Fue capitán de los Springboks y creó su camiseta, pero huyó del país y terminó jugando en Los Pumas

Barry Heatlie. Junto a sus compañeros, es quien sostiene la pelota. Archivo SA Rugby

En vísperas a una nueva serie entre Sudáfrica y Argentina por el Rugby Championship, resulta oportuno recordar la increíble figura de Barry Heatlie, leyenda y capitán de los Springboks, responsable que el verde se convirtiera en el color de la camiseta, y -tras una fuga forzada por deudas- el Puma número 5 en la historia del seleccionado argentino.

Nacido en 1872 en Worcester, en el Cabo Occidental, Barry formó parte de una familia numerosa con 13 hermanos (11 varones y dos mujeres) y alcanzó la gloria con apenas 19 años, siendo convocado para enfrentar a los British Lions y convirtiéndose en el forward más joven de su país en lograrlo.

En aquellos tiempos, la dinámica del rugby sudafricano era muy distinta a la actualidad. Cada ciudad que albergaba un test internacional nombraba a su propio capitán y este tenía responsabilidades que hoy parecen impensadas: debía seleccionar a los jugadores, organizar los entrenamientos, conseguir la indumentaria e incluso adaptarse a las condiciones del terreno, que variaban entre las canchas verdes de Ciudad del Cabo y los polvorientos campos de Johannesburgo o Kimberley. La rotación de capitanes era frecuente y respondía a las fuertes rivalidades provinciales. En ese contexto, Heatlie se destacó por su carácter y su visión táctica.

Conocido como "Fairy" u "Ox" por su porte físico (1,90 m y 94 kilos, un gigante para la época), fue un líder respetado tanto por sus compañeros como por sus rivales. En 1896 y 1903 fue nombrado capitán de Sudáfrica en Newlands. Allí tomó una decisión que marcaría la historia: vistió al equipo -habitualmente de blanco- con los colores verdes de su extinto club, Old Diocesans.

El cambio fue visto como un talismán. Sudáfrica logró su primera victoria en un test match y poco después su primer triunfo en una serie internacional. Desde entonces, el verde quedó asociado a los Springboks y se transformó en emblema nacional.

Heatlie, que ostentó un invicto como capitán de 11 años (1894-1905) con Western Province en la Currie Cup, no sólo brillaba dentro de la cancha. Según historiadores del rugby sudafricano, tenía una comprensión profunda del juego, estudiaba a los rivales y valoraba el impacto de la preparación táctica y física, algo inusual en esos años.

También se desempeñó como dirigente: fue secretario de la Western Province Rugby Union y representó a su provincia en la naciente federación sudafricana (hoy SA Rugby). Para muchos, fue "el mejor forward de la primera mitad del siglo XX" y el líder más influyente de su generación.

Pero su vida dio un giro inesperado en 1905. Envuelto en problemas financieros y perseguido por sus deudas, debió abandonar Sudáfrica casi en secreto, embarcándose hacia un nuevo destino: la Argentina. Lo hizo a sus 33 años, de noche en un barco que partió desde Table Bay. Hay quienes dicen que, incluso, algunos compañeros de su equipo lo acercaron en un bote a la embarcación que lo alejaría de Sudáfrica.

Barry se instaló en Buenos Aires con su esposa, Jessie Helen Duncan, y dos pequeños hijos, Leslie y Arthur. Trabajó como gerente de una compañía azucarera y, claro, se acercó nuevamente al rugby.

Su primer club fue Lomas Athletic y por sus buenos rendimientos en el conjunto del sur fue convocado para el primer partido oficial de un seleccionado argentino: el 12 de junio de 1910, en la cancha de Sociedad Sportiva Argentina (donde hoy está el Hipódromo de Palermo) actuó en lo que sería derrota por 28-3 ante los British Lions.

Así, aquel hombre que había sido figura y capitán de los Springboks también jugó para Argentina, que 55 años más tarde y en una gira por -casualmente- Sudáfrica adoptaría el nombre de Los Pumas.

Su camino siguió con la camiseta de GEBA y en 1911 formó parte del primer equipo "criollo" en ser campeón, algo que repitió al año siguiente. Su carrera se extendió hasta 1915, cuando se retiró con 43 años tras una lesión y cumpliendo el doble rol de jugador-coach. Luego, continuó como entrenador y dirigente.

Tras dos décadas en Buenos Aires, Heatlie regresó a Sudáfrica en 1925, llevando consigo un vínculo ya inquebrantable con la Argentina, el país que le dio refugio en su momento más difícil y en el que pudo establecerse y agrandar su familia, ya que aquí nacieron Sydney y Allan, en 1909 y 1911 respectivamente.

Barry Heatlie falleció en 1951 en Ciudad del Cabo, con 79 años, en un accidente de tránsito. Y tan fuerte fue su legado que World Rugby lo ingresó en 2009 al Salón de la Fama que integran otros Pumas como Hugo Porta, Agustín Pichot, Felipe Contepomi y Juan Martín Hernández.

Una historia marcada por sus luces y sus sombras que une como un puente a dos naciones hermanadas por el rugby como fueron, son y serán Sudáfrica y Argentina.