David Faitelson: Los Juegos Olímpicos.... 'lo más memorable que me ha tocado cubrir'

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Celebrar a la humanidad dejó huella en David Faitelson (2:26)

David Faitelson nos cuenta qué representan las inauguraciones de Juegos Olímpicos en su carrera periodística. (2:26)

"Lo más memorable que me ha tocado cubrir como periodista son los Juegos Olímpicos", afirmó sorpresivamente el comunicador David Faitelson en la serie 'Yo estuve allí' de ESPN.

De acuerdo a sus palabras, campeonatos mundiales de fútbol ni pleitos titulares en el boxeo profesional, como la Pelea del Siglo entre Floyd Mayweather y Manny Pacquiao, han tenido el mismo impacto en su carrera que la cita multideportiva cuatrienal.

Desde su hogar, y en medio de la cuarentena por la pandemia de COVID-19, Faitelson explicó que ha cubierto los Juegos de manera ininterrumpida desde la edición de Seúl, Corea del Sur, en 1988 y ha quedado impresionado no solo con la competiciones sino también con las inauguraciones y sus significados, que de forma general trascienden el mero hecho deportivo.

Faitelson recordó, entre otras, la inauguración de Barcelona 1992, cuando después de tres ediciones marcadas por boicots (1980, 1984 y 1988) en medio de la Guerra Fría, volvieron a dejarse de lado las diferencias para efectuar unos Juegos increíbles.

De aquella inauguración recordó la presencia de los grandes tenores José Carreras y Plácido Domingo y la soprano Montserrat Caballé, quien desafortunadamente no pudo cantar Barcelona junto a Freddy Mercury, quien había fallecido el 24 de noviembre de 1991 por causa del SIDA, además del increíble y original (y podría decirse que insuperable hasta ahora) encendido del pebetero mediante una flecha lanzada por un arquero.

El comunicador hizo un repaso de las siguientes inauguraciones y algunos eventos que le marcaron.

Pero hizo hincapié en uno de los momentos más emblemáticos que atestiguó en vivo, y ese fue cuando el considerado mejor boxeador de todos los tiempos, Muhammad Ali, encendió el pebetero en los Juegos del Centenario (1996), en Atlanta. Entonces, los efectos del Mal de Parkinson que sufría Ali eran evidentes y aquella imagen del glorioso peleador se le quedó grabada en la memoria.