De Cecco: "Vestir estos colores es volver al lugar en el que uno es feliz"

¡Hola a todos! Es un placer reencontrarnos después de varias semanas. Cuando ustedes empiecen a leer esta columna, voy a estar en vuelo. Me espera un largo viaje para llegar a Osaka, Japón, la ciudad en la que me sumaré a la Selección Argentina para jugar la última tanda de partidos de la Liga de las Naciones (VNL, su sigla en inglés).

Allí enfrentaremos sucesivamente a Canadá, Australia, Francia y Estados Unidos y ustedes podrán disfrutarlo en ESPN y Star Plus.

Pasé mis últimas horas en Argentina armando las valijas. Mientras miraba una y otra vez la ropa de la Selección, recuperé esa emoción que me sacude desde hace tantos años. Vestir estos colores es volver al lugar en el que uno es feliz. Estoy muy ilusionado y a la vez con algo de incertidumbre por lo que sucederá en mis primeros partidos de esta temporada con la camiseta celeste y blanca.

Parece increíble todo lo que ocurrió, en lo deportivo y en lo personal, desde aquel 7 de agosto de 2021 en Tokio, cuando logramos la medalla de bronce olímpica. Todas las competencias que tuvimos con mi equipo de Italia, Cucine Lube Civitanova, me dejaron completamente agotado y, por eso, con el cuerpo técnico del seleccionado nacional acordamos una agenda distinta a la del equipo que arrancó jugando la VNL.

Si bien no me tomé vacaciones de continuado, me permitieron un relativo descanso que me renovó las pilas y me sirvió muchísimo. Estoy muy agradecido. Por la buena voluntad del staff técnico que lidera Marcelo Méndez pude compatibilizar algo de un “desenchufe” físico y mental, aunque eso no significara dejar de entrenarme. Aproveché, por ejemplo, para pasar el Día del Padre con mi papá Ricardo, algo que no podía hacer hace nueve años.

De todos modos, como ya les conté, no dejé de moverme. Seguí un plan de pesas en el gimnasio y estuve entrenándome algunos días en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard) con la Selección Argentina “B” que dirige Pablo Ricco y con el seleccionado juvenil que tiene a cargo Sebastián Fernández.

Al mismo tiempo, pude hacer algunas escapadas a Santa Fe, mi ciudad, donde compartí momentos con mi familia y mis amigos de toda la vida, como habrán podido ver en mis redes sociales. En las temporadas “normales”, con competencias de selecciones y clubes, no puedo darles el tiempo que se merecen todos mis afectos, así que necesitaba parar un poquito para recargar energías mentales y físicas.

En Buenos Aires compartí mucho tiempo con Oscar Cantero, el utilero de las selecciones: es una persona que quiero mucho y con la cual tenemos una relación muy especial. Los dos somos bastante callados y cascarrabias, pero nos encanta compartir unos buenos mates. Con él vimos algunos de los partidos de la Selección en las dos primeras etapas de la VNL un rato antes de irnos juntos al Cenard: él, a hacer su trabajo, y yo, a entrenar. En estos ocho juegos estuve pendiente de la evolución del equipo. Aunque no nos acompañaron algunos resultados, está claro que el futuro de la Selección ya está en cancha.

Por cómo diseña las formaciones el entrenador, todos tienen la oportunidad de jugar y saborear lo lindo que es ponerse la camiseta celeste y blanca en el más alto nivel competitivo. Estoy orgulloso de sumarme ahora a ese grupo con muchos jóvenes. Evidentemente, también tengo algo de incertidumbre, porque no juego un partido oficial desde el 11 de mayo, cuando nos consagramos campeones de la Súper Liga de Italia con la Lube. Con la Selección estuve en los dos amistosos contra Países Bajos en cancha de Ferro, pero ahí nuestras cabezas estaban más enfocadas en los festejos que en cuestiones tácticas o técnicas.

En los últimos días en Buenos Aires, cuando no estaba entrenando me la pasé encerrado. El frío invitaba a quedarse pegado a las pantallas. Me enganché con varios contenidos de Star Plus y vi los documentales del fotoreportero José Luis Cabezas y del fiscal Nisman, porque ese material no está disponible en la versión de Netflix que tengo en Italia. Además, puse en orden algunos proyectos personales, entre los cuales hay uno especial con Gimnasia y Esgrima de Santa Fe, el club que me vio crecer jugando al vóley y también al básquet. Es una institución a la cual le estoy agradecido y con la cual siempre trato de ayudar de una u otra forma.

Después llegó el momento de preparar las valijas y pensar en otro viaje a Japón. Aunque soy poco expresivo, evidentemente tiene un sabor especial que mi primera aventura celeste y blanca de 2022 sea en la tierra en la que jugué por última vez para mi país, en esos Juegos Olímpicos que serán imborrables por habernos subido al podio. Ahora no será en Tokio, sino en Osaka.

Si el técnico lo dispone, voy a estar en cancha contra Canadá, Australia, Francia –el campeón olímpico del año pasado- y Estados Unidos. Aunque las chances de clasificarnos para las finales en Bolonia, Italia, son muy reducidas, vamos a dar lo mejor de nosotros. Y volveré a sentir ese calor especial de ponerme la camiseta de la Selección.

Será mi decimosexta temporada con el equipo nacional. Debuté a los 18 años, cuando era casi un niño. Ahora, a los 34 años, me toca aportar la experiencia en un grupo joven que empieza a abrirse paso y ojalá llegue muy lejos. Espero que hayan disfrutado de esta columna y que estén alentándonos en los partidos en Osaka a través de ESPN y Star Plus.

¡Nos reencontramos muy pronto!

Para más sobre Luciano De Cecco, esta es su web oficial: The Cecco 15