El último martes, World Rugby hizo oficial la creación de la Nations Cup, una nueva competencia que se jugará cada dos años a partir de 2026, con 24 seleccionados divididos en dos divisiones. En la máxima categoría, estarán los seleccionados del Seis Naciones, los cuatro del Rugby Championship, más Fiji y Japón.
A pesar que hubo algunas Uniones que se manifestaron en contra del proyecto, entre ellas la UAR, se aprobó por mayoría. Los dirigentes argentinos se mostraron en desacuerdo con el sistema de ascensos y descensos (recién serán en 2030), ya que limitarán las posibilidades de competencia y desarrollo para países como Samoa, Tonga, Uruguay, Chile, Georgia o Portugal, entre otros.
Precisamente uno de los jugadores que representó al seleccionado samoano en la Copa del Mundo 2023, el ex All Black Lima Sopoaga, publicó a través de sus redes sociales un comunicado dirigido a Bill Beaumont y World Rugby, en defensa principalmente de los conjuntos del Pacífico que quedaron afuera del plano principal.
El comunicado completo de Lima Sopoaga
Como jugador de Samoa, estoy profundamente frustrado y decepcionado por la reciente decisión del Consejo de excluir a las naciones más pequeñas como Samoa y Tonga del próximo Nations Championship. Esta medida no sólo dificulta nuestro progreso, sino que también lastima el espíritu de inclusión por el que el rugby supuestamente pelea.
El Nations Championship suponía ser el faro para las naciones más pequeñas. Nos daba una chance de competir con algunos de los gigantes del deporte, de probar nuestro valor y de mostrarle al Mundo de qué estamos hechos. Estábamos entusiasmados por la oportunidad de jugar contra equipos como All Blacks, Springboks y Wallabies. Pero ahora ese sueño se ha destrozado.
La decisión de excluirnos de esta competencia es un pequeño recuerdo del poder desbalanceado en el mundo del rugby. Esta decisión privilegia los intereses del Seis Naciones y el Rugby Championship y es desalentador ver que esos intereses valen más que los sueños y las aspiraciones de las naciones pequeñas. Esta decisión puede proteger sus competencias, pero llega a expensas de asfixiar el crecimiento y el potencial de países como Samoa y Tonga.
Quienes toman las decisiones deben recordar que el corazón del rugby está en la diversidad de sus participantes y en la unidad de su comunidad global. El rugby es más que un deporte en Samoa, es una forma de vida. Generaciones de jugadores samoanos han brindado sus corazones y sus almas para representar a su nación en una cancha. Hemos afrontado adversidades y desafíos y pudimos hacernos un nombre en el ámbito global. Esta decisión se siente como una cachetada en la cara a todo ese trabajo duro.
Esta exclusión no sólo impacta en nuestras chances de mejorar pero también afecta el talento de los jóvenes en nuestras naciones que aspiran a ser los próximos grandes jugadores. Esto envía un mensaje desalentador a sus sueños, que no son tan importantes como esas naciones más grandes. Esto es una traición a la verdadera esencia del rugby, que debe ser el respeto, la inclusión y el juego limpio.
No estamos pidiendo caridad. Estamos pidiendo una chance igual para competir, para probar nuestro valor en la cancha y para desarrollar el deporte en nuestras naciones.
Mientras que la decisión de excluirnos puede haber finalizado, la frustración y el enojo han encendido los corazones de los jugadores samoanos y los fans no van a irse fácilmente. Vamos a seguir luchando por nuestro lugar en la comunidad global del rugby y esperamos que, un día, el mundo reconozca el valor de darle a las naciones más pequeñas la oportunidad de brillar en una cancha de rugby.
Hasta entonces, seguiremos decididos y firmes, dispuestos a demostrar nuestra valía siempre que se nos presente la ocasión. Llevamos el rugby en la sangre y ninguna decisión podrá apagar ese fuego.
