide creérsela. La gente sabe que son los mejores, les dice Carroll. ¿No es genial?

Durante el campamento de entrenamiento, un Navy SEAL habló con el equipo sobre hermandad. El coach de los Golden State Warriors, Steve Kerr, visitó las prácticas y jugó un reto de tiros libres con el receptor Bryan Walters en el campamento. Fue divertido, competitivo y totalmente Pete Carroll. Nada había cambiado.

Pero las vidas de cada uno sí. Carroll construyó su equipo con una colección de marginados convencidos de golpear, olvidados en el draft, y ahora eran superestrellas y ejemplos nacionales.

"Este es un equipo joven, el más joven en ganar un Super Bowl", dijo el mariscal de campo Salón de la Fama, Warren Moon, quien comenta para los Seahawks. "Pienso que sí enfrentaron un problema con muchos de ellos por [cómo] lidiaron con la prosperidad, cómo lidiaron los patrocinios y la atención recibida.

"Algunos muchachos se enriquecieron en la temporada baja; otros probablemente pensaron que querían más. Todas esas cosas pesan. Los chicos comenzaron a jugar para nadie más que ellos mismos".

Pero Sherman insiste que no cambiaron. No en sus corazones. Los miembros de la "Legion of Boom", afamada secundaria de los Seahawks, hizo su viaje anual a Lake Chelan en julio, para hablar de todo menos fútbol americano en el agua.

Hablamos de un equipo que construyó su química a través de la cruda honestidad, ser capaz de decirle lo que sea a quien sea, y aun así podían hacerse responsables. Avanzado el verano, Earl Thomas habló con el profundo novato Dion Bailey y le dijo que debía atrapar más rápido. Era el segundo día del campamento, pero Bailey lo tomó como un cumplido.

"No hay jerarquías", dijo Sherman. "Todos los jugadores se miran uno a otro a los ojos y se hablan de frente. Un novato puede venir a mí y decirme las mismas críticas que Earl Thomas hace a un novato si se lo merece. Ahora, si sólo habla tonterías, no responderé tan bien.

"Nadie se toma las críticas de forma personal porque entiendes cuánto le importas al muchacho de al lado, se interesa en que seas mejor jugador y mejor persona".

Pero cuando la temporada inició y las derrotas se acumularon, la honestidad --y las palabras-- se detuvo. Los Seahawks dirán que en el 2013 enfrentaron mucha adversidad. Cinco de sus primeros ocho juegos en esa campaña se definieron por un touchdown o menos. Pero las cosas salieron bien y ganaron 11 de sus últimos 12.

Y después, nada parecía salir bien en la primera mitad del 2014. Dallas les anotó 30 puntos y los superó en su propio terreno en octubre. Una semana después, en St. Louis, los Rams utilizaron un par de jugadas de truco en equipos especiales para ganarles 28-26.

"Se sentía mucha tensión", dijo Bailey. "Nadie habló realmente de analizar a la defensiva porque no estaban acostumbrados a eso. Jugaron tan dominantes el año pasado. Fue como, '¿estamos jugando mal o las cosas simplemente no nos salen?'".

La tensión era tangible incluso antes del duelo en St. Louis. Mientras los Seahawks abordaban los autobuses al aeropuerto, se enteraron que Percy Harvin sería canjeado a los New York Jets. Una semana antes, contra Dallas, Harvin, de acuerdo con el Seattle Times, se negó a regresar al campo cuando lo llamaron para el último cuarto. El enigmático receptor se había convertido en una fuerza destructiva dentro del vestidor. Hubo anécdotas sobre Harvin confrontando físicamente a sus compañeros. Una historia del Bleacher Report aseguró que Harvin encabezaba una división contra el mariscal de campo Russell Wilson, y que algunos jugadores no pensaban que Wilson fuese "lo suficientemente afroamericano".

Moon dijo que la salida de Harvin fue crucial, no sólo ayudó en la química, sino que permitió a los Seahawks regresar a su identidad ofensiva de escarbar con el balón a través de Marshawn Lynch.

"Tenían que deshacerse de Percy", consideró Moon. "Se estaba gestando desde el año pasado, lo crean o no. Y probablemente hubiese resultado lo mismo el año pasado de haber estado allí todos los días. Pero estuvo en reservas lesionados la mayor parte de la campaña y no venía todos los días. Pero cuando pasó el Super Bowl, cuando él volvió, lo podías ver y sentir.

"Nunca se sintió aceptado cuando llegó. Tenía muchos problemas de confianza".

Harvin no fue el único que batalló para llevarse con Wilson. Moon dijo que existían celos naturales entre compañeros al inicio de la campaña por todos los patrocinios que Wilson obtuvo en la temporada baja. Wilson es elocuente, fotogénico y está en todos lados. Moon confía en que los comentarios sobre no ser "suficientemente de color" vinieron de compañeros molestos porque no pasaba tiempo con ellos.

Moon es mentor de Wilson y le advirtió sobre esto desde el año pasado. Wilson pasó mucho tiempo preparándose para jugar, en eventos de caridad y en su vida privada, por lo que no tuvo mucho espacio para sus compañeros. Moon alentó al mariscal de campo para tomarse una cerveza ocasional con los lineros (o verlos tomar porque él no bebe). Le dijo que de vez en cuando debía reunirse con varios grupos de posiciones para que supieran que es uno más de los muchachos.

"Son una unidad muy, muy cercana", dijo Moon. "Pero es como con los hermanos. Van a discutir algunas veces, se van a encelar de vez en cuando. Eso es lo que sucedió aquí durante un tiempo, hasta que todo se habló y se arregló".

Carroll alienta la dinámica de hermandad en el equipo. Deja que sus jugadores sean ellos mismos. Si Doug Baldwin quiere hacer una rabieta llena de groserías en las laterales y apuntar a Wilson, como lo hizo en octubre contra Dallas, está bien. Significa que es apasionado y le importa. Y la familia suele hallar formas de ponerse de acuerdo.

Así que, quizá sea normal que el punto de quiebre de la campaña sucedió horas después de esa reunión en noviembre, cuando un jugador decidió que no aguantaba más y simplemente se dejó ir. Fue unos días después de la derrota contra los Chiefs, y los Seahawks estaban teniendo una práctica de ensayo al inicio de la semana laboral. Earl Thomas, súper intenso, se dio cuenta que los linieros defensivos compartían semillas de girasol. Esto no era nuevo; los linieros lo habían hecho antes, incluyendo el año pasado. Pero Thomas, cansado de perder... perdió la razón. Arremetió contra los linieros, todos con ventaja de peso considerable sobre él. La práctica estalló en gritos.

Finalmente, estaban siendo crudos y honestos de forma mutua.

"Si hubiese sido alguien más, entonces me sorprendería y no lo hubiera creído", dijo Sherman. "Pero cuando se trata de alguien que se sienta en el vestidor de las 8:00 de la mañana hasta las 9:30 de la noche todos los días, rompiéndose la espalda para estudiar, y [trabajando] en el campo de prácticas, dando un tiempo extra a lo que pueda para ayudar a su preparación, entonces no te sorprende tanto.

"Lo aceptaron, porque sabían de quién venía. No venía de un lugar irrespetuoso o insultante. Venía de un lugar deportivo. Él quiere ganar, con muchas ganas. Busca cada pulgada o rasgo que nos ayude a subir al siguiente nivel".

El tackle defensivo veterano Kevin Williams se desconcertó con la rabieta. Llegó a Seattle en la temporada baja tras pasar una década en Minnesota. Williams jugó con equipos talentosos de los Vikings que tenían problemas de química, pero nunca había visto a alguien que se parara frente a todos así. Los veteranos solían criticarse en ocasiones, sí, pero los jugadores jóvenes no solían involucrarse.

Las palabras de Thomas, dijo Williams, acercaron más a todos. Nunca había estado en un equipo así.

El estallido provocó la junta convocada por Carroll. Todos prometieron jugar para el otro.

"Pienso que estábamos intentando tan fuerte que nos complicamos de más", dijo el guardia de los Seahawks, J.R. Sweezy. "Simplemente teníamos que volver a lo básico y recordar quiénes somos. Allí es cuando despegamos".

Seattle enfrentó a los líderes de la NFC Oeste, Arizona Cardinals, ese fin de semana. La defensiva de los Seahawks fue sofocante, su energía era contagiosa. El mariscal de campo Carson Palmer estaba fuera con Arizona por lesión de rodilla, pero los Seahawks no le prestaron atención. Ellos sentían que podían vencer a cualquiera tras la victoria por 19-3.

Moon se dio cuenta que cada vez que un jugador corría a las laterales, sus compañeros le chocaban el puño. Eran ellos contra el mundo una vez más.

Richard Sherman contesta el teléfono el sábado, durante la semana de descanso de los Seahawks y se nota relajado y descansado. No tiene palabras pretenciosas que ofrecer, ya todos saben quién es.

Alguna vez cayó en el draft pero ahora firmó una extensión contractual de 56 millones de dólares. Hace que los novatos le traigan comida de vez en cuando, el combo N° 2 de McDonalds, pero, una vez más, no tenía problema en hacerlo antes de ser famoso. Sherman no tiene que decir nada ya, pero les confiesa un secreto: nunca tuvo miedo. No en el regreso de Kansas City, nunca.

"Podría parecer que esa junta fue el único factor, pero siento que fue una coincidencia", expuso Sherman.

"Nunca hubo sentido de pánico, honestamente. Pienso que siempre hemos creído que todo estaba frente a nosotros y sabíamos que podíamos encarrerarnos y ganar muchos partidos. Era casi arrogante --no quiero llamarnos arrogantes-- pero había la confianza hasta ese punto.

"Supongo que la gente nos puede llamar arrogantes si vivieran en nuestra mente, en nuestro vestidor".

Pero con dependencia en quién les hable, el panorama era gris. Ben Malcolmson, asistente especial de Carroll, dijo que al menos una fuente nacional viajó a Carolina para escribir el obituario del equipo a mitad de la temporada. Incluso Malcolmson, quien se contagia de la vibra positiva de Carroll todo el día, se preguntaba si llegarían a playoffs tras el duelo contra Kansas City. Necesitaban terminar 5-1 para entrar como Comodín. Se avecinaba una visita a Philadelphia y debían enfrentar a los 49ers y los Cardinals dos veces.

"Vaya, después de ese partido [contra Chiefs], todos los medios hablaban sobre lo mal que estábamos, la temporada se acabó, no puedes ganar cinco de seis, menos seis de seis.

"Hubiese sido muy fácil cerrar la temporada en ese momento, pero [Carroll] lo llevó a otro nivel. Es como una paradoja. Permite mucho ruido y tantas distracciones, pero después se vuelve tan inconsciente para ellos".

La rutina no cambia esta semana. Hay invitados, tiros libres y honestidad. El miércoles, el coach de soccer femenil de North Carolina, Anson Dorrance, visitó la práctica de Seattle. Dorrance es el indicado para enseñarles sobre el manejo del éxito: tiene 21 títulos de la NCAA. El jardinero de los Tampa Bay Rays, Steven Souza, tenía programada la visita del jueves. Es caótico, ruidoso y divertido. Seattle ha vuelto a la normalidad.