MÉXICO -- En ese momento, quizá Érik 'Terrible' Morales no pudo dimensionar lo que significaba para su carrera y para el boxeo mexicano, haberse convertido en el primer mexicano en doblegar categóricamente al filipino Manny Pacquiao. A 10 años de su logro, el de la Zona Norte de Tijuana, México, lo recuerda como algo especial en su carrera, pues ese día demostró que el 'Pacman' no era mejor que él, y que no iba a poder arrasarlo.
El primer choque de la trilogía entre Morales y Pacquiao se dio el 19 de marzo de 2005. El filipino había llegado con el pie derecho a territorio estadounidense y tras dar cuenta de Marco Antonio Barrera y empatar con Juan Manuel Márquez, todo mundo pensaba que haría trizas al 'Terrible', quien venía de perder con Barrera el título súper pluma del Consejo Mundial de Boxeo.
La sede, la MGM Grand Garden Arena, en la que Pacquiao llegaba como favorito para derrotar a Morales. Sólo que quien tuvo la última palabra no fue el filipino, sino el mexicano, quien le peleó de tú a tú, aceptó el riesgo de enfrentar al rudimentario noqueador zurdo y salió por la puerta grande.
Al final de 12 asaltos, Morales se llevó claramente el triunfo por tarjetas de 115-113, 115-113 y 115-113, todas a su favor para demostrar no sólo que no estaba acabado, sino que aquel que muchos llamaban monstruo, no era sino un peleador terrenal al que le afectaba una buena estrategia.
Esa noche quizá fue la más grande de Morales en su carrera profesional. Después, sufrió los estragos de haber tomado malas decisiones, pero seguramente esa velada será imborrable, pues Pacquiao había arrollado a un buen número de mexicanos y al final, detuvo su marca ante el 'Terrible' mexicano.
Aquí la charla con Érik Morales, a una década de su gesta, casi heroica.
-¿En ese momento, qué significaba la pelea para ti?
Era una pelea muy importante, por dos factores muy grandes, uno que venía arrasando con los mexicanos, a Barrera lo paró de una forma asombrosa, hizo lo que yo no pude hacer de manera casi fácil, a Márquez lo tumbó tres veces aunque dieron empate, se vio muy superior, yo venía de perder con Barrera, y segundo que era para mí muy necesario sacar la victoria para salvar mi prestigio y mi honorabilidad de gran peleador, sobre todo que estaba gozando de muy buena reputación ese año porque había ganado los títulos mundiales un año antes. Y eso llamó mi atención, pelear con un hombre que decían que me iba a arrasar.
-¿Cuál fue la clave de tu triunfo?
La necesidad de ganar y la concentración que tenía, yo sabía claramente lo que tenía que hacer para ganar esa pelea. Las apuestas estaban 2-1 en mi contra, así cerraron, yo estaba muy concentrado en saber que podía hacer algo diferente a los otros dos mexicanos (Barrera y Márquez), yo vi que él ocupaba ganarme para seguir creciendo como boxeador, fue una pelea de mucha necesidad para los dos para ofrecer lo mejor. Pero esa noche yo subí muy concentrado, muy necesitado del triunfo, di lo mejor de mí, de hecho, a esa preparación física llegué con mi papá como entrenador, con Fernando Fernández como manoplero y dos personas más, no tuve ni preparador físico nu nutriólogo, yo hice mi plan y hacía mis comidas. Esa pelea la gané por orgullo, por necesidad, porque yo podía, porque quería demostrar que era un peleador real y entonces decidí jugármela yo solo.
-¿Qué encontraste en el ring con Pacquiao?
En el ring encontré un peleador difícil, en el primer round un factor importante fue donde se me avienta con todo, me ataca, pero regreso yo y le explico con hechos que no iba a ser fácil, que iba a darlo todo. En la segunda parte, cada vez que entraba a los ataques lo aguantaba e iba por más, esa noche me cambié de zurdo, le baje las manos y toda la fuerza que él pudiera tener no la sentí, lo anulé. Técnicamente por más que lo intentó, hizo, pudo, los primeros cuatro rounds fueron los más difíciles para él porque lo frustré con movimientos técnicos muy ligeros, con mi mano izquierda fintarlo, aguantar y caminar a la derecha y golpearlo, entonces él se frustraba porque no podía comprender cómo podía controlarme si en el pasado con Barrera y Márquez había sido mucho más fácil.
-¿Por qué te cambiaste de zurdo en el último round?
Me cambié de zurdo para demostrarle que no era el más duro y que le había ganado toda la pelea. Pensé, 'le voy a enseñar técnica de boxeo', me cambié de zurdo para que supiera que era mejor en corto, largo, derecho y zurdo, que era mejor, nos golpeamos, me llegó, le llegué, lógicamente perdía el balance un poco, me golpeó, era aparatoso porque el piso estaba un poco mojado. Pero me le puse de tú a tú y eso sí, con mi mano derecha le golpeé bastante, esa fue la última oportunidad que me di de demostrarle que era mucho más.
-¿Qué sentimientos te trae el décimo aniversario de esa pelea?
Me acuerdo y quiero llorar (risas), porque la segunda vez cometí errores, pude haber parado la fuerza de Manny Pacquiao, pude acabarlo con él en la segunda pelea, me acuerdo de la primera pelea y cómo no supe tomar decisiones bien, esa pelea la recuerdo como algo muy importante de mi carrera, porque di todo y las cosas me salieron bien.
-¿Y después, qué decisiones te orillaron a perder el resto de la serie?
La segunda fue una mala decisión que yo tomé, algunos cambios personales que hice, no siguiendo la regla de que si te funciona, no le muevas, lo lamento mucho, lo lamentaré toda mi vida. Y la tercera, en la necesidad de quitarme esa derrota por nocaut que tenía por primera vez en mi carrera, me vi obligado a tomar otras desventajas muy claras como pelear en un peso que ya me mataba para darlo, y ahí empieza yo creo que una sociedad Pacquiao-Bob Arum, de hecho Bob se decía que se iba a retirar casi al término de mi carrera y revivió cuando vio la oportunidad de Pacquiao, porque no ha parado, de hecho hizo presidente en esa época a Todd DuBoef, pero sigue activo.
