'Nos Ponemos las Pilas': Como hizo Irving Saladino para ganar el oro olímpico para Panamá y su padre

ADRIAN DENNIS/AFP vía Getty Images

Estaba previsto que el 2020 sería un año de Juegos Olímpicos, pero la pandemia obligó a retrasar para el 2021 los Juegos de Tokyo. Sin embargo, en el presente año se pueden rescatar historias olímpicas que merecen revivirse. Irving Saladino tiene el privilegio de ser el único ganador de una medalla de oro para Panamá, cuando hace 12 años atrás, en Beijing 2008, se subía a lo más alto del podio en la disciplina de Salto en Largo.

Esta leyenda del atletismo canalero, hijo de padres jamaicanos que se trasladaron a Panamá para trabajar en la construcción del Canal, se animó a ser parte del podcast ‘Nos Ponemos las Pilas’ y contar lo que fue su vida dentro el deporte y como consiguió escalar la cima más alta de su disciplina atlética.

La entrevista comenzó con Saladino hablando de lo que consiguió gracias al deporte a lo largo de su carrera. “El deporte me ha dado mucho” reconoce el medallista olímpico para agregar que “gracias al oro que gané hace 12 años, he podido crear mi camino hacia muchas cosas positivas, como por ejemplo reconocimiento tanto en mi país como fuera de él. Pero quizás lo mas importante es haber logrado el sueño de tener un cargo como director técnico de deportes en Panamá”, señaló.

En su conversación con Fernando Palomo, Saladino explicó que su función tiene que ver con el hecho de evitar que el talento potencial que existe en el deporte de su país se malogre. “Mi idea es crear proyectos y un desarrollo deportivo para mi país y que los atletas y la juventud tengan la oportunidad de desarrollar una carrera deportiva en su vida. Como atleta me tocaron vivir muchas cosas negativas, por eso quiero que la historia no se repita con los nuevos atletas”.

En otra parte de la charla, Saladino cuenta que si bien el deporte rey en su país es el béisbol, a él se le dio por jugar al fútbol. “No me fue mal sino todo lo contrario y hasta lo practiqué por mucho tiempo en la época de colegial. Jugaba de mediocampista creativo. En aquella época el atletismo era un hobby para mi, pero ciertas personas me vieron potencial y el director de la escuela me dijo que si no corría para la escuela, no me dejaría jugar fútbol y me arruinaría la carrera académica”.

“No me quedó otra alternativa que practicar el atletismo", admite Saladino. "En el año 2000 viajé a El Salvador y gané medalla de oro en salto triple con 17 años. La verdad eso fue la chispa que hizo que comenzara a enamorarme del atletismo. Fue un cambio rotundo, pero me sirvió para entender lo que significaba practicar deportes de alto rendimiento”, contó mas adelante.

Entrando de lleno en el recuerdo del logro de aquella medalla dorada, Saladino describió lo que fue su periplo desde sus inicios. “Cuando empecé a practicar atletismo de alto rendimiento, me ponía metas para superarme”, reconoce. Tratar de alcanzar logros no era una meta, sino un fin para poder seguir escalando posiciones más altas cada vez. “Cada logro conseguido, me incentivaba para querer alcanzar mucho más en el futuro. Llegar a los Juegos Olímpicos era mi sueño”.

“En el 2004 viajé a Brasil para entrenarme en el centro de alto rendimiento de San Pablo y eso cambió todo”, sostiene. “No viaje con la mentalidad de alcanzar muchas cosas sino que fui porque me gané una beca y quería conocer ese país. Pero un año después, mis objetivos habían cambiado”.

En el 2005, y pese a arrastrar una lesión que no le permitía estar en plenitude, llegó al mundial de Finlandia y para saltar 8,23 metros. “Fue allí en donde entendí que podía sonar en grande en mi vida, Es mas en la zona mixta, en una entrevista al peridista cubano Javier Clavelo que en uno año me convertiría en el mejor del mundo. Y desde allí participé en 28 competencias sin perder ninguna”. Lo que había prometido, lo había cumplido.

Antes de los Juegos Olímpicos del 2008, en una competencia llegó a saltar algo más de 9 metros pero el salto fue nulo y, desafortunadamente, se lesionó. Fueron cinco meses de no poder entrenar y de llegar a Beijing con una preparación y objetivos diferentes a los planeados anteriormente.

“Estuve todo ese tiempo en muletas”, recuerda Irving, lo que no le impidió lograr la hazaña. “Sabía que no podría intentar superar el récord mundial que era de 8,95 metros, e incluso en un momento pensé en regresarme a Panamá por culpa de la ruptura de meniscos. Yo creía que no podría llegar en buena forma. Pero mis entrenadores y el cuerpo médico me ayudaron a cambiar la mentalidad”.

Ya en Beijing, y superando obstáculos como estar a un salto de quedar eliminado, Irving llegó a la final, realizó su trabajo y se baño de Gloria para siempre. ¿Pero en que momento sintió haberla alcanzado?.

“Yo tuve la dicha de haber compartido tiempo en esos juegos con Roberto “Manos de Piedra” Durán, una persona muy jocosa que me ayudó mucho a estar siempre relajado. Al momento que me lo encuentro en la zona mixta donde él me esperaba y contarme que le parecía que había quedado eliminado por los dos saltos nulos, me dice: “Irving, yo soy campeón del mundo, pero tú eres campeón Olímpico, lo que todo deportista quiere ser”. Fue en ese momento cuando me sentí en lo más alto”.

Y esa medalla encierra una lección de vida. David Saladino, su padre, es quien la conserva desde el 2008 y ni siquiera se la deja tocar. “Yo gané esa medalla, pero él siempre me dice que ese es el regalo que yo le di por haberlo criado y estado a mi lado toda mi vida. La tiene en una vitrine con llave, por lo tanto puedo verla, pero no tocarla. En definitiva, es su medalla y no mía”.


Escucha en ‘Nos Ponemos las Pilas’ la entrevista al Campeón Olímpico de Panamá, Irving Saladino