Yelena Isinbayeva, la zarina de la altura, cumple 38 años

Isinbayeva llevó al salto con garrocha a otro nivel. AP

Yelena Isinbayeva quería ser gimnasta.

Era su sueño.

El 3 de junio de 1987 cumplió los cinco años y ese mismo día, en su Volgogrado (Rusia) natal, se puso a practicar para cumplirlo.

Al principio como un juego, pero enseguida más en serio.

Pasaron los años y una década después, en 1997, ya era muy buena.

Pero tenía un límite.

Algo que sería el eje de su vida ahora le ponía una frontera.

La altura.

Cuando un profesor del instituto le aconsejó que se pasara al atletismo porque era demasiado alta para competir con las gimnastas de elite, ella tenía 14 años y ya medía un metro y 74 centímetros, apenas uno menos que en la actualidad.

Para ella la altura se había vuelto una obsesión.

Meses después, y ya con 15 años, cambió el chip y se enfocó en el atletismo. Tenía el físico perfecto para dedicarse a alguna disciplina de salto. ¿Pero cuál de ellas?

En ese momento entró en su vida quien la llevaría a convertirse en la ‘Zarina de la pértiga’ (así se le dice en algunos países a la garrocha), el entrenador Yevgueni Trofimov.

La chica de ojos celestes era un prodigio.

A los pocos meses, siendo todavía una novata, fue seleccionada para participar en Annecy 1998, el mundial júnior de atletismo.

Ante el asombro del público y sus colegas superó el listón de los 4 metros y, a menos de un año de haber hecho el primer salto con garrocha de su vida, quedó a 10 centímetros de las medallas.

Un año después, en el mundial juvenil de atletismo que se desarrolló en Bydgoszcz, Polonia, escaló esos 10 centímetros para quedarse con el título.

Era apenas la tercera competencia en la que participaba. El planeta atletismo no salía de su estupefacción.

Pero todavía la sorpresa se limitaba a ese ámbito, el exclusivo del atletismo.

Un par de temporadas más le bastaron a Lena para transformarse en un suceso que rompió las fronteras de su deporte.

Tal vez la ayudaron un poco su bello rostro y su escultural físico. Pero más contribuyeron sus tremendas condiciones atléticas.

Ella sola convirtió una disciplina relegada, casi olvidada, como el salto con garrocha femenino, en una que empezó a llegar a las primeras planas.

Todo se aceleró y en poco tiempo ya era conocida en el mundo entero.

El resto es historia conocida: en la siguiente década rompería 27 veces el récord mundial (15 el de aire libre, 12 el de pista cubierta), ganaría el oro en dos Juegos Olímpicos, Atenas 2004 y Beijing 2008, y en cinco mundiales, dos outdoor y tres indoor y se convertiría en la primera mujer en saltar por encima de los cinco metros.

La altura. Esa obsesión.

Justo 10 años después de su primer impacto tuvo una temporada visagra. La de 2009.

Al mundial de atletismo al aire libre de Berlín, aquel en el que Usain Bolt marcó las plusmarcas actuales de los 100 y 200 metros llanos, Isinbayeva llegó agotada.

Y para decepción de propios y extraños, no logró clasificar a la final.

Entre murmullos que hablaban del fin de su reinado, una semana después en la reunión atlética de Zurich marcó el actual récord mundial de la disciplina, 5 metros y 6 centímetros.

Para que a nadie le queden dudas.

Isinbayeva, la que hoy cumple 38 años, fue, es y será la zarina de la altura.