Queridos Melchor, Gaspar y Baltasar

Los Reyes Magos están por llegar y hay un deseo que todo aficionado a los deportes quiere para este 2021

Les escribo desde una posición egoísta porque hay otros que necesitan su ayuda más que yo, pero no me aguanto las ganas de reunirme de nuevo con mi familia y este año les quiero pedir un solo deseo que, eso sí, vale para millones de personas en el mundo: realizar los Juegos Olímpicos de Tokio.

En los últimos 10 meses he perdido tantos seres queridos a causa del Covid que me es imposible nombrarlos a todos, y aunque nada los traerá de vuelta, sé que estarán orgullosos de mí si salgo adelante con el evento más importante de mi naturaleza en una época así de complicada.

Pienso, por ejemplo, en la madre de mi medallista de oro Pep Guardiola, quién murió tras contraer el virus en abril y en lo feliz que fue aquella tarde de 1992 cuando su hijo de 21 años subió a lo más alto del podio en su propia casa y pienso después en los atletas que acaban de perder a un familiar y que no podrán compartir su éxito de la misma forma ni emocionarse al verlos competir.

La mayor razón por la que les escribo es para mandar un mensaje de esperanza al mundo porque sé que si tenemos Juegos en el verano será gracias a que la vacuna ha funcionado y a que las condiciones son lo suficientemente buenas para pensar en reunir a más de 10 mil atletas en una sola ciudad.

Si Tokio se lleva a cabo, querrá decir que cualquier otra competencia puede hacerlo también, o incluso cualquier otro evento de cualquier tipo, porque nada reúne tanta gente como mi fiesta de excelencia y eso sentará las bases de cómo ejecutar eventos masivos en la nueva normalidad.

Queridos Reyes, las cosas no pasan por casualidad, creo firmemente que Japón es el país indicado para poner un ejemplo al mundo de disciplina y organización, un pueblo que se ha levantado de su cenizas en más de una ocasión y que, a pesar de tener una de las densidades habitacionales más grandes, ha mantenido sus muertes en menos de 4 mil hasta este martes.

El mundo necesita ver a sus atletas desfilar, ver sus banderas ondear y escuchar sus himnos para recuperar algo de la esperanza perdida. Sé que mis héroes hoy pasan a segundo plano con los verdaderos, esos que han dejado su vida salvado la de los demás, pero recuerden que su sudor también es la inspiración de millones de niños y que su lucha, en el fondo, no es otra que enaltecer el espíritu humano.

Si Tokio va, quiere decir que el mundo va y por eso, éste es mi único deseo para ustedes.

Atte, el deporte.