Cómo "Mulan" inspiró a la atleta paralímpica Scout Bassett a asumir su guerrera interna

Scout Bassett asistió al estreno en Los Ángeles de "Mulan" en marzo. Debido a la pandemia de coronavirus, el estreno general de la película se pospuso para el 4 de septiembre. La película estará disponible en Disney+ el viernes. Jordan Strauss/Invision/AP Images

Nota del editor: Scout Bassett, de 32 años, es una atleta paralímpica que compite en las pruebas de 100 metros y salto largo. Bassett compitió en los Juegos Paralímpicos de Rio 2016 y prevé participar en los Juegos de Tokio a celebrarse el próximo año.

Cuando cursaba quinto grado, usé un qipao, vestido tradicional chino, con mi cabello atado con media coleta, usando un coletero que no combinaba con el atuendo (en un pésimo intento por hacerme una cola alta), para el día de fotografías de mi escuela. En aquel momento, quizás ya estaba un poco mayor para vestirme así en una fotografía escolar. No obstante, insistí en usar este "look" ... ¡pensaba que era tan genial! Pero el resto de los chicos de mi clase me decían: "¿Qué vistes?"

Me críe y fui a la escuela en la población predominantemente blanca de Harbor Spring, Michigan, siendo una de muy pocos chicos de origen asiático dentro de la totalidad de residentes de nuestro condado. El resto de los niños no reservaban comentarios, y recuerdo haber pensado: "¿Quizás esto no sea tan genial?" o "Probablemente, hay algo malo con mi atuendo". Pero entonces, recordé por que decidí usar ese vestido. Quería parecerme a Mulan, la legendaria guerrera mujer de origen chino. Ella fue mi inspiración para vestirme así en aquel día. Mulan se convertiría en una gran inspiración durante el transcurso de mi vida.

Mientras crecía, me encantaba ver "Mulan". Recuerdo haber visto la cinta animada de Disney por primera vez cuando tenía 10 años, poco después de su estreno en 1998. Y recuerdo haberla visto otra vez. Y otra vez. Y otra vez. Probablemente quemé la cinta de VHS por haberla puesto de forma tan regular.

Quería vestirme como Mulan porque sentía cercanía a ella, tanto física como mentalmente. En 1995, cinco años antes de posar para aquella imagen en quinto grado, fui adoptada por una familia estadounidense residente en Michigan. Asimismo, mis padres adoptaron a Carter, mi hermano menor, proveniente del mismo orfanato y a Palmer Bassett-Rodríguez, mi hermana menor, quien vino de China en aquél entonces. Durante los primeros siete años de mi existencia, viví en un orfanato gestionado por el gobierno en Nanjing, China. Siendo una niña, perdí mi pierna derecha en un incendio originado por sustancias químicas. Tenía un aspecto distinto al de muchos otros chicos en mi escuela y mi comunidad. Tuve dificultades para aceptar mi identidad como niña china en condición de discapacidad. Yo era diferente. Y estaba consciente de ello.

Fue entonces cuando vi "Mulan" por primera vez. Pude ver a una persona con aspecto similar al mío. Durante los primeros años de mi vida en Estados Unidos, no contaba con otras niñas asiáticas para emular o admirar... ni siquiera en los medios de comunicación de mayor alcance. Mulan era diferente.

Cuando vi "Mulan" siendo una niña muy joven, presencié cómo una mujer china demostraba poder y valentía, de una manera que ni siquiera imaginaba posible. Mulan no tenía miedo de exigirse hasta el límite y luchar por las cosas que quería y creía. Era la personificación de la fuerza y el valor, incluso cuando otras personas dudaban de ella y criticaban sus metas tan altas y ambiciosas.

Cursando segundo grado, comencé a participar en deportes juveniles. En ese momento, seguía aprendiendo inglés mientras me acostumbraba a la vida en Estados Unidos. Mis padres me inscribieron en la práctica de distintas disciplinas deportivas (baloncesto, golf, tenis y softbol), como una forma de ayudarme a sentirme mejor vinculada con el resto de los niños y el estilo de vida estadounidense.

Cuando participé en equipos juveniles por primera vez, fui excluida en la mayoría de los casos. Se me permitía estar presente en las prácticas y partidos. Pero eran más las ocasiones en las cuales se me negaba la oportunidad de jugar en competiciones y participar en torneos. Por primera vez, experimentaba la discriminación y los prejuicios que enfrentan las personas en condición de discapacidad. A pesar de todo esto, seguía amando el deporte.

Durante aquellos primeros años, entendí que mi vida y mi camino en el mundo deportivo serían retadores. Se trataba de otra barrera que evitaba que otros chicos me aceptaran plenamente. Se presumía si pertenecía o no al mundo deportivo debido a mi condición de discapacidad física. Y aceptarlo era realmente difícil para mí.

Aquellas primeras experiencias en las que sentía que no pertenecía tuvieron impacto sustancial sobre mi autoestima. La experiencia excluyente de sentirme marginada de la práctica del deporte, sentir que no era suficiente y que no pertenecía, me afectó negativamente.

Y fue entonces cuando vi "Mulan". Vi como ella asumió su condición de guerrera, cómo retaba a los poderosos e iba contra lo establecido. Entendí que podía ser como Mulan. Esa fue una de las razones por las cuales me mantuve en la práctica deportiva.

Tenía problemas para estrechar lazos con los otros niños, en las aulas y las prácticas; bien sea debido a mi condición de discapacidad, mi origen étnico, o el simple hecho de que no me gustaban las "cosas de niñas", al igual que muchas de mis pares. Era difícil aceptar muchas cosas que no podía cambiar en mí. Y fue allí cuando conseguí mi pasión por el deporte. A pesar de haber sufrido muchos desengaños y traumas desde el principio, quería hacerme eco del honor y el coraje que vi en Mulan. Ella emprendió un camino radical y poco tradicional. Asumió su fortaleza y a su guerrera interna. Y yo sentí conexión con ello. Eso fue lo que me ayudó a seguir haciendo deporte.

Cada temporada, cada año, me inscribía en deportes juveniles. Y me presentaba a todas las prácticas y todos los partidos. No me amilané, simplemente porque otros niños expresaban reiteradamente que ese no era mi lugar.

Cuando Mulan decidió luchar por su país y seguir peleando, incluso luego de quedar expuesta su verdadera identidad, demostró una especie de activismo. Y en mi caso, cuando me presentaba constantemente a las prácticas y partidos, también hice gala de una especie de activismo. Para poder satisfacer a plenitud las expectativas de todo mi potencial como atleta y paralímpica, necesitaba ver una heroína que se pareciera a mí. Necesitaba a "Mulan".

Nadie imaginaba que yo me convertiría en atleta profesional. Nadie pudo haber pronosticado que la joven niña a quien le prohibían competir en partidos con otros niños se convertiría en atleta paralímpica. Sin embargo, tal y como hizo Mulan, decidí emprender un trayecto mucho más exigente.

Cuando tenía 14 años, recibí una prótesis para correr por parte de la Challenged Athletes Foundation (Fundación para Atletas en Condición de Discapacidad). Eso cambió el rumbo de mi vida. Antes de contar con una prótesis especial para practicar atletismo, utilizaba una prótesis normal para caminar cuando practicaba deportes. Correr con este nuevo instrumento me ayudó a tener mayor confianza en mí misma, junto con un sentido de pertenencia. Para mí, ese momento personificó lo vivido por Mulan, cuando ella debió asumir su situación, pelear entre hombres y seguir luchando, incluso tras la revelación de su verdadera identidad, consciente de que ella era tan capaz como los demás. La prótesis me elevó, hasta alcanzar un nuevo nivel de creencia en mí misma, de autoestima, de consciencia de que jamás sentiría vergüenza por mis orígenes, por mi aspecto, de que no podría cambiar nada sobre mí o mi historia personal. Fue mi momento de asumir plena propiedad sobre mi vida.

Han pasado aproximadamente 22 años desde la primera vez que vi la cinta animada "Mulan". Y en la primavera pasada, cuando asistí al estreno de "Mulan" en su adaptación de acción en vivo, recordé ese momento de propiedad de mi existencia.

Una parte de este sentido de propiedad tiene sus raíces en mi conexión con mi patria en China. Con el pasar de los años, he reconocido que mi experiencia como huérfana no necesariamente refleja al pueblo de mi país. Entendí que la forma cómo crecí siendo niña era producto de circunstancias extraordinariamente inusuales. Como joven niña, escondía esa parte de mí. Sentía un poco de vergüenza con respecto a mi identidad como huérfana china, que experimentó traumas horribles. Y ese trauma había quedado visible, impreso sobre mi cuerpo.

En los últimos años, he visitado China en numerosas ocasiones. Durante uno de esos viajes, volví a mi orfanato. Hasta el día de hoy, ha sido una de las experiencias más profundas y sanadoras de mi vida. Necesitaba de esos momentos para comprender que bien pude haber vivido aquellas experiencias tan desoladoras siendo una niña en China, pero que también me puedo sentir sumamente orgullosa de mis orígenes, de mi identidad como china, de reconocer lo importante que es para mí poder representarme como atleta china-estadounidense.

Cuando veo "Mulan", tanto en su versión animada como en su reciente adaptación "live-action", recuerdo los sentimientos y cercanía que tengo con mi cultura, el país y su gente. También recuerdo el poder que existe en asumir espacios que quizás no fueron construidos pensando en mí.

Ser una guerrera es luchar para hacerse con espacios y lugares que no siempre han albergado personas como yo. Y eso es exactamente lo que hizo Mulan cuando decidió luchar por su país, a pesar de ser una mujer dentro de un espacio de hombres. Esa es la razón por la cual intento trazar una ruta para los niños y niñas en condición de discapacidad que quizás no tengan sentido de pertenencia o aceptación. Quiero que ellos sepan que sus sueños son válidos y que la representación importa.

Lucho por ello, todos los días.