Hermosillo aprendió de sus fracasos

Carlos Hermosillo es parte de la historia grande del futbol mexicano, ya sea por ser el cuarto máximo goleador de la Selección Nacional, con 35 goles en 90 partidos, por la huella que dejó durante sus dos ciclos con el América, o por la paradoja de haber empezado su carrera con las Águilas en la temporada 1983-84 para luego retirarse con su archirrival, las Chivas de Guadalajara, en el 2001. Su corazón, sin embargo, siempre le perteneció al Cruz Azul, club del que es hincha, donde él pasó sus mejores momentos y al que le dio su última gran alegría en 1997.

En aquel entonces, el retiro no era cosa fácil para "El Grandote de Cerro Azul", quién ante su inminente despedida del futbol profesional a los 37 años dijo: "Ya lloré mucho, no fue fácil tomar la decisión, pero ya estoy en paz". Empezar una nueva vida y alejarse de la adulación, los aplausos y las emociones que solamente ponerse la camiseta y salir a la cancha a jugar frente a 40 mil personas no es fácil para ningún ex jugador, pero Hermosillo ha logrado mantenerse ligado al deporte que ama, como comentarista en la televisión.

Hermosillo llega a su "vestuario" en los estudios de la cadena Telemundo horas antes del partido, estudia a los equipos que van a jugar esa noche, y 13 años después de su retiro disfruta al máximo el entrar a la cabina de transmisión. Sin embargo, los recuerdos de su trayectoria como futbolista siguen frescos en su mente. Como si todo hubiese sucedido ayer mismo.

"Primero que nada, es completamente diferente la perspectiva, el sentimiento, el sabor... ya que no es lo mismo entrar a un vestidor como jugador, sentir el nerviosismo de tocar un balón, comunicarte con tus compañeros en el vestidor, y uno lo transporta a lo que estoy haciendo ahora", dijo Hermosillo.

"Este será el cuarto Mundial que veo desde afuera. Es exactamente lo mismo pero también es diferente. La convivencia es similar, te preparas para el partido, estudias a los jugadores, charlo con mis compañeros Andrés (Cantor), Sammy (Sadovnik) y con Manuel Sol. A la misma vez uno tiene una forma distinta de ver las cosas que alguien que nunca estuvo en un vestuario o no estuvo en una cancha, ya que uno cuenta con una perspectiva completamente diferente de lo que son los movimientos dentro de la cancha, qué sentimiento hay dentro de ella, y para mí eso ha sido algo que he descubierto y que es maravilloso".

La carrera futbolística de Hermosillo lo llevó por varios clubes, ocho en total, y un sinnúmero de experiencias inolvidables, pero al recorrer el camino de los recuerdos, el ex artillero mexicano no duda en que le quedó una espina clavada: Triunfar en el futbol europeo.

Hermosillo era la gran sensación del futbol mexicano a fines de los 80 con el América y ello atrajo la atención del Standard Lieja de Bélgica. No era difícil pensar que ese sería el trampolín que luego lo llevaría a ser reconocido en la Liga española, el Calcio o la Liga Premier, pero ese sueño se vio interrumpido prematuramente por la falta de continuidad en el futbol belga.

Hermosillo jugó apenas cinco partidos y metió un gol con el Lieja en 1990 antes de regresar al futbol mexicano.

"Por supuesto que me quedó la espina clavada, me hubiera encantado", dijo Hermosillo. "Lamentablemente, yo siempre he pensado que hay momentos y tiempos en la vida. Yo no sé si era mi momento o no, pero lo que sí puedo rescatar de, aunque suene fuerte, mi fracaso de no haberme podido quedar a jugar en Europa, fue que crecí futbolísticamente. Maduré mucho en el Standard Lieja y me sirvió muchísimo".

La experiencia europea fue breve pero sumamente útil para Hermosillo, quien regresó a México con ganas de demostrar que su talento seguía intacto y la rompió con la camiseta del Monterrey convirtiendo 20 goles en 35 partidos durante la temporada 1990-91.

Aquella campaña fue el preludio de su verdadero salto de calidad, ya que en agosto de 1991 él conoció al entrenador que lo llevaría a un nuevo nivel y se ganaría su admiración por siempre: Cesar Luis Menotti, campeón del mundo con Argentina en 1978 y en ese entonces flamante entrenador de la Selección de México.

"Menotti fue importantísimo dentro de mi vida futbolística. Me enseñó a perfilarme mejor dentro de la cancha, se quedaba a trabajar conmigo, a fintar al portero antes de definir y darle el pase a la red, un hombre con el que te sentías muy a gusto y que te convencía con su filosofía," dijo Hermosillo, quien luego utilizó esos conocimientos para hacer su debut mundialista en 1994, ya sin Menotti como técnico, y para marcar 153 tantos en 213 partidos con el Cruz Azul entre 1991 y 1998.

En realidad, la carrera de Hermosillo como "9" letal de área pudo haber sido completamente distinta si él seguía los pasos de su ídolo cuando era niño, el arquero argentino José Miguel Marín, quien se desempeñó como arquero del Cruz Azul entre 1971 y 1981.

"Yo siempre soñé con ser jugador de futbol, mi ídolo era Miguel Marín. En realidad yo no empecé como delantero, sino que era portero, y por eso llevaba puestos los suéteres de Miguel Marín, porque ese era mi ídolo", dijo Hermosillo, quién al final cambió los guantes por el arte del cabezazo letal pero nunca tuvo la oportunidad de intentar perforar la red del arco defendido por su ídolo.

Hermosillo tuvo una segunda oportunidad de jugar en el exterior, esta vez para el Galaxy en Los Ángeles en 1998. En un principio, el delantero se había marchado del Cruz Azul tras siete años gloriosos y tenía pensado retirarse jugando en una MLS que recién daba sus primeros pasos en su cuarto año de existencia y ni se comparaba con lo que es hoy en día.

18 partidos y seis goles después, Hermosillo se llevó un recuerdo completamente distinto del que él esperaba, pero hoy en día sigue creyendo que, más allá del crecimiento de la MLS, la Liga MX sigue siendo ampliamente superior.

"Yo llegué a (la MLS) pensando que me iba a retirar ahí. Muy tranquilo, sin tanta exigencia, y me di cuenta que no. Tuve que prepararme todavía mejor físicamente para poder competir con los jugadores de Estados Unidos. La liga ha mejorado muchísimo, es una liga extraordinaria. Yo no compararía el nivel de los clubes de Estados Unidos con los de la liga mexicana, creo que todavía existe un gran espacio donde todavía le falta crecer mucho más a Estados Unidos".

Hermosillo le diría adiós al futbol como jugador tres años más tarde con las Chivas, poniéndole punto final a una trayectoria inolvidable. Hermosillo ahora verdaderamente está en paz, disfrutando de su vida como comentarista con el micrófono en sus manos. Quizás un niño está jugando en la cancha de algún vecindario con la camiseta número 27 del Cruz Azul puesta, tomando carrera para ejecutar el penal definitivo y soñando con ser el próximo Hermosillo, mito viviente cementero.