El dolor que sufre Jim Kelly tras una vida de decepciones y luto sin fondo

BRISTOL -- La próxima vez que te veas dos cuartos abajo en esperanza, o sientas que estás en el lado negativo de un juego fatalista, piensa en Jim Kelly y siéntete afortunado de no ser él.

Jim Kelly es el Job (bíblico) de los deportes. Si llueve por algún lado, es sobre Jim Kelly. Tiene tan poca suerte como un perro de una pata.

El ex mariscal de campo de los Buffalo Bills ha soportado más dolor, duelo y decepción que muchos países, y sólo está empeorando. "Jim tuvo lo más alto de lo mejor y lo más bajo de lo peor", sostiene su hermano Pat. "Últimamente, han sido muy bajos".

Y aun así, cuando miras a Jim Kelly, actúa como si acabara de ganar un millón de dólares.

"He sido bendecido", afirma Kelly a sus 54 años. "No cambiaría nada".

¿En serio? Porque no desearía lo que a él le pasó ni a un recaudador de impuestos.

Está en dolor las 24 horas. No puede sentir la piel en el lado izquierdo de la cara. Asegura que su labio se siente como si estuviera en fuego. Le removieron parte de la mandíbula superior izquierda y todos menos dos de sus dientes y con ello seis canales de raíz. Admite que no ha sido capaz de dormir con los años sin tomar nada.

"Honestamente no recuerdo a Jim dormido toda la noche", cuenta su esposa, Jill. "No estoy segura que lo haya hecho".

Kelly lleva más herramientas que un Home Depot. Su espalda tiene dos placas y 10 tornillos. Su cuello tiene una placa y seis tornillos. Recientemente se operó dos hernias. Un día, le removieron un quiste bajo la fosa nasal sin anestesia. "Creo que me escuchaban a tres edificios de distancia", platica.

La realidad es que debería de estar muerto a estas alturas, pero nada parece funcionar, ni un choque de avión, el cáncer, más operaciones de las que recuerde, una vida de decepciones y duelo infinito.

Nunca quiso jugar en Buffalo. Estuvo allí 11 años. Soñaba con ganar un Super Bowl. Nadie estuvo más cerca sin ganarlo. Añoraba un hijo. Lo tuvo, mas sufrió la enfermedad de Krabbe y murió antes de su cumpleaños N° 9. Vive para cazar, y la caza por poco se ha llevado su vida.

"Y aun así nunca se queja", dice Pat. "Es la persona más dura que conozco".

Jim Kelly se encoje de hombros y expresa: "Sí, a veces sólo quieres decirle a Dios, 'O.K. Me rindo. Tío, sólo dame un tiempo en el que ya no sienta dolor'. Pero nadie quiere escuchar mis problemas".

Sólo una vez se ha dejado caer en la pena propia. Fue hacia Jill y le cuestionó, "¿así será el resto de mi vida? Porque no sé si lo pueda manejar el resto de mi vida".

Pero lo hará. Ha lidiado con más malas rachas de las que se puedan contar. Es el Campeón Indiscutible en Levantarse y Sacudirse con una Sonrisa.

Llevó a sus Bills al Super Bowl en cuatro temporadas consecutivas y las cuatro veces perdieron. Hasta la fecha no ha visto videos de esas derrotas, pero el fin de semana pasada, por primera vez en su vida, observó un resumen de la temporada de 1990, la cual terminó con la derrota "Abierto a la Derecha" frente a los New York Giants.

"Nunca volveré a verlo", asegura. "Sólo hizo que me doliera más. No me gusta pensar en ninguno de ellos".

Lo que molesta a Kelly es que los Bills no son reconocidos tras ser el único equipo en la historia con cuatro campeonatos seguidos. "Hablas con John Elway o Dan Marino. Están asombrados por cómo fuimos capaces de lograr eso. [...] Pero sé por qué el buen Señor lo hizo. Me preparaba para lo que venía".

Lo que se avecinaba era más doloroso de lo que un año de derrotas de Super Bowl le podía hacer sentir.

De viaje en el 2000 para cazar en Alaska, el avión de una turbina que volaba cayó en el mar de Bering. Kelly, de cabeza, pateó la ventana y nadó hasta la orilla en aguas de 39 grados (3.8° C), después se secó con un mechero de Bunsen. "Pensé que ya me iba", reconoce. Regresó 23 libras abajo.

En su cumpleaños N° 37, su hijo Hunter nació.

"Soñé con entrenar fútbol americano a mi hijo", recuerda Kelly. "Hunter portaría el N° 12 y su primo Chad el 83 (número de Andre Reed). El guión estaba escrito".

Hunter tendría 17 años hoy. Chad --hoy ahijado de Kelly-- fue el primer mariscal de campo de New York en pasar para más de 2,000 yardas y correr más 1,000 en una temporada de preparatoria el año que firmó con Clemson, donde competirá como sophomore por el puesto titular cuando comiencen las prácticas primaverales.

Jim, mientras tanto, se avocó a prevenir que otros padres sientan el hueco que le dejó la muerte de Hunter. Trabaja todos los días en la iniciativa de ley que busca arreglar las fallas de los estados en el monitoreo de enfermedades infantiles; un monitoreo que pudo salvar la vida de Hunter.

"Miles de bebés están muriendo porque nacen en el estado equivocado", considera Kelly. "Algunos estados prueban ocho enfermedades y otros hasta 60. ¿Por qué no todos prueban la máxima cantidad? Le damos tanto dinero a otros países y estamos robando a nuestros propios hijos de calidad de vida".

Después de eso vinieron los problemas de espalda, de cuello y el cáncer de mandíbula, no obstante que Kelly nunca fumó ni mascó tabaco. Lo han destrozado, dejándolo con una prótesis en lugar de mandíbula superior y un dolor que lo ataca por las noches.

"Me preocupo por él", reconoce Pat. "Realmente lo hago".

¿Y qué hace su hermano para vivir? Atraviesa el país dando charlas motivacionales que hacen llorar a la gente, dan escalofríos y perseverancia a los corazones.

"Su habilidad para perder, y perder en grande, e incluso manejarlo, es impresionante para mí", afirma Jill. "Esto simplemente lo ha vuelto una mejor persona de la que era antes, más paciente. Lo ha hecho querer ayudar todavía más que antes [...]. La gente lo escucha hablar y piensa, '¿cómo puedo tener un poco de esta esperanza, esta esperanza más allá de la circunstancia que él tiene?'. Lo he visto. Lo que él ha pasado es una maldición, sí. Y es un reto, sí. Pero, realmente, cuando piensas lo mucho que ha dado a los otros, es un regalo".

Bueno. Pero deben desear que este regalo deje de darse.